Archivo de Febrero, 2020

Libros e gatos

Martes, 18 de Febrero, 2020

Besteiro e Alcalá Zamora no acto da Academia

Victoriano García Martí, o escritor de A Pobra do Caramiñal, foi un deses autores aos que se lles pode aplicar o tópico de prolíficos porque é absoluta verdade.

Tan grande produción pode chegar a ser perigosa. Por exemplo, cando un xornalista lle pregunta a seu irmán Marcial pola opinión que lle merece o último traballo de Victoriano sobre a literatura galega, o home, que é unha persoa intelixente e de moi bo humor, resposta:

_ Ah! Pois non sei. Estes días durmo perfectamente e non preciso da prosa de Victoriano.

Non se sabe se ese ano os dous irmáns celebran xuntos a Noiteboa, ou non.

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O 28 de abril de 1935 Julián Besteiro ingresa na Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Rematado o acto, unha morea de compañeiros de partido van felicitalo. Algún deles está pouco afeito ás academias, pero ten moitas ansias de o adular, como un que daquela se achega a Besteiro e di:

_ Parabéns, mestre! Xa é vostede inmortal… pero inmortal para toda a vida!

No fora ser que caducase.

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Tres universitarios da rúa do Franco de Santiago matan a tarde nos anos trinta coa pesca do gato. Desde a ventá da súa fonda descolgan un anzol metido nun anaco de carne para que o mordan os gatos de abaixo, e así pescalos dun xeito ruín.

Un veciño denuncia o feito á prensa local e ao día seguinte sae publicado que “tres salvaxes estudantes” dedicaban a tarde a torturar os gatos da rúa do Franco.

Os estudantes séntense aldraxados e protestan ao xornal dicindo que eles non son uns salvaxes.

E o xornal rectifica dicindo: “Os tres estudantes de onte non son uns salvaxes, senón don Manoel Perendenguez, don Pepe Mengano e don Luis Fulanitez”.

Vázquez de Queipo, un sabio entre chistes

Martes, 18 de Febrero, 2020

Hasta 1975 se editan al menos 45 ediciones de las tablas de logaritmos del científico de Samos

ANTES DE LA existencia de las calculadoras, las tablas de logaritmos son instrumentos de suma utilidad. Cualquier otra explicación sobre su importancia, por mínima que fuese, nos ocuparía el espacio de la sección, y sin garantías de que estuviese bien planteada.

Cuando en España se habla de logaritmos en los siglos XIX y XX, un nombre aparece a continuación, el de Vicente María Julián Vázquez Quiroga Queipo de Llano (Samos, 1804), nacido el 17 de febrero en la Casa Forte de Lusío, San Cristovo do Real, donde hoy existe un albergue y su museo.

Vicente llega con la cabeza tan despejada para las ciencias y las letras que con solo 22 años obtiene por oposición la cátedra de Física y Química de la Universidad de Valladolid y se doctora en Derecho. Académico de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales desde 1847 y consejero de Instrucción pública durante treinta años, es nombrado comisario regio del Observatorio astronómico, presidente de la comisión del Mapa Geológico de España y académico de la Historia.

Fue fiscal de Hacienda en Cuba, diputado a Cortes y senador vitalicio, aunque su paso a la historia se lo debe a sus famosas Tablas de Logaritmos, así como a la Aritmética superior mercantil, y en menor medida, al Ensayo sobre los sistemas métricos y monetarios de los antiguos pueblos.

Las tablas de Vázquez de Queipo, premiadas en la exposición universal de París, son fruto de un trabajo que arranca en 1850, destinado a divulgar los cálculos aritméticos por medio de los logaritmos, los neperianos, a quienes él rinde culto por considerarlos como uno de los inventos más influyentes de la humanidad.

Las numerosas ediciones realizadas de las tablas de Vázquez de Queipo _ al menos 45 hasta 1975 _, son utilizadas por estudiantes y profesionales de las más variadas ramas. Para la navegación, la construcción, la investigación astronómica, la banca o la geodesia.

Eran libritos de escasa paginación, pero de utilidad contrastada, que normalmente acaban tan sobados por el uso que deben hojearse con sumo cuidado para no quedarse con el papel entre los dedos.

El estudio de la teoría de los logaritmos y el manejo de sus tablas son declarados obligatorios por el gobierno. Su autor se esfuerza por ampliarlos y mejorarlos en buscar de una mayor utilidad práctica.

Con motivo de una de sus reediciones, la prensa dice de su autor que su interés es ponerlas al alcance “de todas las inteligencias y fortunas, acomodándolas para las personas científicas y para el uso de las escuelas”.

Su popularidad llega a ser tal en algunos momentos que su cita sirve para componer chistes o frases hechas, como por ejemplo al decir que “hoy en día se pone música hasta a los logaritmos de Vázquez de Queipo”, o al compararlas con los cinco dedos de la mano para expresar lo vulgar y lo científico.

“¿Cuántos individuos que sepan hacer reír circulan por el mundo?”, se pregunta Jardiel Poncela en un artículo. Y se responde: “Pueden contarse sin recurrir a los logaritmos de Vázquez Queipo”.

El legado del matemático se completa también con trabajos sobre moneda, entre ellos, Cuestión del Oro.

Muere en Madrid a los 89 años el 11 de marzo de 1893 y en ese momento se le considera una de las primeras figuras científicas del siglo XIX.

Asimismo, hasta bien entrado el XX, sólo se citan cuatro eminencias nacidas en la provincia de Lugo, Pastor Díaz, Manuel Becerra, Antonio Casares y él. Esta sección contribuye a divulgar que afortunadamente fueron y son algunas más.

Queixos e libros

Lunes, 17 de Febrero, 2020

O Banco de Vigo, unha das obras de Gómez Román

Nos anos corenta o veterinario Rof Codina, o pai de Rof Carballo, volve a Lugo despois dunha viaxe a Madrid. A prensa pregúntalle polas novidades da capital, por se trae algunha disposición ou campaña nova, xa que Juan Rof era profesor da Cátedra de Divulgación Pecuaria de Galicia.

_ Si. Coñecín unha novidade moi importante _ di o profesor.

_ Conte, conte.

_ Paseando eu cun amigo polo centro da capital, achegámonos a unha tenda de comestibles que ten aberta alí outro galego. Diante do escaparate observamos unha imaxe sorprendente.

_ E logo?

_ Debaixo dun queixo á venda, o tipo puxera un cartel que dicía: “Queixo do Sudán”.

_ Trouxérao de África?

_ Non, agarde un intre. Entramos, saudámonos e pregunteille ao comerciante que era iso do queixo sudanés, que por outra banda soábanme moi familiares as súas formas.

O tendeiro explícase.

_ Póñolle que é “Queixo do Sudán” porque se vende moito mellor que se lle poño “Queixo de San Simón”, qué é o que é. Xa ve, a xente, que lle vai o exótico…

Os de Vilalba deberon quedar pámpanos.

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Cando o arquitecto Manuel Gómez Román _ o ensoñador de novas Compostelas, en definición de Otero Pedrayo _, é secretario xeral do Partido Galeguista durante a II República, ordénase un rexistro do seu domicilio de Vigo, se cadra por algunha denuncia interesada.

Logo de moito mirar en todos os currunchos, nos armarios e debaixo das camas, un dos gardas diríxese ao arquitecto dicíndolle:

_ Armas, non hai. Aquí non atopamos máis que libros.

E Gómez Román non deixa escapar a oportunidade para lle replicar diante de todos os policías:

_ É que esas son as nosas armas.

As forzas vivas saíron do piso para non voltar.

Legísima, un monfortino en la cúpula de los franciscanos

Lunes, 17 de Febrero, 2020

Escribe la historia de la orden durante la Guerra de la Independencia, entre otro medio centenar de libros

AUNQUE ES OCHO años mayor, el franciscano Juan Rodríguez de Legísima (Monforte de Lemos, 1884), fue condiscípulo de Franco en Ferrol, dato que se repite en sus biografías, no como timbre de gloria, sino como mera curiosidad; como curiosidad es su apellido, llegado directamente de las Navas de Tolosa y del topónimo Legiçamo, que está lejos, pero no tanto como podría parecer al ser escuchado.

Legísima es sacerdote desde que El Progreso es periódico, el año 1908, y poco después él mismo es nombrado subdirector de El Eco Franciscano, porque lo suyo era la investigación histórica, literaria y etnográfica, como demuestra al publicar en 1912 su libro más nombrado, “Héroes y mártires gallegos. Los franciscanos de Galicia en la Guerra de la Independencia”, gracias al cual va a ser nombrado académico de mérito de la Asociación de Escritores Gallegos Laureados y miembro correspondiente de las reales academias Galega y de la Historia.

Lucha en contra de la enseñanza laica obligatoria, y se hace maestro y abogado en la universidades de Murcia y Granada. En Madrid, entre otros cargos, es rector de San Francisco el Grande, conservador de los Santos Lugares de Jerusalén y superior de la comunidad franciscana, así como capellán y predicador del rey Alfonso XIII.

Precisamente en 1921, la Reina Madre doña Cristina visita sin previo aviso una exposición de ornamentos sagrados para las iglesias pobres, organizada por la Asociación de Caridad Franciscana y de la que es comisario Legísima, y se conocen.

Pese a la falta de aviso, “para no molestar”, el monfortino está atento a la llegada de la reina y le hace los honores correspondientes. En determinado momento, doña Cristina se fija en el acento del franciscano y le dice:

_ ¿Usted es gallego, verdad?

A lo que él responde:

_ Nacido en Monforte, señora, y educado en Ferrol y en La Coruña, e hijo del convento de Santiago.

Para sorpresa de Legísima, doña Cristina continúa así la charla:

_ Pois fáleme en galego. Gústame moito aquela terra.

Legísima no puede reprimir una amplia sonrisa.

_ Rise de mín? Fáleme, fáleme! Se o entendo moi ben…!

Y naturalmente, el fraile siguió en gallego las explicaciones, que la visitante también comentó en “el idioma del país”, como dijo la prensa para recalcar que la reina lo hacía con una facilidad y una seguridad, “que seguramente no tienen muchas señoritas de las ciudades de la región”.

La reina le dijo a Legísima que recordaba con especial agrado su estancia en las Rías Baixas y el panorama que se observa desde Estaca de Bares.

Además del libro citado, Legísima es autor de numerosas obras como Estado general de la orden franciscana en España y sus misiones (1916), Florecillas de San Francisco de Asís (1923), A las Cortes constituyentes. Los franciscanos españoles y la misión de la raza hispana (1931), San Juan de la Cruz y la dirección espiritual (1943) o San Francisco de Asís. Sus escritos (1945) (GEG).

Hermana del religioso es la pintora Carmen R. de Legísima, nacida en Lousado- Piñor de Cea el año 1896 y fallecida en Ourense en 1980, donde su padre, militar, se radica una vez jubilado. El nacimiento de Juan en Monforte fue motivado por uno de los destinos de éste mientras está en activo.

Carmen sufre una paraplejia de la mitad derecha de su cuerpo, por lo que aprende a dibujar con la mano izquierda para no verse obligada a dejar la pintura hasta su fallecimiento. El de su hermano se produce el 15 de febrero de 1984, hizo ayer 36 años.

María Josefa, pedigüeña y condesa de Lugo

Lunes, 17 de Febrero, 2020

Una mujer que dice poseer ese título es detenida en Francia y convence al comisario de que lo tiene

QUIENES FRECUENTAN EL exclusivo Promenade des Anglais de Niza durante la primera década del siglo XX, se cruzan las más de las veces con una anciana que luce unas galas astrosas, prueba inequívoca de glorias pasadas y miserias presentes.

Se toca de sombrero a juego, con plumas en declive y perifollos ajados. Siempre el mismo y siempre con la misma ruina, como si ya no pudiese descomponerse más, aunque la apreciación es incierta, ya que de día en día, el pingajo es mayor y su volumen, menor.

El Paseo de los Ingleses abraza las famosas playas de Carras, St Hélène, Cocoon Beach, Florida, Neptuno y otras de resonancias novelescas. Forma parte de la línea marítima que une Cannes y Monte Carlo, de modo que allí nunca faltan ni millonarios o arruinados; ni turistas o viajeros que desean encontrarse con unos y con otros. Más con los primeros, claro.

La mujer también, pero no parece turista, ni viajera. Más bien, arruinada. Camina con aire elegante y despreocupado, pero cuando considera que es el momento oportuno, aborda a los transeúntes en solicitud de limosna y con el interés puesto en que pertenezcan al grupo de los millonarios.

Como quiera que la mendicidad está prohibida en el ámbito municipal de Niza, bien por denuncia, bien por actuación directa de la policía, la mujer es detenida en febrero de 1911 y llevada ante el comisario, un camino que ella recorre sin cesar en sus protestas, pues los guardias están cometiendo una arbitrariedad contra una dama.

Una vez en presencia de la autoridad, declara:

_ Soy una nobilísima dama española.

El policía indaga sobre las bases en que se sustenta la afirmación y le pregunta cuál es su título.

_ El de condesa de Lugo _ responde ella con aplomo.

Luego despliega ante el hombre un rollo de pergaminos, miniados, sellados y recargados de letras góticas y de dibujos heráldicos que lo convencen, o por lo menos, le abonan la duda.

_ Soy la excelentísima señora doña María Josefa Cajago de Mantego y Martínez.

_ ¿Y cómo es que pide limosna?

_ Porque perdí toda mi fortuna y me encuentro vieja, arruinada, enferma y sin familia.

El policía deja marchar a María Josefa, que como cada noche acude a la puerta de una iglesia cercana _ Notre-Dame de l’Assomption? _, donde se acurruca y duerme. Cuando el suceso llega a España, la prensa presume de saber que no existe tal condado, sin reparar en que haberlo haylo. O lo hubo.

No es cosa de recordar la historia de los Correa, los Bolaño y los Pallares, don Eros, don Fernando y don Otón, los Condes de Lugo que hicieron levantar sus reales a Almanzor y que cuenta con pulcro estilo de leyenda Vesteiro Torres, don Teodosio, y otros que le sigue la estela; pero sí asombra e intriga la calidad de los papeles y rollos que lleva encima doña María Josefa como para convencer al comisario galo de que realmente se trata de quien dice ser.

Una nobilísima dama como ella, por muy perdida que tenga la fortuna, por muy raídos que arrastrase sus harapos, no puede por menos que seguir siendo condesa de Lugo y pedir limosna en el más aristocrático de los paseos marítimos del mundo, el de los Ingleses de Niza, siete kilómetros de tierra reconvertidos en camino por los hijos de la Gran Bretaña que allí pasaban los cálidos inviernos antes de descubrir España, que por más sol y mayor baratura les viene más a cuento.

Ni por Cajago, ni por Mantengo, sale a la luz más perfil de doña María Josefa. Y lo lamentamos tanto como el lector, porque esta mujer prometía.

Un monumento ás cartas

Domingo, 16 de Febrero, 2020

Pola, na famosa foto do cinematógrafo en Galicia. (É o primero da esquerda en pé)

Desde maio do ano 1909 ata agosto do 1911, o escultor asturiano Julio González Pola é un veciño máis de Pontevedra. Viñera para supervisar os traballos do monumento aos Heroes de Pontesampaio que hoxe existe na Alameda, con bronces fundidos en Barcelona segundo os seus moldes.

O monumento non se libra da polémica, porque Vigo non quere que se instale alí “para enfeite dunha praza pontevedresa”, senón no lugar da batalla, e desa idea faise toda unha sorte de aldraxes entre as cidades, como case sempre.

Pola, como é chamado en curto o artista, participa na vida social de Pontevedra, especialmente cando se trata de tomar os viños, ou asistir a merendas, rexoubas, pándegas e serenatas nocturnas polas rúas da cidade. Naturalmente, sempre hai tempo para unha partida de cartas e Pola é un dos que máis goza tirándolle da orella a Jorge, como din en argot.

Cando remata a escultura do monumento e por fin os pontevedreses poden ver o resultado, sucede o de sempre nos touros. Hai división de opinóns. Desde obra mestra ata churro mal feito, toda a escala de avaliacións tiña algún representante nas tertulias.

Nalgún caso, a diversidade de criterios chega tan lonxe que mesmo se puña en cuestión o significado das figuras escultóricas, algo tan evidente como que xa o di o seu nome: Heroes de Pontesampaio.

Canso de tanto desatino, un dos seus amigos neses anos en Pontevedra, o médico e literato Heliodoro Fernández Gastañaduy, contéstalle a un dos que fan por descoñecer o simbolismo da escultura:

_ Home, está ben claro. O que Pola quixo facer no monumento foi a representación dunha timba. Non ves que hai un que tira e dous que apuntan?

A que xogaban? Ao tute, ao mus, ao truco?

O autorretrato de Pimentel

Sábado, 15 de Febrero, 2020

O Círculo, de Xoán Guerreiro. Pertence á Pinacoteca da sociedade

Eran os anos nos que Luís Pimentel aínda non se descubrira a si mesmo como poeta e cría que o seu latexo artístico tiña que vir polo rego dos pinceis, se ben é certo que era o único en todo Lugo con ese pensamento.

Antonio de Cora, o novo presidente do Círculo das Artes, quere que a sociedade amose as inquedanzas creativas da xente máis nova e no mes de novembro de 1923 organiza unha exposición de Arte Local na que inclúe obras de Rafael García, Antonio Azpiazu, Luis Vázquez Fernández-Pimentel e Daniel Fernández Bouzas.

O acto rematará cunhas palabras súas, unha conferencia de Evaristo Correa-Calderón e un concerto do sexteto que dirixe e mestre Sariñena.

O éxito é rotundo. Ás seis da tarde, hora que daquela era habitual para este tipo de acontecementos, o salón está cheo de público que examina as obras presentadas con moito interese, ata que chegan á altura das dúas pezas de Luis e Daniel, porque no seu caso, presentan un dobre autorretrato, é dicir, cada un fai o retrato dos dous.

É unha auténtica orixinalidade, pois non é doado atopar algo semellante. O cronista de El Progreso _ se cadra o propio Antonio de Cora, amigo dos pintores _, foxe do compromiso dicindo que as figuras están feitas con verdadeiro arte. Que menos se pode dicir dun amigo?

“A do señor Pimentel _ engade _, ten moita expresión e demostra ser artista quen a trazou”, e a de Daniel “tende máis ao parecido”.

O curioso é que debaixo do seu autorretrato, o futuro autor de Sombra do aire na herba, coloca un cartel que di: “Pra pintarte a ti mismo cerra os ollos (sic)”.

Como se pode advertir, na frase hai elementos surrealistas, humorísticos, filosóficos e fundamentalmente, realistas. El non pode autorretratarse, pero cada un de nós si. Abonda pechar os ollos.

Canuto e mais el

Viernes, 14 de Febrero, 2020

CEF na taberna do Galo, onde fala de Canuto

Celso Emilio Ferreiro nace o 6 de xaneiro de 1912. Iso podería darlle certo enchufe cos Reis Magos, alomenos porque os xoguetes pagaban o aniversario do rapaz e ao mesmo tempo, os agasallos desa data.

Un ano Celso Emilio pide aos Reis que lle traian unha bicicleta, pero os pais, Venancio Ferreiro e Obdulia Míguez, deciden substituíla por un burriño, ben sexa por razóns económicas, ou de utilidade, sabendo que o animal podería levalo por camiños que a bicicleta, non.

Celso Emilio lamenta o troco, pero claro, pouco a pouco e durante os cinco anos seguintes, faise inseparable de Canuto, que é o nome que lle pon o pai ao cuadrúpede.

Durante un tempo, sendo xa un escritor de sona, o de Celanova di aos xornalistas que non escribe a historia de Canuto e mais eu, porque Juan Ramón Jiménez xa tiña escrita Platero y yo.

Máis adiante esquece esas prevencións e naturalmente converte o animal en personaxe literario.

Con Canuto entrado en anos, don Venancio decide vendelo a un arrieiro que vai e vén a Celanova cargando millo coas súas monturas.

Nunha destas, a reata do comprador deu en pasar diante da casa do poeta, que aínda era un rapazolo. Canuto viña diante, como capitán da cabalaría, pero cando os seus ollos dan cos de Celso Emilio, o burro chántase na metade da rúa sen dar un paso máis por grande que é a malleira de paus que recibe.

Dadas as circunstancias, houbo que mercalo de novo ao arrieiro, nunha operación na que o home pon o prezo que quixo.

As viaxes que agora fai Celso Emilio teñen o obxectivo de mocear, ou sexa, festas e romarías, polo que Canuto coñece toda canta troula houbo en Celanova e soubo das aventuras galantes do rapaz. Por exemplo, aquela coa Ilduara na que descobre o amor carnal.

Santamarina, mecenas del gallego llegado de Nueva York

Viernes, 14 de Febrero, 2020

Enrique y su hermano Leonardo impulsan en 1963 el nacimiento del primer diccionario sistematizado

CUANDO LE PREGUNTAN a Enrique Santamarina Becerra (A Fonsagrada, 1910), si hubiese alcanzado el mismo rango científico en caso de no marchar a los EE.UU., su respuesta es rotunda: “Definitivamente, no; seguiría siendo veterinario inspector en cualquier pueblo de España”.

La pregunta se la plantean hace más de cincuenta años, pero la respuesta de hoy sería similar.

La familia de Enrique es muy conocida. Uno de los miembros actuales es su sobrino, el lingüista Antón Santamarina, casado con María do Carmo Ríos Panisse. Luego sus hermanos Antón y Leonardo, el director de Lenguas Romances, también en la Universidad de New Jersey, hasta que muere en 1987. Y los otros, Mario, Benxamín, Flora, Alfredo y Margarita.

Enrique muere el 11 de febrero de 2005. Se había doctorado por la universidad de Ohío y fue doctor emérito en el Cook College, en la Universidade de Rutgers, profesor de la Universidad de Nueva Jersey y destacado especialista en Patología y Endocrinología.

El año 1947 se exilia tras ser acusado de colaborar con los maquis. Va a Norteamérica, donde ya está su hermano Leonardo. Siendo ya veterinario, pero todavía estudiante allí, forma pareja con Phyllis Joyce Lytwin, una norteamericana que acabará cantando aires de A Fonsagrada y preparando butelos, aunque esto último no es tan sencillo a ese lado del Atlántico. Para favorecer la evolución, la mujer pasa a llamarse Felicia, y para acercarse a la música, ingresa en el coro Airiños, de la Casa de Galicia de Nueva York, en cuya inauguración se encarga de interpretar el Himno Galego de Pondal y Veiga.

Felicia estudia castellano, pero como no encuentra clases de gallego, opta por matricularse en portugués y malo será que no le sirva para reciclarlo después en la lengua rosaliana. Ni a Carballo Calero se le habría ocurrido.

La galleguización de Felicia la lleva también a ganar un premio de pintura con una obra inspirada en un poema de Rosalía, la de Castro, claro.

Enrique también toca la gaita y conserva el acento gallego como si no hubiese salido de la aldea de San Martiño de Suarna, donde nace. En 1963 los dos matrimonios Santamarina realizan un viaje por Galicia. En Lugo, donde Enrique conoce a Ánxel Fole desde que estudia en la ciudad, participa una o dos tardes en la tertulia del Méndez y de ahí surge una entrevista que firma Luis Rodríguez en El Progreso.

Aunque ambos hermanos suelen venir a Galicia con frecuencia, el viaje de aquel año es especial. Han organizado una fiesta a favor de la cultura gallega para reunir fondos y fundar el Instituto Filológico y Lingüístico en la Fundación Penzol y para preparar un primer volumen de documentos en gallego antiguo.

Asimismo, el fin es comenzar los trabajos para conseguir un futuro diccionario, algo que en aquellos momentos se ve muy lejano.

Los estudios se inician en A Fonsagrada por parte del filólogo Aníbal Otero y se pretende que después se estudie el gallego de otras zonas. Ésa era su idea.

Por otra parte, los Santamarina entregan a la Academia en A Coruña un cheque de 100.000 pesetas para su instalación en su actual local que cede la condesa de Cavalcanti, hija de Emilia Pardo Bazán.

Por si fuera poco, los dos hermanos hacen entrega de 700 dólares al Sanatorio de Niños de Oza dos Ríos, como continuación de donativos anteriores, y con motivo del centenario de Cantares Gallegos, traen 18.000 pesetas para la hija de Rosalía, Gala Murguía, como homenaje de la Casa Gallega de Nueva York. Gala tiene entonces 92 años.

Amalia intuye en sueños la guerra y la muerte de su marido

Jueves, 13 de Febrero, 2020

Nace en Lugo donde está destinado su padre, Xerardo Álvarez Limeses.

DÍAS ANTES DE ser fusilado Bóveda el 17 de agosto de 1936, su mujer, Amalia Álvarez Gallego (Lugo, 1906), intuye en sueños la guerra y su muerte. Se lo comenta y el dirigente galleguista le quita importancia, pero las dos premoniciones se cumplen inexorables el 18 y el 20 de julio de 1936, cuando él es detenido. Un mes después ella se convierte en la viuda de Bóveda para los 65 años que le quedan por vivir.

El nacimiento de Amalia el 10 de febrero de 1906 en Lugo está motivado por el destino de su padre, Xerardo Álvarez Limeses, como inspector de Enseñanza primaria y profesor de Derecho y Legislación Escolar en el Instituto.

Durante estos años lucenses, Álvarez Limeses gana el premio a la mejor poesía sobre los milagros de la Virgen dos Ollos Grandes, fallado en el certamen de la patrona, en agosto de 1904.

Ella es la quinta de los seis hijos que este miembro de la prolífica saga pontevedresa originaria de Zamora tiene con su mujer, Dolores Gallego, y que a su vez se prolongará con los Álvarez Blázquez, los Gándara, los Cáccamo y los Basso; y emparentará con Celso García de la Riega y con Bóveda, dando lugar a un numerosísimo entramado familiar que encabeza Gerardo Álvarez Giménez, su abuelo, notario en Mondoñedo, ciudad con la que ella mantiene siempre relación.

De Lugo, Amalia pasa a Ourense y a Pontevedra, donde realiza sus estudios primarios e inicia Magisterio. Un hecho decisivo en su vida es su ingreso en la Sociedad Coral Polifónica de Pontevedra, ya que allí coincide con Bóveda, bajo la presidencia de Antón Losada Diéguez hasta su muerte. Precisamente en el primer homenaje a Losada, ella, su cuñada María Teresa Moreno y socias son las encargadas de ofrecerlo.

Todavía soltera, se celebra en el Teatro Principal de Pontevedra la Fiesta de exaltación a la mujer, una especie de acto poético pionero de la reivindicación femenina, cuando la dictablanda primorriverista da sus estertores.

En él se estrena un madrigal escrito expresamente para la ocasión por Manuel Machado y recitan poesías Amalia y su cuñada, la ya citada María Teresa Moreno, así como Fermina Gutiérrez y Carmen Barreíro. Los mantenedores son presentados por su padre.

La boda con Alexandre Bóveda se celebra en el Monasterio mercedario de Poio el 20 de octubre de 1930, cerca de donde será fusilado tan solo seis años después.

Él es jefe de Contabilidad del Estado, tenedor de libros de la Delegación de Pontevedra y destacado dirigente del Partido Galeguista. Los padrinos son Xerardo Álvarez Limeses y Luisa Iglesias, padre y madre de los contrayentes.

Tras el viaje de luna de miel, Amalia ya está embarazada de su primera hija, Xela, que nace en agosto de 1931. Luego Alexandre, Xosé Luís, Loli y Amalia. El fusilamiento de su marido coincide con su quinto embarazo, el de Amalia, como Bóveda le pide que le ponga si es niña.

Desde el primer aniversario de la muerte de su marido publica su esquela en el Diario de Pontevedra y encarga varias misas en la iglesia conventual de San Francisco, con referencia explícita a la fecha de su muerte.

Tras la tragedia reanuda los estudios de Magisterio, aunque finalmente oposita a Hacienda y es destinada a Cádiz, por lo que deja a sus cinco hijos repartidos en distintas casas, antes de ser internados en un centro madrileño para huérfanos de Hacienda. Curiosamente también cobra una pensión por este hecho, aunque tanto ella como sus hijos tienen que soportar durante años el estigma de ser los descendientes de un enemigo del régimen.