Primero de turnología

_¿Cuál es mi cámara?

Amando de Miguel y Antonio Burgos son los padres de la primera formulación lexicográfica del tertulianés, que es lengua nacida al rebufo de mesas y corrillos donde se habla del día, de sus políticos y sus miserias.

A ambos, como grandes Nebrijas de la neohabla, les interesa conocer una disciplina anexa que cobra fuerza de noche en noche, cual es la turnología, llamada a convertirse en pieza capital del tertulianés.

En turnología se estudian a su vez dos ramas fundamentales: Cómo defender el uso de la palabra y cómo apropiarse de la del contrario y/o colega. Hoy nos limitaremos a la primera de ellas.

El tertulianés acepta y aconseja las siguientes expresiones básicas: “Yo no te interrumpí” y su variante: “Todos te escuchamos en silencio”. En casos extremos se puede echar mano del modo interrogativo: “¿Me dejas continuar?”, o del admirativo vocativo: “¡Moderador! ¡Esto es insufrible!”

Si es el propio moderador quien trata de quitártela, existen dos fórmulas infalibles: “Veinte segundos y acabo”, o bien: “Solo una última cosa”. La ciencia turnológica desestima utilizar la expresión “Corrígeme si me equivoco”, pues se corre el peligro de que realmente te corrijan y te quedes con un palmo de narices. En ese sentido tampoco es aconsejable dirigirse al oponente diciéndole: “Háztelo mirar”, pues no solo le damos pie a que se lo mire, sino a que te diga cómo va a hacerlo, con la consiguiente pérdida de turno.

Entre “Es lo que yo digo siempre” y “Esto nunca lo había dicho antes”, debe optarse por el segundo enunciado. Crea más expectativas y te ayudará a arañar segundos, como a los equipos que van ganando. Si lo dices siempre, vete parando porque te vas a hacer pesado.

3 Comentarios a “Primero de turnología”

  1. formeas

    Muy acertada su bitácora de hoy. Yo diría muchas más cosas. Y “como muestra, basta un botón”, lo primero y principal es que en las tertulias se demuestra la mala educación de los tertulianos. Hablo de aquellos que hablan a la vez con lo cual no te enteras de lo que dicen unos y tampoco de lo que dicen los otros. No te enteras de nada, ¡vamos! Claro que la culpa es siempre del moderador que pone en claro las reglas del juego antes de iniciar la tertulia.

  2. MIRANDA

    En un tiempo en que todiós anda metido a “analista político”, en los infinitos foros y blogs virtuales o de papel, resulta que la radio, y en mayor grado la TV con su directo presencial, hace más obvias las muletillas, remoquetes y latiguillos que componen lo que se ha dado en llamar “el tertulianés”, o jerga de los contertulios (creo que fue Luis del Olmo el que empezó a usar lo de “tertulianos”)
    El “tertulianés” le da a la exposición verbal una ampulosidad retórica de aire caliente que no dice absolutamente nada, pero envuelve y adorna el discurso propiamente dicho de tal forma que cualquier ignaro puede parecer un brillante expendedor de nada con sifón.

    Claro que luego está la objetividad, la lucidez, la elocuencia, el ingenio y otros factores que hacen que uno distinga perfectamente entre los “tertulianos” que le interesan y los que no le aportan nada.

    También cumple señalar que grandes columnistas hacen luego pobres contertulios, y a la inversa, gente dicharachera que dice bien las cosas no es capaz de pergeñar un artículo en condiciones.

    Pero sobre todo hay que distinguir entre tertulias de opinión y peleas de gallos de corral donde la propia casa tiene “excitadores” y “provocadores” de plantilla (fuera de cámara, claro) , para agitar a los invitados cuando se vienen abajo o se ponen de perfil.

    A menudo, la saturación de tópicos (nadie cambia de argumentos y estilo aunque cambie de plató) y la crispación tertulianesa mueve al zapeo y la búsqueda de relax, cine, documentales, etc . No digamos ya si tropezamos con la escandalera de la telekk de casquería, con su toxicidad morbosa,

    Lo más preocupante de las tertulias es que muchos españoles se tomen su ración de pienso masticado y de “permítanos pensar por usted”, se vayan haciendo más cómodos, pasivos y vagos y acaben matando de inanición su espíritu crítico. Aquel que antaño se alimentaba de lectura de libros o prensa, de cine o teatro, que te planteaban cuestiones que luego a cada uno correspondía manejar y resolver.

  3. Bartolo

    Sí Cora, pero no me negarás que es mucho más divertido ver y escuchar a Marhuenda, Inda ó la Beni.

    http://youtu.be/QOGOixXwtiQ

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