Archivo de Junio, 2019

El hombre que toreó con la llegada masiva de coches

Lunes, 10 de Junio, 2019

Ezequiel Orol escribe la Biblia del tráfico lucense donde establece “el principio de la incomodidad”

EZEQUIEL OROL FRAGA (O Valadouro, 6-VI-1923) fue un hombre peculiar. Basta con repasar algunas de sus iniciativas para certificarlo. Claro que “de raza le viene al galgo”, como apuntó el periodista orensano Dorzán cuando le hace una entrevista. La raza era su padre, el notario José María Orol Balseiro, de grata memoria entre quienes le conocieron, a los que conquista con su facundia y simpatía.

No quiere esto decir que padre e hijo fuesen iguales, como tampoco los otros hermanos. No, lo que pasa es que las cosas, ya lo decía Perugrullo, son por algo.

Sorprende saber, incluso a su familia, que en 1961 Ezequiel fue el 4º clasificado en el Campeonato Gallego de tiro rápido con pistola (calibre 22 americano), que es una difícil especialidad olímpica, aunque más parezca un duelo en la calle principal de Dodge City, después de que ambos pistoleros se hayan tomado sendos zumos de tarántula, que ríete tú del whisky. Pues sí, lo fue. Y otro lucense, Primitivo Sobrino, fue subcampeón.

Él ya es abogado desde 1950 y también un notable aficionado a los toros, como su padre, con quien ejerce de empresario taurino en tierras galaicas. En Ourense lo tienen claro. Una cosa son las fiestas del Corpus con toros y otra, sin ellos. No hay color y los hosteleros claman por los morlacos como el agricultor por la lluvia.

En las de 1955 se prometen toros y de ello se encargan los Orol. Una corrida el jueves, y una novillada, el domingo. El periodista que asiste a la firma en Ourense, perspicaz él, observa que Ezequiel “ni habla andaluz ni tiene a la vista detalles cañís”. Otro detalle a subrayar: Se ha desplazado de Lugo a Ourense en su coche.

Él le explica que es empresario taurino por influencia de su padre, “un entusiasta de la fiesta nacional”. Ellos ponen hasta la plaza, que está en Lugo porque en los sanfroilanes del 54 dieron una corrida, que casualmente preside mi padre. Pelúdez lo comenta en El Progreso: “Don Puro repartía orellas coma ti e eu podemos repartir perras chicas”.

Tiene una capacidad para unos 5.000 espectadores y es muy sólida, pues son 10 toneladas de hierro y 150 de madera. Los Orol aún no saben cómo la transportarán.

Los matadores serán Carlos Corpas, Antonio Vázquez y Cayetano Ordóñez, Niño de la Palma, que sustituye a Joselillo de Colombia, cogido grave, y los toros, del campo de Salamanca. Al final todo se queda en la novillada. Imponderables de la fiesta..

Ezequiel también inventa un traductor simultáneo de cuatro idiomas _ español, francés, inglés y alemán _, que bautiza como el Poligloter, nuevo método de comunicación por imagen. Fue impreso en 1973 por la Editorial Escelicer de Madrid, aunque se data en Lugo.

A lo largo de casi cien páginas, se recogen las frases y objetos más comunes en los cuatro idiomas y se interrelacionan mediante dibujos de Luis Cabrejas Camarero, de tal forma que el hombre “superará los efectos del castigo que mereció por pretender llegar al Cielo con la Torre de Babel”, según escribe su optimista autor en la introducción.

Un abundante número de casas comerciales españolas dan su apoyo al Poligloter, así como el Ministerio de Información y Turismo, aunque el éxito es relativo.

Durante los años anteriores, con García Siso, en 1964 y con Roldán, en 1967, es concejal-delegado de tráfico. Son los años de la eclosión automovilística y la ciudad presenta dificultades inherentes a sus años. Con todo, Ezequiel deja un buen recuerdo con sus direcciones únicas, sus semáforos, el tiempo limitado para aparcar, o la Zona Azul, que entonces parece un caos.

Su Biblia sobre el tráfico lucense la resume en doce folios a doble espacio. En ellos establece el “principio de la incomodidad”, o sea, cortar el tráfico innecesario de las vías estrechas y atacar el exhibicionismo de los nuevos propietarios. Casi como Carmena. Fallece el 9-I-2016.

El canónigo Santomé que hizo de Curro Jiménez

Lunes, 10 de Junio, 2019

Denuncia el escaqueo de los poderosos, levanta al pueblo contra los franceses y escapa siendo prisionero

SANTOMÉ ES APELLIDO templario, por más que lo simplifiquemos diciendo que es Santo Tomás en gallego. Godefroi de St Omer fue uno de los fundadores de la orden y vive Dios que la misma sangre guerrera parece correr por las venas de nuestro personaje, aunque sea de sumo riesgo defender que su Santomé y el del templario responden al mismo linaje, ni mucho menos.

La ubicación y ramificaciones de los Santomé a lo largo y ancho de Mondoñedo están muy bien narradas por Andrés García Doural y a él les encomendamos. En cuanto a Félix Santomé Aguiar (Alfoz, 1765?), Manuel Molina Mera _ anagrama de Manuel Amor Meilán, como sabrán _, nos indica que es sacerdote y patriota, y que nace en Carballido de Alfoz, donde allá por 1793, siendo canónigo de Mondoñedo, costea su bien plantada, aunque modesta, iglesia de San Sebastián. Se puede ver en Barbeito y en ella, una placa que recuerda el acontecimiento arquitectónico.

Bien podían los Santomé financiarla, pero como en todos los casos de generosidad, también podían abstenerse; tanto él como sus hermanos, José, Juan Lorenzo y Francisco, regidor de Mondoñedo. Casi como los Médici, que en Lorenzo tuvieron a su Magnífico.

A Félix, el Médici eclesiático que se había ganado la dalmática en Mondoñedo, lo describen culto, recto y valiente, cualidades que va a tener ocasión de demostrar con creces.

En 1808 ocurre lo que el lector sabe. Los franceses quieren que España cambie de apellido dinástico y de paso, afrancesar a mansalva, lo que no está tan mal visto por todos. En tal semana como la presente de 1808, el obispo Aguiar y Caamaño ordena constituir la Junta patriótica, con Santomé dentro de ella, como censor vigilante de todo lo que juzgue incorrecto. Abusos, traiciones o corruptelas como la de librar del servicio de armas mediante pagos bajo cuerda, están entre sus cometidos.

Tan grande es el cabreo de las gentes pudientes por los choriceos que Santomé denuncia, que la Junta opta por cargárselo, incapaz de leer los renglones torcidos de Dios, de recto y honrado que nos ha salido el hombre.

Se queja don Félix a las instancias mayores y no les queda otra que restituirlo. Y en el cargo está cuando Fournier se apodera de la cunquiña deleitosa, vulgo Mondoñedo, quizás para bebérsela de un trago y llevarse de ella hasta la catedral.

Santomé llama a los asturianos que comanda Ignacio Pintado y a la ciudad llegan trescientos de ellos, pero los franceses lo tienen calado y contra él se dictan órdenes severas el 23 de marzo de 1809. Se le acusa de seguir una pérfida conducta, de espía, de llamar a los asturianos y de violar todas las leyes de la Religión “procurando que se asesinase al Alcalde Mayor y haciendo saquear a varios habitantes del pueblo”.

Le perdonan la vida, pero acuerdan que sea degradado del título de canónigo y que sea conducido “a Ferrol o a Coruña” para ser encerrado en un convento. La orden ha de ser leída en los púlpitos de todas las iglesias de la diócesis.

Lo detienen, lo encarcelan y finalmente lo trasladan a Ferrol para que allí hagan de él un cartujo a la fuerza. Pero mira tú por dónde, el señor canónigo, solo o en compañía de otros, burla la vigilancia de los soldados que lo custodian y escapa de la patrulla por los montes de O Valadouro. No sabemos si tira hacia Vilacampa, o hacia Buio. Por el contrario, sí se sabe que vive alejado de los ojos galos mientras permanecen por las tierras de Miranda.

Los últimos años de su vida los pasa más félix que un ocho en su cargo catedralicio. Por su gesta cobran nueva fuerza los versos de los Santomé que dicen en piedra: “Este blasón y estas armas / las ganaron por la fe / herederos y oriundos / del solar de Santomé. / Y siendo el Rey noticioso / de hazañas tan bien vistas / cinco leones les dieron/ los que estas arman pintan.

Santiago / Antonio, el hombre que vivió dos veces

Domingo, 9 de Junio, 2019

Hace 58 años se identifica a O Mudo, un residente en el Asilo de Foz aparecido en Meira sin conocimiento de nadie

EL PROTAGONISTA DE nuestro cromo de hoy vive dos vidas, bajo dos identidades y tras dos bautismos distintos, sin que a fecha de hoy sepamos con exactitud cómo se produjo la transición entre una y otra.

Por eso, al citar su nacimiento, debemos hacerlo por partida doble. Por un lado primero nace Antonio Cabezas (Sao Paulo, 1923), y más adelante lo hace Santiago Meira Foz (Foz, 1952), pero ambos son la misma persona.

Contemos su historia comprimida y dejemos la larga en el enlace que se cita al final.

Un hombre aparece de la noche a la mañana en medio de la provincia de Lugo. No se sabe cuánto tiempo lleva aquí, por qué medios accede, de dónde procede, quiénes son padres, ni qué edad tiene. Parece ser sordomudo y vivir en una gran desorientación.

La gente dice que ha caído de un avión o saltar de un submarino a la deriva. Ramón Canosa es el primero en dar referencias suyas y lo sitúa dentro de una cueva en las cercanías de Meira. Antón Niñé discrepa. Lo encuentran deambulando por las calles de esa población.

Canosa describe el hallazgo con tintes novelescos. Unos labradores de Meira buscan refugio contra la lluvia en una cueva y allá al fondo, en la penumbra, distinguen un bulto. Es él. Como estamos a punto de iniciar el conflicto que a todos sume en la tragedia, la situación del hombre tampoco preocupa en exceso y lo dejan en la cueva.

Pasan los años de la guerra y las autoridades vuelven a fijarse en el sordomudo de Meira. Previa estancia en Santiago, donde le echan un ojo los hombres de la ciencia médica, ante él se abre un incierto futuro. Es imposible remitirlo a su lugar de origen cuando ni él sabe de dónde pudo haber salido.

En 1942, Ramón Ferreiro, gobernador civil de Lugo, decide que su mejor destino es la Casa Asilo de las Hermanitas de Ancianos Desamparados de Foz, que apenas lleva tres años en funcionamiento. No es anciano, ni de Foz, pero es evidente que está desamparado.

Allí es acogido y bautizado. O Mudo, como se le llama, pasa a ser Santiago Meira Foz, un feliz nombre que se le ocurre a alguien con ingenio. Su padrino será el sucesor de Ferreiro, José del Valle Vázquez, representado por su secretario, José María Fernández Rancaño. Y la madrina, Sor Dolores Pereira, superiora del Asilo. Lógico.

Se hacen pruebas por ver si responde mejor al oír alguna lengua extranjera, pero solo los uniformes y las mujeres le conmueven.

Al interés de Canosa por el personaje, siguen artículos de Trapero, Antón Niñé, Suso Fernández y Jesús de Breogán, hasta que en 1961 Jorge Víctor Sueiro conoce su historia y la divulga en varios periódicos de España, entre ellos, Ideal de Granada.

Como Sueiro solicita de sus lectores que si alguien sabe de este hombre, se ponga en contacto con el Asilo de Foz, al cabo de unos días llega una esperanzadora carta desde Granada, donde han leído el reportaje firmado por Borgonovo en el Ideal.

En una nueva entrega de esta apasionante serie periodística, Sueiro afirma que el Ideal ha hecho posible que “casi podamos decir hoy con certeza absoluta que Santiago Meira Foz es Antonio Cabezas, nacido en Sao Paulo (Brasil), de padre granadino y al que le vive una tía, hermana de su progenitor”.

María Cabezas Muñoz dice que su hermano tuvo un hijo sordomudo en Brasil y que podría ser ese hombre. “Creo que sería interesante que yo le enviase una foto a ver si él reconoce a sus padres”.

Y en efecto, María remite una foto enviada por su hermano y al verla, en junio de 1961, O Mudo reacciona de inmediato. Se le llenan los ojos de lágrimas e intenta emitir unos sonidos que por la posición de sus labios todos intuyen que son las palabras de papá y mamá, al tiempo que los señala. Un misterio parece resuelto. Santiago es Antonio. Solo falta explicar cómo pasa de Brasil a Meira.

Campoy, un as de la aviación con sombrero de paja

Domingo, 9 de Junio, 2019

Hace medio siglo finalizaba la década en la que dominó las competiciones por etapas en España y Europa

HACE 50 AÑOS, la avioneta de Ángel Campoy García (Huesca, 1921) que participa en la VI Copa del Generalísimo de la Vuelta Aérea a España debe realizar un aterrizaje forzoso en Córdoba, lo que le impide acabar la prueba.

Hasta ese momento (1969) y durante toda la década, el director de la Escuela de Pilotos de Santiago, un señor que en carlinga se toca con un sombrero campesino de paja a manera de amuleto, ha sido el más destacado en el aire, con varios campeonatos y subcampeonatos.

Aunque ya es vecino de Lugo y con familia asentada en la ciudad, Campoy permanece ligado al Aero Club de Santiago, de donde es la Jodel-D112 con la que gana su primer subcampeonato de Europa en compañía de Enrique Lazo. Se trata de la II Vuelta Aérea a Europa, en la que triunfa España por equipos, con las avionetas de Campoy, Madrid y Barcelona. Es el aparato más pequeño, pero se impone a los otros 85 aviones, menos a uno.

En 1962 la Vuelta disputa por primera vez la Copa del Generalísimo, que es como si Franco estuviese vigilándolos a todos. A las doce de la mañana del 3 de junio, la Jodel despega de Labacolla para incorporarse a la prueba, pero los allí reunidos se llevan una sorpresa morrocotuda cuando ven que en el lugar que debe ocupar Lazo, detrás de Campoy, hay una mujer.

¿Qué ha pasado? Pues muy sencillo, causas de fuerza mayor impiden a Lazo hacer la salida, y Ángel, lejos de renunciar a la prueba, le ha dicho a su mujer, la lucense María Ángeles Vázquez: “Cariño, ¿te vienes a dar una Vuelta?” La mujer, que es alumna de pilotaje civil deportivo, acepta y allá se va el matrimonio en pos de la copa.

Componen un equipo peculiar. Al verlos llegar, sus rivales lo comentan con asombro. Una pareja y encima él con sombrero de segador, contra 75 aparatos, de los cuales hay 48 militares, y cinco aviadores del ejército USA.

Va a ser una prueba “difícil, dura y emocionante”, como declara Campoy a Rey Alvite cuando la finaliza. Desde la primera etapa el capitán Chamorro, del Ala de Reactores número 1 de Manises (Valencia) toma ventaja, pero los Campoy y el capitán Villalba, de la Academia del Aire, empatan en la segunda posición. Pocas alteraciones se registran hasta el final, salvo que el matrimonio de Lugo deshace el empate y consiguen el subcampeonato en solitario.

También aquí la Jodel es una de las más modestas, pero en manos de Ángel se revela como la que mejor se adapta a estas pruebas por etapas.

Con el título en el bolsillo, Campoy descubre un secreto. Cuando se disponen a despegar para cubrir la etapa Sabadell-Lérida, varias avionetas que lo han hecho antes regresan con malas noticias sobre el tiempo reinante: “¡Hay tormenta! ¡Mejor será que no salgan!”

Ángeles lo escucha asustada y ruega a su marido esperar a que amaine. El caso es que Ángel no es de los que se echan atrás por cuatro centellas, de modo que le dice a ella que suba, que solo harán un pequeño recorrido lejos de la tormenta, cuando en realidad van hacia ella.

_ En mi vida he visto tantos rayos a un lado y a otro, por encima y debajo del avión. Era espantoso. Tomamos considerable altura. Sobre Montserrat la tormenta era impresionante. Cogimos un bache que nos hizo descender 500 metros de un solo golpe… _ ¿Y ella?

_ Preguntó por qué habíamos bajado tanto. Yo le respondí de una manera ingenua, pero estudiada: “Sencillamente, pierdo altura a propósito”. ¿A propósito? ¡A la fuerza! Gracias a Dios se corrigió todo. Ella comenzó a rezar el Rosario hasta que tomamos tierra felizmente en Lérida.

Cuando es campeón de España (1963), Campoy recibe la medalla al Mérito Deportivo y luego será uno de los fundadores del Aéreo Club de Lugo, con Ramiro Rueda, García Portela, Pardo Ouro, Pepe Páramo, Víctor Basanta, Aniceto Puente, José Mª. Velayos Pérez-Cardenal, José Abelleira, Cruz Lamas, Morales Parrondo, López Rábade, Eduardo Tomé, López-Díaz Pallín, Fernando Arias, Gonzalo Bermúdez de Castro y Rivera Manso.

La espía que nunca espió, 75 años después

Domingo, 9 de Junio, 2019

Hoy se festeja el desembarco de Normandía como el principio del fin de Hitler en el que Araceli tuvo mucho que ver

FUESE ANTES O después; fuese en el bunker de Berlín; en Argentina, Paraguay o donde le pilla la Parca, lo cierto es que el último acto de Hitler en esta tierra fue escupir sobre el nombre de Garbo, no solo por interponerse en su camino para impedir la culminación de su enloquecido sueño, sino muy especialmente, por ser el único que logra engañarlo de principio a fin, porque a sus ojos es un insignificante personaje y porque para derrotarlo le bastó con provocar el estornudo de una mariposa.

En realidad Garbo lo forman Juan Pujol García (Barcelona, 1912) y Araceli González-Carballo González Lugo, 1914). Ambos vivirán la guerra española siendo veinteañeros y en circunstancias muy dispares, pero al final de la misma unirán sus trayectorias durante seis apasionantes años de guerra europea pasados en Burgos, Madrid, Lisboa y Londres.

Lo ocurrido en ese tiempo constituye una aventura tan peculiar, extraña e inverosímil, que solo penetrando en ella hasta el fondo, se admite como cierta. Sin saber con exactitud a qué se están obligando, optan por ofrecerse a los ingleses para luchar contra Hitler antes de que los EE. UU. entren en combate. Luego, la negativa de éstos a admitirlos, su afán de aventura, la necesidad de dinero, su cabezonería, las ganas de escapar de la posguerra española, una habilidad extraordinaria para el fingimiento y la mentira, así como el miedo a que el nazismo acabe por dominar el mundo, se suman para dar como resultado una actividad que no se puede calificar de espionaje, ni de agentes de doble militancia, como ha venido haciéndose sin advertir que ni Juan ni Araceli han espiado jamás nada, tal como se entiende esa acepción, ni mucho menos han sido agentes de ambos bandos.

¿Qué fueron entonces?Los años de referencia se dividen en tres etapas muy bien diferenciadas. Por lo tanto, la respuesta que se busca también será triple, de acuerdo con el momento que se examine. En la primera solo cabe distinguir dos personajes, como tantos otros, que se buscan a sí mismos y a su destino en un ambiente dominado por el fin de la guerra española y el anuncio de una paz que tampoco es garantía de nada, pues la presencia de Hitler en Europa garantiza que serán inevitables nuevas batallas. En este primer tramo son dos españoles en expectativa de destino, poco más.

Su boda y el inicio de una vida en común es el preámbulo para la segunda etapa, la más asombrosa, pues tras ser rechazados como colaboradores del bando aliado, confían en que pueden lograrlo si hacen creer a Alemania que son fieles agentes a su servicio, aunque no conozcan ni un solo dato de interés; y lo más sorprendente, diciéndoles, sin ser descubiertos, que se encuentran en Londres, cuando en realidad viven en Lisboa. El calificativo más adecuado en esta segunda etapa es el de haber sido unos fabulosos farsantes.

Finalmente, cuando Inglaterra descubre que tienen en ellos un diamante en bruto para la desinformación, Juan se convierte en Garbo, un funcionario de los servicios de contraespionaje, La nueva situación es mucho menos romántica que la anterior, pero de consecuencias demoledoras para los nazis. En ese momento podemos decir que él es un agente oficial a sueldo y Araceli, un ama de casa tan aburrida y llena de morriña, que presiona con irse de la lengua si no la dejan volver a España.

La casualidad y la necesidad hacen que finalmente Inglaterra conozca su caso y lo aproveche para hacer posible la campaña de desinformación que facilitará el desembarco de Normandía, cuyo 75 aniversario se celebra hoy.

El sobrino de Araceli y diputado del PSOE en las Cortes constituyentes, Fernando González Vila, considera que “está clara la diferencia entre Juan Pujol y Araceli en cuanto a la iniciativa. Araceli era mucho más decidida en ese sentido que Juan; Juan era muy buena persona, un hombre extraordinario, pero no tenía esa capacidad de energía, de vitalidad, de arranque que tuvo Araceli”.

Pepito Arriola nace en Lugo como músico

Jueves, 6 de Junio, 2019

El descubrimiento de sus facultades tiene lugar un día de junio de 1899, hace 120 años

LOS PRIMEROS AÑOS del niño prodigio Pepito Arriola (Betanzos, 1895), el Mozart español, se cuentan a través de dos o tres versiones contradictorias, según hable su madre Josefina, su tía Aurora, o algún otro miembro de la familia.

Bien, pues estamos en condiciones de anunciar que todas ellas son falsas y que habrá que escribir de nuevo su biografía, pues ninguna habla de Lugo en esos momentos. Aunque se nos escapa el íntimo motivo de tanta mentira, es indudable que su condición de hijo del soltera habrá influido a la hora de enmarañar la historia

Una historia que ha de contemplar los siguientes pasos, casi todos ellos escamoteados hasta hoy. Siendo madre soltera, Josefina Rodríguez Carballeira da a luz un niño en Betanzos el 14 de diciembre de 1895. Al recién nacido se le imponen los nombres de José Manuel Carmen Francisco Eloy y los apellidos de la madre, Rodríguez Carballeira, por cuyas venas corre sangre de Viveiro y Xermade.

En febrero de 1896 se anuncia que el procurador Francisco Rodríguez Arriola, abuelo de Pepito, se establece con su familia en A Coruña

El 6 de octubre de 1898, Rodríguez Arriola y su hija Josefina recorren las redacciones de los periódicos de Lugo. El motivo es doble, por un lado, el ferrolano desea que conozcan a su hija porque va a ser nueva vecina de la ciudad, y por otro encarga la inserción de un anuncio que a partir del día siguiente rezará así: “Profesora de piano. Da lecciones de solfeo y piano en su casa y a domicilio a precios módicos. Plaza del Campo 5, segundo”.

El anuncio aparecerá en El Eco de Galicia, El Lucense, El Regional y La Idea Moderna desde ese mes de octubre de 1898 hasta el junio siguiente. Pepito aún no ha cumplido los tres años. Rodríguez Arriola anuncia que su familia fijará su residencia en Lugo, pero no se especifica qué miembros la componen. De hecho, el único rastro que queda en la ciudad es el de Josefina y Pepito.

“La hija mayor del señor Rodríguez Arriola _ dice El Eco _ es una notable profesora de piano al que se consagró desde muy niña, bajo la dirección de distinguidos maestros, perfeccionando y ampliando sus estudios en la escuela nacional de música, donde logró éxitos altamente lisonjeros”.

Añade que dará facilidades a las familias que no dispongan de piano, porque tampoco hay casas que los alquilen. Es de imaginar que Josefina ha traído el suyo desde A Coruña. A partir de marzo de 1899, el anuncio se redacta así: “Interesante: La profesora de piano de la plaza del Campo, n 5, establece clases generales diarias de solfeo, de seis a siete de la tarde. Compra pianos usados y métodos de solfeo y piano”.

Y el 8 de junio dice: “La profesora de piano, de la Plaza del Campo, núm. 5, 2°, además de la clase general diaria de solfeo que tiene para niñas de seis a siete de la tarde, establece otra, también diaria, para niños, de ocho a nueve de la mañana, a igual precio de 5 pesetas”. El anuncio se mantiene hasta el 18 de junio, cuando desaparece la pista de Josefina.

Solo el 8 de septiembre se puede leer en la prensa de Lugo que se anuncia “la boda de una profesora de piano que hace poco tiempo residió en esta ciudad, con un joven que viste el uniforme del ejército y bastante conocido en Lugo. Que sea enhorabuena”. Josefina se casará con Amado Osorio y Zabala, pero en 1906.

La presentación pública del niño prodigio tiene lugar ese mes de diciembre en el Salón Montano de Madrid, por lo tanto parece probable que sea cierta la información del Diario de Pontevedra, cuando señala que su madre compone una pieza para una rondalla lucense y que un día escucha asombrada cómo Pepito la repite al piano en la Praza do Campo.

Tras la presentación en Madrid, la prensa lucense apuntala que el pianista precoz fue vecino de Lugo hasta hace un par de meses. “Es hijo de la profesora de piano D. Josefina Rodríguez, que vivió en la Plaza del Campo”. Es decir, el músico Pepito Arriola nace en Lugo.

El deán que salvó el símbolo de Lugo

Miércoles, 5 de Junio, 2019

Faltan cuatro años para los 200 de A Mosqueira, que no es construcción sino falta

SI NADIE SE opone, y tiempo habría para hacerlo, a Manuel Fernández Varela (Ferrol, 1772) le corresponde el honor de haber salvado para la historia y para la ciudad los forínsecos de la muralla en A Mosqueira, tal como los conocemos hoy, o tal como nos los presenta Neira de Mosquera en 1850, con sus doce ventanales en sus dos hermosos pisos.

No sería nada extraño que así fuese, porque Fernández Varela, ya era en ese momento el vecino de Lugo con la cabeza mejor amueblada de los contornos, dado que se habían cumplido más de treinta años desde la desaparición de Juan Francisco de Castro, el famoso Doctor Castro, y veinte desde la de Cornide, de modo que otra competencia no había.

Por aquel entonces, siendo deán y canónigo de la catedral lucense, el rey lo nombra su predicador supernumerario y lo condecora con la cruz, también supernumeraria, de la Real y distinguida orden de Carlos III. Es decir, mucho perendengue para un deán cualquiera de una provincia periférica.

Y es que don Manuel, además de un piquito de oro para predicar, y otro para el comer y el beber, tiene el conocimiento de los ilustrados que a los demás falta. Rossini paga su cocina con el Stabat Mater, Galdós lo llama ”verdadero prócer”, y Fernando VII lo nombra Comisario General de la Cruzada. Estaba predestinado para nacer en Pobra do Caramiñal, pero su madre, Agustina Varela, se mueve tanto para estar con su esposo, el oficial de la Armada Andrés Fernández, que un día se le cae el niño en la departamental y lo hace ferrolano.

Luego de darse lustre universitario en Santiago, inicia su irresistible ascenso en Sada y pasa en Lugo una larga temporada como deán y canónigo, desde tal día como hoy, 4 de junio de 1815.

Hay que imaginarse lo que sucede en 1823. El viento, la lluvia y la falta de medidas previsoras provocan que de los forínsecos se desprendan varias piedras. Algunas amenazan los cráneos de respetables damas cuando acuden a misa de mañana. Una laja alcanza a don Desiderio, tablajero con puesto abierto, y lo deja seco en la calzada. La indignación ciudadana se desborda. Ese muro no sirve para nada y además mata. Hay que chimpar todas sus ventanas, que hacen equilibrios por no caer a poco que sople un céfiro.

“Famosos muros”, solían decir en la época. Nada de muralla, que suena pomposo y señorial. Un muro se tira cuando se quiere, pero aunque todavía no ha llegado Rof Codina con sus cálculos sobre lo costoso que resulta llevarlo a Coruña, todos intuyen que esas piedras amontonadas han de quedarse in situ.

El peligro está en los forínsecos. Fuera con ellos.

Y don Manuel, sin poder creérselo. Piensen que es arquitectura muy valiosa. Nada, nada; un peligro.

En el último momento, arrollado por la masa, cede y trata de llevarse al menos la honra de la excepción. Pide entonces que se conserve una muestra de lo que eran esos muros. Pierde la guerra, pero gana una batalla y gracias a su esfuerzo hoy subsiste uno de los símbolos más característicos de la ciudad, A Mosqueira.

Nueve años después, El Correo de Madrid hace referencia al hecho y aboga por acometer las necesarias reparaciones de los desperfectos infringidos en 1823 por culpa de la impericia. Y sabedores del papel que juega en el asunto Fernández Varela, interpretamos que la impericia a la que alude El Correo no es torpeza en el manejo de los martillos, sino en el buen uso de las neuronas.

Muchos años después, no lejos de A Mosqueira, cae otra laja de un lienzo. Asusta a una mula y el carro del que tira mata al niño que viaja en él. Los antimurallistas vuelven a tronar, pero ya no hay forínsecos contra los que descargar su furia.

Ahora los argumentos se nutren de razones para una segunda y definitiva andanada. Lo que ahora hay que demoler es la muralla por entero.

El rey del ´rey de los instrumentos´ era de Bretoña

Martes, 4 de Junio, 2019

Mañana comienza el IV Festival Internacional de Órgano, dentro de la XLVII Semana de Música do Corpus

MAÑANA COMIENZA EN la iglesia de San Pedro el VI Festival Internacional de Órgano do Corpus Christi de Lugo y la ocasión es pintiparada para conocer al principal responsable de que el órgano de la Epístola de la catedral, donde se celebrarán los tres próximos conciertos, se tenga por “único en el mundo”, a causa de sus tubos verticales y de otras singularidades.

Este hombre fue Manuel Fernández Fernández (Bretoña / A Pastoriza, 1866). Siendo niño ingresa como novicio en el convento franciscano de Santiago, donde muy pronto revela sus dotes para la organería, no solo en la restauración, sino en la compleja construcción.

Todas las dificultades del invento que Mozart llama “el rey de los instrumentos”, desaparecen en su presencia y ya antes de emprender estudios rigurosos cuando tiene 24 años, es capaz de acometer los arreglos de los existentes en los conventos de Herbón y San Diego de Canedo de Ponteareas. Y poco después, construye otros para este último convento, para el de Louro en Muros y para el gabinete de Física en el convento compostelano.

En 1903 inicia el de la Purísima Concepción de los Franciscanos en Lugo, uno de los veinte de tubo que existen en la provincia, y lo inaugura en septiembre de 1908, pocos días después de que salga el primer número de El Progreso, gracias a lo cual existe una crónica del acto muy por lo menudo. El periodista descubre entre los músicos de la orquesta de capilla a dos frailes, un benedictino “verdadero maestro en el arte de la harmonía” y un franciscano, “sencillo, afable: el constructor del órgano que se inauguraba”, es decir, el hermano Manuel.

Este periodista encargado de la inauguración realiza una detalladísima descripción del instrumento, hasta tal punto que debemos prescindir de ella, pues agotaríamos el espacio. Eso sí, lo hace con tal precisión de términos que solo cabe pensar en la ayuda directa del franciscano para la redacción de la crónica.

Y bien, el de la Epístola de la catedral de Lugo conoce tres versiones, una por siglo, debidas a José de Arteaga (XVIII), Manuel Sanz (XIX) y éste de Fernández, en el XX; sin olvidar la intervención que superada la mitad del siglo practica en él la empresa Organería Española S.A, entonces bajo la dirección de Ramón González de Amezúa, el musicólogo y organista directamente relacionado con el verano de Ribadeo, por ser cuñado de Rafael del Pino y que fallece en 2015.

Dicen que el primero, el de Arteaga, arrastraba defectos de construcción. Chi lo sa?

Manuel Fernández y el artesano José Sal acometen la obra entre 1920 y 1925, y llegados a este punto todas las referencias sobre el órgano lucense señalan un supuesto artículo aparecido en La Vanguardia el 1 de julio de 1966. Lo primero que hay que decir es que el tal artículo no existe, pues se trata simplemente de un despacho de la agencia Cifra que recoge la entrevista que Ángel de la Vega realiza a José Sal para El Progreso, rebotada por el diario catalán, como hacen docenas de cabeceras. De modo que a Dios lo que es de Dios, y a De la Vega, lo que de Ángel es.

En esencia, el reportaje de El Progreso dice que el órgano es único en el mundo, pues está dotado de un sistema creado especialmente para él, la transmisión neumática, que permite, por su rapidez, interpretar música escrita para piano. “Consta de cuarenta y cinco registros de cuatro pedales. La madera que utilizó fue cuidada con sangre animal y las lengüetas, que son de tripa de vaca y cabrito, tratadas con clara de huevo. Las colas las hicieron con técnicas especiales para dar mayor flexibilidad a los cueros y gamuzas, las cuales son de las especies más finas”.

Santiago Cepeda, Jesús Pereiro y Delfín Fernández Taboada son discípulos del hermano Manuel, fallecido en Santiago (17-XI-1948).

Cuatro libros y pico sobre la maharaní malagueña

Lunes, 3 de Junio, 2019

Elisa Vázquez Gey es elegida para unirse a Anita Delgado de por vida

HACE COSA DE treinta años, Elisa Vázquez de Gey (Lugo, 1955), andaba en labores de promoción libresca con Queimar as meigas – Galicia, 50 años de Poesía de Mujer, una antología en la que aparecen muchas autoras de Lugo, que siempre fue tierra pródiga en lirismos.

En uno de los actos se le acerca una mujer mayor, de gran elegancia, guapa y llamativa, que le piropea la obra. Se descubre como Victoria Ana María Winans Delgado, un nombre que nada dice a Elisa. Le quiere hacer una proposición de ésas que te cambian la vida y se explica.

Es hija de Victoria Delgado Briones y sobrina por tanto de Anita Delgado, la bailarina malagueña de la que Jagatjit Singh Sahib Bahadur, maharajá de Kapurthala, se enamora perdidamente hasta hacerla su esposa, Valle-Inclán mediante, pues el gallego tiene mucho que ver en la redacción de las cartas que se cruzan antes del sí definitivo (1906).

Y bien, ¿qué pinta Elisa en esa ensalada de amoríos de alta alcurnia que se remonta 80 años atrás (1986)? Sencillo. Victoria tiene en su poder documentación de primera mano y quiere que alguien con oficio de pluma contrastado escriba la primera biografía autorizada de la maharaní. Después de conocer Queimar as meigas, esa persona ha de ser Elisa Vázquez de Gey. Ni de Málaga, ni de Kapurthala, sino de Lugo.

La muerte cuatro años antes de Ajit Sigh, el hijo de Anita, le anima a dar el paso, antes de que todo se pierda, o de que ella no vea el libro. Elisa se lo piensa, pero poco. Aquello es irrechazable, especialmente después de visitar a Victoria en su casa y comprobar in situ la calidad de la documentación que va a poder manejar, la mayoría inédita y manuscrita, el diario, su libro y cartas familiares, además de recortes de prensa y material de diversa especie. Se hace obligatoria una visita a Kapurthala, pero el personaje está allí en su parte magra.

El resultado se llamó Anita Delgado, maharaní de Kapurthala, que es el retrato fiel de la malagueña; El sueño de la maharaní, que es la novela donde Elisa da rienda suelta a su imaginación para cubrir las lagunas que la precisión biográfica le impide plasmar en el primer libro; La princesa de Kapurthala, una biografía ampliada e Impresiones de mis viajes por las Indias, de la princesa Prem Kaur de Kapurthala (Anita Delgado), en una edición que prepara Elisa.

Sin embargo, antes de abandonar por completo el hilo argumental de la familia Delgado, como lucenses y como amigos, nos gustaría que a Elisa se despojase de la túnica de biógrafa oficial y nos contase, más novelado que documentado, el gran episodio prohibido en la vida de las dos hermanas, que la propia Anita enuncia en sus memorias: “Mientras tanto mi hermana Victoria se había casado con Jorge Winans. Pero el americano fue un mal marido. Era mujeriego, libertino y aficionado a las drogas. En el verano del 1917 la abandonó por una mujer de poca condición con la que se estaba entendiendo en su propia casa”.

En efecto, el padre de su confidente fue juzgado por rapto en circunstancias que la prensa de la época define como “novelescas”. Vamos, que piden libro. Antes de casarse con Victoria, ésta exige a Winans que abjure de su religión y que se haga español. El hombre accede y se convierte en Tomás Jorge Winans, bautizándose en la iglesia malagueña del Sagrario.

Una vez casados, se van a vivir con sus suegros y con una niña llamada Carmen García, hija de una prima de la familia y de padre desconocido. Carmen crece y Tomás Jorge huye con ella cuando cumple los 16. Son localizados en Madrid y luego en Córdoba, donde son detenidos. Un abogado les recomienda buscar un padre para Carmen, de forma que con mejor derecho que los tíos de la chiquilla, le otorgue su perdón por la escapada y santaspascuas.

Winans tropieza entonces con Cayetano Muriel, cantaor flamenco al que llaman El Niño de Cabra, que accede a ser padre de Carmen, acabando todos en la cárcel. No me digan que no hay para el quinto libro.

López de Neira, de lazarillo al resplandor

Lunes, 3 de Junio, 2019

Se cumple el centenario de su muerte y los 140 años de su pionera iluminación en la calle del Príncipe viguesa

LAS PASADAS NAVIDADES, cuando Vigo brillaba más que la estrella de Oriente, al alcalde Caballero se olvidó mencionar que estaba a punto de cumplirse el siglo del fallecimiento de un antecesor suyo que había traído la electricidad a la calle del Príncipe. Debió hacerlo, porque sin él sería imposible que su ciudad presumiese de tanta luminaria.

Ese hombre fue Antonio López de Neira (Sober, 1827), un tipo que siempre tuvo las ideas tan claras como los chorros del oro, desde que sale del lugar de Naz, en la parroquia de San Miguel de Rosende, hasta que le deja a Caballero la herencia de la luz para que llene Vigo de admirados visitantes.

Se cuenta de sus inicios que ejerce de lazarillo de un ciego, que es oficio maravilloso y augurio certero de que su sino en esta tierra ha de ser cumplir los deseos de Goethe en sus postrimerías: ¡Luz, más luz!

De guiar a un ciego salta a ser tendero. Y de ahí, a comerciante, a chocolatero, a fabricar papel, a los trasatlánticos, a la banca o al abastecimiento de agua. Su ascenso es imparable, pues algo hay en él que lo distingue del resto de los ciudadanos, como si llevase delante de sus pasos un farol para ver todo antes que los demás.

Algo de eso hay, pues llama la atención con juicios o explicaciones que su círculo tarda en comprender y mientras dura su asombro, exclaman: ¡Cosas de don Antonio! Que es como decir: No te lo voy a explicar, porque ni yo lo entiendo.

Don Antonio no se limita a cuidar de sus negocios, sino que pronto interviene en la administración de los bienes públicos, como era habitual entre los hombres con iniciativa de aquella época. Así lo vemos en la Cámara de la Propiedad y la Junta de Obras del Puerto. Es diputado provincial, teniente de alcalde, alcalde, y presidente de la Diputación, todo ello en feliz armonía con la política de José Elduayen, de quien es amigo, colaborador y representante.

A la par, dicen que es generoso y que su casa se llena por Pascua de gente en romería para pedirle el bollo. Bravo por don Antonio. Tuvo suerte de no vivir hoy, porque le afearían el crecimiento y la generosidad. Nada como vivir de la gorra y ser mísero hasta el pecado.

Pronto llegan a sus oídos las aplicaciones prácticas que se consiguen mediante la electricidad, una energía que se vislumbra de importancia capital para el futuro de las sociedades desarrolladas y él quiere que Vigo lo sea por encima de cualquier otra consideración, de modo que ya en 1880 _ tan solo 140 años nos separan de ese momento _, organiza lo necesario para presentársela a sus convecinos en su forma más espectacular, la de la luz, como bien sabe don Abel.

Faltan seis años para que la ciudad de la oliva disponga de alumbrado público en toda la extensión de la palabras, pero López de Neira se hace en París una primitiva dinamo, evolucionada del sistema Drummond, y se la trae a la calle del Príncipe.

La crónica periodística de lo que allí ocurre es tan trascendente que merece la pena conservar su literalidad:

“El miércoles por la noche se probó en casa del señor López de Neira la luz eléctrica que para mayor lucimiento de las próximas fiestas del Santísimo había encargado a París dicho señor. La proverbial naturalidad y amable deferencia del señor Neira fue causa para que muchos de sus amigos se personasen en la rica morada y deliciosa huerta a presenciar los efectos luminosos del aparato, el cual funcionó bien, llevando la luz a larga distancia, y que al reflejarse en las galerías y casas del Placer de afuera, produjo agradable impresión entre las personas que inesperadamente se vieron inundadas por una claridad tan intensa como la del sol, aunque de melancólico reflejo como la luz de la luna. Una de las cosas que más nos ha llamado la atención en aquellos momentos fue el asombro que la luz produjo sobre los insectos que se albergaban entre el ramaje de los árboles, que vistos desde lejos parecían pintados con un verde ultramar, más bien que obras de la naturaleza”.

Jornada luminosa la de este caballero de Naz.