Retake su ciudad

Prima / Dopo

En la capital italiana actúan desde hace algún tiempo grupos de voluntarios dedicados a limpiar, borrar o reparar lo que otros ensucian, pintarrajean o estropean. Se hacen llamar Retake Roma (Recupera Roma) y cada vez son más, hasta los cuatro mil concienciados actuales.

Algunos pensarán que estos brigadistas del decoro ciudadano realizan trabajos que corresponden a los servicios municipales y quizá tengan razón, pero si el ayuntamiento no se mueve, nadie puede acusarles de sentir vergüenza ajena y ponerse manos a la obra contra la incuria, la inacción y la barbarie, en vez de quejarse constantemente en un bucle que no lleva a ninguna parte.

Sus principales enemigos son los graffiteros espontáneos, la publicidad no regulada, los guarros y los vándalos en general. Pueden comprobar los resultados de sus actuaciones en la página Facebook del mismo nombre, donde los exponen orgullosos mediante el clásico método publicitario usado por los Chocolates Matías López, es decir, mostrándolos Prima / Dopo (Antes / Después).

La visita a Retake Roma es muy recomendable, pues nada más repasar las fotos que allí se exhiben, te entran unas ganas enormes de constituir, fundar o impulsar un Retake Lucus Augusti, pues ya que Roma quiso que existiese la ciudad, en nada nos rebaja que de allí venga también la idea de la autoestima ciudadana. Es decir, un escrache en positivo.

La primera piedra ya está puesta. Desde hoy o mañana_ depende del señor Zuckerberg _, existe en Facebook la página “Retake Lucus Augusti”. A partir de ahí… lo que ustedes deseen. Sería el segundo Retake del mundo, al menos tras un primer y somero vistazo.

Ah! Los de Retake Roma se financian de su propio bolsillo, pero reciben ayudas del Ayuntamiento, con el que colaboran estrechamente. Faltaría más.

Un comentario a “Retake su ciudad”

  1. MIRANDA

    La lucha contra el feismo, el intento desesperado de mantener una estética medianamente decente, nos trae de cabeza a muchos gallegos, tanto en las ciudades como en el medio rural.
    Una comunidad de vecinos, un tendero, un colegio, pintan o recubren su fachada con ilusión, tras un importante desembolso…y a los pocos días los vándalos la han profanado y pintarrajeado, para amargura y decepción de los propietarios y vecinos en general.
    Otras veces es un jardín, una fuente, un puente, unas galerías comerciales, portales o incluso fachadas de granito de edificios nobles….siempre hay descerebrados que defecan sus paridas mentales en soporte piedra, cristal o madera, para vergûenza y asco de la ciudadanía.

    En el rural, especialmente en la Galicia interior, con diferencia frente a la marinera, la guarrería es norma general. Airas llenas de chatarras o cascotes. Somiers convertidos en cancillas. Ladrillos vista. Mezcolanza de materiales, estilos, formas y colores. Desconchados, plásticos viejos, basura, cuerdas, ladrillos rotos….un totum-revolutum de mal gusto, desidia, desconsideración e ignorancia que no produce al paisanaje ni el menor quebradero de cabeza, porque su sensibilidad estética y su respeto medioambiental es nulo.

    La Xunta de Galicia lleva meses promoviendo una campaña de concienciación con fotos de antes y después, representando la Galicia que rechazamos y la que deberíamos ambicionar, pero siendo buena la idea me temo que no va a reconducir el vandalismo ni el pailanismo desidioso.

    Solo una actitud definitiva de los Concellos, señalando obligaciones a sus vecinos y prohibiendo drásticamente la barbarie, con advertencias y multas a destajo, y sobre todo, a largo plazo, con una formación familiar y escolar de la responsabilidad, el respeto, el civismo y la estética desde la cuna, se puede llegar a esos niveles de civismo que tanto envidiamos viajando por los paises civilizados.

    Comprendemos y admiramos la lucha de estos brigadistas a favor del decoro ciudadano, y sería muy deseable que los Concellos contaran con la colaboración dispuesta de los ciudadanos. Pero, al menos entre españoles, como no haya mano dura y decisión de castigar el feismo y la barbarie, me temo que nuestras quejas, ayes y lamentos van a servir de poca cosa.

    Sobre todo en esta tierra gallega de nuestros amores, donde pasear a unos forasteros amigos por cualquier centro urbano o rural supone un chute de bochorno e irritación, que se renueva a diario a cada paso y por todas partes, y que producen hondos deseos de emigrar.

    Nos consolaría ver que los Concellos se toman en serio este grave problema y hacen algo más que dormitar.

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