Archivo de Junio, 2019

María Castaña, entre la leyenda y la realidad

Miércoles, 19 de Junio, 2019

El 18 de junio de 1386, la mujer mata al mayordomo del obispo de Lugo. ¡Tiempos de Maricastaña!

LA MUJER ES tan universal que acoge en su seno lo que es de ella y lo que no también. Se le aplica la historia y tan ricamente. Se le cuelgan leyendas, y no hay rechazo. Se le hace dueña de un cancionero y amén.

Romero Larrañaga fue de estos últimos y nadie chistó ni mu. Tal como cantan las coplas de María Castaña, escribe Romero: “Cada uno tiene, señoras mías, / sus aprensiones y sus manías”. ¿Pero cuáles son las coplas de esta mujer? No se sabe; o mejor dicho, las que usted quiera adjudicarle.

Certeza mayor no cabe. María Castaña no yerra, pues resulta ser mujer que todo lo sabe. Y aunque lo frecuente es encontrarla precedida de la fórmula “en los tiempos de…” para indicar que ha llovido varias veces y en abundancia, no es raro tropezar con alusiones a tales coplas, como si la autora fuese ella, o se cantasen desde tiempos muy idos, o vaya usted a saber qué.

La imprecisión la rodea por doquier y así cada uno puede decir lo que le venga en gana. Gómez de Baquero, por ejemplo, trata de determinar si María Castaña (A Pobra do Brollón, 1366?), también llamada Castiñeira, esposa de Martín Cego, que tal día como hoy da muerte a Francisco Fernández, mayordomo del obispo de Lugo Pedro López de Aguiar, es la misma persona a la que refiere el dicho de los tiempos, y concluye que para determinarlo con exactitud habría que averiguar desde cuántos años se repite el dicho de Maricastaña.

¡Aleluya! ¡Hemos hallado el método! ¿Desde cuándo alude usted a María Castaña? ¿Desde el primer Arde Lucus? ¿Desde que hubo patos en el parque? Pues entonces va a ser que no.

Antonio Zozaya le da una vuelta de tuerca, y para dotar de mayor lejanía y exotismo al personaje, habla de la reina María Castaña de Indias, que ha de vivir más allá de Samarcanda, y haber reinado de Marco Polo hacia atrás.

Campoamor había hecho versos de su vejez con el himno del menorero: “Las hijas de las madres que amé tanto / me besan ya como se besa a un santo”. Y Felipe Aláiz le replica diciendo que el poeta es “un cuáquero con pretensiones de diablo”, pues su musa es la más casta de las amantes: se llamaba María Castaña. Pobre Campoamor. Otros personajes le disputan el arquetipo de la antigüedad, como el archinombrado Matusalén, o Rita la Canastera, o su prima Rita la Cantaora, la condesa de Galapagares, Luis Candelas, Viriato, Juan Lanas, y por qué no, los tiempos del sanedrín, de la polka, del cuplé y de la pera.

Competencia más homónima tiene la lucense en otra mujer, burgalesa ella, a la que llamaron Tía Castaña, bien por mote, bien por bautismo. Era dada a los ensalmos y las adivinaciones, bruja por más señas. En su época le decían que consultaba horóscopos; vamos, como cualquier juez de Vigilancia Penitenciaria, y que de su boca salían pronósticos muy acertados: “Cámbiate la basquiña de estameña, suéltate el pelo y te casas”. Eso fue hace tiempo, ya digo, y Tía Castaña devino en María Castaña. Puede ser.

Luguesa del coto de Lodeira y donante de Cereixa, o burgalesa de pócimas humeantes y barajas con apresto. No podemos jurarlo, pero Teodosio Vesteiro Torres se arroja en brazos de la gallega y da rienda suelta a las posibilidades más favorables a Lugo, que es lo obligado en casos de tanta imprecisión. Tirar para casa como los franceses.

¿Y qué decir de Aureliano José Pereira de la Riva, que la encumbra y ensalza entre Agustina de Aragón y María Pira: “muerto ya el despotismo / crece la ciudad lucense”. Tal cual, oye.

El jovencito Pimentel

Martes, 18 de Junio, 2019

Nómina de lucenses que compartieron infancia y juventud con el autor de Sombra do aire na herba

EL JOVENCITO PIMENTEL (Lugo, 1895), debuta en prensa como niño modélico. Entiéndase bien, nada de fotos, sino de expedientes. El suyo es uno de los más brillantes que exhibe la Academia de San Antonio, ubicada en Conde Pallares, 2, es decir, al ladito de su casa.

El anuncio se publica en el número 38 de El Progreso (30-IX-1908), un mes y pico después de su fundación, y cuando Luis tiene 13 años. Ha obtenido un sobresaliente y una matricula de honor, lo que le hace ser de los mejores, como Antonio Chaos Losada, Emilio Ceide, Francisco Vázquez Gaña (Graña?), Luis Bal y Gay, Alejo Madarro y José Benito Pardo hijo.

En realidad, ya había aparecido en El Eco de Galicia el 26 de diciembre de 1895, en compañía de Dositeo Sanfiz Pérez, para anunciar a todo Lugo que habían nacido. El poeta lo hizo a las 6 de la tarde del pasado día 18, como apunta con precisión Araceli Herrero Figueroa.

Antes del apellido Pimentel, el recién llegado viene con otros cinco, Vázquez, Fernández, Barreiro, Díaz y Pereira, pero éste fue escalando posiciones hasta encaramarse justo detrás del nombre, o incluso sin él, como firma a veces.

En 1911, a punto de terminar el bachillerato, hay una esporádica aparición en prensa a causa de unas protestas estudiantiles, y ya el 27-IX-1914, se anuncia que han finalizado esos estudios con sobresaliente, Andrés Basanta Silva, y con aprobado, Lauro Castrillo Santos, Manuel Menéndez Arrúe, Enrique Martínez, Francisco de la Barrera y Pardo, Severino Ledo, Alfonso Quintana, Antonio Cordido y Pimentel.

Son los años en los que algunos amigos se agrupan bajo el nombre de Os Godallos, tanto para divertirse, como para llevar a cabo representaciones teatrales, musicales o literarias.

Es posible que se hayan fijado en el término godallo dentro de algún poema de Noriega Varela. La palabra es polisémica. Por un lado sirve para definir a una persona desaliñada, descuidada en el vestir e incluso que huele mal, y por otro, al castrón o cabrito que está en celo. Rebeldía y sexualidad, rasgos propios de la juventud.

El núcleo duro lo forman Andrés Olano y Silva, los hermanos Cora _ Antonio y Puro _, José María Blanco, Francisco Fleitas y Pimentel, aunque el entorno amical es más amplio según qué tipo de juerga, baile o apropósito teatral se organice, de forma que también cabe citar a Mario y César Páez, Fernando Carballo, Ángel Pardo, Edmundo Fernández, Juan y Lauro Castrillo, Andrés Muruáis, Eugenio Olano, Nicolás Arias, Felipe Fernández Vivero, Román Hermida, José Fontao, Guillermo Arce, Nilo Fernández o Augusto Pozzi.

Una de las piezas fue la bilingüe El parque da fala, que firma un extraño Roberto Caín de Santaoya, seudónimo de Antonio de Cora.

Se cuenta de un desplazamiento que realizan a la capital coruñesa para asistir a un baile y yendo todos de smoking en coche descapotable, embisten a un grupo de gallinas que vuelan despavoridas hasta que una suelta un huevo que se estampa contra la pechera de uno de ellos. ¿La de Pimentel?

Correa Calderón recuerda el arranque de unos versos que Blanco le envía: “Motoreaba una mujer al mear”. Godalladas.

Luego vienen los años de Santiago y el poeta aparece en la notas de sociedad yendo y viniendo con otros universitarios de Lugo. Iván Pedrosa Soler, Jesús Latas, Manuel y Segundo Grandío, Ángel Rosón, Ángel y Primo Roca Novo, José de Cora o Jesús Rodríguez Pedreira. Y ya al final, José de la Mota y Manuel Paleo Pais, de Viveiro.

La madre de Pepa había nacido en Lugo

Lunes, 17 de Junio, 2019

La actriz Asunción Montijano recibe el homenaje de los lucenses cuando regresa a la ciudad en 1930

EL PERSONAJE DE Pepa en Escenas de Matrimonio dio una segunda oportunidad a la actriz Marisa Porcel. Pocos sabían entonces que su madre _ niña, adolescente, mujer y dama de los escenarios _, ha nacido en Lugo, casi casi en plena función,

Su abuelo y su padre son los Montijano, apellido de leyenda sobre las tablas. El abuelo, actor y barítono, abandona en 1895 del género chico para hacer comedia y drama. Son más fáciles de montar y el público responde igual.

Aunque siempre hay quejas por la falta de público, Lugo es una de las plazas fijas cada temporada. Aquel año los Montijano vienen al San Froilán. José, el primogénito, y su mujer Concepción García esperan un hijo, de modo que entre un pase y otro, crece el elenco de la compañía. Es niña y se llamará Asunción (Lugo, 1906).

Sube a un escenario por primera vez a los seis años, pero la prensa comienza a citarla el 30 de enero de 1914, en Toledo, cuando tiene ocho y se representa La patria chica, de los Álvarez Quintero y Chapí. A partir de ahí, siempre hablan de ella.

Debuta como primera actriz a los 18 y a los 21, Asunción merece figurar en la serie de semblanzas Figuras de la Escena, del cordobés Luis de Castro. El 15 de enero de 1930, los Montijano debutan en el Teatro Principal de Lugo. Los lucenses no se conforman con ver a su actriz y quieren saber cosas de ella. Para satisfacer su curiosidad se acerca al Principal un periodista llamado Puro de Cora Sabater, que firma como Tramoya, si de teatro se habla.

“He nacido en esta acogedora ciudad, en una casita blanca, muy blanca, que se levanta en una calle céntrica. De esto hace veintiún años cuando en uno de los coliseos de Lugo trabajaba la compañía de comedias que dirigía mi abuelo (Se quita tres años, pues de eso hace 24 años)”.

¿Una anécdota? “Verá usted. Lo más saliente que me ha ocurrido en mi vida artística fue que me han impuesto una multa de 25 pesetas. Sí, señor; en un teatro de un pueblo entraron unos espectadores durante la función, promoviendo un escándalo, y yo, en mi nerviosismo, me mostré contrariada, y el señor alcalde me multó con cinco durillos, aunque luego, justo y galantemente, me perdonó.

“¿Sabe usted hablar en gallego?” Y Asunción Montijano pronuncia aquello de “Maruxa, encantiño, estáte por ahí que xa te chamarei”.

Los admiradores de la actriz la obsequian con una sortija y un ramo de flores. En su nombre realiza la entrega el médico Carlos Vázquez Fernández Pimentel. Estos amigos, entre los que se encuentra Tramoya, forman una compañía de teatro aficionado que al cabo del año representa varias obras en el Círculo das Artes.

Tras la guerra, más de cien estrenos teatrales _ entre ellos, La ciudad no es para mí_, dos apariciones en cine _ Piedras vivas (1956) y Azafatas con permiso (1959) _, y algo de televisión, como en Novela, Estudio 1 e Historias para no dormir (1966-1968), donde administra el terror de Narciso Ibáñez Serrador en La casa y La bodega.

Ella es una de las actrices de la Novela La caída, de Concha Alós, que graba en 1969 Sergio Schaaff. Sin embargo la censura la tumba y no se emite hasta 1974. Y es que uno de los personajes roba para comprarse un piso y eso molesta al Ministerio de la Vivienda.

Su marido, Pedro Porcel, fallece en 1969; ella, el 15 de junio de 1973 y Marisa Porcel, la hija de ambos, muere el pasado año. Su nieta, Paloma Porcel, es la voz española de Sarah Jessica Parker, la última de la saga Montijano.

Goyanes, un primer espada contra el cáncer

Lunes, 17 de Junio, 2019

El médico de Monforte, nacido el 16 de junio de 1876, acaba siendo el máximo especialista en Miguel Serveto

SIEMPRE FUE UNO de los grandes, desde las aulas, hasta alcanzar el prestigio mundial, con aportaciones decisivas, como es la anestesia intrarterial. Es elegido primer espada en la lucha contra el cáncer, y pasado al campo del humanismo, brilla sin reparos.

No obstante, cada vez que se penetra en la vida de José Goyanes Capdevila (Monforte, 1876), nacido el 16 de junio como hoy, se tiene la sensación de no haber sido reconocido.

Su brillante expediente académico no pasa desapercibido ni para la prensa diaria, como El Globo, donde se dice que “Goyanes lee cuanto se escribe de Medicina, y sigue afanoso los adelantos de la ciencia”. En 1905 obtiene por oposición la plaza de cirujano del Hospital General de Madrid, que ocupa siete años. Todos lo señalan ya como el mejor cirujano de la capital y su fama traspasa fronteras, siendo llamado a palacio para atender al rey, a quien acompaña a Las Hurdes, donde tiene ocasión de afeitarlo, a falta de barbero.

Su investigación arroja nuevas técnicas para la cirugía vascular, como la que lleva su nombre, Goyanes-Lexer, en operaciones de aneurismas arteriales, o la que le da mayor fama, el descubrimiento de que es posible administrar la anestesia por vía arterial.

Cuando en 1922 se crea el Instituto Nacional del Cáncer, Goyanes es elegido su primer director. Es cesado en 1935 sin advertencia previa; ya que él se entera leyendo la Gaceta Médica. Al parecer, el cese se atribuye a motivos políticos, poniendo como excusa la desaparición de unas agujas de radium del Instituto que un paciente tira al retrete sin dar inmediato parte a las autoridades sanitarias. Le sucede Pío del Río Hortega, con quien había viajado a París al Congreso Internacional del Cáncer.

En la guerra, Goyanes es cirujano en Salamanca y al finalizar regresa a Madrid donde ejerce hasta 1945, año en el que marcha con su familia a Canarias en busca de un mejor clima para sus dolencias, pues allí reside su hermano Vicente. Su presencia en las islas es cada vez más constante. Cuando cumple los 53 años decide centrar todos sus esfuerzos en el aprendizaje del latín. Quien lo conoce entonces dice que comprende que “quien no conoce el latín está incomunicado con la humanidad sabia de todos los siglos anteriores al XIX de nuestra era”. Una buena razón para memorizar y repetir cada vez que a algún cabestro le dé por decir que “estudiar latín no sirve para nada”.

El periodista leridano Jaime Torrubiano Ripoll, abonado a la causa de Don Juan de Borbón y colaborador de Goyanes en el estudio de los jarabes, escribe en 1933 que “no es posible, sin saber latín, acometer trabajos científicos de alta investigación, porque las fuentes originales, cuyo manejo directo es indispensable, están escritas en latín, cualquiera que sea la disciplina”.

Esto le permite, agrega Torrubiano, abordar obras como El sentimiento cómico en la vida y en el arte, Tipología del Quijote, El Greco, pintor místico, Los Atlantes, epopeya de los castellanos por el mar, Descripciones geográficas de Miguel Servet, y muy especialmente Miguel Serveto, su monografía no médica más trascendente.

Se trata de la primera obra de investigación directa que se lleva a cabo en España acerca del médico aragonés, conocido como Miguel Servet. Goyanes defiende que debemos decir Serveto y no su apellido afrancesado.

El monfortino invierte tiempo, viajes y dinero a esa obra fundamental en todas las bibliografías de Serveto.

Cuando morían más caballos que toros

Domingo, 16 de Junio, 2019

Un 15 de junio Dositeo Rodríguez descubre el mundo de los toros y no para hasta ser él uno de los protagonistas

EN SAN COSME de Gondel hay hoy medio centenar de vecinos, y bajando. Allí nace un 21 de diciembre Dositeo Rodríguez Otero (Pol, 1893), un niño despierto y con luces. Su familia cree entonces que valdría para cura, pero las luces resultaron ser lentejuelas toreras, de esas que de vez en cuando se encienden en la provincia.

Xosé Ramón Ónega, el Ónega de Odoario, le da biografía por razones de paisanaje, de modo que su trabajo nos libera de recoger todas las andanzas de Dositeo, pues quien las busque, en Ónega las encontrará (Lucensia nº 7, 1993).

El seminario no satisface su espíritu y dicen que se ausenta de tan insignes estancias con tres duros en el bolsillo. De Lugo a Monforte, donde se hace patatero; y del Cabe, otra vez al Miño, esta vez en Ourense, donde aprovecha su cuerpo de Maciste, y trabaja de cantero, en su versión de acarreador de escombros.

Allí asiste a la corrida que se celebra el 15 de junio de 1911, hace hoy 108 años, con Celita, Lajartijillo-chico y José Morales Mula, alias El Ostioncito, así como suena. El impacto que recibe el chiquillo es de órdago, o incluso más bestia, como dice el apodo del tercer espada.

A partir de ese día, sus pasos solo estarán encaminados a entrar en este mundo. No sabe que le espera un futuro de varilarguero, pero pronto se lo descubre Joselito, cuando le alaba la fortaleza de sus espaldas, “mejores para picador que para albañil”, como le dice unos seis años antes de morir en Talavera de la Reina.

Tengamos en cuenta que el toreo vive todavía la época en la que el caballo del picador no lleva peto y cuando lo habitual es que cada corrida se salde con la muerte de los seis astados y de otros tantos equinos, o más, lo que a su vez conlleva al subalterno una serie de riesgos fáciles de imaginar.

Es muy frecuente la operación de coser las panzas de los animales para meterles las tripas dentro y volverlos a utilizar en la plaza porque no queden caballos vivos y haya que acabar la corrida como sea. El varilarguero tiene que hacer gala de su oficio con premura, fuerza y efectividad que son valoradas en mucha mayor medida que después, con la implantación del peto en época de Miguel Primo de Rivera, que como jerezano y amante de los caballos, da el impulso necesario a una medida con la que se viene mareando la perdiz desde medio siglo antes, de 1877 a 1928.

Aún así los petos iniciales son tan inútiles como una sábana y el primer caballo que sale protegido con uno de ellos, muere de una cornada nada más iniciar la faena.

Del general se cuenta que una tarde, siendo Dositeo todavía recluta, lo visita en la enfermería de la plaza tras un revolcón. El de Lugo se muestra preocupado pues debe incorporarse al cuartel y Primo lo tranquiliza: “Cura tus cornás, chaval, que de la mili ya me encargo yo”.

Y es que Dositeo cae cien veces, se hiere cincuenta y sufre tantas cornadas como los matadores. Marcial Lalanda, que lo tuvo en su cuadrilla, le salva de una muerte certera agarrando al morlaco por los pitones.

Entre los gajes del oficio y los accidentes, a Dositeo le queda el cuerpo machacado como ropa en un mazo, pero nadie puede con él. En 1929, se accidenta con un coche en Mansilla de las Mulas porque prefería viajar charlando con su amigo Anastasio Oliete, alias Veneno; expicador, rejoneador y ahora empresario de caballos, que ir en tren con Lalanda. Queda grave, pero continúa hasta un nuevo percance viniendo de Murcia que le deja sin fuerza en el brazo. Lo mata un cáncer en la cara en 1959.

C. Virio Frontón, el Arde Lucus en Tarraco

Domingo, 16 de Junio, 2019

Adriano lo convoca como uno de los más ilustres representantes de Roma y le dedica una estatua hoy perdida

SI PAULO FABIO Máximo tuvo serios problemas para ser lucense, pues nace antes de que él mismo funde la ciudad, o para ser vecino, pues le niegan la posibilidad de haber residido aquí, nos queda el consuelo de saber que nadie pone en duda el lucensismo de Cayo Virio Frontón (Lucus Augusti, 85?), el primer ciudadano ilustre de lo que será la bien murada, aunque en ese momento todavía tenga todas sus puertas abiertas al viento.

Teodosio Vesteiro Torres, en su Galería de gallegos ilustres, recoge los merecimientos de Cayo para haber sido honrado en efigie durante la Asamblea celebrada en Tarragona el año 123, en compañía del berciano Cayo Valerio Arabino, de Marco Valerio Pio, vecino de Braga y de la sacerdotisa Lucrecia, que cubre la cuota femenina de entonces.

Da la sensación de que sea trata de una hábil operación política destinada a la cohesión de las siempre centrífugas tierras de Hispania. Publio Elio Adriano, más conocido por Adriano el sevillano, manda en Roma y en el citado año ordena que se reúnan en Tarraco los más ilustres de cada uno de los enclaves hispanos en claro gesto precursor de las Cortes generales.

Van a tratar asuntos que afectan a la mejor defensa del Imperio, pero ésa es la disculpa. Bien sabe el Imperio cómo defenderse. Lo que pretenden es no acrecentar el peligro externo con amenazas internas y para ello conviene adular a los territorios haciéndoles partícipes de las decisiones previamente tomadas para que crean en la democracia participativa. De hecho, seguimos en lo mismo.

El flamen Cayo Virio Frontón representa a Lucus Augusti y a su convento, y no lo hace nada mal a los ojos de Adriano, pues es uno de los honrados con una estatua. La pieza se ha perdido, aunque bien podría ser alguna de las cabezas, o de los cuerpos descabezados, que reúne el Museu Nacional Arqueològic de Tarragona. No se den prisa en intentar la localización de nuestro paisano, pues creo que solo está abierta al público una muestra de los fondos del MNAT mientras se reforma el edificio.

Por el contrario sí se localiza su pedestal, donde se le dedica el homenaje, y gracias a ello sabemos de Cayo Virio y de sus méritos.

Corresponde al número 4255 del Corpus Inscript; latín, de Hübner, y dice así:

Virio Frontoni Flam. P. H. C. Ex. S. LVCENS

EX-DECRETO CONCILII P. H. C

Los epigrafistas que la estudian destacan que Cayo pertenece a la gens de los lucenses, no al convento jurídico, lo cual le confiere mayor concreción a la hora de señalar su origen.

Amor Meilán, que escribe del ilustre paisano en varias ocasiones, hace alusión a la parroquia de Frontón, en Pantón, como posible enclave relacionado con el flamen lucense, pero nada más. También lo incluye en su relación de los Cien gallegos ilustres Modesto Grandío Parapar, pero sin añadir nada a lo sabido, como de hecho hacemos aquí, pues las fuentes informativas acaban entre los cascotes tarraconenses.

Añade Amor Meilán que podríamos relacionatlo con una lápida hallada en Santa Eulalia de Mariz (Guitiriz), donde aparece la palabra Frontonis (Hübner, número 2536), si se trata del mismo personaje.

Una aportación moderna al primer caballero ilustre de la ciudad _ primero conocido _, es que su personalidad ha sido adoptada por el vecino de Xinzo de Limia, Alberto Sánchez Vicente, para darle vida todos los años en la Festa do Esquecemento, que este año se celebra del 17 al 19 de agosto.

Quizás algún lucense lo hace también en este Arde Lucus.

De farra con el marqués de Villaverde

Jueves, 13 de Junio, 2019

Luis Cortiñas pone en contacto a María Dolores Pradera con el dúo Los Gemelos, que tocarán con ella toda la vida

A LO LARGO de su carrera como requinto de varias formaciones músico-vocales, Luis Cortiñas López (Lugo, 1931) ha vivido noches de aplausos y cientos de anécdotas, pero para la historia de la canción española, Cortiñas se gana su puesto con una sola frase, el día en que le presenta a María Dolores Pradera dos hermanos que tocan la guitarra, Julián y Santiago López Hernández, Los Gemelos, que continuarían con la cantante hasta la muerte del segundo de ellos en 1993.

Cortiñas ya había acompañado a María Dolores y siempre mantuvieron una buena relación. De hecho, cuando Pradera actúa en el Gustavo Freire de Lugo en diciembre de 2007, como remate de los fastos conmemorativos del séptimo aniversario de la declaración de la Muralla como Patrimonio de la Humanidad, ¡uf!, Cortiñas se mete entre bambalinas _ backstage, se dice hoy _, para darle un beso en recuerdo de los tiempos idos. Al verlo, ella exclama: “¡Mi requinto favorito!”

A Luis le bailan un poco las fechas, pero hoy, cuando transita felizmente por los 88 años de edad, relata vívidos todos y cada uno de los episodios de su dilatada biografía, desde Tino Prados, que le pone las manos en la guitarra, a José Luis Pécker, que bautiza uno de los tríos a los que pertenece como Los Águilas, ayudándoles también a difundir sus canciones a través de Radio Madrid.

Entre sus compañeros de formaciones se encuentran Pedro Álvarez, el primero; José Méndez Menéndez del Llano, con el que actúa en el Club Trinka de Berlín, o Manolo Sandar, de vuelta a Lugo, además de otros músicos y cantantes que integraron Los Brillantes, Los 3 Brillantes, Los 4 Brillantes, o Los Águilas, ya citados.

Todavía con cierto respeto a la discreción profesional que se les exige en su momento, recuerda aquellas tardes de los martes en Alazán y en Riscal, cuando Cristóbal Martínez Bordiú, marqués de Villaverde y yernísimo de Franco, cierra el local, o parte del mismo, para montar una jarana con amigos y compañía femenina “que suele acabar en pelotas”, teniendo al grupo de Luis como fondo musical. Si pimplaba mucho “cantábamos A Rianxeira con el marqués. También iba por allí Porrina de Badajoz”.

Como Luis dice que esas farras tienen lugar a unas horas tan católicas como las tres de la tarde, y dado que Marqués de Riscal y la calle Ayala se encuentran muy cerca, pienso si el marqués va o viene del privée cuando se lleva por delante con su coche al periodista Manolo Molares con su moto. Pinta posible, porque el accidente fue a las tres y cuarto.

Otro momento de ésos que dejan huella en la memoria de cualquier artista fue verse un Fin de Año rasgando cuerda ante Juan Domingo Perón, cuando el descamisado ya era vecino de los madriles. Si Paco León no incorpora ambas escenas a su Arde Madrid es porque no las conoce, pues pegan como dos pistolas a un vaquero.

En este trajín de tocar aquí o acullá, surge un día la posibilidad de animar la fiesta de puesta de largo, mayoría de edad o sarao cumpleañero de una jovencita que resulta ser la hija del mandamás de Discos Columbia. Como el fiestorro se celebra en la casa paterna, el hombre les escucha durante todo el guateque y al final, tras abonarles lo convenido, les pregunta: “¿Os gustaría grabar un disco?” “Más que comer caliente”. “Pues pasaros por Columbia y a ver qué hacemos”.

Lo que hacen son cuatro discos single a 45 r.p.m. como el que ilustra el cromo. Les ofrecen una cantidad a tanto alzado por los cuatro y se olvidan de porcentajes sobre la venta. Aceptan. Es dinero seguro.

Tiempo después Los Brillantes es un bar de Lugo de la calle Otero Pedrayo.

Rof, el sabio que surgió de Lugo

Miércoles, 12 de Junio, 2019

El padre de la medicina psicosomática, Juan Rof Carballo, cumpliría hoy 114 años

JUAN ROF CARBALLO (Lugo,1905) cumpliría hoy 114 años y aunque cualquier percha es buena para volver sobre su impresionante e inabarcable figura, nada mejor que imaginarlo delante de una gran tarta de 114 velitas antes de abrir su consulta en Ayala 13, como cada día, para curar los males de la aflicción a los madrileños y a las gentes llegadas para eso.

Durante cinco años mi destino mañanero es Ayala 5 y cuando la información no aprieta, busco tertulia al lado de Borobó, con despacho en la planta superior a la mía. Hablar con Borobó es refrescante en aquel Madrid tardofranquista, porque como dijo años después Perfecto Conde, “Borobó era el hombre que sabía de todo”, incluso cosas de uno mismo que tú ignorabas.

El entonces director de Chan se siente aquejado del complejo de Polícrates, como Rosalía, e incluso a él le dedica una obra de teatro, quizás para explicarlo; aunque quien mejor lo explica y define es Rof Carballo. Se trata del sufrimiento que el paciente experimenta en los momentos de máxima felicidad, convencido de que la vida se lo hará pagar con episodios de máxima tristeza.

“Habla con Rof Carballo, que está ahí, a unos metros y con consulta abierta”. Y Borobó contesta: “Pero si ya hablé y fue él el que me diagnosticó”.

Es curioso que Rof, otro gallego al que le encaja la definición de Perfecto, esté a cien metros del despacho de Borobó, Serrano mediante, y es curiosísimo que uno sea paciente del otro por un complejo que solo puede afectar a personas de exquisita sensibilidad. A Rosalía, a Borobó y pare usted de contar.

Rof recuerda que iba para veterinario, tal como desea su padre, si no se cruza en su camino con dos libros, mucho antes de conocer a los grandes autores que se citan entre sus maestros. Y seguimos con curiosidades, porque los dos libros que apartan al joven Rof de la veterinaria son escritos por sendos profesionales de esa rama y están presentes en la biblioteca lucense de su padre precisamente por eso.

Uno es Nociones de Patología Quirúrgica Veterinaria, de Jesús Alcolea Fernández, que él cita como Patología General; y el otro, la Enciclopedia de cultura general que el precoz intelectual, brillante veterinario y prematuro cadáver Juan Téllez y López, alias Jutelo y alias Guer Bañas y Dicas, escribe para los Bailly-Bailliere. No me digan que su segundo seudónimo no es de los que imprimen carácter. En este último caso, Téllez es amigo de Rof Codina y todo sirve para componer la grandísima paradoja.

¿Qué hay en esos libros que ejerce una influencia tan decisiva en el futuro del sabio, haciéndolo sabio desde el momento de leerlos? Fundamentalmente dos cosas: un sistema y unos conocimientos. La piedra filosofal para comprender desde ese instante que todo en esta vida está interrelacionado como la red de una araña _ cuerpo y alma; salud y enfermedad; euforia y tristeza _, y si el sistema se analiza con los conocimientos correctos, es posible comprenderlo todo.

A partir de ese momento, el médico, el intelectual, el gurú, acumula saberes, pero el sistema _ la semántica _ como dice Ramiro Álvarez Fernández _, ya lo tiene y con él es capaz de enfrentarse a los miles de misterios con los que lidia a través de libros, prólogos, artículos y conferencias sin que su afán por llegar al núcleo de la verdad parezca tener límites, no solo en la medicina psicosomática, sino en el arte, la sociedad, la literatura o cualquier otra manifestación humana.

De modo que desde este rincón de la urdimbre, feliz cumpleaños, maestro.

El Don Quijote de Duarría inventa un fusil

Martes, 11 de Junio, 2019

José Castedo Teijeiro sorprende a Mariano de Cavia en el III Centenario de la novela

EL TERCER CENTENARIO de El Quijote se celebra con ediciones, nuevas calles, monedas, conferencias y demás alboroto. Es decir, por todo lo alto. Estamos en 1905 y la ola cervantina arrasa en los medios casi tanto como hoy podría hacerlo el noviazgo de una chica OT y un guapo de GH. Una barbaridad.

De repente surge de Lugo una noticia que deja a España con la mirada estrábica. Un catedrático del instituto lucense afirma que Cervantes no es el autor de El Quijote, pues tal honor le cabe a un tal Castedo Teijeiro, coetáneo del manco de Lepanto. El catedrático se llama José Castedo Teijeiro (Castro de Rei, 1845?), porque es descendiente del susodicho.

Como la cosa no tiene mayor fundamento, salvo un montón de anotaciones, la prensa lo aprovecha para hacer chistes variados y así hay quien escribe que el autor “ni es Cervantes, ni fue bautizado en Alcalá, ni Dios que lo fundó”. Eso sí, es de Lugo.

“¡Parece mentira que haya escritores tan sinvergüenzas como Cervantes que se atrevan a firmar obras que no son suyas!” Y remata: “Ahora sólo falta que salga por ahí otro diciendo que don Quijote de la Mancha no era manchego sino maragato. ¡Y que Dulcinea del Toboso era una tiple del género chico natural de Calahorra!”

La repercusión del disparate es tal que hasta Mariano de Cavia lo comenta en su artículo del 20 de mayo en El Imparcial. Lo califica con sorna de “extraña averiguación” y añade que Castedo también se dice pariente de María Pita. Don Mariano disfruta con la arriesgada teoría del hijo de doña Josefa Teijeiro Peña, fallecida en 1892 en la casa familiar de Os Castedos, en Santiago de Duarría, donde ahora pasa los últimos años de su vida y donde muere el 21 de abril de 1910.

Don José fue un hombre inquieto y peculiar _ ya lo habrán adivinado _, al que una serie de adversidades conduce irremediablemente a perder la cabeza. Así lo observa con tino su paisano y tocayo José Trapero Pardo en Lugo: Cien años de vida local. Los dos comparten tierra en Duarría, aunque al camposanto llegan casi con un siglo de diferencia.

Uno de los mayores contratiempos que sufre Castedo tiene que ver con la invención de un fusil que trata de oficializar con pasión, pues en su criterio aventaja a los Mauser en todo.

No restemos méritos al fusil Castedo por conocer ya el episodio cervantino, pues esto sucede en 1897 y hasta ese momento el hombre no ha dado muestras de patinaje. ¿O si?

Los planos y memorias del fusil de repetición Castedo son presentados el 15 de enero de ese año al Gobierno civil de Lugo para solicitar privilegio de invención. Su autor se identifica como profesor de la Escuela de Artes y Oficios y auxiliar del Instituto, pues aunque intenta acceder a cátedras en Tapia, Huelva y Mahón, no lo consigue.

Dice que es más rápido que el Mauser, que dispara 6 tiros en dos tiempos, y no 5 en tres como su competidor, y que no pierde la puntería. Además es más ligero, esbelto, sencillo, “y teniendo más atrás el centro de gravedad, es de más fija puntería”. Se carga con los mismos cartuchos que los del Mauser.

Se escuchan buenas palabras, pero el Castedo nunca llega a buen puerto. Quizás en ello radica el origen del posterior desvarío.

Castedo había sido auxiliar de Matemáticas, Aritmética y Álgebra, Física y Química y Agricultura. Publica una Síntesis de las teorías eléctricas y magnéticas (El Adelanto, 31-V-1902) y pertenece al Tiro Nacional. También abunda en pleitos con el ayuntamiento de Castro.

El Don Quijote de Duarría inventa un fusil

Martes, 11 de Junio, 2019

José Castedo Teijeiro sorprende a Mariano de Cavia en el III Centenario de la novela

EL TERCER CENTENARIO de El Quijote se celebra con ediciones, nuevas calles, monedas, conferencias y demás alboroto. Es decir, por todo lo alto. Estamos en 1905 y la ola cervantina arrasa en los medios casi tanto como hoy podría hacerlo el noviazgo de una chica OT y un guapo de GH. Una barbaridad.

De repente surge de Lugo una noticia que deja a España con la mirada estrábica. Un catedrático del instituto lucense afirma que Cervantes no es el autor de El Quijote, pues tal honor le cabe a un tal Castedo Teijeiro, coetáneo del manco de Lepanto. El catedrático se llama José Castedo Teijeiro (Castro de Rei, 1845?), porque es descendiente del susodicho.

Como la cosa no tiene mayor fundamento, salvo un montón de anotaciones, la prensa lo aprovecha para hacer chistes variados y así hay quien escribe que el autor “ni es Cervantes, ni fue bautizado en Alcalá, ni Dios que lo fundó”. Eso sí, es de Lugo.

“¡Parece mentira que haya escritores tan sinvergüenzas como Cervantes que se atrevan a firmar obras que no son suyas!” Y remata: “Ahora sólo falta que salga por ahí otro diciendo que don Quijote de la Mancha no era manchego sino maragato. ¡Y que Dulcinea del Toboso era una tiple del género chico natural de Calahorra!”

La repercusión del disparate es tal que hasta Mariano de Cavia lo comenta en su artículo del 20 de mayo en El Imparcial. Lo califica con sorna de “extraña averiguación” y añade que Castedo también se dice pariente de María Pita. Don Mariano disfruta con la arriesgada teoría del hijo de doña Josefa Teijeiro Peña, fallecida en 1892 en la casa familiar de Os Castedos, en Santiago de Duarría, donde ahora pasa los últimos años de su vida y donde muere el 21 de abril de 1910.

Don José fue un hombre inquieto y peculiar _ ya lo habrán adivinado _, al que una serie de adversidades conduce irremediablemente a perder la cabeza. Así lo observa con tino su paisano y tocayo José Trapero Pardo en Lugo: Cien años de vida local. Los dos comparten tierra en Duarría, aunque al camposanto llegan casi con un siglo de diferencia.

Uno de los mayores contratiempos que sufre Castedo tiene que ver con la invención de un fusil que trata de oficializar con pasión, pues en su criterio aventaja a los Mauser en todo.

No restemos méritos al fusil Castedo por conocer ya el episodio cervantino, pues esto sucede en 1897 y hasta ese momento el hombre no ha dado muestras de patinaje. ¿O si?

Los planos y memorias del fusil de repetición Castedo son presentados el 15 de enero de ese año al Gobierno civil de Lugo para solicitar privilegio de invención. Su autor se identifica como profesor de la Escuela de Artes y Oficios y auxiliar del Instituto, pues aunque intenta acceder a cátedras en Tapia, Huelva y Mahón, no lo consigue.

Dice que es más rápido que el Mauser, que dispara 6 tiros en dos tiempos, y no 5 en tres como su competidor, y que no pierde la puntería. Además es más ligero, esbelto, sencillo, “y teniendo más atrás el centro de gravedad, es de más fija puntería”. Se carga con los mismos cartuchos que los del Mauser.

Se escuchan buenas palabras, pero el Castedo nunca llega a buen puerto. Quizás en ello radica el origen del posterior desvarío.

Castedo había sido auxiliar de Matemáticas, Aritmética y Álgebra, Física y Química y Agricultura. Publica una Síntesis de las teorías eléctricas y magnéticas (El Adelanto, 31-V-1902) y pertenece al Tiro Nacional. También abunda en pleitos con el ayuntamiento de Castro.