Añoranza de Balbín


La Clave mejora con el tiempo

Algún sondeo ha debido llegar a los despachos de los gerifaltes de la tv para que éstos hayan decidido en tromba que la bronca vende, que la elevación de la voz, el griterío, los exabruptos, los insultos, la invasión en el turno de palabra, la barbarie y la mala educación sean mucho más valiosos que la reflexión, la pausa, la corrección y la sensatez.

Da lo mismo que se esté hablando de chismorreo rosa, de economía, de política o de los presocráticos. Si un tertuliano aspira a figurar en la nómina de la cadena tiene que comportarse con el mayor desprecio hacia sus colegas y sus ideas, tiene que cocear, interrumpir y vocear de forma notoria, porque si cumple con las reglas de urbanidad y se distingue como polemista agudo y sosegado, no lo llamarán ni para figurante.

Atrás quedaron aquellas Claves de Balbín donde nadie se sentaba sin ser experto, respetuoso y esclarecedor. Hoy se busca al burro, osado y liante; a poder ser, partidista y manipulador, maniqueo, sin brillo ni ilustración. Aquél que se crea en posesión de la verdad revelada y ataque con furia desmedida. Hoy se busca al cenutrio para que el espectador se impregne de su baba y salga a la calle dispuesto a machacar con saña cualquier atisbo de cordura.

Y como el tiempo es oro, el que atropelle mejor las frases añadiendo velocidad a sus disparates será el Aristóteles del momento, el dueño del caos, el amo del guirigay. Hay que matar a los poetas y desterrar a los sabios. Hay que acabar con la convivencia. La mediocridad al poder, la vulgaridad es sana y la ignorancia se revela útil, porque desde ella se puede abordar cualquier tema, por intrincado que sea. Basta desconocerlo todo y entrar en él como elefante en cacharrería.

Y eso lo estamos bordando.

4 Comentarios a “Añoranza de Balbín”

  1. forneas

    Ha tocado usted un tema que a mí me preocupa muy, mucho, muchísimo.
    He protestado más de una vez y no me hacen caso. Me gustaría saber qué ganan las televisiones con ese espectáculo tan zafio e inaudible.

  2. MIRANDA

    Precisamente Balbín. Justamente Balbín. Pues sí, Boss, todos recordamos frecuentemente y con nostalgia aquellas fórmulas de debate que sentaban en corro a gente experta, respetuosa y esclarecedora.
    Gente que tenía cosas que decir y de la que uno siempre tenía cosas que aprender. Del fondo y de la forma moderada y razonable de exponerlo.

    La zafia morralla de la telekk que, imagino, complace hoy a tanta gente, porque de lo contrario no la programarían, hace años que la tengo totalmente proscrita y baneada, así que no la sigo ni por descuido, pero sé que existe todo eso que dices y sobre todo, me apena sinderamente constatar que gran parte de la sociedad española, supuestamente más formada y estudiada que en generaciones anteriores, haya descendido a tales niveles de zafiedad, ignorancia, querencia al cotilleo, mal gusto y peor educación.

    Hace años que tuve ocasión de descubrir la tripas de ese ring boxístico mediático que entonces empezaba a desarrollarse en las grandes cadenas privadas. Aunque nadie imaginaba que alcanzaría las cotas actuales de ramplonería y bazofia.
    No se si ya lo conté, pero lo cierto es que me llamaron para participar en un debate de Crónicas Marcianas.
    Un circo de tres pistas no tiene la tramolla enloquecida de aquel circo televisivo que hacía Javier Sardá en Barcelona, incluyendo enanos, payasos, malabaristas, jefe de pista y cómicos de todo jaez.
    Se presentaba el programa como en tiempo real, pero era diferido y se grababa a lo largo del dia.
    Los espectadores se pasaban allí las horas, con descansos amenizados por cuentachistes , pinchos y refrescos.
    Los “animadores de aplausos”, de pie frente al público (fuera de campo de cámara, claro) indicaban a este cuando había que aplaudir y cuando no.
    Entre los contertulios del debate, un par de visionarios con las neuronas muy perjudicadas, pero que divertían mucho a los aplaudidores con sus excentricidades y sus patologías.
    Pero lo que rompía todos los esquemas eran los “espoleadores de contertulios”, que mientras salían los anuncios, le susurraban en la oreja al par de “chiflaos disparataos” -que decían en el circo de Fofó- cosas como “Venga, hombre, atíceles caña a esos de enfrente. Largue todo lo que pueda, vapuléeles, cómales la moral…¿no ve que lo están comiendo vivo?”….
    Aquellos infelices se crecían y decían auténticas burradas, meu….
    La sensación final era de vergüenza y compasión ante aquella enorme estafa que se perpetraba ante los telespectadores, que nada sospechaban de las triquiñuelas de aquellos organizadores, cuya única y básica preocupación era ganar audiencia y share a costa de provocación y embustes.
    Claro, comparado con el albañal de ahora, aquello produce risa tierna. Y Balbín parece un fenómeno de la naturaleza.

    Como ocurre con la pescadilla que se muerde la cola, la chusma demanda basura….y la basura está configurando y forjando nueva chusma,…
    A los dueños de las cadenas televisivas les importa un ardite la educación y la formación de los ciudadanos. Solo piensan en ser cada vez más millonarios aunque sea cocinando bostas pestilentes.
    Gran preocupación compartida por cualquiera que se pare a mirar y a pensar

  3. Bartolo

    Hay que tener alienado al personal, Cora, para que entre otras cosas no esté al dia de lo que se cuece. Y tus colegas encantados de la vida en las jaulas de grillos de las tertulias.

    http://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&cad=rja&uact=8&ved=0CDIQFjAA&url=http%3A%2F%2Flacartadelabolsa.com%2Fleer%2Farticulo%2Fla_contrarreforma_fiscal_del_rajoyismo&ei=WFUnU-zfOJHQ7Ab15YCADw&usg=AFQjCNEYV_FPxMREylOCi5I83XYdriMrXQ&sig2=reZdyyWpJLpO8Ht5Ss2iKQ&bvm=bv.62922401,d.ZGU

  4. Aureliano Buendía

    Pienso que pedir un cambio en los medios de comunicación es predicar en el desierto.

    Hay demasiados intereses económicos y políticos en juego, que han pervertido al “cuarto poder” por completo, alejándolo de su función original y primordial en cualquier sociedad abierta.

    Los llamados “periodistas serios” tienen cada uno su trinchera; se sitúan en ella y lanzan la información, no al público, sino a la cabeza del de enfrente. El concepto de “periodismo comprometido”, en el sentido de que los informadores no deben limitarse a ser meros fedatarios de la realidad, sino que pueden y deben opinar sobre la misma, puede ser positivo, pero corre el peligro de evolucionar hacia “periodismo militante”; alcanzado este estado, no aporta más a la sociedad que los políticos o sindicalistas, igualmente polarizados. Y, en España, hoy, en el ámbito de la información y el comentario político o económico, sólo hay “periodismo de trinchera”.

    Luego, está el otro tipo de “informadores” (aquí el entrecomillado está más que justificado), a los que es una temeridad llamar “periodistas” (la profesión está muy devaluada, como voy diciendo, pero todo tiene su límite).

    Estos otros elementos ya no tienen como hábitat, la trinchera; no; estos, directamente, viven y prosperan en un lodazal, en una charca pestilente. Es la telebasura, o radiobasura, o como le queramos llamar.

    Y tampoco faltan los casos de fusión entre la “trinchera” y la “charca”; en este caso, la mezcla termina siendo especialmente vomitiva.

    Pero que nadie se engañe: al igual que la política está construida a imagen y semejanza del votante, el periodismo se conforma en función del usuario final. Es la pura ley del mercado: la mierda (con perdón) sólo se vende, si hay compradores para la misma.

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