Guerra al tópico

Aurelio Arteta

El Papa es portavoz de la falsa verdad y por eso se convierte en objetivo del terrorismo islámico, que las tiene todas. Eso es lo malo, que abundan los portavoces de verdades verdaderas y lejos de recluirse en cenobios para disfrutar de ellas sin contaminaciones ni peligros, pretenden trinchar infieles y trufarlos de doctrina trabucaire.

No es una guerra de religiones, sino de cabestros xenófobos adscritos a las más diversas causas cuya estrategia siempre encuentra silencios cómplices y mentes comprensivas, por lo menos hasta que les toca a ellos ser las víctimas.

El ejemplo del nazismo no fue lo suficientemente elocuente para evitar que su modelo se reproduzca bajo distintas formulaciones en nuevos intentos por implantar el pensamiento único, ya sea la raza, la tierra, la lengua o la religión la disculpa escogida en cada momento para hacerse con el poder. Además de ese objetivo, todas comparten otro punto en común, la posesión de la verdad verdadera, esa idea redundante a la que nos obligan quienes hablan de la falsa verdad como si esos términos no se destruyesen en sí mismos.

Como dice en una reciente entrevista el pensador Aurelio Arteta, el avance de estas ideas se apoya en la utilización de los tópicos que crean la sensación de que se piensa, cuando en realidad lo que consiguen es anular la capacidad de reacción y abandonarse a los criterios de la mayoría, también llamada masa.

Dice Arteta con mucha gracia que uno de los que más repudio le provocan es cuando el interlocutor le espeta: “¿No pretenderá usted convencerme?”, última defensa del empecinado. ¡Pues claro que lo pretendo, para eso se habla!

En el pensamiento único no es necesario. Basta decir amén y calificar al otro de portavoz de la verdad falsa.

Un comentario a “Guerra al tópico”

  1. MIRANDA

    Interesante reflexión sobre los tópicos que la masa acepta como criterios establecidos y verdades universales
    A finales del pasado siglo, con la caida del Muro de Berlin y el fracaso universal del marxismo-leninismo así como la USAmericanización
    de usos y costumbres, se produjo gran auge de la economía y el mercado.

    El “pensamiento único” se convirtió en sinónimo de verdad absoluta de ciertas ideas, sin considerar que según qué paises, qué fines, qué contextos producían distintos efectos.

    Los años y la experiencia han ido estrechando las tragaderas de la ciudadanía para con esas ” verdades absolutas” y sus predicadores. Tras la muerte de las idelogías, el descreimiento relativista y el enfriamiento de la practica religiosa, sólo los xenófobos nacionalistas y los fanáticos islamistas aparecen como únicos portavoces de esas “verdades verdaderas” que nadie más que ellos se creen

    Frente a esos bárbaros y fanaticos enloquecidos del pensamiento único, se produce el clamoroso silencio comprensivo y el apoyo cómplice de los ·”políticamente correctos” y buenistas no beligerantes, que no sienten el peligro inminente sobre sus cabezas y las de sus familias.

    Mientras los apestados, perseguidos, torturados, decapitados, castrados, lapidados, abusados sean otros, mejor mirar hacia otra parte y no complicarse la vida.
    Los alemanes dicen que tampoco se enteraron de los millones de judíos, gitanos, homosexuales, ancianos, niños y enfermos tiroteados o quemados vivos, aunque el pestazo a carne achicharrada se expandía por todas partes y los militares protestaban por tener que enterrar tantos cadáveres.

    Ahora la religión, la raza o la lengua se convierten en razones para el exterminio o la marginación.

    Y cuando vengan a por los cómplices de la corrección política y el alianzismo bondadoso, ya no habrá nadie para defenderlos y protegerlos.

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