Archivo de Diciembre, 2019

A Greta, la cabreada

Martes, 10 de Diciembre, 2019

Greta y los Garbo

Querida Greta: Espero que al recibo de la presente te encuentres mejorada de tu disgusto. Nada nos alegraría más que ver cómo aflora la sonrisa enmarcada entre esas dos trenzas tuyas, tan escandinavas, tan pastoriles, que diríanse velas en el altar del conservacionismo activista militante.

Tienes razón cuando dices que te han secuestrado la infancia. Secuestrado, robado o masacrado. Te equivocas profundamente al señalar quién es el culpable. A veces, una persona normal tarda toda una vida en averiguarlo. Seguro que tú lo consigues en menos tiempo.

Entiendo que has elegido un camino difícil, lleno de trampas y de renuncias: a la carne, al avión, a Disneyland. Vas a necesitar varios asesores para que te eviten situaciones comprometidas y contradictorias con tu evangelio, como son las fotos al lado de pantallas, micrófonos o sillones en desacuerdo con tus parámetros de conducta sana, como ya te ha ocurrido a las primeras de cambio.

Así se explica que en estos pocos meses de activismo que llevas encima se haya acuñado el convencimiento general de que atacarte a ti es tanto como ciscarse en la madre de los leones del Serengeti, como negar el efecto invernadero, o como propalar que Ghandi se acostaba con menores.

Y ahí sí que no, Greta del alma querida. En este juego del activismo y mercadotecnia no vale rodearse de cinturones sanitarios para protegerse de las críticas. Todos los que lo intentaron arrastran hoy la fama de ser unos redomados fascistas y tú no querrás caer tan bajo, sobre todo ahora que estás a punto de ser mayor de edad y nunca más volverás a ser esta niña respondona que canta las cuarenta con tanta energía que parece la nuclear, con perdón.

Por cierto, en el Big Bang, las glaciaciones y la desaparición de los dinosaurios no había ni un hombre a la redonda.

Fouce, el pionero informático en Lugo

Martes, 10 de Diciembre, 2019

Hoy se celebra el Día de la Informática que llega a la ciudad con una computadora Philips para el Ayuntamiento

SE CELEBRA HOY el Día de la Informática porque es el del nacimiento de Grace Murray Hopper, una mujer pionera en el mundo de la computación y la creadora del Harvard Mark II, un ordenador de los tiempos en los que no había ordenadores.

Si buscamos al pionero lucense en estas lides nos encontramos con el nombre de José Fouce Meilán (Lugo, 1940), que este año alcanzaría los ochenta de vida y que en 1958 había ganado plaza de funcionario en el Ayuntamiento de Lugo, dentro del servicio de aguas.

Había estudiado Peritaje Mercantil y Magisterio en Lugo, así como Profesorado Mercantil en A Coruña, pero además reúne otras dos cualidades que son determinantes en su trabajo inmediato. Es un hombre de variadas inquietudes y disfruta de una destacada facilidad para las matemáticas.

Diez años más tarde, allá por 1968, el alcalde Fernando Pedrosa lo llama a su despacho. Estamos en los tiempos en los que decir ordenador electrónico o computadora abre la puerta a las mayores ensoñaciones, porque la informática _ palabra todavía desusada _, facilitaría todo tipo de trabajos, como se está demostrando a pasos agigantados.

Se habla de la IBM 1440 y suena a magia porque hace 5.000 operaciones por segundo y se dice que en breve, desde una agencia de viajes con ordenador se podrán reservar billetes de avión. Cosas veredes.

Pedrosa le anuncia la novedad: “Nos comen los papeles. El Ayuntamiento va a disponer de una computadora y he decidido que te hagas con los mandos”.

Y así lo hace, tras sendos cursillos en Barcelona y Madrid. En aquellos momentos el aparato más moderno con el que cuentan los servicios municipales de Lugo es una sumadora manual de ésas que imprimen los resultados en un rollo de papel accionando una palanca como los gatos chinos de la suerte.

La modernización viene a través de una computadora Philips de cuatro kas de memoria, puesta a disposición del servicio de aguas, por estar él allí, pero que trabaja para todo el concello desde 1969 en el que se instala.

El invento está operativo a lo largo de diez años y sirve para hacer las nóminas de toda la plantilla. Lo maneja un operador y el propio Fouce. Claro que en aquellos momentos la informática arrastra todavía la dependencia de las fichas perforadas o magnéticas, y ese lastre produce el almacenamiento de 16 metros cúbicos de tarjetas que necesitan una habitación para ellas solas. Por lo tanto, los papeles no se habían ido del todo.

El caso es que los primeros pasos están dados y que Pepe Fouce hace historia en la ciudad siendo jefe de los Servicios Electromecánicos.

Pero él también había sido profesor ayudante de la Escuela de Comercio de Lugo y participado en muy diversas iniciativas, como la directiva de Cántigas e Frores, la Peña de Ajedrez del Círculo das Artes, de la que es secretario, y la presidencia de la asociación ASAMDENA para defensa de la naturaleza.

Por otra parte fue un gran aficionado al teatro, tanto en la interpretación como en la dirección a través del Aula de Teatro. Una prolongación de esa actividad fue dar vida a Pelúdez desde Lugovisión durante los sanfroilanes finiseculares. Tiempo atrás había colaborado en Radio Lugo, presidido el Club Musical y dirigido el grupo cinematográfico del citado Círculo.

En el Ayuntamiento colabora con el Área de Cultura para organizar las Semanas Bibliográficas das Linguas Ibéricas y lleva a cabo una dilatada labor sindical, por ejemplo como presidente de la junta de personal.

La parte lucense del Neptuno del Prado

Lunes, 9 de Diciembre, 2019

Uno de los artífices de la estatua nace en Baralla, un dato hasta hoy desconocido

SEPAN LOS SEGUIDORES del Atlético de Madrid y todos los lucenses, que cuando este club celebra sus triunfos alrededor de la fuente de Neptuno, lo hacen gracias al trabajo de un artista de Lugo que colabora, entre otros, a darle forma para que desde estos días de diciembre de 1786 adorne el Paseo o Salón del Prado. Lo hace en compañía de Apolo y de la Cibeles, diosa que sí está enraizada con Madrid y a la que deberían acudir, aunque también lo haga el Real Madrid.

Pelillos a la mar y vayamos al grano. Hablamos de José Rodríguez Díaz (Baralla, 1742), cuya filiación completa debemos a la siempre inestimable colaboración de Luis López Pombo, a quien le pedimos que escudriñe en el Archivo Central Parroquial del Obispado de Lugo hasta dar con la cuna exacta del hombre, cuya biografía arrastra un error inmemorial que lo hace nacido en Sesterey, un topónimo inexistente y por lo tanto ilocalizable.

El error oculta que su nacimiento se produce en la parroquia de San Pedro de Sixirei, hoy perteneciente a Baralla, contra la que sus biógrafos se dan una y otra vez de bruces sin descubrirla.

Así lo refleja el libro 3º-4º de Bautizados de la feligresía de Sixirei (Baralla, folio 129 regular, 1742). Hijo de Antonio Rodríguez y María Díaz, al niño se le imponen los nombres de Joseph Thomas, nacido el 3 de marzo de ese año y con familiares en Santiago de Cedrón, hoy Láncara.

Joseph Thomas se forma en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid de la mano del toledano Juan Pascual de Mena desde 1765. Es premiado en los años sucesivos y si buscan la pintura “Don Fernando I arma caballero al Cid Campeador”, verán el lienzo galardonado, eso sí, en una única reproducción dentro de la web de Valeria Ardante.

Desde el 6 de marzo de 1785 es académico de mérito, justo cuando se enfrasca en el trabajo de la fuente de Neptuno, en cuya ficha oficial figura como autor del diseño Ventura Rodríguez, mientras que la ejecución correspondió al maestro del lucense, Juan Pascual de Mena, a Pablo de la Cerda, a José Guerra, a José Arias y al propio Rodríguez Díaz.

A nuestro hombre se le adjudican la carroza en forma de concha, el agua por donde avanza y los delfines.

Tras la prueba de los surtidores, se muestra a la pública contemplación de los madrileños el 2 de diciembre del año señalado, coincidiendo con el cumpleaños de la infanta María Teresa Antonia, octava hija de los trece que tuvo Carlos III.

Las reacciones ante esta tercera fuente del Prado fueron muy positivas desde el primer momento y Neptuno triunfó en el gusto de los capitalinos, que así disponían de una diosa de la tierra y un dios del mar.

Entre las obras más destacadas de José Rodríguez se encuentran los retratos de su tocayo José Rodríguez de Campomanes, gobernador del Consejo de Castilla, del propio Ventura Figueroa, de Miguel de Múzquiz, conde de Gausa y ministro de Hacienda, y del primer ministro José de Moñino, conde de Floridablanca, que está en el Prado, o sea, al lado de Neptuno.

Dicen sus biógrafos que era conocido como “Sócrates”, y uno, que es mal pensado, duda entre creerlo, o suponer que “Sócrates” sea en realidad su nombre masónico, dada la afinidad existente entre los canteros y los hijos de la viuda.

José es profesor en la Real Academia desde 1786 hasta 1797, cuando es nombrado maestro mayor de la escultura del arsenal de La Carraca en Cádiz. Y allí permanece hasta su muerte, en 1817.

Artista olvidado en toda Galicia, se achaca este hecho a la imposibilidad de fijar el lugar de nacimiento. Bueno, pues ya no.

Carrascal, el periodista que se hace en Lugo

Lunes, 9 de Diciembre, 2019

Hoy cumple 89 años el periodista que en la ciudad adquiere conocimientos suficientes para sus carreras

TODO EL MUNDO sabe que José María Carrascal (El Vellón – Madrid, 1930), no nace en Lugo, aunque cuando habla de la ciudad su relato se inunda de rincones, de personajes y de hábitos idénticos a los de quienes sí lo hicieron hace cosa de nueve décadas, como el doctor Carril, que está hecho un mozo rebuldeiro.

José María es vellonero y le ha recetado el médico que escriba una columna cada dos días, lo cual cumple a rajatabla. Y hablando de cumplir, hoy le caen 89 tacos que bien podríamos llamar tacos de vellón por lo mucho y valioso de su trabajo, cuya última obra atestigua cómo encara la existencia: Todavía puedo. Y tanto.

Su relación con la ciudad la cuenta en la Antoloxía da memoria de Lugo, realizada por El Progreso:

_Vengo a Lugo cuando tengo seis años, el año 1937 del siglo pasado. Estábamos pasando el verano en la montaña leonesa, cerca de Pajares, en el pueblo de mis abuelos, Folledo de Gordón, y quedamos en la zona republicana. A mi padre se lo llevaron al frente. Perdemos contacto con él. Quedamos en la casa de mis abuelos mi hermano, dos años más joven, mi madre y yo. Así que allí pasamos un año salvaje, sin escuela, sin enterarnos realmente de la guerra.

_ Mis tías vivían en Lugo. Una de ellas era Elisa, inspectora de Primera Enseñanza, a la que muchos recordarán. Ellas seguían en el mapa el avance las tropas y cuando se inicia la ofensiva desde La Robla para liberar Oviedo, como su padre había sido militar y tenían buena relación con los oficiales del Ejército de Franco, les dijeron: “Mañana toca la entrada en Oviedo”. Y se presentaron en un coche detrás de las tropas. Mi madre les oyó hablar a los soldados y dijo: ¡Son gallegos! Esto fue por la mañana. Por la tarde aparece por allí un taxi de León y dentro, dos señoras con sombrero. El taxista nos llevó a León y allí cogimos el tren y nos vinimos a Lugo.

_ La impresión de Lugo fue considerable, pero a las pocas horas bajamos al Cantón y nos hicimos con la nueva geografía. Los niños se establecen enseguida. Mi madrina vivía primero en la calle Quiroga Ballesteros, pero en cuanto se terminó de construir la llamada casa de Roca, en la Plaza de España _ actual Praza Maior _, se traslada al cuarto piso de allí, y detrás vamos nosotros. Manolo Roca, el hijo del médico que era bastante mayor que nosotros, fue una de nuestras primeras amistades. Recuerdo preguntarle el sentido de las palabras que desconocía. En el primer piso había un sastre, Ismael, y con sus hijos también jugábamos. En esa casa pasamos dos años.

_ Poco antes de terminar la guerra aparece mi padre en un campo de prisioneros y aunque él se había pasado, hubo que justificar que era un hombre de derechas que se lo habían llevado para hacer trincheras.

_ A mi madre, que era maestra, le dan una escuela en la calle de Santiago y allí voy yo.

_ Ingreso con nueve años en el Instituto, un año más joven que mis compañeros y a esas edades, un año es mucho. Yo siempre he hecho el Bachillerato con la lengua fuera. De modo que paso los siete años de Bachillerato en el viejo Instituto de la calle San Marcos, que dejaron en mí una impresión imborrable. Todo lo que sé lo aprendí en aquel instituto.

_ Mi padre me obligaba en vacaciones a preparar una asignatura del curso siguiente y a escribir una redacción diaria sobre cualquier cosa, los árboles, pues los árboles; una tormenta… y así un día tras otro. Posiblemente ahí nace el periodista, el escritor y todo. La verdad es que se me daba bien.

Por qué Negueira es de Muñiz

Viernes, 6 de Diciembre, 2019

Hace noventa años ese municipio de Lugo comienza a llamarse como hoy se le conoce

CUANDO ALGUIEN SE refiere al Señor Muñiz en tierras de A Fonsagrada es que habla de José Antonio Muñiz Álvarez (Negueira de Muñiz, 1883), nacido en Vilar de Ernes varios años antes de que el municipio se llame así, por la sencilla razón de que él es el epónimo de la actual Negueira. Algo así como Octavio Augusto respecto a Lucus Augusti.

El chaval de José Antonio y Manuela sale listo como un rayo; de verbo fácil, simpatía natural y gran poder de convencimiento, condiciones sine qua non podría llevar a cabo el trabajo que la historia, o la necesidad, le reservan.

En su Casa de Muñiz prepara las clases que recibe en la escuela de Ernes, cuya parte de abajo sirve también de salón de baile; esto es, prodesse et delectare en estado puro. Le van las letras y la lógica, especialmente, Jaime Balmes, quizá por El criterio, quizá por su Filosofía elemental, aunque no llega a licenciarse en nada, lo cual no es en absoluto balmesiano.

Marcha a Cuba y a Francia, para regresar a Lugo ya con 40 años, con una bolsa lustrosa y con una sólida formación en la escuela de la vida y en las aulas que él se impone. Su idea: ser útil a los demás.

Entre 1923 y 1925 se dedica a formar sociedades agrarias con los vecinos del valle de Negueira. Son cooperativas según fórmulas que descubre en Francia, tan preocupadas de rentabilizar los recursos, como de acrecentar la educación y la cultura de los jóvenes mediante la creación de una docena de escuelas.

También financia una elemental carretera con A Fonsagrada hasta que logra el apoyo de 287 vecinos para llevar a cabo su sueño, esto es, segregar las feligresías fonsagradinas de Ríodeporto, Negueira, Hernes, Ouviaño, Barcela y Marentes, y constituirlas en ayuntamiento propio.

Salvadas las dificultades imaginables, se consigue por Real Decreto del 22 de julio de 1928, y se bautiza como Ayuntamiento Constitucional de Negueira. El 22-XI-1929, por Real Orden, se aprueba el cambio de nombre y nace Negueira de Muñiz, para evitar confusiones y para honrar a su promotor, que es el recaudador de impuestos en A Fonsagrada. Finalmente, el 5 de diciembre es oficial dicha denominación.

El Progreso informa de la novedad alabando la labor titánica de Antonio Muñiz y destaca que el hecho de agregar el apellido al nombre del concello se debe a la gratitud de su pueblo, que así lo eterniza.

En las elecciones de 1933 va a ser candidato de la izquierda agraria, pero al enterarse de que se presenta César López Otero, el creador de Ribeira de Piquín con su hermano Avelino, decide retirarse y pedir todo el apoyo de los votantes para César.

Él será presidente de la gestora municipal de Negueira, pero nunca ocupa la alcaldía, entre otras razones, porque es acusado de malversación de fondos como recaudador de impuestos y se le piden siete años de cárcel. De ella sale con sus propiedades confiscadas, como era el edificio del famoso Bar Regio en la Ronda lucense.

De nuevo en libertad y cuando ya ha cumplido los 61 años, se casa con Estrella Méndez Campa, de 17 años, nacida en Pola de Allande, en Asturias, y paisana del actor Frank Braña.

El matrimonio se instala en la calle Juan Montes de Lugo, esquina a la de José Antonio (Progreso), donde los vecinos más talludos recordarán la existencia de una chocolatería, aunque antes regentan un bar en la de José Antonio.

Él es ciego del ojo izquierdo, provecto y tocado de amargos recuerdos, pero su jovencísima esposa lo recordará siempre como el hombre que la hizo feliz. Son padres de tres hijos, Eva, Estrella y Antonio.

El Señor Muñiz fallece en Lugo el 3 de enero de 1956.

Durán, un orador sagrado de gira por Galicia

Jueves, 5 de Diciembre, 2019

El sacerdote de Viveiro fue su profesor en la escuela de Marcos Leal del Ferrol a los 5 años

UNO DE LOS preceptores que tuvo Francisco Franco en su infancia fue Eugenio Durán López (Viveiro, 1869), sacerdote de amplio recorrido, verbo fácil y generosa herencia.

Franco, que había nacido el 4 de diciembre de 1892, _ y de ahí el recordatorio de hoy _, pasa por la escuela de Marcos Leal cuando tiene cinco años, y en ella imparte doctrina Durán, el nieto de Juana Balsa, como alguno le recuerda entonces en Viveiro, aunque pronto dará motivos para que lo nombren por el propio.

Había estudiado en Mondoñedo, como corresponde, y en ese tiempo de docencia con el niño Franco era coadjutor de la iglesia ferrolana de San Julián, donde cimienta su fama de piquito de oro.

Pero hete aquí que tres años más tarde es enviado como cura ecónomo a otro San Julián, el San Xiao de Landrove, un destino que no complace las aspiraciones del arrebatado y pasional sacerdote de Viveiro, pese a que con él volvería a su tierra.

Nada consuela su disgusto y para dejarlo bien patente, organiza su traslado a México, donde será párroco de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús y donde se codeará con los más altos políticos de la nación, con los dirigentes de la emigración gallega y con lucenses destacados, como Benito Menacho Ulibarri. Todos destacan de él su elocuencia arrebatadora y no hay acto en el que no haga uso de la palabra, bien porque le corresponde, porque se la piden o porque la pide él.

Al poco tiempo de llegar, en 1902, el nombre del presbítero Eugenio Durán ya es un marchamo de calidad y su título de orador sagrado le precede en la prensa y en los comentarios, como prueban las referencias impresas que de él se publican con tan solo dos años de estancia allí.

Alrededor de 1920 levanta el ostracismo gallego que él mismo se impone y regresa con dinero y con el título inequívoco de ser la voz más competente y la cabeza mejor amueblada del clero, dentro y fuera de las cuatro provincias.

Como consecuencia de ello, Durán es llamado para ocupar púlpitos y estrados como si de un artista se tratase. Un buen sermón del presbítero de Viveiro es durante la década de los veinte el mejor colofón para novenas de prestigio, ejercicios espirituales o fiestas de guardar, en el convencimiento de que Durán no defraudará las expectativas.

Durante los años 1928 y 1929 participa en los actos que se celebraban en el Teatro Nemesio de Viveiro como Homenaje a la Vejez, o a los marinos ancianos, donde su verbo fácil siempre destaca por encima del resto de oradores y donde siempre hay algún niño, como Amparito Morris, que sube al escenario para atreverse con El Relicario o Sus pícaros ojos.

Ya el 26 de abril del 36, tres meses antes de la guerra, Durán es detenido durante algunos días. No se conoce contra él otro cargo que haberse significado como derechista, lo que da idea de la debilidad gubernamental que se respira.

Durán muere después de la guerra, en 1944, “tras rápida y traidora enfermedad”, cumplidos los 75 años de vida.

Un año después se conocen sus donaciones a la Superiora general de las Hermanas terciarias franciscanas de los Sagrados Corazones de Jesús y María, y en 1946, el capellán de la Armada, el escritor y periodista mindoniense Carlos Polo López-Berdeal, entrega a varias instituciones benéficas el legado de más de cien mil pesetas que deja a los pobres de Ferrol el sacerdote Durán.

Los Ancianos Desamparados de Viveiro también reciben otra donación suya. Antes de morir había comprado el órgano para la iglesia de San Julián donde comienza su actividad.

R. Ramiro Rueda, en los albores de la Antropología criminal

Miércoles, 4 de Diciembre, 2019

El abuelo del que será alcalde de Lugo protagoniza el nacimiento de esta especialidad en España

LA LLEGADA DEL siglo XX marca la decadencia de la frenología y la aparición de la moderna Antropología criminal, es decir, la irrupción de la ciencia en la investigación y el análisis jurídico de los delitos, los primeros pasos del CSI y de tantas series análogas sobre asesinatos.

En ese momento encontramos a Ramón Ramiro Rueda y Neira (O Saviñao, 1840), que ocupará la primera cátedra de Estudios superiores de Derecho Penal y Antropología criminal de España, también llamada Antropometría penal, en la Universidad Central de Madrid, aunque eso sí, durante muy pocos meses, pues es nombrado con 63 años de edad y muere a los 64.

Rueda y Neira había nacido en Lamaquebrada (Fión, O Saviñao), el año señalado y muere en Madrid el 3 de mayo de 1904, muy poco tiempo después de ganar esa cátedra, por lo que su influencia real en el Derecho tiene más que ver con el Penal, al que dedica un tratado que sirve de texto para la asignatura en muchas universidades españolas y en Santiago, de donde fue catedrático durante décadas.

Hace el llamado bachillerato de Artes en el Instituto de Monforte (1858) y estudia Derecho en Santiago, para marchar luego a la Universidad Central, donde obtiene el Bachiller en Derecho Administrativo con la calificación de sobresaliente (1864).

Desde el año anterior a su tesis sobre el retracto ya es catedrático en Santiago de Mercantil y Penal y uno de sus alumnos es Alfredo Brañas. Obtiene la cátedra en propiedad el año 1868, cuando contrae matrimonio con Eladia de Andrés García. La casa familiar se encuentra en la praza dos Literarios, en cuyo bajo se instalarán las oficinas de Correos.

La familia veranea en Vilagarcía de Arousa y en las tierras que poseen en Sobrado dos Monxes. No consta que mantuviesen propiedades en O Saviñao. Es presidente/fundador de la Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago y desde ella contribuye a la creación de escuelas en varios barrios consideradas modélicas, como las del campo de San Clemente. También promueve las colonias infantiles en Vilagarcía y un grupo escolar en O Inferniño. Joven aún, merece la encomienda de Carlos III.

En 1872 participa en la creación de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Santiago.

Su primogénito Manuel Rueda de Andrés hace la carrera militar, va a Cuba con los Cazadores de La Habana y allí resulta levemente herido. Quince años más tarde, en 1913, muerto ya su padre y siendo capitán del Regimiento de Zaragoza, se casa con María de las Hermitas Fernández Rodríguez. Al año siguiente tendrán a su primer hijo, Ramiro Rueda Fernández, que con el andar de los tiempos será alcalde de Lugo, entre otras muchas cosas.

Por lo tanto, aunque nacido en Santiago, el alcalde Rueda procede de una familia lucense. Pero volvamos al abuelo.

En su discurso inaugural del curso 1883/84, se preguntaba si el Código Penal concede al elemento psíquico toda la importancia que realmente tiene y en 1883 solicita autorización para estudiar penales en el extranjero. En 1902 realiza estudios de antropometría criminal en la cárcel Modelo de Madrid, cuyos resultados comienza a exponer en su última e innovadora cátedra cuando le sorprende la muerte.

Traduce del portugués la obra de Antonio D’Azevedo Castelo Branco, “Estudios penitenciarios y Criminales” y es un ardiente defensor del libre comercio por considerar que el nefasto proteccionismo es “el origen de los males que afectan al comercio y la industria”.

Antonio, el gigante de Barreiros que no fue pívot

Martes, 3 de Diciembre, 2019

Seleccionado para el equipo nacional en la Operación Altura de 1961, renuncia a las pocas semanas

LA OPERACIÓN ALTURA de 1961 localiza a cinco muchachos que rondan los dos metros, o los superan. Los responsables se ponen muy contentos y lanzan las campanas al vuelo antes de saber si su hallazgo sirve para algo.

Al frente de la leva deportiva se encuentra Joaquín Hernández Gallego, excelente jugador, reconocido entrenador y magnífica persona, que está al frente del Hesperia, pero que pronto pasará a la sección juvenil del Real Madrid y a su primer equipo, que dirigirá al mismo tiempo que la selección nacional. Cosas de antes

El 16 de septiembre de ese año viaja a Lugo para entrevistarse con José Antonio Santiso, presidente de la Federación Lucense y pieza clave en el descubrimiento que Hernández viene a confirmar.

Se trata de Antonio Martínez Pérez (Barreiros, 1938), joven pero talludo secretario del club de fútbol de San Miguel de Reinante, dedicado al negocio familiar y que jamás en su larga vida _ a lo alto _, tuvo relación con el baloncesto más allá de saber que hay un aro y que se bota una pelota.

Pero al decir de los olisqueadores, Antonio es una joya. Mide 2,14, una cifra que les pone los dientes largos para especular resultados: “Con que lo tengamos al lado de la bombilla y se le pasen balones, el tío se estira y los mete”.

Hernández va a Reinante, conoce a Antonio, habla con la familia y llegan a un acuerdo.

El siguiente paso es concentrarlos en la residencia del Gimnasio Moscardó de Madrid y someterlos a una inmersión cruenta en el mundo canastil para ver qué pescados traen las redes.

Ya no se habla de cinco, sino de tres. El de Lugo, de 23 años; otro chico de Vigo llamado Alfonso Álvarez Fernández, de 18 años y 1,90 m y otro de Béjar, Valentín Vázquez Sánchez de 2,01 m. Se estima que todavía pueden crecer más, porque de hecho Alfonso gana 4 centímetros en el último año.

El plan consiste en dos horas y media de entrenamiento con pelota y algo más, sin ella. El chico de Vigo, que ya era jugador del Areosa, dice que les exigen mucho tiro, muchas suspensiones… “quieren hacer de nosotros unos atletas”. Lógico.

Entrenan solos o con los del Hesperia, y semanas después, con los juveniles del Real Madrid. Además el vigués estudia para aprobar el ingreso en la escuela de aparejadores. Antonio no estudia, así que hay que imaginarlo muchas horas del día con la mente puesta en el Cantábrico, en su familia, en el arroz con bogavante.

No les comentan los resultados, ni si van bien o van mal. Alfonso, más acostumbrado, lo entiende y aplaude que sean prudentes con ellos. Antonio, no. Se desespera y no se ve de pantalón corto. Del de Béjar ya ni se habla.

Cuando arranca diciembre como ahora, llega el final de la aventura. Las impresiones de Hernández y sus colaboradores no son buenas. Antonio es torpón. Será todo lo alto que quieras, pero no está hecho para el baloncesto. Ni le interesa, ni le acompaña la mínima coordinación muscular que el deporte exige. Y lo que es peor, jamás la conseguirá por mucho que entrene con los Harlem Globetrotters.

Lo único que trasciende de todo ello es que el chico de Lugo abandona. Renuncia a seguir la meta que otros le marcaron y que él dejó crecer como sus piernas por si sonaba la flauta. Pero no sonó. Era imposible.

Aquella operación fue un fiasco. Algunos comentaristas tan poco versados en baloncesto como Antonio escriben entonces que ese deporte está mal organizado y que tienen que establecerse categorías. “Gigantes contra gigantes y chaparros contra chaparros”. Lo que hay que oír.

El niño de Friol que acabó con la viruela

Lunes, 2 de Diciembre, 2019

Hace 216 años parte de A Coruña la Expedición Balmis y muere en Lugo Camilo Maldonado

EN UNA TV movie de 2016 titulada “22 ángeles” se narra la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. Es la historia del viaje que partiendo de A Coruña el 30 de noviembre de 1803 bajo la dirección de Francisco Javier Balmis, va a conseguir la erradicación de la viruela en el mundo.

Estamos pues en el 216 aniversario de aquella magnífica iniciativa, una de las que siempre se recordarán como hitos de la medicina.

La clave de su éxito radica en la utilización de 22 niños gallegos como reservorios de la vacuna que la mantienen fresca en sus cuerpos a medida que la reparten “brazo a brazo” en los distintos puertos a los que llegan con su preciosa carga.

Ninguno de los llamados niños vacuníferos regresa de la expedición, lo que da mayor idea de su sacrificio.

Jenner, el descubridor de la vacuna, declara: “No imagino que en los anales de la Historia se halle un ejemplo de filantropía tan noble y excelso como éste”. Y Humboldt recalca: “Este viaje permanecerá como el más memorable de la Historia”.

Uno de esos 22 niños es de Lugo. Se llama Juan Antonio, tiene 6 años y ha nacido en la parroquia de Santa María de Xiá (Friol, 1797), aunque entregado en la inclusa del Real Hospital de Santiago, será criado hasta esa edad por una familia de Santa Cruz de Ribadulla, en Vedra.

Ahora bien, no son 22 los niños utilizados, sino 28, veintidós gallegos y seis castellanos. Estos últimos seis son devueltos a la Casa de Desamparados de Madrid, entre otros motivos, por salud y porque ya han servido como portadores. A partir de ese dato y en justicia, hay que considerar que todos son héroes y todos forman parte de la expedición. Por lo tanto el título del telefilm más adecuado habría sido “28 ángeles”.

A la hora de evaluar las mayores posibilidades de éxito, las autoridades consideran que los niños procedentes de Madrid tenían más posibilidades de haber padecido la enfermedad y presentar mayor resistencia a la vacuna. La elección se decanta también hacia los niños gallegos, pues presuponen que su origen más cercano a la costa les permitirá afrontar con mayores garantías esa larga travesía marítima, aunque su cuna hubiese sido Friol, como Juan Antonio.

Uno de los seis descartados es Camilo Maldonado, un muchacho de once años con un apellido que sugiere orígenes gallegos, aunque su nacimiento haya sido madrileño.

Al pasar por Lugo el 14 de diciembre, cuando viaja de regreso a Madrid, fallece y es enterrado en la ciudad, convirtiéndose de esa forma en la primera víctima de la expedición, en el primer héroe de la viruela.

La historia lo va a castigar todavía más, pues al no regresar a Madrid, en muchas narraciones su nombre ni siquiera aparece, y así nos encontramos que los seis sólo son cinco: Andrés Naya, Domingo Naya, Antonio Verediaa y Vicente Ferrer.

En Lugo no existe la más leve referencia ni al héroe Juan Antonio de Friol, y al héroe Maldonado. Del primero no se sabe dónde muere. El segundo sucumbe en la ciudad, pero de ninguno hay en ella, ni en la provincia memoria de su contribución contra la viruela, pese a haberlo intentado en 2010 la actual diputada Ana Prieto.

Quizás ahora, desde sus nuevas responsabilidades y con el empuje de la producción televisiva que habrá divulgado el hecho, sea un momento más oportuno para el necesario recuerdo y evitar que un día alguien pueda echar en cara a esta ciudad y a esta provincia que ignoren lo que en ellas ha ocurrido, incluso cuando se trataba de acabar con la viruela en el mundo.

El banquero que quiso conservar la muralla

Lunes, 2 de Diciembre, 2019

Se cumplen los 97 años de la muerte del primer propietario de un automóvil en Lugo

RAMÓN NICOLÁS SOLER y Noriega (Ferrol, 1843) fue vecino de Lugo durante sesenta y dos años, por lo que nada hay en contra de acoplarlo como lucense, no solo por vecindad, sino también por lo mucho y variado de su contribución.

Con 17 años ya vive en Lugo, donde se convierte en contratista de obras con el éxito suficiente como para que en 1879, cuando se sacan a subasta pública las obras de las torres de la fachada principal de la catedral, le sean adjudicadas a él.

Soler es accionista del Teatro Jofre, inaugurado en 1892. El 17 de septiembre de 1893 se constituye la Cámara de Comercio, Industria y Navegación, y don Ramón Nicolás es elegido su primer presidente, aunque solo va a permanecer un año en el cargo. Durante su mandato se pone la primera piedra para celebrar la Exposición Regional de 1896.

Su actividad empresarial no cesa. Ya es presidente de la Banca Soler, en Reina 3, y propietario de la fábrica de la luz eléctrica de Lugo. También este año presenta una proposición para la subasta del ferrocarril del Ferrol a Betanzos, cuya adjudicación no logra.

En esta época hay que referirse a la debatida cuestión sobre si Ramón Nicolás Soler es o no el primer propietario de un coche en Lugo. Sus detractores afirman que no, pues al Weyher del señor Soler le corresponde la matrícula LU-5 en 1905, por lo que efectivamente hubo cuatro antes, encabezados por Ramón Alvarado y Osorio, dueño del LU-1 de 1904. Lo que pasa es que Soler ya tuvo un Daimler de bencina y con él realiza viajes por Galicia que quedan plasmados en la prensa.

El 4 de junio de 1898, varias cabeceras se hacen eco de que a las dos de la tarde de ese día llega a Ferrol “por la vía terrestre, utilizando un curioso coche automóvil construido por la casa Daimler”. Dan detalles. Sale de Lugo a las cinco de la mañana y llega a las dos de la tarde, es decir, nueve horas, a 22 km por hora.

Un año después, sale de Santiago a las seis y cuarto de la mañana y llega a Lugo a las doce. Ha rebajado tres horas en un recorrido de unos cien km. No está nada mal.

Los coches de Soler _ no se sabe si el primero, o los dos _, provocan la admiración de los lucenses y se encaraman a la posteridad en dos coplillas populares.

Entonces interviene en las gestiones para instalar una fábrica de remolacha en Galicia que finalmente se ubica en Portas, cerca de Caldas de Reis, y que tiene una efímera existencia de apenas tres años (1901-1903).

Una curiosidad, sus hijos Ramón y Nicolás rescatan un cadáver del Miño en septiembre de 1903. Pero quizás el aspecto menos conocido de Soler sea su participación en la polémica surgida el año 1905, en torno a si debe demolerse o no la muralla. Todo comienza con dos derrumbes cercanos en el tiempo.

El Regional dice que la cuestión debe someterse a plebiscito, como el Brexit, y que se haga lo que decida la mayoría. ¡Horror! ¿Y si sale que sí, que debe ser derruida? Hay cosas que es mejor no preguntarlas.

La Idea Moderna es partidaria de demoler, en contra de “los entusiastas admiradores de esa mole de cal y piedra”. El núcleo duro de los conservacionistas se parapeta en las columnas de El Norte de Galicia y lo forman Emilio Tapia Rivas, Germán Vázquez de Parga de la Riva, presidente de la Diputación, el abogado José María Montenegro y Soto, el arquitecto Nemesio Cobreros y Cuevillas y Soler, nuestro protagonista. Ya sabemos quién gana.

Soler fallece la noche del 3 de diciembre de 1922. Le sobreviven sus hijos Ramón, José, Nicolás, Fernando, Ana, Emilia, María y Carmen Soler Zubiri.