La patita de Busquets

¿Por qué me habré cortado las uñas de los pies?

El rasgado de las vestiduras se parece muchísimo a esas noches interminables de euforia y borrachera. El muro de las lamentaciones dista de la barra del bar apenas unos milímetros, los que hay entre la patita de Busquets bien colocada para hacer gol y la que le pega a la pelota para mandarla a las narices de un aficionado del fondo sur con peluca naranja. Los que hay entre los guantes de Casillas y el balón, o los que no hay cuando lo atrapa.

Y una vez resuelto ese mínimo espacio, claro está, sobreviene la furia o el desánimo, sobreviene el calimocho o las lágrimas de cocodrilo.

Aunque en esta ocasión suene a disculpa, la verdad es que tan injustificado está lo uno como lo otro. Se me rebatirá diciendo que lo uno genera alegría, y en eso están de acuerdo todos los doctores que la equiparan a salud, mientras que la melancolía y la pesadumbre siempre fueron sinónimo de enfermedad. De acuerdo, pero siendo así, también coincidirán en señalar que los estados de ánimo son demasiado importantes como para dejar que los administren los milímetros de la patita de Busquets, al menos una vez que termina el espectáculo.

Por eso, cuando en momentos así los aparatos electrónicos de recepción de datos _ perífrasis cursi donde las haya _, comienzan a ser inundados de chistecitos _ memes, les llaman _, sobre la maldad de unos jugadores que horas antes se paseaban de la mano de Apolo por el Olimpo, en opinión de los mismos señores, te entran unas ganas terribles de hacerte aficionado al curling, que también es deporte de milímetros, con la ventaja de que no te altera el ánimo, ni para bien, ni para mal.

Te entran las ganas, pero las reprimes, porque el fútbol, como ya dijeron graves filósofos, es así, señora; y cuesta dejarlo, como la ayahuasca.

2 Comentarios a “La patita de Busquets”

  1. MIRANDA

    No siento la menor pasión futbolística. Confieso que nunca he visto un partido de fútbol, ni en directo ni en la tv, ( aunque puedo repetir de memoria las alineaciones de los equipos de nuestra infancia, porque tenía hermanos que coleccionaban cromos…Carmelo, Orue, Garay, Canito, Mauri, Maguregui, Arteche, Marcaida, Arieta, Uribe, Gainza……..Ramallés, Olivella, Biosca, Segarra, Vergés, Gensana, Basora, Kubala, Marquitos, Suarez, Machón…..Jesús!!, que curioso esto de la memoria selectiva….Admitamos que los niños de antes teníamos el músculo memorístico más desarrollado que hoy en dia) pero miratúpordonde, Boss, muuuuchas veces he pensado en esto mismo que dices.
    En lo increíble que resulta que algo tan casual, imprevisible, fortuito, volátil, como una patada a una pelota que sigue una trayectoria milimétrica y entra o no entra, pueda convertir en un matao-paria-calamidad -despreciable a alguien que , horas antes, era un sandiós y una lumbrera de aquíteespero.

    Bueno, no niego que, de entrada, me cuesta entender esa pasión arrolladora que inspira el fútbol a tantos millones de personas, que al igual que las moscas no pueden equivocarse siendo tantas. La carencia es mía: me falta sensibilidad para vibrar con esa emoción suprema de ver a unos tipos en calzón corto dando patadas a una pelota para hacerla entrar por un marco con red.

    Pero pese a esa mi limitación balompédica, hube de rendirme a la evidencia de las moscas. Te digo cuando.
    Fue en la finalísima del Mundial de SudAfrica. Estaba en Coruña. Instalaron enormes pantallas en la plaza MariaPita y aquello se llenó como un metro en hora punta. No cabía un alfiler. Mientras todo el mundo miraba el juego, entre gritos de alegría y saltos de emoción, yo miraba a la gente y comprendía claramente que regurgitaban adrenalina y pasión. Estaban exultantes, felices, disfrutando como enanos, y cuando España ganó la copa…Diosssss, aquello se desbordó y derivó en locura general. Suerte que la fuente de Cuatro Caminos no tiene Cibeles ni leones….

    Por lo mismo que el fracaso de ahora en Brasil ha producido gran decepción , desmoralización y melancolía. Ni prima de riesgo, ni PIB, ni rescates, ni secesionismo, ni paro….los españoles están hundidos porque el fútbol es así de imprevisible y caprichoso porque se sostiene sobre el factor “azar”, vulgo “chiripa”, y así los mismos que ganaron un Mundial son eliminados a las primera de cambio en el siguiente. No parece justo, pero así son las cosas. Así es el fútbol y la afición.

    Pero es cierto, nadie debería dejar que su estado de ánimo sea controlado por algo tan circunstancial y voluble como los milímetros que distan entre el gol y el fiasco. Confiemos en que no intenten linchar a sus ídolos de vuelta en casa….A DelBosque no me lo toque nadie, porfa.

  2. renpsi

    ¿No lo entiendes Miranda?, yo te lo explico. Eso que tú miras no es futbol, es pasión. Un sentimiento inexistente en ti cuando te fijas en esos hombres corriendo en calzón (cuántas veces habré oído esa expresión). Pero, ¿por qué millones de personas la sienten? En realidad donde tú ves carreras, balones y patadas, ellos ven cuerpos luchando, fuerza, valor, victoria, destrucción, o dolor. Si, nos gusta combatir y vencer, demostrar superioridad, dominar y someter. Y el único premio válido es la admiración y el respeto, e incluso el miedo y odio del contrario. Es el instinto, o lo que nos queda de él. La verdad, nuestra animalidad domesticada no da para mucho más. La pasión por el futbol y, en general, por el deporte, se alimenta de nuestros impulsos más profundos, instintivos y no conscientes. La pulsión es el centro de nuestra reprimida vida animal. Miranda, no eres una mosca rara, pero sí domesticada, culturizada y socializada. Aunque seguro que no del todo desnaturalizada. Quizás te quede un reducto animalesco, una pasión primitiva, profunda, inconfesable, que te haría gritar como una tifosi. Si, seguro que sí. A veces pienso que la única felicidad verdadera, la natural, es la que nos hace sentir lo que somos, animales. Pero si tu educación refinada y valores aprendidos no te permiten revolcarte en ese fango, te queda al menos la felicidad artificial, es decir, cultural y creada por el hombre. Agradable, entretenida, pero sin pasión.

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