Repita conmigo

No todo va a ser enseñar bragas

Una de las figuras más destacadas del Pe y el líder indiscutible de Po fueron invitados por un canal a encontrarse. El tono fue agrio, pero cordial. No se encontraron, como era de esperar, porque cada uno mantuvo su discurso, como también era imaginable.

No, no lo vi en directo, pero como todo el mundo lo tenía en la boca o en la pluma, acudí a San Yutub de la Porciúncula, se lo pedí y me lo concedió. Vilo, repaselo y aburrime. Los temas abordados eran interesantes, pero en cada frase de uno y otra, sin acudir a ciencias adivinatorias, sabía la palabra que iba a venir detrás de la anterior. No tiene ningún mérito porque ambos hablan mucho para el público y basta estar un poco al loro de sus piquitos para lograr esos resultados de oráculo.

Lo más novedoso fue descubrir un nuevo palabro o neologismo que todavía no registra el DRAE. Se trata del verbo “infamiar”. “Yo infamio, tú infamias, él infamia…” Deduzco que significa lo mismo que infamar, pero poniendo voz de gato. “Me ha infamiau”.

Los dos se pusieron muy dignos tratando que el contrario obedeciese a la orden “Repita conmigo…”, y añadiendo después coletillas como “condeno a ETA”, “condeno a todas las dictaduras”, “los de la Gurtel son unos chorizos”, “no se hacen negocios con quienes no respetan los derechos humanos” y cosas así. Algunas veces lo repetían, y otras se hacían los sordos. Hay que entenderlos. Si no se diferencian en nada, alguien puede pensar que uno sobra.

Los del Pe han quedado muy satisfechos con las palabras de su representante y los de Po, ídem del lienzo con el suyo. Los de la cadena, ni te cuento, porque la charleta tuvo más repercusión que Cristina Pedroche enseñando las bragas.

Repitan conmigo: A ver cuándo ponen más de lo mismo, que ayuda a dormir.

2 Comentarios a “Repita conmigo”

  1. Aureliano Buendía

    Esta es una situación harto curiosa.

    Tenemos un partido surgido de la nada (porque las tertulias televisivas y la nada intelectual vienen a ser lo mismo), que está subiendo como la espuma (la espuma es un fenómeno muy corriente, en los ríos revueltos), y que pone a las demás fuerzas políticas en una situación difícil.

    Su discurso es imbatible, por lo simple: la “casta” es mala, el sistema es malo, y hay que destruirlo. Y ellos son los buenos, los que van a quitar a los ricos para dar a los pobres.

    No parece un bagaje ideológico muy sólido, pero, en tiempos de tribulación, la gente, en muchos casos acuciada por circunstancias penosas y claramente injustas, tiende a perder la perspectiva. Y productos que, en condiciones normales, nadie compraría, pasan a ser muy demandados. Soluciones fáciles y mágicas, como los crecepelos.

    Fíjense si será desesperada la situación, que vuelve a tener venta un crecepelo tan experimentado como el comunismo, probado ya en múltiples épocas y lugares, y que, además de calvos, dejó chamuscados (en muchos casos, literalmente) a los usuarios.

    Y frente a ello, y por el momento, ¿qué se hace? ¿contestarles?. Peligroso; te riegan con un torrente de tópicos, te tiran a la cabeza la crisis, las preferentes, los desahucios, las gurteles… Un ametrallamiento del que es difícil defenderse (principalmente, porque hay un fondo importante de razón en el mismo).

    Si no se les contesta, casi es peor, porque entonces te acusan de tener miedo o de aceptar las acusaciones…

    Y en esta situación se encuentran todos, desde el PP a IU. Quizá en peor situación los partidos de izquierda porque, si se aproximan a Podemos, mucho votante huirá despavorido, y si no se aproximan, les tacharán de “casta” y de “sistema”.

    Es una situación provisional, temporal por sí misma, que se terminará el día, muy cercano, en que Podemos tenga que gobernar, nada más que un Ayuntamiento. Entonces veremos lo que da de sí el neocomunismo.

    Pero, mientras, son difíciles de tratar, los muchachos éstos.

  2. sergio

    Nos encontarmos ante un fenómeno que combina los clásicos sarpullidos populistas que brotan en tiempos de crisis junto con técnicas de comunicación novedosas y muy, muy eficaces.
    De lo primero podemos recordar el Poujadismo en Francia, que tuvo literalmente acollonada a la clase política francesa de su tiempo y que murió víctima de sus propias contradicciones (por cierto que papá Le Pen andaba ya por allí, se quedó con la fórmula, y ha vuelto a la carga. No les va mal a esos, tampoco).
    Y en nuestra España, o lo que de ella va quedando, han sido unos espabilados expertos en comunicación los que han puesto en marcha el artefacto.
    En efecto, siguiendo las viejas teorías de Gramsci, aprovechan lo que pueden del sistema social. Lo invaden y lo parasitan. Es el post agitprop.
    Y los medios utilizados han sido, por una parte, las redes sociales, y la televisión en su acepción más negativa. Esto es, la telebasura.
    Así, de la misma manera que determinados medios crearon de la nada auténticos fenómenos de masas, como “princesas del pueblo” y frikis de lo más variopinto, han hecho lo propio con un tipo que sale hasta en los anuncios y que, lejos de impartir doctrina, juega, al igual que los otros, con los sentimientos de la gente.
    Esos sentimientos están ahí, enraizando en una clase media que hasta anteayer vivía de coña y hoy tiembla de miedo. Miedo, cabreo, incertidumbre…, son el caldo en el que crecen estos fenómenos.
    Siempre han estado ahí. Son como esos microbios que todo cuerpo vivo alberga pero que tan solo crecen y lo infestan cuando es débil. Cuando está enfermo.
    Son los viejos troskos de la facultad de Políticas de la Complu que ya conocíamos hace veinte o treinta años. Han olido la debilidad y han atacado.
    Lo malo es que resulta muy difícil combatir los sentimientos con ideas. Ellos lo saben muy bien. Necesitan un éxito rápido antes de que al cuerpo social le dé por sanar.
    Mediten los señores políticos serios, si es que alguno queda, sobre este asunto peliagudo.
    Nos jugamos mucho, demasiado. Todo, tal vez.

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