Cumbre de bajura

Se podría suponer que Anasagasti iba a aprovechar el episodio de Santiago para atizar el fuego contra el Rey, pero no, todo lo contrario. El senador vasco sabe que puestos en la balanza, su malquerido monarca gana por la mano “a un personaje que está llevando Venezuela a una dictadura”. Menos mal que sus fobias no le impiden distinguir las diferencias de fondo y superficie que existen entre uno y otro, como lo han hecho también miles de venezolanos avergonzados del botarate que los representa por ahí adelante y los acosa de puertas adentro.
Es un ejercicio bastante simple, pero requiere unas mínimas dosis de sensibilidad y cordura, precisamente las que demuestran no tener los dos socios de Z, o al menos, dos de sus más destacados portavoces, como son Joan Ridao, de ERC, y Gaspar Llamazares, de IU, que no dudaron en criticar al Rey, que es tanto como aplaudir a Chávez. Nada pasaría si no estuviesen tan cerca del poder como los ha puesto quien ahora rehuye las fotografías al lado del venezolano.
Con esta ocasión se recuerda también que las acusaciones lanzadas por el Gorila Rojo contra Aznar fueron formuladas por el propio Moratinos poco después de hacerse cargo de Exteriores, y que los insultos esgrimidos están a la orden del día en cualquier debate, tertulia o vídeo promocional en los que participen políticos o periodistas de verbo cálido o grácil pluma. Es cierto. Basta asomarse a cualquier serie juvenil para comprobar el extraordinario impulso que está recibiendo el lenguaje soez, la aversión al conocimiento y todo lo que huela a respeto y corrección. Ya no digamos nada de aquello tan obsoleto que llamaban urbanidad y que hasta el propio presidente del Congreso confundió en su día con urbanismo, reclamándoselo a los señores diputados.
_Hay que abandonar esa falta de urbanismo _, dijo Marín en un lapsus linguae sumamente definitorio.
La próxima cumbre, o cuando sea, borrarán con pitidos los exabruptos de los comparecientes.

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