La zanahoria

¡Reformemos la reforma!

Somos así. Aún no se ha conseguido el pleno desarrollo y aplicación de la Carta Magna, y no se habla de otra cosa más que de reformarla. Es como si estamos construyendo la torre Eiffel y en el medio de las obras al arquitecto le da por hacer la de Pisa. ¿Y qué hacemos con los hierros? ¡Para las lentejas!

Los unos que si la república, los otros que si federalismo, los terceros que cerremos el Senado; los de más allá, que si sobran las autonomías, y los ultramontanos, que se van, que ahí te quedas con las cartas repartidas sobre la mesa, que ellos no quieren jugar a la canasta, sino al tute cabrón. Bueno, pues para que nada falte, proponemos que no se cambie ni una coma, por lo menos hasta que se consideren cumplidos todos los mandatos de su articulado, y les juro que en muchos de ellos estamos a una distancia cósmica.

Se habla del tema con una ligereza rayana en Sálvame de luxe, se proponen modificaciones como las de Tip y Coll para llenar un vaso de agua, se compite por ver quién es más estrafalario. Todo con tal de no arrimar el hombro y trabajar en el tajo iniciado.

Quienes realizan propuestas federalistas, que son las más oídas estos días entre los aspirantes a conducir el PSOE, deben saber que si son sensatas y no abogan por uno asimétrico, o antifederalismo, deberían rebajar las actuales cuotas de autonomía que disfrutan todas las comunidades españolas en beneficio de leyes federales que garantizasen el éxito y la conveniencia de la operación. Nada de eso aplacaría las ansias secesionistas, ni mucho menos.

La gran reforma constitucional es aplicarla, pero a esos juegos nadie parece aficionarse. Es mucho más rentable pensar constantemente que la utopía es otra cosa a la que nunca se llega, como el burro y la zanahoria.

2 Comentarios a “La zanahoria”

  1. MIRANDA

    Los tres tenores que afinan sus trinos para ser gallo de morón del PSOE deberían explicarnos cómo piensan gestionar la ZANAHORIA que nos ofrecen vestida de utopía.

    Porque no pueden volver a prometer todo aquello que INCUMPLIERON de forma apabullante durante las laaaaaargas décadas de gobierno socialista.

    ¿Por qué no acometieron ni el felipismo ni el zapaterismo prioridades tan obvias como la Reforma Electoral y la Laboral, la aconfesionalidad, la República, el federalismo, el aforamiento, la regeneración, el despiporre de partidos y sindicatos, todo eso que ahora los pipiolos imberbes reclaman y prometen afrontar?

    ¿Por qué, por qué, por qué habríamos de creer que harán lo que no hicieron en TANTÍSIMOS AÑOS de desgobierno y corruptela?

    ¿Por qué suponer que no volveremos a la crispación guerracivilista, la pasión marxista, la quiebra de la unidad del pais, el feminismo enfermizo, el sindicalismo arbitrario y coactivo, la anuencia islamista, las escuchas ilegales, la corruptela institucional, los faisanes o los gals?

    Los tres tenores son cursis y pomposos como zapateros, demagogos inexpertos como felipes post-Surestes e ígnaros acomplejados como pepiños, y comparten LA MÁS ABSOLUTA FALTA DE IDEAS que esconden detrás de una grandilocuencia PATÉTICA.

    De verdad ,¿es posible que no tuviese el PSOE nada más consistente en la recámara para intentar siquiera una regeneración socialdemócrata en lugar de unos novatos que le hacen ojitos a IU y al chavista-proetarra PeterPan Iglesias?

    ¿Y es posible que los medios simpatizantes no tengan nada que decir de esta OPERA BUFA con tenores trucados, mientras esperan la elección del borrico con su zanahoria, para poner en marcha el botafumeiro?

  2. Aureliano Buendía

    Incluso en los países de nuestro entorno con tradición democrática, hay tentaciones antisistema. Por la derecha o por la izquierda, hay movimientos de mayor o menor importancia en ese sentido, en Francia, Gran Bretaña, Alemania…

    ¿De qué nos extrañamos, entonces, en España?. Aquí, además de los problemas que hoy presenta nuestra sociedad occidental, tenemos una lamentable falta de cultura democrática, que nos hace despreciar (o no apreciar) la vigente Constitución, olvidando que, con todas sus imperfecciones, ha sido el instrumento que ha permitido la etapa más larga de paz (excluidos los “patriotas vascos”) y prosperidad de nuestra Historia.

    Un mínimo de raciocinio, si lo hubiere, nos llevaría a concluir que es precisa una prudencia extrema, a la hora de tocar el instrumento en el que se asienta nuestra frágil convivencia.

    ¿Estaremos condenados a repetir, una vez más, los errores sangrientos de nuestro pasado?. Esperemos que no; pero no soy muy optimista.

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