Niños molestos

Egoísmo, más ignorancia, más soberbia, igual a crueldad

Un profesor egipcio de Moral y Filosofía Política, de cuyo nombre no quiero acordarme, propone a las autoridades de su país que procedan a la matanza de un millón de niños desharrapados que pueblan las calles de su país, porque roban, molestan y mendigan.

Escribe el eminente analista que la inversión necesaria para rehabilitarlos sería muy costosa y que no hay camino más barato para dar solución al problema que matarlos como a “perros vagabundos”.

Los han creado, y ahora que forman legión, va el erudito profesor y sugiere inmolarlos en una gran pira que limpie Egipto de su indeseable presencia. A tal fin invoca los asesinatos de los meninos da rua llevados a cabo en Brasil durante los años noventa, o mucho más cerca, a las puertas del Mundial, de tal forma que para la historia no serían ellos los únicos malos de la película, sino unos simples imitadores.

Desde luego que no. Por falta de malos no va a quedar la cosa. En Egipto los quieren matar, porque incordian; pero en Cataluña, según denuncia formulada esta semana, hay quien les pega por llevar la camiseta de la selección nacional, o por afirmar que son españoles.

Esos niños catalanes de la Roja también incordian a los promotores del pensamiento único; es decir que no andamos tan lejos del profesor egipcio en cuanto a métodos expeditivos se refiere.

Si alguien se consuela pensado que hablamos de casos diferentes y que una patada a un niño vestido de Iniesta riguroso de pies a cabeza, no es lo mismo que la matanza de los Santos Inocentes, tendrá parte de razón, pero deberá admitir que en el fondo de ambos casos subyacen los mismos principios inspiradores. Una descomunal ignorancia, una crueldad sin límites, una soberbia infinita y un egoísmo macerado tras siglos de esmeradísima crianza.

Un comentario a “Niños molestos”

  1. SEito

    No se podía esperar otra cosa de quienes están convencidos de que los demás les debemos algo .

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