Archivo de Mayo, 2019

Galleguito, barbero de día y torero de tarde

Miércoles, 22 de Mayo, 2019

El 21 de mayo de 1925 paga una foto publicitaria en la que se presenta como gran maestro de los ruedos

ANHELAR EL TRIUNFO en los cosos sin tener condiciones es una de las paradojas más españolas. Dicen que el hambre da más cornadas que los toros y seguramente la necesidad justifica vocaciones tan arriesgadas como la Víctor Rodríguez Saa (Lugo, 1902). Su historia es una novela tragicómica arrancada de cuajo a la vida.

Víctor nace el 19 de noviembre de 1902 en el 12 de la Ruanova. En 1916 huye del hogar paterno sin oficio ni beneficio, aunque con una marcada vocación hacia los instrumentos cortantes, pues si la barbería le da de comer, su afán es la tauromaquia.

El ramalazo torero le entra dos años antes, allá por 1914, cuando varios entusiastas locales montan la estrafalaria plaza hexagonal entre las calles de San Pedro, Norias y Progreso. Está acodada al colegio Balmes y protegida por el cuartel de exploradores que allí se levanta.

El albero no es para crear afición, pero en el caso de Víctor, le bastan aquellas tablas tan mal argumentadas y un toro que se escapa hacia los cantones, para que el rapaz se tire al ruedo, Celita mediante.

Logra enlazar dos muletazos, o cosa que se le parezca, y la aventura termina con la aparición de la fuerza pública que lo retira antes de que lo cosan a cornadas. Años después le preguntan: “¿Qué dijo Celita?” Y él, que sueña lo mismo despierto que dormido, responde: “Me felicitó por mi valentía y me dijo que fuera a probar fortuna a una becerrada de Sarria, donde por cierto quedé bastante bien.”

_ ¿Dónde vistió por primera vez el traje de luces?

_ En Madrid, el año 20, alternando con los espadas Antonio Sánchez y Emilio Méndez. Toreé en Aranjuez, Alcalá y otras muchas plazas, alternando de banderillero con Chiquito de la Audiencia, Rubiche, Pastoret, y otros toreros de renombre.

Farruco recoge los primeros años de Víctor en Madrid, una vez que llega de Lugo a trabajar como barbero en la calle de la Abada, entre Callao y la plaza del Carmen. Él ya se las da de torero ante los parroquianos y a veces se dice Galleguín, que es apodo de cajón y muy triunfador en el teatro, pues Vicente González lo lleva y arrasa.

Sale a ocho revolcones por becerrada, pero Farruco, que lo quiere, cierra sus crónicas con un Ei, Carballeirai! Viva a terra!

_ ¿Le conocen en Lugo como torero?

_ Naturalmente que sí. Allí se tocó el pasodoble Galleguito con música y letra de Garlache, que es el autor de los dedicados a Cañero y Marcial Lalanda. Los señores Pimentel, Ron Pardo, Ameijide y otros ilustres lucenses me animaban constantemente.

_ ¿Por qué se retiró?

_ Toreando en Colmenar Viejo (15-VIII-1924) recibí una tremenda cornada en la cabeza. Tuvieron que practicarme la trepanación.

En realidad hay varias versiones de su retirada, porque tal día como hoy (21-V-1925) Víctor paga de su bolsillo la publicación de una foto en periódicos de Madrid y Galicia donde se atribuye éxitos que no existen.

Todo le vale para actuar de subalterno en una corrida (20-VI-1926) de la que tan solo hemos conseguido rescatar dos tristes menciones.

En una se dice: “Al sobresaliente Galleguito, le impulsaron las “bromas” del público, a ser zarandeado por un toro… ¡y vamos, no hay derecho a lanzar a un infeliz a tales extremos por divertirse”.

Y en la otra: “El sobresaliente Galleguito demostró tanta ignorancia que dio lugar a que el presidente, accediendo a la petición del público, le ordenara se retirase del redondel”.

De pianista a priscilianista, pasando por periodista

Martes, 21 de Mayo, 2019

Hoy se cumple el primer aniversario de la muerte de Ramón Chao Rego

LA VOZ A través del teléfono lanza una pregunta directa, de ésas que los periodistas hacemos para descolocar al entrevistado, aunque en este caso el entrevistado soy yo. “¿Sigues siendo priscilianista?” Me eché a reír, no solo por la gracia que me hace la cuestión, sino también para ganar tiempo antes de darle la respuesta más adecuada.

El dueño de la voz es Ramón Chao Rego (Vilalba, 1935), cuyo primer aniversario se cumple hoy, y la llamada tiene lugar hace cosa de diez años; desde luego, después del congreso sobre Prisciliano que concelebra en Santiago.

Dice haber visto El ladrón de reliquias y coincide con la tesis, siempre desde su inequívoco ateísmo, no vaya a ser que alguien le tome por lo que no es. “Creo que nunca fui priscilianista, pero si me propones un plan divertido, estoy dispuesto a tonsurarme”, es la contestación más brillante que se me ocurre.

Entonces me habla de sus intenciones con Victorino Pérez Prieto y otros ilustres. No sé si quiere montar una logia, un convivium o una iglesia entera, porque con Chao nunca se sabe. Su padre lo quiere ver de insigne pianista y a él le da por defenestrarlo. Sin embargo, su hijo monta Mano Negra y él se lo tatúa en la piel para recorrer América como un músico más.

“Llama a Alberto S. Santos, el alcalde portugués de Penafiel, que está ganado para la causa y ya escribió O segredo de Compostela, como tú”.

Ignoro si lo hizo, pero lo del piano trae cola, como corresponde. Había sido una insistencia de su padre cuando regresa de Cuba. La mayoría vuelve con ansias de hacer una casa de indiano, pero el señor Chao quiso hacer un virtuoso del piano. Prueba a todos sus hijos hasta que da con Ramón. Su alegría es grande al escuchar de la organista doña Sagrario que sí, que ese niño vale para la música.

A los diez años, Ramoncito aprueba de golpe tres de solfeo y de piano en el Conservatorio de Madrid. Entre el notario Méndez Curiel, el director del Femenino, Valentí Nieto, y la nueva profesora, Lolita Pérez, organizan un existoso debut.

Luego vendrá París y Nadia Boulanger, antes de que Chao se descubra como escritor y periodista para confeccionar su venganza contra el padre en la novela El lago de Como, donde él se transforma en Mario Luis y al progenitor lo rebautiza como Celso Veiga, un tipo que decide hacer de su hijo menor un genial pianista.

Tampoco era necesario. Las opiniones de Ramón sobre su padre son tan descarnadas al natural que el personaje de la novela apenas las agrava: “Mi padre era un bruto. Y sucio, y… Mi padre maltrataba a mi madre, a mis hermanos… Yo sentía repugnancia del cariño que a mí me tenía. Así que me negué a que gozara conmigo: a los 24 años le llamé desde París y le dije: “Me caso y abandono la música”. Era un cabrón. Le dijo a Fraga que yo era un comunista, para que me retirasen la beca y que eso me obligase a volver a España. Pero Fraga no hizo nada”.

Cuando escribe Después de Franco, España, un periodista dice que Ramón Chao no existe, que es la firma de un colectivo de periodistas de izquierda. Es la peor crítica que se puede hacer de un libro. Negarle la existencia al autor.

Por aquellas fechas viaja con Tierno a la espera de que Franco se muera. Ahora hace un año que se muere él y ya no puedo preguntarle si el Ramón Chao apuñalado por unos piratas en el Caribe el año 1865 era familiar suyo.

Un lucense que nos enseña a ser europeos

Lunes, 20 de Mayo, 2019

Iago Eireos, un símbolo de las ventajas de la Unión en el Día de Europa

IAGO EIREOS TIENE un rostro descomunal. Mejor dicho, lo tuvo, porque una fotografía suya, de unos tres por tres metros de tamaño, lució durante 2013 en la fachada de la Comisión Europea, en plena Castellana madrileña, algo que muy pocos humanos _ salvo alguna estrella de cine, los políticos más egocentristas y los modelos de El Corte Inglés _, pueden presumir de algo así.

Hoy se celebra en Estrasburgo la tercera y última jornada del Día de Europa de 2019, un buen momento para recordar que Iago Eireos (Lugo, 1980), fue elegido en aquel momento como uno de los 19 españoles que mejor supieron entender qué significa ser europeo y cómo beneficiarse de ello.

Desde ese año, la lista de proyectos, exposiciones y actividades donde encontramos a Eireos no para de crecer día tras día, lo que confirma la fuerte vocación de aquel chaval de la Ramón Falcón que hacía encuestas para conseguir algo de pasta, y que paseaba por las calles de Lugo en busca de tipos humanos que luego le sirvieran de modelo.

Lo suyo es recoger la realidad y transformarla en arte con los medios más oportunos en cada caso, mediante lápices, brochas, pinceles… o una furgoneta.

Sí, porque en 2012 Iago se compra una de segunda mano y la transforma en una cámara estenopeica, esto es, en un espacio oscuro, sin lente, dotado de un pequeño agujero que se abre al exterior y con un soporte para colocar material fotosensible que atrape lo que por allí entre.

Dicho de otra forma, todo lo contrario a la cámara del móvil que hace fotos macanudas aunque su usuario no sepa ni qué es un diafragma, ni qué un estenopo.

Sus compañeros de FP decoran el vehículo, lo rotulan y lo adaptan a las necesidades de su aventurero amigo. A todo ello lo bautiza como On The Road Project, con Kerouac en la cabeza, como no podía ser de otra forma después de elegir como emblema el título de su novela. ¿Objetivo? Recorrer en tres meses la mayor parte posible del sur de Europa en busca de las huellas que deja el hombre cuando se desplaza. Las gasolineras que necesita para sus motores, los negocios que se instalan al borde de las carreteras, los moteles, los vehículos… en tres palabras, on the road.

Esta iniciativa lo hace muy popular en las instancias europeas. Lo de construir una cámara estenopeica tan grande como una furgoneta llama la atención de un mundo donde parece que ya nada puede sorprender. Él resucita una técnica que había sido atropellada por la velocidad tecnológica y logra con ella otra mirada sobre el espacio común europeo.

Tanto les gustó que fue el representante gallego en el citado proyecto de los 19 rostros. Además, en el 2005 ya había sido estudiante Erasmus en Iasí (Rumanía). Ahí descubre otro campo para expresarse, la pintura mural. De sus resultados disfrutan hoy los usuarios de la Biblioteca Municipal de Torrelodones con una bella imagen que a nadie deja indiferente. ¿Por qué no hay más cosas de Iago Eireos en Lugo? Se ignora. Quizá le afecte la maldición de ser el lucense más europeo y el europeo menos lucense. Lo que se dice profeta en tierra propia.

Florencia, el Alentejo, el premio Art&Environment Montalbano en Empoli, las Torres Hejduk en la Ciudad de la Cultura, Zaragoza, Cuenca, Vigo o Carballo, son hitos en el caminar de Iago.

El músico más popular es el más odiado

Lunes, 20 de Mayo, 2019

Hace cuatro siglos no hay romería sin los cantares gallegos de Felipe Pardiñas

HEMOS ENCONTRADO SEIS referencias a Felipe Pardiñas (Lugo, 1600?), aunque todas miran por el rabillo del ojo a las anteriores, de modo que poco podremos añadir al respecto, salvo ser los séptimos en repetir lo que de él se conoce.

Tratándose de un músico se pueden imaginar los autores que hablan de él. Apunten, Rafael Mitjana y Gordón, Vesteiro Torres, Indalecio Varela Lenzano, José María Varela Silvari, Manuel Molina Mera, alias Amor Meilán; y Juan Bautista Varela de Vega.

Todos ellos coinciden en la originalidad de Pardiñas, un hombre que se sitúa en el Lugo inicial del siglo XVII, sin mayores precisiones sobre su fecha de nacimiento. Molina Mera lo redescubre precisamente el 17 de mayo de 1922 en El Eco de Santiago, como si se tratase de un homenaje anticipado al futuro Día das Letras Galegas.

Porque Pardiñas tiene mucho que ver con las letras y con Galicia, aunque más con las notas musicales. Citando al “erudito musicógrafo” Mitjana, Amor Meilán nos lo presenta efectivamente como muy original y “absolutamente aislado en el mundo del Arte”. La intriga crece en torno al personaje.

Dicen estos autores que tan apegado se sentía a Lugo, que jamás quiso apartarse de la ciudad, aunque no señalan dónde sitúa Pardiñas el límite de sus fronteras. Yo tengo un amigo que en cuanto traspasa alguna puerta de la muralla hacia el exterior, se siente en el extranjero. De modo que Pardiñas tampoco nos parece una excepción.

Le cae bien al Día das Letras Galegas porque fue autor de muchos cantos populares, religiosos y profanos, a los que sus estudiosos llaman “cantares gallegos” en un nuevo ejercicio de anticipación histórica.

Dicen que los fiesteros y feriantes los entonan con entusiasmo en sus reuniones campestres y en “la gran peregrinación compostelana”. En ese sentido, destacan de su obra la posibilidad de conocer hoy el alma poética del pueblo gallego en el siglo XVII a través de un hombre tan apegado a la tierra como las penas de Oirán que son imposibles de trasladar.

Pese a tanta música y tantas alegrías, el lado negativo de Felipe Pardiñas lo pinta como un hombre más raro que un perro verde, huraño hasta la mala educación, retraído hasta la grosería, solitario hasta el insulto.

¿Qué hacer entonces? Se le quiere por lo mucho que nos hace cantar bellas melodías de la tierra, o se le rechaza y que lo aguante la señora Pardiñas, madre o esposa, si es que las tiene.

El pueblo, que es muy sabio, hace ambas cosas. Canta, baila y reza al son que Pardiñas manda, pero eso no impide que al verlo por la calle todos tuerzan la mirada y dejen al viejo descortés y desabrido que se ensimisme en sus hermosos arpegios y sencillos cantares que luego repetirán ellos cuando estén en las iglesias, las campas y las carballeiras.

Como la perfección extraña vez se logra, este sistema priva a Lugo de que Pardiñas deje discípulos, ya que no hay joven capaz de aguantar a un tipejo tan desagradable, al que además _ y esto es aportación propia _, seguramente no le interesa para nada ni crear escuela, ni transmitir sus conocimientos, ni tener que compartir algunas horas del día con estudiantes de música, torpes y zangolotinos.

Felipe muere en la miseria; loco, olvidado y bajo techo ajeno.

El gran quebranto museístico de Monforte

Lunes, 20 de Mayo, 2019

Fue hace 90 años y hoy se celebra el Día Internacional de los Museos

HOY SE CELEBRA el Día Internacional de los Museos y para mejor contribuir a su festejo se nos antoja el nombre de un puñado de lucenses cuya vida ha estado vinculada a alguno de los lucenses, privados o públicos, dentro o fuera de la Rede Museística Provincial. Son muchos y muy entusiastas.

Finalmente elegimos al erudito Antonio Méndez Casal (Monforte de Lemos, 1883), porque de esa forma recuperamos la tan controvertida venta del cuadro de la Adoración de los Reyes o Altar de Monforte, de Van der Goes, cuya salida de la ciudad del Cabe cumple en estas fechas los 90 años, si contamos desde el primer día en que se conoce tal posibilidad.

El episodio está considerado como uno de los mayores errores en gestión de arte de la historia española y una de las pérdidas museísticas más graves al margen de catástrofes y eventualidades.

Al crítico e historiador de arte Antonio Méndez Casal se le atribuye el honor de haber determinado que la Adoración era realmente un Van der Goes, aunque antes hubo otras opiniones en ese sentido, como por ejemplo la de Murguía.

En 1909, Antonio Santonja, superior de las Escuelas Pías que han recibido en usufructo el Colegio del Cardenal donde se encuentra el cuadro, expone al patrono de la institución, Jacobo Fitz James Stuart Falcó, duque de Alba, la falta de fondos para acometer unas reparaciones necesarias y la posibilidad de que la venta de la obra logre ese dinero.

El duque acepta y se inician las gestiones. Lafora, un anticuario español ofrece por él 300.000 pesetas. Es la primera cifra. El inglés Walter Amstrong certifica que se trata de un Van der Goes muy notable. Dice disponer de un presupuesto de 10.000 libras y reconoce que el cuadro vale mucho más, así que se retira.

Sulley, otro inglés, y el profesor de la Universidad de Gante, George Hulin, suben la apuesta. Unos franceses llegan a las 40.000 libras, pero el asunto alcanza las fibras sensibles de los lectores y comienza una campaña que tratará de impedir la venta y/o la salida del cuadro de España.

Todo el mundo opina sobre el asunto. La Pardo Bazán, Amador Montenegro Saavedra, Sorolla, Romanones, Azorín… Se abre una recaudación, pública pero apenas se obtienen 70.000 ptas.

Se pactan las condiciones en que ha de venderse con el ayuntamiento de Monforte, y hasta los ministros de Instrucción Pública, Faustino Rodríguez de San Pedro, y su sucesor, Julio Burell, tienen a bien ordenar al gobernador civil de Lugo que impida la salida del cuadro mediante el imperio de la ley.

El proceso se dilata y entramos en 1910 con la polémica encendida, pero he aquí que los escolapios mantienen los contactos y conocen el interés de los alemanes por quedarse la pieza.

El intermediario, Walter Gretor, ofrece 1.180.000 francos por el cuadro, pues su deseo es que se una a otro del mismo autor existente en la actual Gemäldegalerie de los Museos Nacionales de Berlín. Vamos, que les iba bien para una sala.

En complicidad con el Gobierno se intenta esconder la venta del público conocimiento y tan es así que en mayo de ese año se finge una falsa subasta pública en la sede madrileña de los Escolapios a la que solo acuden los alemanes. Se calcula que hoy el valor del cuadro supera los 50 millones de euros. Feliz día de los museos.

Fraguas va hacia Forges, ¿o Forges hacia Fraguas?

Lunes, 20 de Mayo, 2019

El novelista de A Fonsagrada reconduce su literatura hacia el humor que hace famoso a su hijo

A ANTONIO FRAGUAS Saavedra (A Fonsagrada, 1905) nunca se le dedicará el Día das Letras Galegas porque no escribe en gallego, y por si fuera poca su desgracia, por ser falangista y muy del régimen; gana el premio General Mola y ocupa cargo político en el Ministerio de Información y Turismo. Solo le salvaría que le llamaban O Nenón, pero no sé si será suficiente para que no le quiten el premio en efigie, como le acaba de ocurrir en A Coruña a Fraga, su superior jerárquico, Manoliño do cu grande en los recreos de clase.

Escribir en España es llorar, pero estamos a punto de alcanzar perfeccionamientos en el suplicio que harían las delicias de los chinos, que son los que por tradición, justificada o no, mejor torturan.

El hecho de escribir, ya de por sí maligno, puede cobrar especial depravación si lo que se escribe no utiliza el género inclusivo; o sea, no dice estorninos y estorninas cada vez que se detalla una bandada de pajarillos. Si no se expresa en una determinada lengua que varía con las épocas, o si no se lamen las posaderas oportunas, que también varían a cada poco. En ese sentido, Fraguas cojea de las cuatro patas.

Como comprenderá el lector avispado, glosar hoy la figura de Fraguas Saavedra no supone en absoluto ningún desprecio hacia su primo. Sería imposible, porque como dijo Cordeiro, Fraguas fue el profesor “máis bo e agararimoso que tivo a miña xeración”, incluyendo en el juicio a Glicerio Barreiro.

Sería imposible porque Antón Fraguas exhala bondad y conocimientos a partes iguales, y basta un leve contacto con su persona _ cual fue mi caso _, para convencerse de todo ello. No digamos si además se lee lo que lega, que es lo suyo.

Si se glosa hoy a Fraguas Saavedra es por un sano espíritu crítico y porque además de nueve hijos _ uno tan famoso como Forges _, produjo cosas muy interesantes que no deberían estar penalizadas en la Galicia actual, como lo están. Además, Forges va a tener museo en su pueblo natal.

Una fue la biografía de un Ford T que comienza siendo un utilitario y acaba de bomba de riego en un campo, me parece recordar.

A Fraguas Saavedra le preocuparon mucho las materias primas, las piedras y los montes. En ese sentido se parece a su primo. Por ejemplo, en un artículo describe, uno por uno, los montes de la provincia de Lugo y es curioso que en él, siendo de A Fonsagrada, reconozca un especial afecto por O Picato, el monte que “trae la noche a Lugo”. Luego añade: “El silbido de su cumbre es la sirena que acota las horas de bonanza”.

Otra curiosidad de Fraguas es que en 1960 gana el Premio Ondas, pero de novela, con lo cual son tres los lucenses con ese galardón. Manolo Sicart y Joaquín Tagar en radio, y Fraguas en novela.

Borobó lo saluda en su estreno literario. En un primer artículo admite no saber más que es pariente de Antón, y en otro posterior disecciona la novela con la que gana ese Ondas, “Don Generoso y los fantasmas”.

Poco a poco su obra se desliza hacia un humor que hoy llamaríamos forgiano. No sabríamos decir qué influencia es mayor, si la suya sobre Forges, o la de su hijo en él. Sus dos últimos títulos, “El hombre que no tenía Curriculum-vitae” y “Cielo santo ¡Los tecnócratas!”, dejan la duda en todo lo alto.

A primeira meiga na vida de Antón Fraguas

Viernes, 17 de Mayo, 2019

Lembranza de cinco personaxes na néboa do escritor do Día das Letras Galegas

TRAVIESO QUELLE NON escribiu os catro vellos mariñeiros de Viveiro, pero se cadra para vingarse, asegura ter escoitado a Antón Fraguas nunha conferencia que Pérez Lugín plaxia a Casa da Troya do Pascual López, da Pardo Bazán. Foi a primeira novela da condesa e titulouna por enteiro Pascual López, autobiografía de un estudiante de medicina. Ela sempre dixo con gran fachenda que o Pascual tivera moito éxito, o cal é verdade.

Non penso que Fraguas dixese exactamente que era un plaxio, porque para cometer ese delito cómpre algo máis que un argumento semellante, un mesmo escenario e catro ou cinco coincidencias nos nomes dos personaxes.

O que pasa é que o terreo estaba regado e Pérez Lugín xa pasara pola acusación de José Signo e por toda aquela outra zarapallada de Camilo Bargiela que tenta deixar en mal lugar ao troyano de maior sona de Compostela.

Amais, a Travieso Quelle víñalle ben para o artigo afirmar que Fraguas dixera o do plaxio, unha licencia admitida entre todos os columnistas do mundo. E aínda por riba, quen sabe se realmente o dixo ou non?

Fraguas (Cotobade, 1905) nace na parroquia de Santiago de Loureiro, como o fixera Lorenzo García Vidal sesenta años antes. Lorenzo vive unha extraordinaria historia de amor con Florentina García que se lembra nunha lápida de Loureiro. Logo, xa de adulto, foi nomeado gobernador civil de Lugo en clara demostración de que nesta vida primeiro se pode ser heroe dunha traxedia romántica e máis adiante Poncio lucense, sen solución de continuidade.

Antón Fraguas tivo que coñecer a historia de Lorenzo e Florentina á forza, porque os de Loureiro se zoscan cacholadas coa pedra cada vez que pisan o adro da súa igrexa. O que non sei é se escribe algunha vez dela, aínda que estou por apostar que si. Polo plaxio, non; polos amores de Lorenzo, si.

Unha vez, cando xa era lucense de adopción, preguntáronlle a Fraguas pola xente ilustre de Cotobade, como dicindo, “…amais de vostede, quen?” e o catedrático falou de Salustiano Portela Pazos, o crego que escribe O cañón de pau; do xornalista Manuel Fraga, que non era Iribarne, senón de Lis; e do teólogo da liberación, Julio Lois Fernández.

Non pasan dous días e José Luis Bugallal xa lle está afear que non cite a un terceiro crego nado no concello, o moi soado párroco de Cesullas, Saturnino Cuiñas Lois, promotor naquelas terras do Berro Seco, e como di Bugallal, mallador de cunchas, recolledor de vellas músicas, tanxedor de zanfona, tocador de gaita e mil cousas máis, case sempre sinfónicas.

Non, non o citou, e iso que Fraguas estaba máis preto de Cuiñas Lois que dos outros tres, porque no tocante a etnografía, o de Cesullas era toda unha referencia.

Claro que postos a atopar esquecementos na lista dos cotobadenses realizada por Fraguas, habería que subliñar ao propio García Vidal, o home do Fernández Villaverde en Galicia, e á muller que influíu decisivamente na súa vocación etnográfica e da que posiblemente ninguén se lembre nestes días de exaltación do egrexio profesor, por heterodoxa. Falamos da meiga Rosiña de Mirón, que atendía consultas nesa aldea de Ponte Caldelas, a tan só dez quilómetros de Loureiro. Foi a primeira bruxa que tivo de diante. Logo di que en Santiago coñece a catro máis, pero que xa viaxaban en automóbil, non en vasoira.

Dos hombres de Becerreá en defensa de Vigo

Jueves, 16 de Mayo, 2019

Casal y López Roca apoyan una historia de amor inventada por Cunqueiro

ERA UNA MADRUGADA del mayo primaveral de 1963, cuando cuesta menos trasnochar y las tertulias se prolongan. Ésta de Vigo la componen el conservero Ribas, que ejerce de anfitrión, el notario Alberto Casal (Becerreá, 1921) y Álvaro Cunqueiro, todavía redactor del Faro.

La conversación se centra en criticar que tanto la prensa como los ciudadanos vigueses están empeñados en llamar Avenida de la Circunvalación a la nueva y espléndida vía que se abre entre la plaza de la División Azul y la de América.

Los tres coinciden en que Circunvalación no es un nombre de recibo, porque por las mismas razones, todas las calles deberían llamarse Calle de Circulación. A Cunqueiro se le ocurre entonces que sería mucho más bonito ponerle Avenida de Beatriz. ¿Por qué? Porque es el nombre de una hija de Ribas en edad de enamorar. Sin más.

Propuesta aceptada. Casal _ a quien Cunqueiro le ha dedicado su Merlín e familia _, se pone en contacto con un paisano suyo de Becerreá, llamado Jesús López Roca, y acuerdan que tome uno de los bidones de pintura que Francisco Ribas Maristany, abuelo de la susodicha, tiene en su almacén de efectos navales, y provisto de brocha, plasme en varios puntos bien visibles de la travesía todavía en ciernes, letreros que digan “Avenida de Beatriz”.

El efecto es el esperado. Los vigueses se preguntan quién es la tal Beatriz y ellos mismos se dan la respuesta: “Su novio se la dedica en prueba de su amor”. Cunqueiro apoya la jugada desde las páginas del periódico y en poco tiempo, Beatriz sustituye a Circunvalación en el hablar ciudadano, aunque la avenida sigue sin nombre oficial y los más puristas se refieren a ella como Beatriz, “nombre heterodoxo”. ¡Caray!

Pasan tres años y la alcaldía quiere inauguraciones para la fiesta de la Reconquista de 1966. La prensa especula desde el primer momento sobre varias opciones. Unos apoyan que se llame “Alcalde Tomás Pérez Lorente”, que es quien la abre. Otros, más eclesiásticos, proponen “Juan XXIII”, por ser el creador de la diócesis Tui-Vigo y de la concatedral.

Segundo Mariño, a la sazón redactor de El Pueblo Gallego, se decanta por Beatriz sin saber su origen. Es una preciosa historia de amor, dice a sus lectores.

El 13 de septiembre de 1963, Mariño recibe una carta firmada por M.P.F. en la que le informa: “Beatriz murió hace algún tiempo, y su enamorado continuó paseando, ahora solitario y melancólico, por aquellos lugares. Fue entonces cuando sus amigos _ que no él, según tenemos entendido _, compadecidos de su dolor y en homenaje a la amada desaparecida, trazaron (como pudieron) sobre las piedras de la nueva Avenida, el nombre de Beatriz. Tampoco nosotros diremos que se pueda llamar a esto una gamberrada”.

¿Quién está detrás de la firma M.P.F.? Cunqueiro, Ribas, Casal y Roca son los únicos que podrían hablar con conocimiento de causa sobre Beatriz, pero ¿matarían a la muchacha sabiendo que es la hija de uno de ellos? No se les supone tan mal gusto, aunque sea una muerte en la ficción. Apostamos a que M.P.F. se lo inventa para defender a Beatriz frente a posibles circunvalaciones. No obstante el alcalde Fontán tiene otros planes, pues piensa sembrarla de árboles y bautizarla Avenida das Camelias, como así hace Portanet y así permanece hoy.

Láncara, o el manual del bon vivant

Miércoles, 15 de Mayo, 2019

Hace 83 años muere en Madrid el heredero de los pazos de Mariñán y Láncara, rebautizado con este último

LO HIZO LUCENSE la voz popular, porque a Gerardo Bermúdez de Castro (A Coruña, 1848) nadie lo conoce así, sino como Gerardo Láncara, siendo éste el del pazo que hereda de sus muchas sangres linajudas; de los citados o de los Suárez de Deza, los Curruchao y los Yebra Pimentel.

Tanta estirpe y tantos pazos _ el de Mariñán también lo hereda _, le sirven para no hacer nada en esta vida, aunque eso sí, demuestra que en ese oficio es un maestro de manual.

Paseos a mediodía llevando de la correa dos gran daneses de bella estampa, aperitivos flanqueado por dos coristas, lisonjas al resto de jovencitas, reservas en los mejores comedores, abono en el palco del Príncipe Alfonso, barrera fija en los toros, buen veguero a los labios, decano de los socios del Casino… ése es el currículo de don Gerardo, y tanto se aplica en el fiel cumplimiento de no dar golpe, que ni siquiera pierde el tiempo en hacer un par de hijos a los que dejar todo lo que él hereda. Por eso las posesiones que le sobreviven deben pasar a otras manos.

Si a eso añadimos que fue longevo, podremos deducir que el dolce far niente alarga la existencia, pero tampoco es que llegue a centenario, ni siquiera alcanza los noventa. El caso es que de tanto verlo en actitudes contemplativas, lúdicas y placenteras, a la gente le da por ponerle años, especialmente al final de sus días, claro, hasta que de verdad desaparece del paisaje madrileño tal día como hoy de hace 83 años, precisamente cuando era mayo del 36 y faltaban semanas para afrontar graves trabajos. Don Gerardo sabe verlo con su natural perspicacia y escapar a tiempo.

Él ya había luchado de joven durante la tercera guerra carlista y pese a ello se había ganado la consideración de ser el de la boina roja que más amigos tenía entre los alfonsinos. No estamos aquí para malgastar la vida arreándonos trompazos, con lo bien que se dormita en sillones adamascados.

Cuentan en el Casino de Madrid, su segundo hogar, que en cierta ocasión un socio le pregunta de qué animal es el hueso que le sirve de empuñadura a su bastón, y él responde:

_ Es de un animal antediluviano.

El bromista indaga.

_ Y dime, Gerardo, ¿lo has matado tú?

Hay un chascarrillo sobre la teoría del madrileñismo que le viene al pelo: “Hemos oído decir que para ser perfecto madrileño ”es necesario haber nacido en Lugo”. Nosotros, como no hemos nacido a orillas del Miño, no somos madrileños. Pero madrileñistas… ¡más que la Cibeles!”

Para no haber hecho nada hay mucho Gerardo del que hablar, pero quizás sea un cronista anónimo de El Eco de Santiago quien mejor lo haya descrito en menos palabras. A ellas nos abandonamos:

“Es Gerardo Láncara un hombre que siempre ha hecho lo que su cuerpo le ha pedido, sin hacer caso para nada del reloj, de ningún precepto higiénico ni de ninguna costumbre social. ¿Tiene sueño a las cinco? Pues se acuesta. ¿Tiene apetito a las tres? Pues come. ¿Tiene calor en enero? Pues va sin chaleco ¿Tiene frío en agosto? Pues saca la capa. ¿Llega al comedor del Círculo cuando sus amigos están en los postres? Pues empieza a comer por el helado y acaba por la sopa.”

Muguruza, de Cuelgamuros a Centulle

Martes, 14 de Mayo, 2019

Todos los 13 de mayo se festejaba a N.S. de Fátima en las inmediaciones de Chantada

CUANDO EMILIO FRANCISCO Eyré Lamas (Chantada, 1910) llega a Lisboa como profesor del Instituto Español solo tiene 32 años, pero ya ha recorrido mundo desde que se ordena sacerdote y sabe que lo suyo en la Tierra es obrar, en el sentido más literal de la palabra. Construir, dejar huella como hacen los pontífices; esto es, los constructores de puentes.

Lo que todavía no sabe es cómo materializar esas ansias, ni qué forma ha de tener su empresa. Sin embargo, cuando pasea, desde la ventanilla del coche, leyendo el Breviario, o sumido en sus meditaciones, no hace otra cosa sino pedir luz para concretar su misión.

Es de suponer que un día visita Fátima y contempla las obras del santuario en plena actividad, pues se han iniciado en 1928 y no se terminarán hasta treinta años después.

Es como una revelación. A partir de ese instante entregará todos sus esfuerzos a levantar el primer santuario de Fátima fuera de Portugal. Lo hará en Chantada, su lugar de nacimiento, cuatrocientos kilómetros más al norte y casi en línea con el meridiano que se trace entre ambas.

Imaginamos que Eyré conoce el castro, el entorno de Centulle y algunos de los restos encontrados, aunque luego aparecerían muchos más. Lo decide de inmediato y de inmediato contacta con Pedro Muguruza, exayudante del gallego Antonio Palacios y a quien ya se le conoce como “el arquitecto de cabecera” de Franco. Es por el Valle de los Caídos, entre otras obras.

Por eso, cuando hace poco, de broma o en serio, se sugiere que Centulle podría ser el destino final de la momia de Franco, no deja de ser una pescadilla que se muerde la cola, pues la traerían desde el Muguruza del Valle, al Muguruza de Centulle, cumpliéndose así aquel título de “arquitecto de cabecera”.

Pero volvamos a Eyré. En escasos meses, entre 1944 y 1945, el sacerdote vive una constante y fantástica zozobra que arranca del diseño de una basílica/fortaleza al estilo templario, con una clara impronta celta, con cruces gaélicas que evocan a Irlanda y a Éire, con trazas mozárabes, góticas y neoclásicas.

Luego viene el descubrimiento de restos que refuerzan su idea de predestinación sagrada de aquel enclave y culmina, en tiempo récord, con la bendición del templo y la creación de la imagen de la virgen hace exactamente 74 años, el 13 de mayo de 1945, la festividad portuguesa que se mantendrá en Centulle durante años.

El imaginero es el escultor y fundidor Eduardo Capa Sacristán, que en ese momento apenas tiene 26 años. Realiza una pieza del agrado de Eyré que es entronizada días antes en presencia del nuncio Cicognani, dentro del salón de actos de la Real Academia de Bellas Artes, caso único de ese ritual católico, como corresponde a un proyecto también fuera de lo común.

La presencia de ministros y embajadores, de Luis y Mercedes de Baviera y Borbón, o de Federico García Sanchiz, certifica las influencias que maneja Eiré en las alturas del régimen, aunque él se siente, y es, más monárquico que franquista.

Todo hace suponer que Centulle va a convertirse en un nuevo lugar de peregrinación en sintonía con Santiago. Pero su historia posterior es de olvido y decadencia. No así Eiré, que sigue en los papeles, relacionado ahora con una posible colaboración con la CIA. Jopé.