Lo sistemático

Aprendiendo el sistema

Frente a la mayoría de los sistemas no cabe la oposición porque son los que hay. El sistema linfático, por ejemplo. No cabe argumentar que se está en contra de él porque no hay alternativa, salvo que la evolución nos lleve a ser lo que ahora no somos.

Otros, por el contrario, son fruto del conocimiento y se han formulado sobre la lógica, la práctica y la necesidad. Ahí tenemos el Sistema Métrico Decimal, que con el paso del tiempo ha demostrado sus enormes ventajas y auxilios para la humanidad, pero frente a cuya formulación pueden existir otros, como el llamado sistema inglés, o las múltiples formas de medir que existían antes de implantarse la unidad cuya definición repetíamos como chorlitos, o sea la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano terrestre, conservada en una barra de platino del Museo de Pesas y Medidas de París.

Los sistemas políticos comparten algunas de las características anteriores. Son los que hay, son fruto de la evolución, pero tienen alternativas. Todos nos podemos declarar antisistema porque no nos gustan en toda su extensión, pero no lo hacemos, porque nos gustan algunos de sus rasgos y una cosa lleva a la otra. Nos gusta, por ejemplo, que haya carreteras y autopistas entre las ciudades, coches en los que desplazarnos y prestaciones gratuitas de la SS si nos rompemos el peroné circulando por ellas. Para que ello sea así se necesita un organismo público que lo administre, una hacienda que recaude y unos médicos que pagamos entre todos.

Si usted se pone la etiqueta de antisistema no está diciendo nada que merezca la pena. Le falta explicarnos cómo se las va a arreglar para curarnos el peroné fracturado, o si piensa dejarnos lisiados para siempre. Los ingleses al menos tienen pulgadas, yardas y acres.

2 Comentarios a “Lo sistemático”

  1. MIRANDA

    El movimiento antisistema suele aludir a grupos contrarios al orden social y político establecido, al que intentan socavar y debilitar con reivindicaciones o acciones violentas.

    No se puede hablar de un único movimiento antisistema con una base única, aunque el común denominador de estas corrientes ¿ideológicas? tan heterogéneas sea el incorformismo y el anticapitalismo.

    No tendrían por qué ser violentas y radicales por definición agrupaciones que se dicen ecologistas, comunistas, anarquistas, anticapitalistas, laicistas, etc…pero el hecho es que suelen adoptar posturas subversivas contra el Sistema, el que sea, así que la sociedad y los medios los identifican como organizaciones de carácter radical y violento.

    La ciudadanía no sabe bien quienes son, qué ideas tienen, quienes son sus líderes y cómo se organizan, pero si aprecia su conducta provocadora, agresiva y en ocasiones violenta, amparada por una incomprensible impunidad jurídica.
    Tan incomprensible como la tolerancia cómplice de la izquierda con las actuaciones de estos grupos desmadrados, a los que justifica sin pudor ni empacho después de utilizarlos para sus propios fines partidistas.

    No es justo que las reivindicaciones de ciudadanos descontentos se vean cuestionadas por estos grupos que provocan indignación y rechazo incluso a los que protestan por sus cosas. No digamos a los que se quedan en casa y prefieren no sumarse a la movida, temiendo precisamente quema de contenedores, golpes, adoquinazos y lunas rotas.

    Es inevitable que el Gobierno tome medidas para impedir que esto ocurra, sea delimitando áreas-manifestódromos, dejando que las fuerzas de seguridad actúen como deben para defender la paz urbana y estableciendo normas de orden y convivencia que todos han de respetar.

    Los violentos, como ocurre con los kaleborrokos y agitadores nacionalistas, parecen disfrutar de bula, como eternos adolescentes traviesos, a los que todo hay que disculparles. De hecho, una auténtica guerra urbana se salda con apenas media docena de detenidos….El resto de los que apedreaban, escupían, insultaban, rompían, quemaban y pateaban, reciben trato de chiquillos revoltosos, apenas una reprimenda y un coscorrón.

    Se diría, Boss, que la etiqueta de antisistema es una patente de corso, que exime de explicaciones y autojustificaciones. Detrás de la agresión y la coacción no hay ideas, ni proyectos políticos o sociales, ni argumentos, ni respeto ni tolerancia…solo muletillas como “más cornás da el hambre, los desahucios, los recortes y el paro”

    Cualquier español rechaza y padece las injusticias, la crisis, las apreturas, el paro de los hijos, los abusos de la casta política…pero no le rompe la cabeza a un pobre policía a cantazos de adoquín, ni quiere de ninguna manera que las calles vuelva a oler a odio y pólvora.

    Si los antisistema y sus valedores de la izquierda radical y nacionalistas, no tienen soluciones que proponer, retos que adoptar, compromisos que asumir… si solo quieren revolver el río para ver si pescan algo, mejor váyanse noraboa por donde vinieron. Nos tienen hasta el colodrillo de sus gilipolleces.

  2. Bartolo

    El periodismo auténtico defiende los derechos civiles, no las medidas del poder contra el ciudadano.

    Hay que estar tranquilos con los brotes antisistema, ya está Monseñor Fernandez en ello.

    http://blogs.elconfidencial.com/sociedad/espana-is-not-spain/2014-04-07/mostrar-el-dni-para-ir-al-vater_113235/

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