Los nuevos witizianos

Don Rodrigo en Guadalete

Entrevistan a los firmantes del manifiesto Libres e Iguales y le toca al turno a Fernando Savater, que se despacha a gusto con los nacionalistas, a los que trata de ideología simple, porque creen que lo suyo es lo mejor y que el origen de sus males siempre viene de otra parte, que suele ser España.

Al lado de estas declaraciones nos informan sobre los resultados de una encuesta donde se resalta lo poco nacionalistas que somos, pues solo el 16 por ciento de los españoles estaríamos hoy dispuestos a empuñar las armas contra un supuesto enemigo invasor, como por ejemplo, los velutinos. El 84 por ciento restante, como si llueve café en el campo.

Esos porcentajes se disparan hacia el sentido contrario en algunas comunidades como la navarra, donde se sienten muy patriotas de su terruño.

Toda esta ensalada de datos y opiniones nos llevan a pensar que si los velutinos atacaran o atacasen según qué partes de España podrían pasar dos cosas: A.- Que se les dejase avanzar como Perico por su casa, imponiendo sus leyes, sus burkas, sus ingestas de abejas o lo que a bien tuviesen dictar, o B.- Que se les preguntase si estaban invadiendo España o Navarra. En el primer caso, nos remitimos al supuesto A, y en el segundo, se desencadenaría una encarnizada defensa de la patria, con nuevos casos de Agustinas de Pamplona, Marías Pitas y tambores del Bruch que harían palidecer gestas pasadas.

De modo que los velutinos habrán tomado buena nota de lo blanditos que andamos en defensa. Bastará que digan venir a por España y se les unen la mitad de los que ya están aquí. Bien sabían los witizianos de traiciones y por eso prefirieron al moro Muza ibn Nusair antes que a don Rodrigo en Guadalete.

Savater observa el panorama desde los EE.UU., donde el nacionalismo no es precisamente agua de borrajas.

4 Comentarios a “Los nuevos witizianos”

  1. Aureliano Buendía

    Las posibilidades de una invasión, en el sentido estrictamente militar, de la palabra, son remotas en la España de hoy. Aparte de excepciones muy señaladas (como puede ser el desembarco de Normandía), todas las invasiones que en el mundo han sido (al menos, en la era moderna) se han llevado a cabo sobre países fronterizos al invasor.

    Aún fuera de los tiempos modernos, podemos incluir ahí a la toma de los reinos visigodos de España por los musulmanes, ya que, si bien no había una frontera terrestre stricto sensu, el estrecho de Gibraltar es un obstáculo de escasa entidad. En España tenemos otro antecedente, muy posterior, en el que la invasión francesa de 1808 dio lugar a la Guerra de la Independencia.

    Por resumir, que (salvo que los portugueses se volvieran locos de repente) nuestros teóricos invasores sólo pueden ser Francia o Marruecos. En las circunstancias actuales, y a pesar de que lo cambiante de las mismas hace muy difícil cualquier previsión, podemos decir que la invasión francesa o marroquí es improbable, muy improbable.

    Por tanto, la respuesta de los españoles frente a la encuesta está muy condicionada por el hecho de que no hay amenazas reales e inmediatas de agresión exterior. Si ésta se llevara a cabo, estoy seguro de que el porcentaje de españoles decididos a defender su país sería, afortunadamente, muy superior. Una cosa es teorizar y otra verse frente a un peligro inmediato y palpable. Cuando ves pelar las barbas del vecino, o cuando directamente percibes que van a incendiarte las tuyas, el pacifismo y otros lujos para ricos decaen rápidamente, y se impone el instinto de conservación.

    Y creo que así sería, aún después de 40 años de machaque político, social y mediático en el que se ha tratado de transmitir a la sociedad un pacifismo exacerbado, muy encomiable en términos abstractos, pero por desgracia absolutamente ilusorio y poco conectado con la realidad del mundo en que vivimos.

    Tal vez esta tendencia de la sociedad española sea la reacción a la salida de un régimen de fundamentos militares, como era la dictadura de Franco, pero el caso es que aquí se ha instalado una nube de pacifismo y buenismo, tan espesa y empalagosa, que nos impide ver las cosas con claridad.

    Esta tendencia alcanzó su cenit durante el glorioso zapaterismo, en el que hubimos de asistir al curioso espectáculo de un Ministro de Defensa, teórico mando político del Ejército Nacional, que dijo que “prefería morir a matar”. Tal descoque verbal, aparte de chocar con los más elementales fundamentos de la naturaleza humana, que instintivamente nos llevan a defender la propia vida frente a las agresiones exteriores, es especialmente llamativo en un individuo que, al menos teóricamente, como digo, estaba al mando de nuestras Fuerzas Armadas.

    Si bien lo pensamos, es para espantarse, el grado de desnorte y vaciedad intelectual que se llegó a alcanzar en este país. Con tales ideas, lo que tenía que haber hecho era disolver el Ejército al día siguiente. ¿Para qué estamos manteniendo un costoso conjunto de hombres y armas si renunciamos expresamente a su utilización, aún en caso de legítima defensa?. Si el ejército sólo ha de servir para ayudar en los incendios forestales o inundaciones, casi mejor cerrarlo y constituir un macrocuerpo de Bomberos, que no necesitan fusil.

    Y algo habría que hacer igualmente con las fuerzas de Policía, porque también llevan armas. ¡Qué cosa tan fea! ¡Un policía con pistola!. Si no disolverlos, a estos Cuerpos habría que desarmarlos. ¡Se imaginan ustedes lo cool que quedaría una pareja de la Guardia Civil, llevando, en lugar de las pistolas o subfusiles, sendos plumeros?. Ideal de la muerte, oiga.

    En este asunto, como en muchos otros, siempre digo lo mismo: el país está como está, por algo. No se llega a tal extremo de desorientación intelectual y social en dos días; hay que dedicarle décadas, y poner mucho interés en ello, para alcanzar el grado de estulticia colectiva que hoy padecemos.

  2. Bartolo

    Respuesta al comentario de Popeye de ayer: he hablado del miedo al coletas, añado el nerviosismo imperante hasta para intentar cambiar la ley electoral sin consenso, y de los motivos que han dado los dos grandes partidos a que el electorado pueda volcarse en los populismos, le agradeceria que no panipule lo que he escrito. Si me he explicado mal, le pido disculpas.

  3. Bartolo

    Es ciertamente preocupante, solo un 16% de españoles estarían dispuestos a defender España de una agresión. Abundan quienes no se consideran españoles y no solo en las regiones nacionalistas clásicas. Es cuestión de darnos la enhorabuena por lo bien que lo hemos hecho en el sentido de alimentar nuestra identidad, especialmente entre los jóvenes hay muchos, no me atrevería a especular en número que ya no tiene claro lo que es España; nadie se lo ha enseñado.
    Estoy seguro de que en cuanto se les hiciera comprender lo que son los intereses generales, y lo que les va en su pérdida, tendrian otra opinión, por cierto, hace unos dias tambien salió otra encuesta que refleja la poca confianza que tienen en las instituciones, principalmente en los partidos políticos (72%), los sistemas financiero (67,9%) y parlamentario (56,8%), y las instituciones religiosas (58,2%), además de que un 38,7% -sí, casi cuatro de cada diez- considera como altamente admisible la pena de muerte en casos de delitos muy graves y un 56,1% estaria a favor la implantación de la pena capital.

  4. Bartolo

    Aunque te centres en Cataluña dia si y dia tambien, entiendo por el peligro de que se pudiera desgajar España, (comparto la preocupación), no podemos olvidar que una de las causas de la ensoñación nacionalista ha sido que el estado central hizo dejación de sus funciones consintiendo que se implantara allí durante años la fe del devoto que es ciega y sorda a las razones.

    Este asunto requiere y exige responsabilidad y sinceridad de todos los actores que han intervenido por acción u omisión en la génesis, desarrollo y pervivencia de una época política que ha dado cobijo a un sistema clientelar entregado a la rapiña a ambos lados de la frontera entre lo público y lo privado, el asunto de Pujol no hubiera sido posible sin la complicidad de los gobiernos de la época y de un montón de jueces que miraron para otro lado cuando lo de Banca catalana.

    Las villanías de unos y otros deberían de ser tratadas al mismo nivel de rechazo, los gobiernos de uno y otro signo de la época, necesitaban del apoyo parlamentario de Ciu para gobernar y en vez de dimitir, palabro perseguida por su ley no escrita, en el Caso Pujol, Cora, no se puede obviar el hecho de que durante años el asunto era conocido no sólo en Cataluña sinó en Madrid, porque nada ocurre por la voluntad de un sólo individuo, por eso me parece hipócrita tal linchamiento del culpable del fraude infligido a Cataluña y al país, como se está haciendo, mientras se investiga por parte de la UDM.

    Deberían de ser tratadas al mismo nivel de rechazo, otras villanías, sabemos que los gobiernos de uno y otro signo en la época, necesitaban del apoyo parlamentario de Ciu y miraban para otro lado, por tanto, no aparquemos cosas e intentemos echar balones fuera ensañándonos con Pujol, no es aceptable que cada partido vea y acuse a los demás y no a lo “suyo”, intentando tapar los detritus de las financiones ilegales,donaciones como eufemismo para otros 3% a nivel nacional, sobresueldos en negro, etc.

    Es importante que los partidos que aspiran a una regeneración democrática auténtica, actúen. Contra los Pujol, contra los Bárcenas, Urdargarin, Blesa, contra los Eres, Gürtel, en vez de entorpecer y centrar el sunto en “otros”, hay que averiguar y castigar los enriquecimientos de quienes han estado años en la politca, y a los grandes corruptores del mundo financiero-constructor-inmobiliario que han actuado a su sombra.

    La clase política tiene que percibir que hay presión desde abajo y darse cuenta que la ciudadania quiere impedir que quienes nos han traido hasta aquí salgan y se salde con la impunidad de sus principales responsables. Vengan de donde vengan y caiga quien caiga.

    Dice el Financial Times que la vergüenza de Cataluña es una mancha para España, pero hay más verguenzas, como decia el filósofo inglés John Stuart Mill en “Sobre la libertad” (1859), cuando ni siquiera sólo una opinión o crítica, no se expresa públicamente por miedo a las consecuencias que se puedan derivar, la democracia está en peligro, y lo lamento pero tu perteneces al gremio periódistico que ha callado mucho tiempo, (nada personal, que conste).

    Saquemos toda la mierda y limpiemos España, ó muchos votantes caerán en manos del populismo.

Comenta