El dueño del rabo

¿Quién será ese pesado que siempre tengo detrás?

Seguramente todos los lectores han tenido ocasión de observar alguna vez cómo ciertos animales actúan contra partes de sus cuerpos como si no les perteneciesen, como si la cola que con denuedo persiguen para morderla fuese la de un gato que corre exactamente a la misma velocidad que la suya y claro, así no hay manera.

En Helsinki han llegado a la conclusión de que en algunos casos puede deberse a un trastorno obsesivo compulsivo (TOC), similar al que sufrimos los humanos, e incluso que esté relacionado con una alimentación inadecuada. ¡Qué felices son en Helsinki investigando los rabos que corren delante! Pero para que ningún propietario se alarme demasiado, los científicos dejan la puerta abierta a otras interpretaciones. Por ejemplo, que el animal solo esté jugando a un solitario.

El caso es que este fin de semana me crucé con uno de esos muerderrabos, y por aquello de que la cabeza no para, di en pensar sobre lo mucho que se parece esa actitud a la de muchos de nosotros, no por un TOC contra nuestro cuerpo, sino por los muchos esfuerzos que dedicamos a planificar el propio beneficio a través del mal del contrario, sin caer del guindo de que ese contrario al que ves tan ajeno y distinto eres tú mismo.

Se entiende que la solidaridad solo ha de ser hacia quienes padecen sus penas a miles de kilómetros, pero al vecino y paisano, que lo zurzan, porque además es un pesado y hace ruido por las noches.

Y si de política se trata, lo que se estila es meter barras de hierro en el engranaje, como si el engranaje fuese del partido que lo maneja en ese momento. Así pueden decir encantados de haberse conocido: «Gracias a nosotros, no ha funcionado nada».

Deberíamos volver a Palotes y que allí nos enseñen otra vez que el rabo es el nuestro.

2 Comentarios a “El dueño del rabo”

  1. MIRANDA

    Pues sí, yo también he visto a un perro muerde-cola, y la reacción de los presentes era de mucha risa, porque el animalito se cabreaba realmente con aquel ¿individuo? incordiante que lo seguía a todas partes, y el perro le gruñía a su propio rabo!!!.

    Aunque puede haber otras causas, como las pulgas; un nervio de la cola afectado después de que se la cortaran (por cierto, en muchas razas, vgr. caniches, ya no les cortan la cola como antes, en que les dejaban un muñón);
    secuelas de una fisura por haberse pillado la cola en una puerta o un pisotón;una erupción en la piel..pero yo creo que básicamente, o bien el perro está jugando, o tiene una manía obsesiva.

    Extrapolando al ser humano, que suele atender la necesidad lejana en detrimento de la cercana, o en política, cuando algunos prefieren quedarse tuertos si consiguen dejar ciego al adversario, me temo que son realidades constatables, pero de difícil explicación.

    En el primer caso, quizá se piensa que la pobreza lo es menos en el ámbito y al calor del bienestar, aunque sea de refilón. Siempre se supone que está Cáritas, Cruz Roja, comedores y albergues, Papá Estado con ayudas o subvenciones, hospitales,viviendas sociales, y sobre todo el impagable colchón de la familia.
    En el Tercer Mundo no hay nada de todo eso, ni ayudas ni colchones. Pura y llana menesterosidad. Hasta el punto de que se echan al mar porque prefieren correr el riesgo de morir ahogados que seguir pasando hambre y sed de todo.

    En cuanto a los políticos, te aseguro que nunca he visto en ningún otro país -te lo dice una observadora socióloga frustrada- la crispación, el encono cainita y la mala leche que se ve aquí entre los distintos grupos e ideologías. En otros países más serios y razonables, colocan el interés de la nación y la ciudadanía en lo más algo, y por ese objetivo, son capaces de sentarse a hablar, pactar, aliarse y lo que haga falta. Algo inimaginable en estos pagos.

    Decía Malraux que ”Lo peor no es que los pueblos tengan los gobiernos que se merecen, sino que tengan los gobernantes que se les parecen” .

    Pues eso, que aquí se muerde la cola mucha gente cuando cocea al vecino.

  2. manel

    Recuerdan ustedes a Saulo fulminado por el rayo celestial. A buenas horas mangas verdes. Relean ustedes lo que escribían hace tres años y sabrán por qué lo digo.

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