Homo politicus

Objetivo cumplido

Érase una vez un señor que evolucionaba. En realidad no hacía otra cosa. Algo así como un pitecantropo que después de ser erecto, después de ser sapiens y de ser sapiens sapiens, fuese más tarde marciano, angélico, divinal.

Como también era profesor y su asignatura se llamaba Sistemas políticos comparados, al hombre no se le ocurrió mejor cosa que hablar con conocimiento de causa. Así militó en la extrema derecha. Fue hedillista de Hedilla y fraguista de Fraga. Probó a ser suarista del CDS de Suárez y felipista del PSOE de Felipe. Estuvo con IU; se hizo bolivariano, cubano y republicano. Defendió a los okupas y actuó como escrachista de Ada Colau. Llamó a la puerta de Pablo Iglesias, preguntó ¿podemos?, y le dijeron que sí.

Entonces, cuando ya había conquistado el título del Liz Taylor de la política, el hombre comprobó que le faltaba algo. Nunca había sido detenido y eso significaba una frustración mayúscula para comparar bien los sistemas.

Llegó la proclamación de Felipe VI y el profesor vio en ella la ocasión pintiparada para el logro de sus objetivos. Se encasquetó una camiseta con la bandera republicana para que no existiese la más mínima duda y se lanzó resuelto a donde hubiese un furgón y unos cuantos policías. A poco que hiciese dos monerías y dijese cuatro frases bien elegidas para el acto, el prendimiento estaba asegurado.

¿Les habrán prohibido llevar a cabo detenciones? Solo esa duda le corroía. Pero no. La Policía detiene también los domingos y los días de respingo. La estrategia fue todo un éxito y las fuerzas del orden se llevaron a él, a la camiseta y a los sistemas comparados.

Lo malo vino después de que le tomaron declaración, porque Verstrynge se preguntó: ¿Y ahora a qué evoluciono yo? ¿A un paramecio y vuelta a empezar?

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