Calles vivas

Vivo y coleando

Hubo un tiempo en el que los nombres de las calles eran fruto de la decisión del pueblo, del uso y de la costumbre. El marqués viudo de Pontejos, coruñés él, llegó a la alcaldía de Madrid para imponer cierto rigor en la anarquía popular para beneficio de carteros, mulas de alquiler y simones. Deberían numerarse a derecha e izquierda con pares e impares correlativos desde el extremo más cercano a la Puerta del Sol. Las demás ciudades siguieron su ejemplo hasta quedar en manos de los concejos las competencias sobre toponimia callejera.

Eso significó la llegada de nombres que nada tenían que ver con la tradición, la historia, el trazado o la orientación de la propia calle, sino con el homenaje que en cada caso se quiso realizar.

Aún así, muchos regidores mantuvieron la ley no escrita de no dedicar ninguna vía a personajes que no hubiesen muerto sin haber superado el juicio de la historia. La II República se cargó los nombres monárquicos y el franquismo se saltó todas las reglas para enaltecer a sus vivos y muertos, especialmente al número uno, que apareció en todos los pueblos como gran piedra angular sine qua non.

El caso Pujol ha venido a demostrar cuán sabia era la prevención sobre los vivos que debería haberse mantenido sin excepciones, pues ahora el ayuntamiento de Premià de Dalt, por ejemplo, se encuentra con una estatua del expresidente, de tamaño natural y en actitud caminante, que preside la plaza de su nombre. Y claro, cada vez que la cruzan, los ciudadanos de Premià se preguntan si deben imitar ellos el comportamiento del señor de la estatua, o qué coño pasa.

De modo y manera que están pensando muy seriamente en quitarla de allí, dedicar la plaza al descubrimiento de la penicilina y encargar una estatua de Fleming, que es un tipo que nunca molesta y encima cura.

3 Comentarios a “Calles vivas”

  1. Aureliano Buendía

    Me pregunto, yo: ¿es posible retirar las estatuas (o cambiar el nombre de calles, es lo mismo) dedicadas a “demócratas” como Pujol?.

    Hasta ahora, pensaba que esto sólo podía hacerse con dictadores, como Franco, y aún así, dependía del signo político que se atribuyese al régimen, ya que si se trata de Hugo Chávez o Fidel Castro, es perfectamente lícito y moral que tengan su calle, como sucede en muchos lugares de España.

    Pero, ¿a un padre de la patria catalana, podrá hacérsele este desdoro?. Si fuera de la patria española, ni Zapatero ni yo lo dudaríamos por un momento: fuera estatua, fuera calle, y fuera todo. Ahora, siendo un nacionalista periférico…

    De todas formas, tal vez lo mejor, por estética (ya que no por vergüenza, sentimiento que ha desaparecido de este país) sería retirarle la estatua y la calle, y dedicarle algo más acorde con su carácter; una sucursal bancaria, por ejemplo.

    ¿No creen que estaría bien, renombrar las sucursales bancarias con nombres de personajes que hayan sido grandes benefactores del sector? “Caixa del Penedés: sucursal Jordi Pujol”, o “CaixaBank: sucursal Marta Ferrusola”… a mí me parece que suena bien.

  2. SEito

    Pediría a la industria del monumento,, la relación de quienes tomaron la decisión, al pié de la misma . Se podria así ver el currículum de los abajo firmantes sin necesidad de ir a Linkedin . Y que permaneciesen en los lugares de origen, a ser posible originales para cadauno de ellos, evitando la mala costumbre del quitate tú pa ponerme yo .
    Es lo que se hace ya en estableximientos cuyo marketing fotografico explica por épocas el devenir de los mismos .
    Por motivos que no vienen al caso, he podido ver una de esas exposiciones permanentes en uno de ellos y de momento ni Pujol inaugurando, ni otras figuras reales como la vida misma pasto del fuego lento actual de la mierdaprensa actual han sido eliminadas, desfiguradas con spray, etc .
    Como ya vió el Marqués viudo d3 Pontejos, cualquier calle da para números pares e impares y todos tan contentos y cada uno con su monumento .
    Nota: Que vuelvan a su sitio los leones de La Alameda .

  3. MIRANDA

    El ex-honorable Pujol consiguió que su figura pública fuese identificada con la de Cataluña, como un padrecito bueno de la patria, como la reencarnación viviente de las esencias catalanistas…hasta tal punto que en el sonado proceso de Banca Catalana, su defensa pivotó en torno a la idea de que el ataque contra su persona era un ataque contra Cataluña. Y así, quedó libre de culpa, manda carallo, boss.

    Como entonces tuvo éxito la estratagema victimista, ahora intenta repetirla, envolviéndose en la bandera en un acto de patriotismo y alegando que las acusaciones de enriquecimiento ilícito contra los Pujol-Ferrusola responden a motivaciones políticas, en un intento de frenar la consulta sobre la independencia anunciada por CiU.

    El rostro de esta familia tiene la dureza del silex, pero incluso los cínicos desvergonzados tienen que explicar y justificar ante los Tribunales el origen de su fortuna multimillonaria, e inevitablemente, asumir las responsabilidades penales consiguientes.
    Porque si esta gentuza se va de rositas otra vez, no quedará en la Justicia española ni una gota de credibilidad y/o autoridad moral para seguir juzgando a otros españoles, en su mayoría, menos pringados que ellos.

    Produce sonrojo que estos sinvergüenzas se hayan valido del clientelismo y la complicidad mediática y judicial que, como los demás estamentos beneficiarios, han silenciado sus desmanes y abusos. Aún ahora, después de levantar las alfombras, se palpa cierto temor reverencial en la ciudadanía para denunciar y denostar el escándalo….tal y como suele ocurir con la Mafia.

    Dedicarle calles, plazas o estatuas a un mafioso dice mucho de la moral colectiva , precisamente cuando se están bajando de las placas viarias a personajes destacados cuyo único pecado fue haber vivido en tiempos de la dictadura,aunque tuvieran una vida ejemplar y jamás se les conociese una sola falcatruada.

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