Batallas de la mili

Novatada blandita, aunque novatada

Las novatadas en los colegios mayores, o antes en el servicio militar, regresan a los titulares de prensa cuando son causa de daños, e incluso de muertes, como sucedió en Portugal hace poco. Estos días también se habla de ellas porque se recuerda que Franco las sufre en Toledo y se propone desterrarlas durante su etapa de Zaragoza.

No le acompaña el éxito porque cuarenta y cinco años después, quien les habla es testigo de ellas en la misma Zaragoza. Si no llego a víctima fue por la oportuna aparición de un teniente salvador.

A los novatos, los recién llegados del campamento, nos introducían en las taquillas de la compañía, donde cada recluta guardaba la ropa y los embutidos de casa. Entonces un veterano introduce una peseta por las ranuras de ventilación y dice: “Canta el Submarino amarillo”, como si la taquilla fuese una jukebox similar a las que había en los bares.

Si el novato ejecuta la pieza a gusto del veterano, o bien se le libera, o bien éste insiste con una nueva peseta y otra petición más complicada. Aquéllos que no están a la altura de las exigencias canoras, sufren los empellones de la soldadesca y la taquilla se mueve de un lado a otro como una coctelera. El novato que me precede cae al suelo dentro del mueble con tal escándalo que alerta al teniente y manda a parar, como Fidel. Nunca me alegré tanto de la llegada de un oficial. El infortunado sale de la taquilla con una brecha en la frente de pronóstico leve.

Las novatadas están directamente emparentadas con los ritos de iniciación de la adolescencia, todavía presentes en algunas aldeas. Su fuerza es la de los siglos que se mantienen como ley, y para desterrarlas se necesita algo más que la voluntad de un oficial. Se necesita el convencimiento general de que no van con los tiempos. Como la corrupción.

Un comentario a “Batallas de la mili”

  1. SEito

    Alguna vez he estado pensando sobre la oportunidad de las novatadas, años después de haber pertenecido al primer reemplazo que las eliminó allá en el cuartel, en la Melilla de Marzo del 76 .
    Aceptamos recibir por parte de los Abuelos de la compañía, una mini novatada, pero diciendo que aquello se iba a acabar, quizás porque la novatada en sí, era estar castigados allí a no poder salir a dormir fuera, o cuando salíamos de paseo no poder vestir de civiles, sin haber tenido permiso de jura como todos, etc . Años después me comentaron que aquel era destino de “castigo” para universitarios .No comment .
    Pero en ese pensar sobre la novatada, he llegado a la conclusión, que si fuera instructiva en el sentido de meter en la cabeza a todo novato el lema “La veteranía es un grado”, no estaría quejándose ahora un Leguina de quienes los apartaron por edad, que no por otro asunto, sus novatos y así les/nos fue en su paso por los cuarteles de las 4 estaciones .
    Porque él se queja de los suyos, pero fuera de la política ha ocurrido tanto o más, al dejar, ya no a los de La Prepa si no a los bebés de la Guardería hacerse con la dirección de lo que siempre fue el Claustro de los Profesores .
    A tal nivel llega el laiser faire, que hay que leer hoy en la prensa, a una cerebrité, decir que los suyos tienen que dejar el Parlamento y ganar las calles . El GZamonal, vamos .
    Entre aquellos “castigos” y estos, los ciudadanos libres de pertenencia a grupo alguno, seguimos soportando novatadas .

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