El tambor roto

El monumento, ya en pleno abandono

En Barcelona acaban de laminar lo que llamaban el tambor de la Plaça de les Glòries Catalanes, una rotonda de notables proporciones que nunca gozó del aprecio ciudadano, quizá porque hoy estos sentimientos van unidos a la fluidez del tráfico rodado, más que a las Glòries y a otros conceptos del alcurnia y prosopopeya.

Quiso la casualidad que hace cinco años visitásemos la ciudad con el único fin de grabar el tambor para un documental de la TvG. Seguíamos las pistas que ilustrarían la biografía del matemático lalinés José Rodríguez González, alias Matemático Rodríguez, nacido en la parroquia de Bermés, del arciprestado de Deza-Trasdeza, y por lo tanto, perteneciente a la diócesis de Lugo.

La razón de ir al tambor venía dada porque en el centro de la plaza existía un monumento de homenaje a los hombres que midieron el metro a principios del siglo XIX y Rodríguez había sido uno de ellos. La escultura de los franceses François Scali y Alain Domingo representa el corte topográfico entre Dunkerque y Barcelona. También fue este matemático quien establece que el kilómetro cero de Galicia está en Lalín, y barriendo un poco para casa, puntualiza que exactamente se encuentra en Bermés.

La llegada al tambor fue decepcionante. El monumento que habíamos visto en fotografías estaba cercado por una valla y la maleza se enseñoreaba alrededor. Andrajos y plásticos completaban un cuadro desolador. ¿Estas son las Glòries Catalanes? ¿El homenaje a la más importante medida de longitud calculada por el hombre? Era evidente que ya entonces se pensaba en su destrucción.

Al saber hoy de la actuación de las excavadoras, y sin información sobre el monumento, nos preguntamos qué habrá sido de él, de las Glòries y de la medida.

Un comentario a “El tambor roto”

  1. Aureliano Buendía

    No sé por qué le das tanta importancia a la destrucción de ese monumento, Cora.

    ¡El metro! ¿Qué es el metro?. Pues una imposición de los imperialismos español y francés. ¿Que otra cosa puede ser?.

    En la nueva República Catalana, se abandonarán el metro, el kilo, el litro y otras unidades de medida. ¡Sólo faltaría que no pudieran tener, los catalanes, su identidad propia, también en eso!.

    Se utilizarán diversas unidades de medida, rescatadas de la época en que Catalunya era un Estado independiente, antes del infausto 1.714. Alguna nueva habrá que implantar, también, para mejor adaptarse a la realidad actual.

    Para medir, la distancia, se utilizará la vara; para el peso, la libra y la arroba; para la capacidad, la azumbre… ¡Si es muy sencillo, todo!.

    Y para medir el índice de corrupción, se utilizará un termómetro especialmente confeccionado a estos efectos, cuya unidad de medida será el “pujol”, en una escala de 1 a 100. Creo que cuando se efectúe la primera medición, andará el nivel de corrupción en unos 98 ó 99 pujoles, que no está nada mal.

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