Dos imperios y un destino

¿Saben aquel…?

Hace días que no viene Artur Mas a esta columna y comenzábamos a preocuparnos. ¿Tendrá gripe?, repetíamos inquietos. Una gripe catalana, con virus de barretina, porque ni la española, ni la asiática se avienen a su sistema inmunitario, que las rechaza con anticuerpos de los Mossos d´Esquadra.

Pero no. Solamente estaba preparando su siguiente discurso, el que iba a pronunciar ante los congresistas del Microsoft Education Global Forum para que viesen cómo se las gasta el Kan de la Moreneta, Gengis Mas.

En su delirio esquizoide, el Kan no encuentra nunca límites suficientes donde aparcar su monomanía, de modo que le da igual una convención de Microsoft, que un concurso para premiar el mejor conill amb cargols. Él va a lo que va.

Así es que ayer tomó a los congresistas de la mano y contoles, en inglés, el cuento de la buena pipa, que en su versión resumida comienza: “Cataluña está localizada en medio de dos grandes imperios: Francia y España…”

A los congresistas se les tuvo que helar la sonrisa. No estaban en la Barcelona que cantaron Mercury y Caballé, sino en una reserva india que durante siglos viene sufriendo la tiranía, no de un imperio, ¡sino de dos! Quizá por eso se ha concentrado allí buena parte de la industria española y la mano de obra de uno de los imperios. A saber por qué el otro no la llevó también a esa tierra asoballada.

Quizá por eso se celebró allí una olimpiada, contaminando de sudor de atleta las cuencas del Ter y del Llobregat. Quizá por eso fue faro de cultura hasta que llegaron ellos y mandaron hablar payés y solo payés. Quizá por eso se celebraba allí el Microsoft Education Global Forum, que suele reunirse en las tierras más míseras del planeta.

2 Comentarios a “Dos imperios y un destino”

  1. Enrique Armesto Faginas

    El destino de los pueblos será aquel que sus ciudadanos decidan. Si los catalanes quieren la independencia, más tarde o más temprano la conseguirán.
    Quizás nosotros no lo veamos, pero como tantas cosas que nos parecían casi imposibles, hoy las vivimos sin más.
    Estas cosas hay que verlas con amplitud de miras, pensando en la libertad individual y la colectiva. Criticar por criticar y no ver más allá de las narices no sirve de mucho.
    Lo que hoy dice la Constitución, ley más incumplida de todas, mañana puede decir otra cosa. No por eso, los que aspiran a estar fuera de España, han de esperar a las reformas constitucionales. La pasividad no reforma nada.
    Opinar es importante y deseable, siempre algo se sacará en limpio. Respetar es todavía más importante.

  2. Aureliano Buendía

    Pues, en parte, estoy de acuerdo con el primer comentarista. Doy por segura la independencia de Cataluña, en un plazo más o menos corto, según las circunstancias.

    Estoy totalmente seguro de que hay mucha gente en Cataluña que ya ha valorado las consecuencias de la secesión, que, según general acuerdo, van a ser nefastas, para toda España, pero muy especialmente para Cataluña. Algunas de las proyecciones de escenarios económicos posibles, a plazos de 5, 10 ó 15 años después de la secesión, ofrecen panoramas desoladores.

    Sin embargo, hemos llegado a un punto en que la lógica y el sentido común ya no están a tiempo de imponerse. Ha sido un proceso cocinado a fuego lento durante 40 años (desde la muerte de Franco), al que ahora se ha puesto a hervir a toda potencia. Y no hay vuelta atrás, porque la deprogramación a que se ha sometido a buena parte de la sociedad catalana no es reversible.

    Cualquier solución de compromiso, si pudiera alcanzarse (lo que tampoco es descartable, y retrasaría unos años el problema), sería provisional, un paso más hasta la definitiva secesión.

    Tal vez, lo que el Estado español (o lo que queda de él) debería hacer, sería enfrentarse a la realidad, y en lugar de gastar energías en impedir lo inevitable, dedicar sus esfuerzos a que el impacto tenga las menores consecuencias posibles en el resto de España. En suma, preparar una “desconexión” ordenada: repartir el capital común (más bien, el pufo común), trazar y organizar el sistema de fronteras, prepararse para recibir al contingente de “expulsados” (gente que abandonará Cataluña al producirse la independencia)…

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