Archivo de Octubre, 2019

Ángel Carro, de Miñones al Miño

Jueves, 17 de Octubre, 2019

El Domingo das Mozas de 1945 se inaugura el campo de fútbol que él propicia para Lugo

EL SÉPTIMO HIJO de don Manuel Basilio Carro Crespo, de nombre Ángel (Lugo, 1894) y de iguales apellidos que su padre, por haberse casado éste con Josefa Crespo, lo fue todo en esta ciudad, menos alcalde, y eso por muy poco, pues hizo de primer teniente de alcalde con varios de ellos.

Preside el Círculo, la Gimnástica, la Cámara de Comercio y una sociedad que se llamó Estadio Lucense S.A., con los fines que se pueden ustedes imaginar. También vicepreside la Diputación y figura en otras iniciativas ciudadanas por el camino que su padre, acreditado comerciante, le había mostrado.

Su etapa al frente del Círculo durante la guerra se recuerda siempre por la función que la sociedad realiza como hospital de sangre.

Además de Lugo, su recuerdo se encuentra fuertemente guarecido en la historia de Avilés, donde desarrolla una gran labor humanitaria y deportiva, y en Baralla, cuando todavía era Neira de Jusá, o de Rey. Al municipio, a la Torre de Basille y a los Pardo de Vera se liga vía matrimonial a través de la familia Díaz Moreno.

No obstante, el principal bastión del personaje en cuanto a memoria se refiere, va unido al del estadio futbolístico de Lugo, cuyo nombre se parece mucho al suyo.

Repasando papelotes para escribir este cromo del álbum, tropiezo con una joya toponímica que existe hoy en la ciudad, de la cual no tenía ni idea, como creo que será así en el común de los lucenses que por allí no vivan. Se llama Carril dos Miñóns y arranca de la calle Reverendo Xosé Fernández, ya saben, el tío de Manuel María.

Esa denominación hace referencia al antiguo barrio de los Miñones, que por allí se extendía y que a su vez sirve para bautizar el primitivo campo de fútbol, construido gracias a las donaciones de don Ángel e inaugurado el 7 de octubre de 1945, Domingo das Mozas en el calendario froilano, con él en el palco y con un 5-0 en el marcador a favor de la Gimnástica y en contra del Galicia de Ferrol. Se habían disputado tres jornadas de la Tercera División y éstos son los dos primeros puntos de la Gimnástica.

El de Los Miñones no podía arrancar con mejor pie, aunque en ese preciso momento era más habitual referirse a él como Estadio Lucense, en conexión con la sociedad que lo crea, aunque la denominación suena ampulosa por los cuatro costados.

Precisamente Pelúdez está presente en el partido inaugural y él lo define como “un prado grande a medio facer”, que indudablemente es más impreciso, pero que se ajusta mejor a la realidad.

Finalizando los años cuarenta, Rivera Manso escribe en El Progreso para protestar contra los colegas de otros periódicos que hablan del estadio lucense _ volvemos a lo mismo _, llamándolo Campo de Fútbol de la Avenida de La Coruña, cuando lo suyo es citarlo simplemente como Campo de los Miñones y punto.

El caso es que la sociedad Estadio Lucense y Carro al frente del proyecto habían conseguido normalizar la actividad futbolística con un club que se crea como Deportivo Lugo y una directiva en la que curiosamente, no figura el señor Carro.

El campo de los Miñones da paso al de Carro Crespo, así llamado durante los últimos meses de vida del personaje, y posteriormente, al Ángel Carro, hoy Anxo Carro y a veces, Estadio do Miño. De Miñones al Miño.

Teniendo en cuenta que el verdadero nombre de Ghengis Kan era Temuyín; o que los hunos, el pueblo de Atila, eran en realidad los hiong-nu, ignoramos la auténtica trascendencia de estos juegos identitarios, su conveniencia o su prohibición.

Cuando Lerroux se llamaba García González

Lunes, 7 de Octubre, 2019

El político cordobés es consumero en un fielato de Lugo, pero aplica mal las tarifas

BAJO EL NOMBRE de Manuel García González pasa varios meses en Lugo quien años después será presidente del Consejo de Ministros durante la II República, el muy polémico y controvertido ciudadano, Alejandro Lerroux García (La Rambla / Córdoba, 1864).

La utilización de sus segundos apellidos se debe a su condición de desertor del Ejército, por lo que es perseguido por la justicia.

La amistad de su hermano con el ovetense Florentino Morán le proporciona la posibilidad de trabajar en el cobro del impuesto de consumos que tiene lugar en los fielatos de la muralla.

Las circunstancias que rodean su llegada a Lugo se narran en ‘Mis Memorias’, aparecidas tras la muerte de Lerroux. Pese a que el editor Afrodisio Aguado asegura publicarlas íntegras, de ellas se ha desgajado un capítulo titulado ‘Canto a Teresa’, donde el político da cuenta de sus amores, de sus galanteos triunfantes y de sus fracasos, con ciertos ribetes provocativos.

Por arrepentimiento de él ante su familia _ Teresa es su esposa _, o de sus descendientes, el capítulo queda en el olvido hasta que el historiador Carlos Seco Serrano lo desempolva recientemente en un Boletín de la Real Academia de la Historia.

Gracias a esta publicación sabemos ahora de la amistad, en palabras de Lerroux _ noviazgo al decir de los lucenses _, que el futuro político mantiene con una maestra sin escuela, hija de una estanquera del centro de la ciudad, a la que el protagonista de las memorias llama Juanita Currais. Esta colega de Francisca Vázquez Edreira y de Amparo Bellón Otero merecerá su propio cromo en el álbum.

El caso es que Lerroux, un chico espabilado como demostrará la historia, queda adscrito a uno de los fielatos como consumero, sin recibir para ello una instrucción demasiado exhaustiva. En aquel momento existen en Lugo los de las puertas de Santiago, San Pedro, San Fernando, el matadero y el Central, aunque hay otros puntos para el cobro de los arbitrios.

Para las horas muertas en el puesto, su compañero ha ideado la caza/pesca de los pollos y gallinas que picotean alrededor, consistente en disimular un anzuelo con sedal dentro de un grano de maíz. Si la gallina lo traga, el consumero tira del hilito, arrastra al animal, le tuerce el pescuezo y a casa con ella. Todo en cuestión de segundos y cuando el dueño de las gallinas no esté en las cercanías. Después, que busque.

Es de imaginar que Lerroux prueba alguna de esas gallinas, aunque sólo sea para pagar su silencio cómplice.

Cuando Lugo se dispone a celebrar los sanfroilanes de hace 135 años, a Manuel García González, o sea, a Lerroux, le toca estar solo una mañana en el fielato. Entonces se le acerca una montura cargada de pulpo hasta las trancas.

El hombre lo pesa, suma las cantidades, le aplica la tarifa al resultante y cobra.

Al cabo de una hora son cinco, seis… hasta diez los pollinos que hacen cola delante de Lerroux para ser cobrados. Algo inusual porque no es el fielato utilizado por los comerciantes del octópodo.

Por la noche, al rendir cuentas con Canoura, que es el jefe de fielatos, Lerroux entrega las cuatro perras de recaudación a cambio de varios centenares de kilos de pulpo introducidos en la ciudad.

“¡Le han timado, García!”, brama Canoura. Y no exactamente. Lerroux había aplicado una tarifa de 10 céntimos cuando lo estipulado son 10 pesetas, o algo similar.

Así no es extraño que todo el pulpo entre por allí después de que se corrió la voz. Pronto abandona Lugo el cordobés.

O mociño Manuel María e os seus primeiros libros

Lunes, 7 de Octubre, 2019

O poeta de Outeiro de Rei faría hoxe noventa anos e a súa obra, setenta

HOXE FARÍA O Manuel (Outeiro de Rei, 1929) noventa anos, xusto cando a súa obra cumpre setenta. O seu debut, agás versos soltos publicados en El Progreso y La Noche, foi cun libro en castelán _ máis ben un caderno _, do que se fala pouco por razóns idiomáticas e porque non é precisamente unha marabilla, pois hai que ter en conta que Manuel María ten entre 17 e 18 anos cando o escribe.

Chamouno “Marinero en la noche”, que é un título emparentado co do seu primeiro libro en galego, “Muiñeiro de brétemas”, aínda que un e outro non teñan nada que ver.

O primeiro en falar da obra de Manuel María, a.e.o.c., é JOTAGE, ou sexa Juan María Gallego Tato, que no 3 de xuño de 1949 recolle en El Progreso o nacemento de “Marinero en la noche” e fala da influenza de Alberti e de Lorca, aínda que o máis determinante no novo poeta é a paisaxe que viña de ollar co seu tío Xosé en Cespón (Boiro) durante a estancia estival á beira do mar.

Poucos máis falaron do libro ata Vidal Villaverde ou por aí. Polo que respecta á obra en galego, o primeiro comentarista con todo o merecemento é Francisco Fernández del Riego, Salvador Lorenzana, que vai seguir a obra de Manuel dende esa pegada inicial. Xusto é dicir que o poeta é o primeiro en falar na prensa galega do seu libro “Cos ollos do noso esprito”, publicado por Alborada en Bos Aires (1949).

E de quen máis fala na prensa Manuel María? Pois de Carballo Calero, que vén de publicar canda el na colección Benito Soto, de Pontevedra, de Álvaro Paradela, de quen se confesa lector diario, e de Luz Pozo, a través de Antonio Cillero.

Na pescuda por localizar a primeira entrevista xornalística con Manuel María aparece unha que asina Antonio Domínguez de Olano en La Noche o 3 de febreiro de 1951, cando o entrevistado ten vinte e un anos, e o entrevistador, a incrible idade de 13.

Os dous mozos chairegos, pois iso son neses intres, falan do pasado, do presente e do futuro. Manuel afirma que escribe poesía desde os doce anos, primeiro en castelán e logo, en galego, e recoñece que o mellor da súa obra ata ese día é “Morrendo a cada intre”, unha autobiografía íntima.

Cando Olano lle pide que se defina, Manuel contesta que, como poeta, o que lle agradaría é ser un burgués, o cal non é incompatible coa Arte. Seguramente a máis dun vai alporizar esa resposta.

Á hora de salientar tres poetas galegos do momento, cita a Luis Pimentel, a Carballo Calero e a Cuña Novás.

Olano, o neno Olano remata a súa peza xornalística _ se cadra unha das súas primeiras entrevistas, porque outra non queda _, volvendo ao rego:

“En un café de líneas modernas, en donde tiene su tertulia, le dejamos. Ésta es la ratificación de lo que él había afirmado de sí mismo al definirse: Le gustaría ser un poeta burgués. Y ya ha conseguido serlo de café”.

Supoñemos que moito non lle gustou a entrevista ao Manuel.

Do poeta dise moitas veces que a xente repite os seus versos crendo que son cantigas populares, e non obra dun autor recente e coetáneo. É certo. Manuel María foi un cantor de todo o que lle rodeaba. Se alguén mira a Galicia e pensa en dez cousas das que ve, quedará abraiado ao comprobar que o chairego ten un poema escrito para cada unha delas; ou de nove, para non arriscar dabondo.

Por iso din tamén que non foi un poeta culto, ou que foi máis popular que culto. Son xeitos de falar, porque poucos autores houbo tan apegados ao home, e se iso non é cultura…

El último milagro de San Froilán en 1919

Viernes, 4 de Octubre, 2019

Hace un siglo las fiestas patronales de Lugo peligran por la guerra y la falta de una comisión organizadora

LAS FIESTAS PATRONALES de 1919 no pintan bien. Los paisanos de Madrid, agrupados en torno a Federico Culebras _ un señor que tiene por título y timbre de orgullo el de ser “entusiasta lucense” _, han decidido suspender el tradicional banquete del día del santo, por la cantidad de jóvenes de Lugo que en esos momentos luchan en los frentes africanos, y si se mira hacia el norte, aún parecen escucharse los cañonazos de la Gran Guerra.

El hecho de que el día 5 de octubre sea domingo plantea problemas añadidos. Los barberos acuerdan que el día no sea festivo en su calendario laboral para poder apurar barbas y bigotes, pero algunos dependientes de comercio se soliviantan por el hecho de trabajar en domingo, en festivo y en patronales. Tres en uno.

La protesta llega a los adoquines y dos de ellos impactan contra sendos comercios, lo que provoca una dura condena de la Cámara.

Con todo, lo más grave es que a mediados de septiembre San Froilán está sin Comisión de Fiestas, sin programa y sin nada, salvo lo que buenamente pueda ir organizando cada uno.

Antonio de Cora, en colaboración con Pelúdez, propone un programa que se podría llevar a cabo sin graves esfuerzos. Cantigas e Aturuxos se descuelga con la organización de una festa enxebre con cantos regionales “en los que tomarán parte distinguidas señoritas de esta ciudad” y promete incluir entre los números, el concertante del segundo acto de la ópera Maruxa. Después irán a Zaragoza para cantar en las fiestas del Pilar.

El presidente del Círculo, Pedro Menéndez y García del Busto, convoca en su sede a todas las sociedades para ver que se puede organizar a diez días vista para salvar el vacío y que la ciudad festeje a su patrón San Froilán (Lugo, 833) con algo más que una lluvia fina y menuda.

Todos, menos el Círculo Industrial, responden como un solo hombre y de repente se anuncian conciertos, torneos deportivos, bailes y desfiles como si estuviesen escondidos debajo de las piedras. Los más cercanos al obispo nacido en O Regueiro dos Hortos, ya hablan de un nuevo milagro del santo, que si fue capaz de domesticar lobos de carga, también se las vale para sacarse fiestas de debajo de la mitra.

En un día se recaudan fondos. Los contribuyentes de la Praza Maior y aledaños son: La viuda de Tato, José Palacios, El Capricho, Iglesias y Compañía, Bernardo Madarro, Arturo Artalejo, Constantino González, Manuel Quiroga, Manuel Calvo, Manuel Fouce, Alfredo Casanova, Nemesio González, Tomás Carro, Eliseo Blanco, La Batalla, Evaristo Varela, Eduardo Ameijide, José M. Torviso, Jesús Franco Rivas, Julio Carro, Escolástica Lois, Hija de Plácido Ramos, Sombrerería Pimentel…

El 20 de septiembre, medio mes antes de la fiesta, llega el primer caldero de pulpo e instala su caseta en A Mosqueira. Los lucenses la van a ver como si se estuviesen inaugurando las murallas. Es el heraldo de las fiestas. Ya no hay duda. Si viene el caldero, vendrá el resto.

Uno de los que se instala con su barraca pulpista es dueño de un circo ecuestre e incluso tiene problemas de espacio para acomodarse debido a sus dimensiones. Un día antes peligra la fiesta y al siguiente no hay terreno para sentar sus reales. Milagro, y de los gordos.

Nadie puede quejarse, El 7 de noviembre la prensa informa que el día anterior se ha desmantelado a golpe de martillo la última barraca llegada para participar en las fiestas. Y se añade con cierto tono lastimero: “sólo quedan los puestos de pulpo”. Y eso que no iba a haber fiestas.

Baño triunfa en los negocios a poco de emigrar

Jueves, 3 de Octubre, 2019

El de Xove financia el homenaje del municipio a su pariente Tomás Mariño en septiembre de 1921

FRANCISCO BAÑO (XOVE, 1850?) es uno de los fundadores de la ciudad argentina de Necochea, convertida hoy en un enclave turístico que atrae a miles de veraneantes, con una población similar a la de Lugo.

Francisco y su hermano Maximino salen de Xove todavía adolescentes. Habían nacido en la misma casa donde lo hace otro ilustre hijo del municipio, su pariente Tomás Mariño Pardo.

En 1881, cuando se lleva a cabo la fundación de Necochea, Francisco ya es todo un personaje dentro de la pujante sociedad argentina. El nombre de la ciudad rinde homenaje al general Mariano de Necochea, colaborador de San Martín en las guerras de independencia.

Entonces Francisco ya ha ingresado en la masonería argentina dentro de la logia El Sol Argentino del Valle del Quequén.

Cuando los fundadores se enfrentan al diseño de la futura ciudad, se determina situar el centro administrativo y social a más de tres kilómetros del mar, una decisión adoptada por Baño, ya que se pretendía ubicarlo en la misma línea de costa, y el de Xove sugiere separarlo, “para evitar las molestias constantes que los médanos y el viento podían causar”, según relata en su libro “Horas perdidas” (Buernos Aires, 1920).

En reconocimiento, se le asigna a Baño el honor de plantar la primera bandera de la fundación, que deja un reguero de símbolos masónicos en la ciudad, perfectamente reconocibles hoy, pues masones eran casi todos los fundadores.

Baño será uno de los directores del Banco de España y América, y el primer presidente del Centro Hijos del partido de Vivero, en abril de 1909. Aproximadamente en esas fechas, su hermano Maximino es nombrado vocal de la Sociedad Argentina de Créditos, o Banco de Descuentos, fundado casi sólo con capital español. En 1908 decide denominarse Banco de Castilla y Río de la Plata.

Años después, Baño conoce los pioneros trabajos de su paisano y pariente Tomás Mariño en torno a la solución de los problemas de la navegación aérea, cuarenta años antes de las aportaciones de Zeppelin.

Baño vibra de entusiasmo y decide poner todo de su parte para que la gesta de Mariño no quede en el olvido. Habla con Manuel Insua Santos, el descubridor de los textos de Mariño, y juntos deciden publicar el trabajo en el Heraldo de Vivero, financiar una placa conmemorativa en la casa natal de Mariño y entregar ese manuscrito al Archivo Regional de Galicia.

Baño no solo lo financia, sino que se desplaza a Galicia para supervisar y participar en los homenajes, siempre en un discreto segundo plano.

Las palabras que pronuncia en Xove el día en que se inaugura la placa nos descubren a un Baño cautivado por el mundo del conocimiento, y como es habitual en esa época, espiritista y admirador de capacidades humanas todavía semiocultas, como la telepatía:

“Eso que los espiritistas llaman espíritus que vagan por los espacios, y que encarnándose en la materia inspiran al hombre y dirigen sus actos; como asimismo ese otro que algunos sabios denominan casos de telepatía, no son ni más ni menos, señores, que los pensamientos, que, sin el invento de Volta y Marconi, corren de un extremo a otro sin respetar distancias”.

Quizá los asistentes al acto no supieron analizar con exactitud qué les decía su paisano de Necochea, pero Baño hablaba en clave espiritista y masónica, incapaz de sustraerse de hacerlo aunque tuviese delante a todos los párrocos de los contornos, de Cervo a O Vicedo.

Manuela como Valle, la enamorada del rey

Miércoles, 2 de Octubre, 2019

El 1 de octubre de 1842 nace en Mondoñedo la actriz que va a conquistar al público lisboeta del XIX y a su rey Pedro V

LA HISTORIA DE la actriz Manuela Rey (Mondoñedo, 1842), ídolo del público lisboeta en el ecuador del XIX, llega a los gallegos actuales a través de Dionisio Gamallo Fierros, Andrés García Doural y Antonio Reigosa.

Las aportaciones de Gamallo y Reigosa han sido recogidas en estas páginas de El Progreso y entre lo averiguado por los tres se tiene hoy suficiente información para saber quién ha sido el personaje, cuáles son sus orígenes en A Pradela de San Vicente de Trigás, cómo fue su largo recorrido entre Mondoñedo y Lisboa y qué éxitos logra a lo largo de su corta existencia, pues nace otro 1 de octubre como hoy, el de 1842, y muere tan solo 23 años después.

Siempre quedará el misterio de saber cuán íntima fue la admiración que sentía por ella el rey Pedro V, antes de su matrimonio con la princesa Estefanía de Hohenzollern-Sigmaringen.

El octavo conde da Ponte, João Saldanha da Gama Guedes de Brito, da testimonio de que fueron enamorados en toda la extensión de la palabra, que no es exacto sinónimo de amantes. Y el escritor Júlio de Sousa e Costa lo pone negro sobre blanco en su libro “O segredo de dom Pedro V”, que Gamallo conoce a través de su edición portuguesa de 1940, aunque en puridad, de lo que allí se habla no es de una aventura galante de un rey mujeriego y de una actriz casquivana, sino de un amor imposible entre un monarca y una artista.

Únase a que Manuela era un bellezón y que entre los portugueses la mujer destaca por ser elegante, culta y joven dama del teatro, y tendremos los protagonistas ideales para una novela rosa de altos vuelos ¡y con personajes reales!

Sin que ella lo desee, Manuela es protagonista de duelos de amor, como el que cita Reigosa entre el dramaturgo J. A. Correia de Barros y el periodista Francisco Serra en 1865.

Y recordamos su pronto fallecimiento y el del rey Muito Amado, la novela rosa va camino de convertirse en el dramón portugués del XIX. A diferencia de la historia que nos cuenta Fernando Fernán Gómez en el Viaje a Ninguna Parte, el periplo que Manuela realiza con la compañía ambulante de cómicos que la recoge en Mondoñedo, sí tiene un destino glorioso, aunque efímero. El tifus se encarga de que así sea el 26 de febrero de 1866, cinco años después de morir Pedro V.

A Gamallo, Doural y Reigosa se adelanta el periodista gallego que ejerce de corresponsal en Lisboa del diario vigués El Miño, cuya cabecera se publica mientras dura la sanción a La Oliva, pues el 1 de abril de ese mismo año informa que allí ha muerto “una de las notabilidades dramáticas de esta capital. Es más: la mejor actriz que tenía el teatro nacional portugués”.

La sorpresa de los vigueses es morrocotuda cuando ese corresponsal _ cuya identidad perseguimos _, les dice que se llamaba Manuela López Rey, que era hermosa y que había nacido en Mondoñedo.

De ella dice que los “azares de la fortuna” la habían llevado hasta allí, lo cual indica que también podría estar al tanto de su peregrinar teatral.

“Manuela Rey _ dice El Miño en 1866 _, era una de esas vocaciones espontáneas, que se manifiestan sin esfuerzo, que se enseñorean del arte casi sin estudio. Su muerte ha sido muy sentida porque el lugar que deja en la escena portuguesa nadie lo puede llenar hoy”.

Habla de un entierro multitudinario y de su actual labor de recoger “pormenores biográficos acerca de ella, con el fin de remitir algún articulito para El Miño, lo cual espero no retardar por mucho tiempo”.

Delante tiene pormenores y pormayores.

El nacimiento lucense de Julián Besteiro

Miércoles, 2 de Octubre, 2019

El próximo septiembre se cumplirán los 150 del alumbramiento que casi todos localizan en Madrid

EL RELATO DE RIVAS Reija convierte a Julián Besteiro (O Corgo, 1870) en un lucense más, y a sus pruebas nos remitimos.

La persona que actúa como comadrona en el parto es la señora Apolonia o Polonia, a quien Rivas llega a tratar en persona. Su abuelo paterno, Manuel Rivas Besteiro, guarda cierto parentesco con el político, como denota su segundo apellido.

Todo se realiza de sorpresa y con cierta premura. La intención de sus padres es inscribir al niño en Madrid, donde tienen casa, alejándolo de la casa paterna de O Corgo como pequeños burgueses que son. Paradojas de la existencia.

Rivas Reija hace en vida lo que puede para que Besteiro tenga cuna lucense, ya que lucenses son los brazos de Apolonia y el paisaje que lo ve nacer.

Pero hasta el momento, ya sea por falta de pruebas mayores, de interés, o por conspiración castizomasónica, las biografías del expresidente de las Cortes apuestan mayoritariamente a favor de un nacimiento el 21 de septiembre en la capitalina Costanilla de Santiago, 15, y no el 14 de septiembre del mismo año en Cima de Vila, lugar de la parroquia de Santa María de Franqueán (O Corgo), donde también lo había hecho su padre, José Francisco Besteiro Guiza el 15 de diciembre de 1819.

Quienes porfíen en la empresa de rescatar la verdadera nacencia de don Julián Besteiro deberán consultar un trabajo remitido por Rivas Reija a Gómez Vilabella y fechado en 1970, donde narra que Julián nace accidentalmente en su casa paterna de Cima de Vila. El aspecto de la criatura es inquietante, por lo que se decide administrale el agua de socorro, esto es, un bautismo de urgencia.

Rivas recoge testimonios de los vecinos más ancianos de Franqueán, entre ellos el de la señora Apolonia/Polonia. Dice que lo ve nacer en estado preagónico y que todos le dan pocas esperanzas de vida. Recuerda que se comenta; “Este neno nunca vai ao poleiro”.

Explica que su madre, Juana Peregrina Fernández y García, lo concibe después de veintitantos años de matrimonio. Llega a Lugo muy enferma para pasar el verano de 1870 en la casa de Cima de Vila. Rivas sospecha que el alumbramiento es prematuro y que probablemente ya tuviesen en mente regresar a Madrid para parir allí, sin poder conseguirlo.

Pero madre e hijo mejoran lo suficiente como para arriesgarse al viaje 8 o 9 días después. Cuando comienza a haber constancia de su existencia es el 24 de septiembre de ese año, al ser bautizado por segunda vez, ahora con todas las formalidades, en la iglesia de San Ginés, de Madrid. Recibe los nombres de Julián, Mateo y José María. Su verdadero nacimiento _ anota Rivas _, supone que los padres cometen una infracción de la nueva Ley del Registro Civil, ya que ésta obliga a realizar la inscripción de los nacidos dentro de las 24 horas siguientes de parto.

En el trabajo de Rivas se afirma que Julián Besteiro se refería con gran cariño a su casa de Franqueán. “Mi tierra de Chamoso”, y añade que pasaba nueve meses en Madrid, y tres en Lugo, “a orillas del río Tórdea, semi-centro del Condado de Chamoso”, a donde siempre llega delicado de salud para regresar a Madrid con las fuerzas renovadas.

Otra consideración: “En el Catastro de la Única, de Piñeiro, figura Fabián Vesteyro, como traficante de bueyes, en 1752-53, única profesión lucrativa en Lugo, profesión que siguieron todos los Vesteyros de la Casa de Piñeiro. Y era tal su prestigio y honradez, que llegaban a las ferias de Monterroso, y los labradores les fiaban el ganado hasta la feria siguiente”.