Archivo de Septiembre, 2019

Fletita, de la Paramount a la cárcel

Miércoles, 18 de Septiembre, 2019

En septiembre de 1931 graba en Madrid Negra Sombra y el éxito le sonríe a las puertas de la guerra

JESÚS SALVADOR GARCÍA (Becerreá, 1902) destapa pronto sus dotes de tenor, cuando la figura más celebrada en España es el oscense Miguel Burro Fleta, cuyo nombre artístico prescinde con toda lógica de su primer apellido.

Jesús da a entender que recibe clases de Fleta, pero nada hay que lo certifique. Tampoco se sabe quién lo bautiza como Fletita, es decir, como heredero, hijo o discípulo del maestro. Probablemente él mismo.

El gran Fleta, el tenor lírico spinto de Huesca, fue padre de las hermanas que popularizan El cha-cha-cha del tren, entre otros hits de la radio de la postguerra. Jesús va a actuar en el Teatro Principal de Lugo unos días antes de que lo haga Fleta en el Círculo das Artes, todo un lujo para los aficionados lucenses.

“Tal era el interés que había por asistir a la presentación de nuestro Fletita, que a la hora de dar comienzo la primera función, se hallaban ya vendidas todas las localidades” del Principal.

Curiosamente, las dos veladas se completan con la proyección de la película Maciste, emperador. Había llegado gente de la provincia _ se supone que de Becerreá _, y la entrada en escena de Fletita se recibe con una fuerte ovación.

De las tres obras que constituyen la primera parte del programa, la que más gusta es Amapola, que en ese momento se atribuye erróneamente al compositor gaditano José María Lacalle, aunque en realidad pertenece al estro del mexicano Manuel M. Ponce.

En marzo de 1927 se organiza en el Teatro Principal de Lugo un festival a beneficio de la Caja mutual de la Sociedad de obreros tipógrafos con el local a rebosar. El Progreso se ha implicado en que el recital de Fletita y la actuación de la Banda de Música municipal, sean un éxito. El acto se completa con una conferencia del director del periódico, Antonio de Cora Sabater, que también es muy aplaudido.

El Progreso se hace eco de las informaciones publicadas en la prensa de Gibraltar sobre un concierto celebrado en el Teatro Real, a cargo de la soprano Dorini de Diso, el barítono Manuel Llamas y el tenor Jesús Salvador, que en aquel momento utiliza como nombre artístico el apellido García-Iró.

El 11 de septiembre de 1931, Fletita anuncia desde Madrid que acaba de impresionar en discos, Meus amores y Negra Sombra, una grabación que no hemos podido localizar. Jesús aprovecha la misiva para enviar su pésame a las familias de los 14 fallecidos en el accidente de de la carretera del Baño.

En el año 1932 los lucenses conocen los éxitos internacionales de Jesús Salvador García Vázquez. Ya ha triunfado en el Liceo de Barcelona, donde se le recuerda por sus papeles en Don Gil de Alcalá, Marina, Tosca, Carmen y Rigoletto. Dice que ha sido contratado por la Paramount para rodar varias películas en los estudios de Joinville (París), destinadas a las pantallas españolas.

En ese momento, mes de julio del 32, se habla de su concurso en dos títulos, El príncipe sin par y En la isla encantada. Y no solo eso, porque después a Fletita le espera una tourné por Europa y Egipto.

¿Qué pasó con los proyectos? Silencio. Su última noticia lo sitúa en Madrid. Fletita, como tantos otros, va a ser víctima de la vorágine de 1936. Curiosamente, Miguel Fleta, que era falangista, se refugia en A Coruña. Y él, por el contrario, es detenido el 26 de julio, juzgado por rebelión y condenado a muerte, una pena que será conmutada por la de cadena perpetua, a cumplir en Canarias.

Escritor y padre de dos escritoras

Martes, 17 de Septiembre, 2019

El lucense López Castiñeira fue gerente de Estrella de Galicia durante los años veinte y treinta

SU VIDA LABORAL en España comienza y termina en dos de las empresas más emblemáticas de A Coruña, la fundición Wonenburguer y las cervezas Estrella de Galicia.

Jesús López Castiñeira (Lugo, 1890) tiene otra singularidad difícil de igualar, ya que en su haber figura ser padre de dos escritoras.

El padre de Jesús nace en San Simón da Costa, en Vilalba y se llama Santiago. En Lugo conoce a Nemesia Castiñeira, con la que tiene diez hijos, siete varones y tres mujeres.

En Lugo transcurren sus diez primeros años de vida y en Getafe cursa los estudios primarios, previos a los de ingeniería. A los veinte años pertenece ya a la plantilla de la la fundición coruñesa de Julio Wonenburger Canosa.

En 1912 ante el inquieto Jesús se abre la posibilidad de emigrar a Cuba en busca de mejores perspectivas, aunque en Galicia deja a la mujer que a sus 22 años ya ha conquistado su corazón, Josefina González Canosa.

En La Habana consigue un puesto de tornero/ajustador en la Mapos Central Sugar Co. y en ella trabaja durante cuatro años, de 1912 a 1916. Pero Jesús aspira a más y decide probar suerte en los Estados Unidos. En Nueva York forma parte de la plantilla de la William S. Thomson´s Son, en la que permanece otros tres años, de 1917 a 1919, para regresar a la Mapos Central Sugar Co. de La Habana, donde ocupa un importante puesto directivo.

Al margen de su actividad laboral, Jesús se revela como un incisivo escritor, periodista y actor. Colabora en La Tribuna (Revista Semanal Defensora de los Intereses de la Raza Hispana), donde también lo van a hacer firmas tan importantes como Julio Camba, Azorín, o Benavente.

Los seudónimos utilizados por Jesús _ El Terrible López y El Santón de la Puntilla _, nos informan de un hombre con gran sentido del humor.

En 1919 López Castiñeira firma también poemas, alguna canción y una pieza teatral para ser representada en Nueva York, a la que titula Misticismo y Flamenquismo y adjetiva como “un extraordinariamente aplaudido juguete cómico”. Entre las canciones, apunten ¡Se la llevaron!” (canción de moda), datada en 1916.

En 1921 las circunstancias económicas de Cuba se ceban en muchos de los emigrantes en la isla y entonces se le ocurre una triquiñuela. “España estaba librando una dura lucha en Marruecos, y yo era español…” En el consulado le dicen que lo llevarían a Melilla, pero tenía que pagarse el viaje.

¿Quería pelear en Marruecos o simplemente que lo trasladasen gratis a la península? El caso es que finalmente consigue regresar para casarse el 3 de julio de 1921 con Josefina, que lo había esperado paciente durante esos diez largos años.

Las paradojas de la vida le aguardan en Galicia con una grata noticia. Conoce a José María Rivera Corral y le ofrece la gerencia de La Estrella de Galicia, la fábrica de cervezas por él fundada.

La pareja tiene tres hijas, Josefina, Carmen _ que muere con pocos meses _, y María Teresa. Las dos mujeres se dedicarán a la literatura

La mayor de las hermanas, Josefina López de Serantes, desarrolla una vasta obra literaria y periodística, gran parte de la cual _ sobre todo la inédita y la dispersa_, ha sido reunida por su hijo, Eduardo Serantes, de la misma forma que hace con la obra de su abuelo. Josefina llega a ser finalista del Premio Planeta en 1979.

En cuanto a María Teresa, que dejará la literatura al contraer matrimonio, hace popular su seudónimo de Águeda de Vianney con el que firma veinticinco novelas del llamado género rosa, entre 1947, cuando tiene 19 años, y 1958.

Celita, un lancarés cosido a cornadas

Lunes, 16 de Septiembre, 2019

El 15 de septiembre de 1914, días antes de comenzar la I Guerra Mundial, se encierra con 6 toros en la Monumental de Barcelona

EN LA SEGUNDA decena del XX hubo en Galicia al menos cuatro clubs Celita en honor del torero Alfonso Cela (Láncara, 1887). Los hemos localizado en Lugo, Sarria, A Coruña y Pontevedra. Lo curioso del caso es que todos ellos honran al torero y lo arropan si actúa cerca, pero se dedican al fútbol y al pedestrismo.

El torero, encantado, se deja querer y les envía fotografías dedicadas de sus medias verónicas, gaoneras o estocadas, que son su fuerte.

Años después de morir, El Clarín de Valencia resume su vida en tres palabras “Cosido a cornadas” y aunque el rótulo destila tópico y exageración, algo de cierto hay, porque Celita es un torero valiente que se deja jirones de vida en cada corrida.

Su patria lancaresa es San Vicente de Carracedo, desde donde su familia se traslada a Madrid cuando el niño tiene once años y gasta pantalón corto. De repente, la fascinación por el toreo, las capeas, los revolcones y el debut, el día de las Candelas de 1910, al lado de Andrés del Campo, o sea, Dominguín II; y Pacomio Peribáñez, que parece un personaje de García Márquez.

Ha de esperar dos años para la alternativa en A Coruña, que se la da, tal día como hoy 15 de septiembre de 1912, Bienvenida II, es decir José Mejías Rapela, hermano del Papa Negro y tío de Antonio Bienvenida.

Si sufre más o menos cornadas que el resto de la profesión habría que estudiarlo estadísticas en mano, pero seguramente sea cierto por lo mucho que se repite. Se lo achacan a su falta de reflejos para evitar el toro cuando el animal enviste por caminos no previstos.

Su carrera se prolonga diez años, hasta su despedida el 25 de junio de 1922, que a su vez marca el inicio de la última década de vida. Del corte de coleta son testigos dos colegas que sonarán a los aficionados, Ricardo Nacional y Victoriano Valencia. Se retira cuando comprende que ya no puede ser más de lo que fue.

Su primer toro, el coruñés, había sido Mochuelo. El último se llama Catalán y a nadie se le ha ocurrido todavía cerrar la Monumental de Barcelona.

En esa plaza barcelonesa del Sport, o novísima, que luego se llamó y llama Monumental, torea Celita en muchas ocasiones. En ella ya no hay toros porque las cornadas las reparten en cualquier céntrica calle de la plaza Colau. Allí protagoniza su tarde más memorable.

Ocurre el 12 de julio de 1914, cuando Celita se encierra con seis toros de la ganadería de Pérez de la Concha y obtiene un éxito rotundo. En los tendidos destaca la presencia de numerosos marineros alemanes, ignorantes de que solo faltan 16 días para que se inicie la I Gran Guerra. Celita brinda por ellos y por todos los presentes.

La suerte de varas, como es habitual en las épocas anteriores al peto, deja un balance de cinco caballos muertos. La crítica más exigente se rinde a Celita: “Si esta corrida se celebra en Madrid, hoy sería uno de los grandes”. Y añade el cronista Don Quijote: “Frascuelo, el Guerra, Algabeño, Machaco, Joselito, tienen alguna tarde en su historia comparable con ésta de Celita. Pero no abundan en la historia del toreo”.

“Mató los seis toros de seis estocadas y dos pinchazos, y las ocho veces pinchó en la cruz. De las ocho veces, siete entró a volapié neto, purísimo, perfecto. De los seis toros, cinco rodaron sin puntilla. Al quinto lo atronó de un certero descabello. Se pidió para él la oreja en los seis toros, y sólo en el primero no se le concedió; y del sexto le dieron las dos. Seis orejas, pues. Y despachó la corrida en siete cuartos de hora”.

Pastor Díaz y los juegos con palabras

Lunes, 16 de Septiembre, 2019

El poeta y político de Viveiro cumpliría hoy 208 años

NICOMEDES PASTOR DÍAZ (Viveiro, 1811), es uno de esos personajes que no se avienen con las hechuras de un artículo y tienden a libro. Y escritos ya unos cuantos sobre él, poco margen nos queda a los siguientes, salvo deslizarnos por las cómodas veredas de la anécdota, cuando no por las del corta y pega.

En el centenario de Nicomedes Pastor, un 15 de septiembre como hoy de 1911, El Eco de Galicia se queja de que nadie se acuerde ya de él, aunque su ciudad se prepara para celebrar la efemérides “con sus mejores galas”, topicazo dó los haya para decir que se cuelgan banderolas de las farolas.

Nadie puede negar que Viveiro se acuerda de Nicomedes, ni que Lugo también lo hace, aunque sea a base de repetir su nombre para moverse en la geografía urbana. Pero sí podrá dudarse de que se le tenga por uno de los grandes, tanto dentro como fuera.

Lo hizo ver Francisco Leal Insua. Y cómo no, Cunqueiro. Lo hicieron ver, más cerca, Silvia Castro García, María Pilar García Negro, Amelia Sánchez, Goretti Sanmartín y Jesús Blanco, ganadores del “Ánxel Fole” sobre Nicomedes, pero quizá falte quien se atreva a verlo suficientemente gallego como para merecer el Día das Letras, o parafernalia semejante, para sus églogas y alboradas.

Quizá pesen demasiado los títulos de gobernador, diputado, senador, embajador y ministro, aunque detrás de cada uno haya de colgarse el cartel de honrado.

Mago del color y de la línea, Galicia está en la obra de Nicomedes Pastor de la misma forma que está en la de Valle Inclán, sumergida, patente y floreciente. Y quien no se la vea, San Pedro se la bendiga.

Y ahora, la prometida anécdota.

En el año 1848, cuando cuenta 37 y es rector de la Universidad de Madrid, los estudiantes de Derecho se reúnen todos los sábados en la capilla de San Isidro y allí celebran una especie de justa basada en las discusiones bizantinas con objeto de afilar las lenguas y espabilar los intelectos para tenerlos a punto cuando se trate de batirse el cobre en estrados. Un entretenimiento de probada utilidad caído en desuso como todo lo sensato.

Un alumno pronuncia un discurso sobre el tema que sea y otros dos le rebaten con objeciones, bien entendido que el catedrático señala previamente a cada uno la postura desde la cual ha de manifestarse.

Un sábado coinciden allí Emilio Castelar, Cánovas del Castillo y Alcalá Galiano, también Emilio.

La exposición de ese día es ¿Cuál de las religiones conocidas favorece más la inspiración poética?

Alcalá Galiano debe mantener la superioridad del paganismo, y Castelar, la del cristianismo.

_ ¿Y yo, cuál? _ pregunta Cánovas.

_ La del ateísmo _, se le asigna, aceptada a regañadientes por el hombre.

La sesión fue memorable. Alcalá asombra por sus conocimientos. Castelar convierte en creyentes a los más reacios y Cánovas parece salido directamente de las zahúrdas de Diderot.

Al final el rector, o sea, Nicomedes Pastor, les dirige estas predicciones:

_ Señor Cánovas, usted será un gran orador político. Señor Alcalá Galiano, usted será un gran orador forense. Señor Castelar, hágase usted cura y será el primer orador sagrado de este siglo.

El gallego de noble enjundia, como le llama en verso el Duque de Rivas, ya era un fervoroso practicante del juego de la quincena, más conocido hoy como el del personaje misterioso, mediante preguntas de sí o no.

Venancio, el chocolatero que traslada a Pascual Veiga

Viernes, 13 de Septiembre, 2019

El 13 de septiembre se celebra el Día Internacional del Chocolate

VARIOS LUCENSES PODRÍAN ocupar con honra la casilla de mañana, 13 de septiembre y Día Internacional del Chocolate. Desde Matías López a Francisco Fernández, pasando por Muñiz, el de Negueira, o Fausto Galdo, todos ellos vinculados con el producto. El caso es que le ha correspondido a Venancio Vázquez López (Sarria, 1837), cuyos méritos se exponen.

En primer lugar expliquemos que esta curiosa celebración se instituye el día de mañana por ser la fecha del nacimiento del escritor británico Roald Dahl (1916), autor de Charlie y la Fábrica de Chocolate.

Venancio Vázquez deja Sarria con pocos años siguiendo la estela de su tío, el célebre Matías López y sus chocolates, de quien aprende a manejarse en el trabajo y en la vida. Bajo su paraguas, Venancio alcanza una excelente posición en la sociedad madrileña y como miembro del Partido Liberal, sector moretista, es elegido diputado a Cortes y teniente de alcalde de aquel ayuntamiento.

En la política y en la empresa se gana la Gran Cruz de Isabel la Católica y del Cristo de Portugal. También es presidente de la Archicofradía Sacramental de la Santa Cruz y Santos Justo y Pastor, entre otros reconocimientos.

Los chocolates de Venancio son premiados en Lugo, Filadelfia o León, y en algunos de los casos se distinguen como más valiosos los realizados para las recién paridas. El sarriano se tiene como el inventor de los cigarrillos de chocolate, y si no lo fue, lo cierto es que los vende con gran éxito, sobre todo al llegar los carnavales.

De hecho, en los años ochenta del XIX se distinguen tres grandes fábricas en Madrid, Matías López, Compañía Colonial y la suya.

Venancio instala su confitería en la Carrera de San Jerónimo madrileña, es decir, la calle del Congreso, y allí se codea con los mejores comercios de los años finiseculares del XIX. Los más nombrados son la fonda y restaurante de Lhardy, la joyería Ansorena, la cervecería Inglesa, la librería de Fé, el bazar de Ivo Esparza _ cuna de la exhibición cinematográfica_, la zapatería de Cayatte, la tienda de música de Zozaya y su confitería.

Otras actividades del sarriano se desarrollan en torno a la colonia lucense y el Centro Gallego, auxiliado por Manuel López Peña. La colonia se inicia con 121 miembros y llegan a ser tres veces más.

Una de sus primeras actuaciones es apoyar todo lo concerniente a la recuperación de los restos mortales del compositor Pascual Veiga y su traslado a Mondoñedo, pues a los cinco años de su fallecimiento se corre el riesgo de que acaben en la fosa común. En menos de un año, Venancio, el concejal Vilariño y los lucenses hacen posible el traslado del autor del Himno de Galicia.

Entre aquel grupo se encuentran López Peña, Alfredo Paradela, Faustino Martínez, Luis Regueiro, Ramón Gómez, José y Andrés Paz, Antonio Gómez, Augusto Maciá y Manuel Arias.

De hecho, en 1883 Venancio preside la gestora que tras arduos trabajos fructificará nueve años más tarde en el Centro Gallego de Madrid. Entre otros, la comisión está formada por Calderón Collantes, Vega-Armijo, Romero Ortiz, Becerra, Elduayen, Montero Ríos, Gasset y Artime, Bugallal, Matías López, Curros Enríquez, Luis Taboada, Vincenti… Como dice la prensa, “la comisión es demasiado numerosa”.

En Sarria construye el Hotel Villa-Aurelia, donde morirá con 74 años, viudo desde 1899 de Dolores Rodríguez y Cubas, con quien tuvo cuatro hijos, Dolores, Guillermo, Ángel y Venancio.

O Pequeniño gran médico do Incio

Jueves, 12 de Septiembre, 2019

El 11 de septiembre de 1936 es masacrado en su municipio y enterrado en un lugar sin localizar

UNA MENINGITIS SUFRIDA a los 12 años marca su estatura y da pie al apodo con el que será conocido, O Pequeniño do Incio. Quizá por eso, Manuel Díaz González (O Incio, 1886) se esfuerza desde entonces en ser el más grande en la consideración de sus vecinos, que al fin y a la postre es la vara de medir con la que se perciben los tamaños.

Había nacido en San Xoán de Sirgueiros dentro de la familia que forman Juan Díaz Mendoza y Dolores González Domínguez, de 20 años. Es el primero de su numerosa descendencia, pues tras él vendrán José, Rodrigo, Celestino, Pedro, María, Luis , Dolores… hasta once.

Estudia bachillerato y Medicina (1913) en Santiago, para ejercer en La Bañeza, antes de residir definitivamente en O Incio, de donde es alcalde unos meses de 1924, durante el Directorio Militar de Miguel Primo de Rivera.

Casado con Regina Carnero Pardo, se distingue desde los primeros momentos como un médico culto, amable y caritativo, de ésos que el cobro de los servicios lo establece el paciente y no la tarifa, por lo que no es de extrañar que además de O Pequeniño, pase a ser también O Médico dos pobres.

Esa trayectoria de humanitarismo va a ser reconocida públicamente en el homenaje que se le rinde el mes de agosto de 1929 en el Gran Hotel del Balneario, mediante lo que entonces se denomina un banquete popular.

La percha para el acto es su nombramiento como inspector municipal de Sanidad, que se hace efectivo el 4 del anterior mes de julio, frente al otro aspirante al cargo, Elías Fariña Rosende, de Coristanco, que siendo médico de Carballo fallecerá en Camariñas cinco años después en accidente de autobús.

En el fondo, ese homenaje celebrado siete años antes de morir es el reconocimiento a su labor como galeno, por su elevado espíritu, su afable trato social y su vasta cultura. Son palabras o sentimientos que expresa el portavoz de los oferentes, Ricardo Gasset, primo de Ortega y como él, gran dominador de la palabra.

Manuel Díaz le contesta con emoción y elocuencia para finalizar sus palabras con una poesía compuesta para la ocasión y un canto a Galicia que se lleva el tronar de los aplausos.

En enero de 1934, el inspector médico incoa un pleito ante el Tribunal provincial de lo Contencioso Administrativo contra el acuerdo del Ayuntamiento de O Incio, por el que es nombrado médico de la tercera zona de aquel municipio, Luis López Valcárcel, que después será jefe de Sanidad de Sarria.

Los acontecimientos se precipitan, como la propia historia de España, hacia la conocida tragedia del 36, que en su caso pasa por unos días de retención en Monforte, para ser masacrado más tarde por pistoleros alzados a las afueras de Eirixalba, en O Incio, tal día como hoy de 1936, y enterrado en lugar ignoto, lo que ha dado origen a una búsqueda infructuosa de su cadáver. Se cree que puede encontrarse bajo la actual carretera nacional.

La nota sarcástica la pone el propio Ayuntamiento, cuando el 30 de agosto lo destituye de su cargo “por abandono de destino”.

Para recuperar la otra figura de O Pequeniño, la espiritual, se han celebrado diversos actos, con participación de Xosé Ramón Fandiño, Xosé Alvillares, Lourenzo Fernández Prieto, Claudio Rodríguez Fer, David Simón Lorda y su sobrino, el médico e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México José Luis Díaz Gómez, que a su vez es autor de dos libros sobre él, Sementeira e memoria. Represalia e desagravio dun médico lucense republicano, y Siembra y memoria: muerte y evocación del médico de O Incio.

Gustavo Freire, los aires más lucenses

Miércoles, 11 de Septiembre, 2019

El 14 de septiembre de 1885 nace en Lugo el músico, y el 4 de septiembre de 1948, muere

ESTAMOS EN EL ecuador vivencial de Gustavo Freire Penelas (Lugo, 1885), pues nace el 14 de septiembre y muere el 4 del mismo mes.

Viene al mundo en la Ruanova, en una casa cuya ubicación se recuerda hoy con placa alusiva, de ésas que no abundan en la ciudad, como si fuésemos rácanos con nuestras celebridades, o como si no hubiese celebridades de las que echar mano. Con todo y eso, Freire no se puede quejar, pues cuenta con placa, auditorio y calle, aunque pocos saben exactamente dónde se encuentra.

Después de nacer, nuestro músico más entrañable _ y que no se enfaden ni los Bal, ni el resto de colegas _, va a la capilla de la catedral, para hacerse al oficio. Y al Conservatorio madrileño, cuando es mozo menudo sin estridencias capitalinas.

Allí obtiene las mejores notas en toda la carrera, así como un premio en Harmonía, que es como vencer a los de tu promoción, bien entendido que hablamos de un conservatorio, no de Operación Triunfo.

A la órdenes de Bartolomé Pérez Casas, el del Himno nacional español, va de gira por la península con la Filarmónica madrileña. Casas había sido su profesor de Harmonía en el Conservatorio.

Siendo violinista de la Orquesta Sinfónica Nacional compone sus dos rapsodias más lucenses, Festa na Tolda y Airiños aires. Esto es, que las dos tienen cuna madrileña.

Es lógico que así sea, pues qué mejor sitio para dos composiciones como ésas que una ciudad alejada de Galicia y repleta de lucenses que se acuestan pensando en volver.

Airiños aires será años después la primera melodía que escuchen los lucenses, segundos después de finalizar el último parte de guerra, el 1 de abril de 1939.

El pequeño concierto en homenaje a los heridos hospitalizados en Lugo está previsto desde días antes, pero la casualidad quiere que se convierta en la primera pieza en escucharse tras el parte. La ejecuta el propio Gustavo Freire al violín en los estudios de Radio Lugo, acompañado al piano por Purita Ramos.

A continuación, los dos mismos intérpretes ofrecen a los heridos y enfermos la Serenata de Shubert, y finalmente, Purita y Adela Borrego ejecutan a cuatro manos al piano el galop de concierto ¡Quién vive!, de Wilhem Ganz. Salgado Toimil hace mención a esta curiosidad en su artículo sobre él, aunque situándolo en Madrid.

Cuando acaba la guerra, Freire realiza pases diarios en el Círculo y quienes lo conocen lamentan que se le considere un músico de relleno, y no por tocar en el Círculo. Qué le vamos a hacer. Estamos en 1939 y el año no da para más. Bastante felicidad hay en escuchar cualquier pieza musical sin que la sobresalte una sirena.

El placer de escuchar a Freire ya se puede lograr sin tenerlo a él delante, pues ha grabado lo más popular de su obra en los sellos Editorial Unión Española, La Voz de su Amo y Regal.

Capítulo aparte merecerían las vicisitudes que acompañan el estreno de Non chores Sabeliña, la zarzuela de Freire con libro de Trapero Pardo, de la que este último cuenta cómo se ve en la necesidad de escribirla de un tirón una noche de turbio en turbio. No dudamos de la capacidad de Trapero para tamaña empresa

Cuando en 1964 José Castiñeira, al frente de la Coral Polifónica, clausura la Exposición de Pintura Gallega del Círculo, y ante la insistencia del público, ofrece como propina la jota de Non chores Sabeliña, que se había estrenado en el Gran Teatro el 11 de febrero de 1943. Freire dirige la orquesta y sale al escenario a recibir los aplausos, con Trapero, Racamonde y todos los intérpretes.

Triacastela, en la Tabla Periódica de los Elementos

Martes, 10 de Septiembre, 2019

2019 es el Año Internacional dedicado a ensalzar el sistema descubierto por Mendéleiev hace 150

EN 2019 SE celebra el Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos, según decisión de la ONU para conmemorar que en 1869, el químico ruso Dmitri Mendéleiev (Tobolsk, 1834) presenta la primera versión de dicha Tabla en San Petersburgo para clasificar y ordenar todos los elementos presentes en la naturaleza de una manera sistemática.

Mendéleiev incluye los 63 elementos conocidos, pero contempla los huecos vacíos para los descubrimientos futuros, algunas de cuyas propiedades predice con acierto.

Al ordenar los elementos según su masa atómica de menor a mayor, averigua las constantes que se repiten, una idea que le viene en sueños, según la versión más fantástica sobre la aportación del químico ruso.

Tres de los elementos han sido descubiertos por científicos españoles: el platino (Pt), el wolframio (W) y el vanadio (V), aunque este último debemos compartirlo con Suecia.

Este encuentro con el vanadio, situado en el grupo 5 de la tabla, estuvo rodeado de características misteriosas.

En el año 1801, el químico Andrés Manuel del Río Fernández llega al convencimiento en México de que ha descubierto un nuevo elemento al que llama Erythronium, basándose en su color rojo que adquiere al calentarse y en el término griego que lo designa, Mar Rojo, Mar Eritreo.

El hallazgo ocurre en una mina de Zimapán, un municipio en el estado de Hidalgo. Una vez que se convence de su novedad, Del Río lo bautiza con diversos nombres. Primero, por su cuna, lo llama zimapanio. Después, por la diversidad de colores que presenta, pancromio. Y finalmente eritronio, como ya está dicho.

Cuatro años más tarde, cuando entrega unas muestras a su amigo Alexander von Humboldt para ser analizadas Del Río escucha entristecido cómo el químico francés H. Victor Collet-Descotils derrumba el descubrimiento y afirma que no constituyen la evidencia de un nuevo elemento, sino que se trata de cromo. Se lució el galo.

Esas conclusiones eliminan la posibilidad de que el científico hispano-mexicano pase a la historia como el descubridor del nuevo elemento.

Sin embargo, en 1831 Nils Gabriel Sesftröm, químico sueco que estudiaba minerales asociados al acero, redescubre muestras del Erythronium y las bautiza como vanadio, en honor de Vanadis, la diosa escandinava del amor y la belleza, a partir de lo cual se consolida el nuevo elemento anunciado treinta años antes y se reconoce a Del Río como el hombre que intuye su existencia.

Pues bien, Andrés Manuel del Río Fernández, el químico hispano-mexicano, había nacido en la calle Avemaría, de Madrid, el año de 1764, hijo de José del Río, natural de Linas (Huesca) y de María Antonia Fernández (Triacastela, 1741?), natural de Biduedo, parroquia que para mayor precisión se conoce hoy como Santo Isidro de Lamas do Biduedo, en el municipio lucense de Triacastela.

Andrés Manuel muere el 23 de marzo de 1849 en México, tras haber contribuido a la independencia de España de ese país. Allí funda entre otros el Palacio de la Minería, antecedente del actual el Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México. Perteneció a la Real Academia de Ciencias Naturales de Madrid, la Sociedad Werneriana de Edimburgo, la Real Academia de Ciencias del Instituto de Francia, la Sociedad Económica y la Sociedad Linneana de Leipzig y la Sociedad Filosófica de Filadelfia, además de presidir la Sociedad Geológica de Filadelfia y el Liceo de Historia Natural de Nueva York.

Cora descubre Tutankamón en Lugo

Lunes, 9 de Septiembre, 2019

El primer Pelúdez se publica el 9 de septiembre de 1908 en El Progreso

PELUDEZ CUMPLE MAÑAÑA 111 años, que si se añaden a los que trae puestos de casa nos permite suponer que el hombre roza el siglo y medio de existencia, un detalle que él trata de ocultar bailando ante cada escenario que se levanta en San Froilán. O incluso subido a ellos.

El personaje es una creación de Calvino, seudónimo bajo el que se esconde el periodista y abogado Antonio de Cora Sabater (Lugo, 1889), protagonista a su vez de la vida social lucense durante las tres primeras décadas del siglo XX en múltiples facetas.

Tras acabar el bachillerato en el instituto lucense, estudia Derecho en Madrid y Santiago, para convalidar mucho después su carnet de periodista en el primer curso de la recién creada Escuela Oficial de Periodismo de 1941.

Antonio de Cora, Calvino o D´orca, son firmas habituales en El Progreso de esos años, periódico que va a dirigir de forma efectiva entre 1914 y 1927, y codirigir, algunos años más. Política, pintura, música, arte o turismo, son sus temas más recurrentes, sin olvidarnos de Pelúdez y de sus crónicas intrascendentes sobre todos los rincones provinciales.

Su segundo campo de actuación es la sede judicial, donde consigue notables y aplaudidos éxitos como abogado criminalista en una época donde no falta trabajo ni competencia. También es designado magistrado suplente de la Audiencia de Lugo.

Al margen de esas dos principales facetas profesionales, realiza una colección de tarjetas postales con paisajes y monumentos de Lugo a través de la Librería Religiosa, de la calle San Pedro, cuya actividad continúa bajo su mando. También dedica buena parte de su trabajo al teatro y a la música.

Además de actor amateur, escribe piezas humorísticas llamadas A propósitos que son representadas con gran aceptación en el Círculo das Artes, y preside el Orfeón Gallego, al frente del cual trae a Lugo importantes galardones.

Famosa y comentada fue su conferencia en el Círculo sobre el hallazgo de la tumba de Tutankamón, que ilustra con imágenes proporcionadas directamente por Howard Carter, su descubridor.

De esa sociedad es presidente y del ayuntamiento, primer teniente de alcalde y presidente de la Comisión de Música, desde donde favorece y consolida la Banda Municipal.

Otro momento destacado de su biografía fue su designación en 1918 como delegado regio en el acto de la Ofrenda del Antiguo Reino de Galicia al Santísimo Sacramento, cuando contaba 29 años.

En 1927 traslada su residencia a Madrid para ejercer la abogacía hasta su fallecimiento, aunque sin dejar sus casi diarias colaboraciones para El Progreso fundado por su padre, y para otras muchas cabeceras que se las solicitan siempre que de Lugo quieren tratar.

Él es quien acuña la expresión “homiños de Lugo” para referirse a aquellos pesimistas e inactivos que nada de provecho emprenden, pero que siempre están dispuestos a disparar contra lo que en la ciudad se realiza.

En Madrid preside un tiempo la Casa de Galicia y cuando llega la guerra es detenido y encarcelado en la siniestra checa de Porlier, dentro de una saca de varias personas que acaban siendo fusiladas por el desgobierno rojo.

Si salva la vida, según escribirá después, fue por estar casado con una súbdita uruguaya, Enriqueta Díaz Requeijo y Ventre, pues se habían dictado estrictas consignas de no llevar a cabo ninguna actuación que pudiese molestar a un gobierno extranjero.

Poco después de acabada la guerra, el 6 de junio de 1943, muere en Madrid.

Canoura, el misterioso donante del reloj

Lunes, 9 de Septiembre, 2019

El 8 de septiembre Ferreira do Valadouro celebra sus fiestas mayores

RAMÓN FERNÁNDEZ MATO, que había nacido en Boiro, pero que ejercía de hijo de Ferreira do Valadouro, vía matrimonial, por su mujer Josefa López, estaba tan atento a las novedades del valle como un nativo más.

Un acontecimiento señalado en aquellas tierras, incluso para muchos de la cáscara amarga, fue la finalización de las obras de la nueva iglesia de Santa María de Ferreira, que hoy, 8 de septiembre, vive su día grande con fiestas a su alrededor.

Fernández Mato da buena cuenta del hecho en un artículo que publica en Vida Gallega el 20 de octubre de 1931, donde refleja la paradoja de que habiendo llegado la república, la iglesia sea una realidad.

Así fue, en efecto, pero no precisamente porque la república hubiese favorecido de forma especial la obra, sino porque por ella venían laborando desde años atrás muchos vecinos y simpatizantes, eso sí, con gran lentitud y modestia. Téngase en cuenta que en el año anterior, el 1930, la recaudación para las obras del templo, alcanzaba tan solo las 18.600 pesetas y semanas antes de la inauguración rozaba las 25.000.

En enero de 1931, Canoura viaja a Madrid para recabar fondos de mayor sustancia y rematar así las obras. A su paso por Lugo ofrece una exclusiva a El Progreso: Existe un importante donativo con el que se costeará la adquisición del reloj que ha de lucir en la torre de la nueva iglesia.

Bien sabe Ramón Canoura que el misterioso donante del dinero para el reloj era él mismo, aunque no le parecía procedente decirlo en ese momento, especialmente porque tendrán que pasar todavía más de quince años desde de la inauguración para que la iglesia disponga de reloj, lo que ocurre cuando el párroco de Ferreira ya es Eulogio Fernández Murias, que va a estar en el cargo la friolera de 56 años.

También corre a cuenta de Canoura la construcción de la rectoral y otras inversiones menores.

Mato recuerda en esa colaboración que el director de Vida Gallega, Jaime Solá, había realizado un reportaje fotográfico quince años antes _ alrededor de 1915 _, con imágenes de las obras y del “ruinoso cobertizo que hacía las veces de templo parroquial”, a las que puso como pie: “La iglesia que no acaba de caerse y la iglesia que no acaba de levantarse.” El fin de aquella situación era lo que ahora le comunicaba él en su artículo.

El hombre en el que Mato simboliza los esfuerzos de Ferreira por dotarse con un templo digno de la categoría del valle era su actual alcalde, Ramón Canoura Fernández (O Valadoro, 1899), ya regresado de Cuba y afanado en la prosperidad de su municipio.

Pero no quiere, ni puede, dejarle todo el honor para Canoura, ya que otros muchos, como José Ramón Alonso, o Ángel Mandiá, se han distinguido en esa recuperación.

Canoura tenía 32 años, pero ya había ido a Cuba y ya había vuelto en olor de multitudes, con un homenaje de despedida celebrado el 28 de agosto de 1927 por el Centro Gallego de La Habana, como demostración que a su paso por la isla deja muchos admiradores y un buen número de amigos.

Uno de los fundadores del Centro había sido su padre, Ramón Canoura Palmeiro, propietario en La Habana de la zapatería La Moda y exalcalde de Ferreira durante la segunda década del siglo.

Ramón Canoura Fernández era presidente de España Integral y como tal había realizado varios saltos del Atlántico para gestionar ayudas al colectivo español en la isla que resultaron positivos, motivo por el cual el homenaje de despedida fue multitudinario.