Archivo de Mayo, 2019

El canon español del violín es el lucense Juan Díez

Jueves, 30 de Mayo, 2019

Durante más de medio siglo es la máxima autoridad en este instrumento

LO PRIMERO QUE ve al nacer Juan Díez (Lugo, 1807) es un violín. Y probablemente lo último, también. No hay pruebas determinantes que lo demuestren, pero sí toda una vida que lo sugiere.

Su llegada a este mundo ocurre el 7 de enero en la modesta casa de su padre, Miguel Díez, que aquel atribulado año del séptimo Tratado de Fontainebleau ya es violín primero de la catedral de Lugo. Cualquier rapaz medianamente despejado se da cuenta al instante de que el violín es el instrumento que trae las lentejas a casa, y dado que todos los demás parecen más fatigosos y revientaespinazos que éste, optas por hacerte violinista desde muy tierna edad, así se cuele algún que otro gorgojo en la legumbre.

El proceso de Juan nos lo cuenta de forma sucinta en tres etapas su futuro compañero de cátedra en el Conservatorio, Baltasar Saldoni i Remendo: Solfeo a los ocho, violín a los diez y virtuoso a los catorce. Se ve que el muchacho frota las cuerdas con aprovechamiento, ya que pronto está a la altura de su padre, al que sustituye con 19 años, cuando muere.

Pero la catedral lucense, con ser acústica, no satisface a Juan y dos años después se va a hacer los madriles, donde aterriza con buen pie, pues tras ser cuatro años primer violín en los teatros del Príncipe y otros coliseos, oposita a la plaza de ese instrumento en la Real Capilla y la gana con la gorra. Así también la de maestro de violín y viola en el Conservatorio de música y declamación de María Cristina, en donde se mantendrá más de treinta años.

Su marido, Fernando VII, alias el Deseado y el Felón a partes iguales, no era ajeno al instrumento. Su padre, Carlos IV, le daba al arco y él mismo tuvo un encuentro con su sonido a través del músico checo Jan Ladislav Dusík, que le puso las manos en el instrumento por encargo de Napoleón, para que el chaval no se aburriese mientras lo tenía retenido en el palacio de Valençay, a donde llega hace ahora 211 años. De haber entonces PlayStation, Dusík se quedaba sin trabajo.

De modo que Juan Díez pasa a la historia como profesor del rey y como compositor de la reina y regente María Cristina, a quien dedica unas variaciones sobre Donizetti y otras piezas. Fernando VII, que es tan botarate como inculto, está más preocupado en cómo fertilizar a sus sucesivas esposas _ tarea harto compleja debido al descomunal tamaño de su miembro _, que en restregar el arco sobre el violín, aunque alguna similitud había entre lo uno y lo otro.

Al rey le afecta una macrosomía genital que a punto está de dejarlo sin descendencia siendo fértil como era. Un almohadón agujereado le permite concebir con María Cristina una hija y una reina, aunque esto último sea a costa de la ley sálica y de un conflicto sucesorio de mil pares de violones.

Otro de los alumnos famosos de Juan Díez es el compositor Tomás Bretón cuando llega a Madrid para ocuparse del violín en el Teatro de Variedades, es decir, en el mismo aterrizaje capitalino que el lucense, aunque con cuarenta años de diferencia entre uno y otro.

Se ve que Bretón cojea de violín y se matricula en el Conservatorio para que Díez le dé lustre, a tono con el trabajo recién conseguido. Una epidemia de cólera cierra los teatros madrileños y la cosa se le pone chunga, pero eso se escapa de nuestra historia.

Bretón le cuenta a Eduardo Lustonó, y éste a nosotros, que estando frente a Díez y al resto de profesores de admisión, su violín no tiene mejor ocurrencia a mitad de la ejecución que romperse en su cuerda prima, o sea, la de mi, pero él prosigue la pieza como si tal cosa, lo que provoca general pasmo y asombro.

El asombro es nuestro, pues si le sobra una cuerda, ¿para qué demonios quiere que le dé clase Juan Díez, si es él quien debería impartirla? En fin, que hay mucho alboroto en ello.

Nuestro hombre muere en 1880 sin soltar el violín de la mano. En 2020 hará de ésto 140 años.

Losada, un músico gañán y oscuro

Miércoles, 29 de Mayo, 2019

Hace 105 años, Ofelia Nieto estrena Maruxa y en los aires resuenan notas que Vives no oye en O Saviñao

HAYA SIDO MUCHA o poca la influencia del músico José López Losada (O Saviñao, 1873) en los aires gallegos de la ópera Maruxa firmada por Amadeo Vives, el resultado es que su nombre sale a relucir cuando se habla de esta señora tan bucólica y pastoril que basta mentarla para que toda la evocación se vaya directamente a un prado verde, a una pastora y a unas ovejas.

Y es cierto. Cómo se divirtieron los redactores de El Duende madrileño los días anteriores al estreno. A sus lectores dicen, como mágica predicción de arúspice sobre tripas de cordero, que Maruxa no podrá estrenarse a tiempo hasta que los cuarenta borregos del reparto no estén afinados por grupos; unos en re bemol, otros en fa sostenido, “y los recentales, en do de pecho”. Lógico.

La pieza tuvo problemas de identificación desde el principio. Vives la llama égloga. Después, comedia lírica y más tarde, zarzuela porque se estrena en el teatro de la ídem. ¡Pero si se ve desde lejos que es una ópera, hombres de Dios! Sí, con aires gallegos y con ovinos desparramados, pero ópera a la postre. Como Aida, que le puedes meter camellos, y no por ello deja de ser ópera.

Mas hete aquí que los chistosos aciertan y hay retrasos para el choteo generalizado. ¿Cuándo se estrenará? ¿Será por Pascua, será por la Trinidad?

Nada, nada. Las ovejas ya están entonadas. Será el viernes 22, a eso de las diez. Compren las entradas, que se nos agotan, dice el 18 de mayo de 1914. Pero se ve que a una merina se le atraganta un interludio y la empresa debe anunciar una nueva fecha. Señores, Maruxa llega el martes 26 de mayo. El que no esté conforme, que pase por taquilla, que se le devolverá el dinero. Las otras entradas valen.

Buenas, venimos a ver Maruxa. Pues no va a poder ser, se ha retrasado al jueves 28 de mayo. ¿Otra vez la merina? No, ahora han sido dos churras. ¡Vaya por Dios! ¿Y sirven las entradas? ¿No han de valer? ¡Como siempre!

Y así fue como Maruxa se estrena tal día como hoy de hace 105 años, cuando el pobre Losada ya no está en este mundo, ni puede imaginar cuán grande es la tardanza en dilatar de la señorita Ofelia Nieto, que es primeriza y a la sazón se viste con ropas campesinas de la tierra paterna para dar a luz la magna obra.

El jueves 28, El País publica en portada dos fotografías dos, que se dice pronto. En una, Ofelia Nieto, en solitario, retoza en una palleira. En la otra están Vives, Luis Pascual Frutos, el decorador, algunos actores y Ofelia. ¿A que no saben qué tiene la cantante sobre su regazo en ambas fotos? ¡Exacto! ¡Un corderito! Bueno, o dos, porque no podemos precisar si el animal es el mismo o lo han cambiado para no estresarle y evitar retrasos.

Los periódicos del 29 ya traen las primeras críticas y eso que la función se prolonga hasta las dos de madrugada. Éxito grandioso. ¿Y la tiple Ofelia? De fábula. Como si no fuese su bautismo de aires. ¿Y los pastores? Muy bien, entonan endechas de amor. ¿Y los corderillos? En su línea, todos balan el libreto sin salirse ni una coma. Fueron muy apaludidos (sic). ¿Y Losada? Ni mención.

Losada _ a punto estábamos de acabar su semblanza sin hablar de él _, fue un hombre oscuro y poco dado a manifestarse en cuerpo presente. Fue acaso un espíritu que salido de la aldea de Morgade sobrevuela el cabezón de Vives derramando sobre él las notas oportunas que Maruxa y los borreguitos necesitan. Nada más.

Losada es el personaje ideal para que lo pinte Emilio Carrere, como así hace en efecto. “Era un gran músico español; pero era un perfecto orangután. Era un inadaptable selvático que mordía, coceaba y gañía”.

Se ve que Carrere conoce su parte más arisca, el anverso gañán de Losada; pero un músico de sublimaciones líricas como las suyas no puede comer alubias a la bretona de manera repugnante y echarse a la bartola entre eructos. Losada tiene que esconder un envés dulce y elevado; aunque claro, se deja ver tan poco…

Cuando Lugo era la capital española de martillo

Martes, 28 de Mayo, 2019

Hace 54 años, José Luis Martínez consigue el primero de sus cinco récords nacionales en Barcelona

NACIÓ EN LEÓN porque su padre se había desplazado por cuestiones de trabajo al aeródromo de La Virgen del Camino, a unos kilómetros de la capital leonesa. Y con él, su mujer, claro. Pero José Luis Martínez Vázquez (León, 1943) se encarga de explicar siempre que él es de Lugo, remarcando “por lo cuatro costados”, como lo son sus hermanos Antonio y Manuel Martínez, conocidos empresarios del sector del automóvil.

Sus padres, de Portomarín y él de Lugo, porque aquí vivían y aquí se hizo lanzador de martillo bajo la dirección de Gregorio Pérez Rivera, aunque en unas condiciones calamitosas, algo así como hacerse químico sin tubos de ensayo, como también lo recordaban Nonín Núñez Torrón y sus otros compañeros, que hicieron de Lugo una potente referencia atlética.

Por ejemplo, lanzaban sin jaula y los desperfectos en los martillos los arreglaba su padre porque disponía de medios para hacerlo. El gimnasio se llamaba así porque todos estaban de acuerdo en darle ese nombre, no por otra cosa, y a modo de resumen, el propio Martínez presumía de haber conocido el agua caliente de mayor, en algún hotel.

Pero Pérez Rivera había logrado un club, el San Fernando F.J., sin nada que envidiar a los grandes. Lo demostraron en el Vallehermoso de Madrid ganando el III Campeonato Nacional de clubs de Segunda Categoría (1962). Además de los citados, los puntales del club eran Eduardo Fernández, Manuel Salas, José Luis Gargallo, Luis Rodríguez Santos, Jesús Navarro, Manuel Parga Núñez, José Arias Lamela, Abelardo Santiago, José Díaz Espada y Carlos Vázquez. Dejaron al Guecho a más de treinta puntos.

Tres años más tarde, cuando ya está becado en la Residencia Blume, Martínez inicia la sucesión de marcas que lo aúpan a lo más alto de la historia del atletismo español y que constituyen sus cinco recórds de lanzamiento de martillo.

El primero lo consigue hace hoy 54 años, el 27 de mayo de 1965, en las pistas de la Ciudad Universitaria de Barcelona. Segundo y tercero serán otros dos gallegos, el coruñés José Otero y el lucense Fernando García Cabanas. O dicho de otra forma más localista: en los diez primeros hay cuatro lucenses, pues el séptimo es José M. Almudí (53,22) y el décimo, Nonín Torrón (50,14). Increíble.

Los 58,64 m de Lorenzo Cassi ceden ante los 58,89 del lucense, pero va a ser la marca de martillo más breve de la historia, ya que apenas ocho días más tarde, José Otero, que tenía el segundo mejor registro cuando Martínez era cuarto, logra distanciarse 59,87 del peso y le arrebata el trono.

En las estadísticas oficiales consultadas aparece como el récord de martillo más efímero el conseguido por José Luis Lasplazas en 1920, que lo retuvo un mes y 22 días. Creemos que es un error y que en su lugar debe aparecer este otro plazo de ocho días, sensiblemente menor.

Lo sucedido en Barcelona parecía un espejismo porque al mes siguiente, Otero aprovecha una competición en Bourges (Francia) para elevarlo todavía más, hasta los 60,46 metros. No obstante, durante ese año acaba segundo con un registro de 59,66.

Sin embargo en 1966 va a confirmarse la tendencia anunciada en Barcelona y por cuatro veces el atleta lucense mejora la marca nacional llevándola 4.50 metros más allá, hasta los 62,10. Esto supone que Martínez es el martillista de después de la guerra que acumula una mayor mejora en sus récords nacionales y uno de los que más distancian una marca de otra, casi dos metros.

Una de las claves de los últimos cuatro récords radica en su transformación física, ya que desde 1967 Martínez, entrenado por José Luis Torres, sube diez kilos de peso. Eso le vale también para ser olímpico en México 1968, como otro lucense, Ángel Villar Varela, Chilares.

El hombre que convirtió El Quijote en un diccionario

Lunes, 27 de Mayo, 2019

Cuarenta años del atentado del Grapo contra la cafetería California 47, nueve muertos y 59 heridos

LOS ONCE CAYÓN Fernández, hijos de Pedro Cayón Oliva y de Vicenta Fernández Martínez, nacen alternativamente en Santiago o Mondoñedo. La madre de Pedro, abuela de todos ellos, está casada con otro hombre que no es su padre, lo que da lugar a pleitos testamentarios entre él y Teresa Oliva Borrero.

El abogado Pedro Cayón es concejal, teniente de alcalde, alcalde provisional y finalmente, alcalde de Santiago, hasta que fija su residencia en la famosa casa de San Lázaro en Mondoñedo, el referente familiar de los Cayón.

Entre los once se encuentra Pilar, a la que Luis Pimentel conoce en Santiago y con la que se casa en San Lázaro; Arturo, también médico y esposo de María Díaz Portas Núñez; Otilia, casada con el empresario de Viveiro, Luís Amat Donapetry, y Luís (Santiago, 1905), objeto de nuestra atención. Los demás son Carlos, Patricio, Guadalupe, Alfonso, Matilde, Mercedes y María de la Paz.

Luis crece en Mondoñedo y se hace poeta, escritor, periodista, antólogo y cineasta a lo largo de su dilatada y accidentada vida. Superada la adolescencia mindoniense, marcha a la República Argentina durante la guerra para regresar cuando ésta acaba. En 1941 se afinca definitivamente en Madrid.

Allí contacta con su medio paisano Victoriano López García y juntos viven esos años de renovada efervescencia cinematográfica.

Como por la capital también anda Dionisio Gamallo Fierros, Luis y Victoriano quedan reflejados en la nómina de madrigallegos destacados que el de Ribadeo recopila.

La huella de Luis se sigue en las páginas de Ya, Informaciones y Pueblo, o en Radiocinema y Cine Experimental, cuando frecuenta la tertulia del café La Elipa, que se cita como clave en la historia del cine español. Allí comparte charlas con Miguel Ángel García Basabé, Aniceto Fernández Armayor, y dicen que algún día, Cunqueiro. José López Clemente, otro asiduo a la tertulia, define a Luis Cayón como un “adorador de Chaplin y un entusiasta de la revista Les Cahiers du Cinema”. Dice que dirige la película La costa de la muerte, y que publica la Antología del Pensamiento Cinematográfico.

No es exactamente así, pero casi. El libro (1947) está considerado como la primera aportación teórica de un gallego al séptimo arte, pero la película es un documental sobre A Costa da Morte en colaboración con Pío Ballesteros dirigido por el realizador de televisión Eladio Royán Marugán en 1945.

Su libro de mayor éxito es el Diccionario de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1962), o sea, la obra de Cervantes desgajada por materias con destino a los jóvenes. También pública adaptaciones de La isla del tesoro, de Stevenson; Primer amor, de Turguenev, y Las mil y una noches, así como el Diccionario del novelista (1983). Con la novela La dama del castillo es finalista del XXII Ateneo de Valladolid (1975).

Escribe el guión para un corto que iba a titularse Celos, dirigido por Francisco Ortiz (Solanja Films), pero la censura lo impide por considerar que “No interesa”. Como actor participa en un pequeño papel con Valeriano Andrés y Guillermo Marín en Consultaré a Míster Brown, de Pío Ballesteros, la primera película en la que Cela es arreglista de diálogos.

Se dice que Cayón va a dirigir en 1949 la película Nido de Hampa con Lolita Moreno, Valeriano Andrés y Rufino Inglés, pero en otras fuentes _ Ritmo (1-IX- 1949), se refieren a ella como Niño de hampa. Ninguna de las dos sale adelante.

Cuando ya ha cumplido los 70, en mayo de 1979, Luis Cayón se convierte en uno de los 59 heridos en el atentado del GRAPO contra la cafetería California 47, alcanzado por la onda expansiva del artefacto que le ocasiona una herida estrellal en la región fronto parietal derecha. A su lado nueve personas pierden la vida. A él le quedan por vivir otros veinte años, hasta alcanzar los 91 de edad.

Prieto Rouco, entre Franco y el anticaciquismo

Lunes, 27 de Mayo, 2019

La A. de Viudas de Vilalba cumple hoy 19 años en la casa de la Cantora de la Terra Chá

DESDE EL 26 de mayo de 1990 existe la Asociación de Viudas de Vilalba que lleva el nombre de Carmiña Prieto Rouco (Vilalba, 1901), y desde hace 19 años ocupa la casa de la poeta en Porta de Cima 17, que es lugar de Prietos y Roucos a partes iguales, tanto que se tiende a pensar que todos, los cardenales, los catedráticos, las poetas, los obispos y los capellanes del Rey pertenecen al mismo tronco. Aunque algo de ello ha de haber, no nos atrevemos a desenmarañar tamaño árbol genealógico de Ramudos, Varelas y Poupariñas.

Quien hace por cubrir de árboles las cercanías fue el comerciante habanero Antonio Prieto, padre de la dulce Carmiña, pues cuando la moza frisa los diecisiete de edad, el hombre prolonga la calle Real _ ¿la Mayor?, o sea, Porta de Cima _, construyendo un nuevo tramo sin acudir a las arcas municipales, sino soltando la guita de su bolsillo, que es actitud perdida en nuestros días. Y luego, no contento con eso, la siembra de árboles hasta el lugar de Chamoselo. El cronista augura a este paraje el éxito entre paseantes.

Antonio Prieto está presente cuando la Unión Ciudadana Anticaciquil le hace entrega a su hija de una pluma de oro en el que seguramente fue el mayor homenaje que la escritora recibe en vida.

Ella lo agradece con un soneto donde desdobla el obsequio en un triple instrumento para su trabajo: pruma, bisturí, e cincel armado.

Pero no es ése el poema de Carmiña que más se recuerda, al menos hoy; sino el que dedica a Franco y le hace figurar en el grupo de las “mujeres poetas franquistas” con mayor o menor mérito, con mayor o menor motivo. En su momento culminante, dicen sus versos: “el apóstol Santiago encarna en Franco / (¡de nuevo encarna en hijo de Galicia!) / y lo envuelve en laureles de victoria / y lo colma de glorias en porfía”.

En esa misma dirección política encontramos la Canción de olas, de muerte y de historia, dedicada a los marinos del Baleares, que finaliza diciendo: “¡Morir cantando valiente / Puede hacerlo solamente / El que muere por España!” Lo fecha Carmiña en 1938, “II Año Triunfal de la Era Azul”. Para más datos, programa de mano.

O mucho nos equivocamos, o quienes reclaman para ella el Día das Letras Gallegas van a encontrar en estas breves palabritas de ambos poemas un mojón infranqueable, valga la redundancia, en contra de sus nobles propósitos.

Carmiña animó muchas veladas teatrales y literarias de Vilalba. En una de ellas estrena tres piezas teatrales de carácter jocoso _ Non me olvides, O lexionario y O maior triunfo _, y en otra del Centro de Artesanos, una tragedia titulada O embargo, que suena a Gabriel y Galán, a Colau y a Carmena.

Escribe varios himnos. Al Racing, uno. Otro, a la Terra Chá, publicado en su último libro, llamado O derradeiro, con toda razón; así como a los anticaciquiles y a otras sociedades gallegas y americanas. Unos se los pedían, otros salían de ella. De Carmiña se dijo que conectaba mejor con la fibra sensible de los gallegos emigrados en Cuba, Argentina y Uruguay, donde fue más conocida, que con los de Galicia. Puede ser cierto, en parte por su tendencia al enxebrismo nostálgico y por su vinculación con Cuba, pero lo cierto es que fue poeta en su tierra y aquí se recitan sus composiciones con devoción.

Pese a ello, Aquilino Iglesia Alvariño opina que es poco conocida en los ambientes literarios y Antón Villar Ponte lo corrobora, pues saluda la aparición de su poemario Horas de frebe, alegrándose de que su autora sea “una señorita coruñesa”.

El sanchismo no ilustrado

Lunes, 27 de Mayo, 2019

No hay más mareas que las que arden

De seguir así las cosas, a Pedro Sánchez lo van a nombrar emperatriz de Lavapiés, y sin oposición, que es lo que más le gusta. A él emperatriz, y a Abel Caballero, reina Lannister de los Siete Reinos, duquesa de los veinte concejales, pacovázquez sureño, esplendor y gloria de la ría de Vigo, mirlo blanco de los alcaldes españoles.

El resto, morralla, pan mojado en agua y un poco de queso con corteza dura. Hambre no van a pasar, pero banquetes, ni el primero.

Escribo cuando Carmena ha perdido la alcaldía, que no es moco de pavo, y Martínez-Almeida se dispone a darle la única alegría de la noche a Casado. Queda la Comunidad con un pie en cada estribo, pero la joya de la corona autonómica no está tan cerca. Con Madrid recuperado, el PP podría tener un pañuelo con el que enjugar sus lágrimas.

También parecía que Carballo iba a ser un triunfador de la noche, pero sin dejar de serlo, porque gana, el ascenso de Rubén Arroxo se lo trunca. Rubén ha jugado muy bien su imagen de sensatez y eficacia moderada y ahí están sus resultados.

Los populistas, mareas, ayuntamientos del cambio, o como leñe se llamen, han sido borrados del mapa, como no podía ser de otra forma, si es que las elecciones sirven para premiar o castigar gestiones. En los tres casos gallegos el espectáculo dado durante estos cuatro años es bochornoso, de modo que por ese lado, nada que celebrar, ni nada que lamentar.

Que tampoco lo festejen sus votantes, porque han demostrado tener el ojo clínico bastante alejado de la zona de visión.

Faltan datos por ver, pero da la impresión que Pablo Iglesias va a tener que dar más de una explicación. Como Colau.

Rivera sube en Europa, pero tampoco se le ve muy fuerte urna por urna. Y es que se lo ha llevado todo Pedro, el de la tesis. Estudia para esto.

Olano, el año que vivimos peligrosamente

Sábado, 25 de Mayo, 2019

El periodista de Vilalba, que hoy compliría los 89 años de vida, vivió un 1977 entre éxitos y querellas

HACE HOY 89 años nace en Vilalba un niño regordete que muy pronto va a demostrar su habilidad, tanto para el periodismo, como para llamar la atención de los periodistas, que si lo primero tiene sus dificultades, lo segundo no le anda a la zaga. Le imponen el nombre de Antonio y le corresponden los apellidos de Domínguez y Olano (Vilalba, 1930).

Como hace poco escribimos una amplia semblanza del personaje, trataremos de buscar lo que no se dijo entonces y en concreto lo hallamos a lo largo del año 1977. No se dijo, por ejemplo, que cuando la revista Time se rinde a Adolfo Suárez y le dedica la famosa portada Spain: Democracy wins (junio-1977), el único autor teatral en cartel en ese momento que se cita en el reportaje es él.

El periodista de Time se fija en su obra Madrid, pecado mortal, que con música de Juan Pardo se representa en el Muñoz Seca, para argumentar que la censura, aunque no ha desaparecido, ya no es tan estricta como antes, pues permite la obra de Olano, “un musical alegre que hace sátira de todo, incluso de la política de todos los partidos.”

Hoy Olano sería tan blanco e inocente como una canastilla de bebé, pero hay que tener en cuenta que en ese año todavía están vigentes las normativas del franquismo, no se ha aprobado la Constitución y los jueces navegan por donde les da el ánimo, siendo fieles ad pedem litterae, o siendo condescendientes, sabedores que todo eso del artículo 2 se va a acabar muy pronto.

Y no solo los jueces reculan. También Lola Flores, que era imitada en la obra de Olano por el travesti Paco España, se presenta el 15 de julio de ese año en el patio de butacas del Muñoz Seca, y armada con su tradicional vehemencia de raza y trapío, se alza en gritos, cual Kruschev en ONU, y despotrica contra la obra, contra el Olano que la parió y contra Paco España que la representa, lo que paraliza la función de cuajo. Luego se dirige a la taquilla donde aguarda el público para el siguiente pase, y los arenga a que se vayan ante semejante porquería. “Si me queréis, irse”. Finalmente también tiene un cara a cara con Paco, la “Lola Flores” del reparto.

La sentencia por una falta de orden público es muy benévola, pues le cascan 255 pelillas de ná, y el pago de las costas. A Olano le viene de perlas. Primero, lo citan en Time y luego Lola le arma una zapatiesta. Él pagaría encantado la multa si se le pone levantisca otra folklórica.

De hecho el villalbés siempre jugó con esa publicidad añadida del supuesto ataque al régimen, él, que era más de derechas que José María Pemán y Pemartín. Otro de sus estrenos, el de La maja desnuda de Cáceres, lo publicita así: “El franquismo la prohibió, Arias los procesó y con la Democracia triunfó”. Vivir para ver.

No era para tanto, claro. De hecho Olano produce y guioniza el programa de la SER El consejo del doctor, emitido a mayor gloria del marqués de Villaverde, Cristóbal Martínez Bordiú, o sea, el yerno de Franco. Además, siempre se mostró fraguista sin fisuras. Por eso y por otras muchas razones, corre un peligro muy relativo por muchas verdulerías con las que adorne sus títulos.

Como director de la revista Yes _ELF Editores, los de El Papus y Barrabás _, recibe una multa de 50.000 pesetas, y por una mención a Bárbara Rey en su Guía secreta de Madrid, es procesado y absuelto. Mucho antes de que Bárbara dé motivos para hablar de ella en las páginas de política, Olano cuenta de la actriz que cuando se pasea desnuda por una conocida boutique madrileña, “no sabes la que se organiza”.

Olano se defiende con argumentos elementales: ¡Pero si sale desnuda a todas horas en todas las revistas! Eso sí, en otra edición del libro borra lo de actriz y pone “mala starlette”.

Bujados, diseñador de la moda del futuro

Sábado, 25 de Mayo, 2019

En Viveiro se puede ver hasta el 3 de junio una exposición inédita sobre el dibujante

VIVEIRO ATESORA COMO pocos municipios una nómina de personajes destacados que sin tener una relación familiar con esas tierras, dan en nacer allí por distintas circunstancias. A partir de ese momento, la vinculación con la ciudad queda sellada y en algunos casos, con gran fuerza.

Uno de ellos es Manuel Bujados (Viveiro, 1889), cuya obra consigue maravillar ciento treinta años después de su nacimiento, como se comprueba en la exposición que permanece abierta en la Biblioteca Pública Municipal de Viveiro hasta el 3 de junio, con añadidos inéditos suyos.

Evaristo Correa Calderón nos acerca a Bujados a través de dos entrevistas que en realidad son una sola, pese a espaciarlas casi dos años, del 29-XII de 1918, que la publica por primera vez en Renovación Española, al 29-II _ raro día _ de 1920, en La Ilustración Española y Americana.

Correa, entusiasmado por el vanguardismo de su comprovinciano, se entrega a él para promocionarlo. Una vez solo publica las respuestas de Bujados, y la otra, también con las preguntas.

El de Viveiro le ofrece la clave para alcanzar el arte: “Se empieza a ser algo en arte (cuando en el fondo no llevamos escondida ninguna de esas cosas turbias que se llaman negocio, oficio y vanidad), por la razón un poco inconsciente del porque sí; ésa fue la razón porque empecé a jugar con los colores y con las líneas”.

Le descubre que sus primeros trabajos a los 19 años, cuando hacía “cartones que no soñaban con ser vistos jamás, llenos de símbolos laberínticos e ingenuos”, era “un poco absurdo”, pues provoca que caigan sobre ellos palabras que él considera nefastas, como literatura, exquisitez o perversión.

A la vista de la obra de Bujados bien se puede corregir su juicio y pensar que, en todo caso, estaba naciendo en él el tremendo artista que el adolescente llevaba dentro.

“¿Cuáles son sus normas estéticas?”, le pregunta también Correa, y la respuesta es intrincada, como las volutas de algunos de sus adornos: “El mayor tesoro de emoción en la mayor perfección técnica. Pero matando todo lo perfecto, si es necesario, para obtener todo lo emocionado”.

Pasa el tiempo y Bujados entra en la nómina de dibujantes conocidos y apreciados. Tanto es así que la revista del momento, Crónica, hace una encuesta entre los más famosos para conocer cómo creen ellos que vestirá la mujer del futuro, un tema frívolo que hoy, 85 años después, se presenta revelador y sugestivo.

“Como supongo que para entonces el mundo habrá recobrado el juicio _inicia Bujados su optimista respuesta _, el gusto por las cosas bellas estará de nuevo entre los hombres. Hemos quedado en que estamos en una nueva Edad Media, y profetizo el reinado de los monos azules para los dos sexos, si Dios no lo remedia. Pero… la imaginación es inconstante; después vendrán los rojos, los verdes, los amarantos…, y dentro de cien años el Gran Lujo de la luz será el dueño del mundo. Y nos vestiremos (me gustaría mucho verlo) de resplandores y de temperaturas, como arcángeles y como astros. (…) Para la vida corriente, ya será otro cantar. Se llevará el casco emisor, receptor y aislador (afortunadamente) del pensamiento. La antena comunicante de las palpitaciones cordiales. El cinturón eléctrico de la virtud, para defenderse de las invitaciones materialistas demasiado apremiantes. Y, por último, las pilas radiantes de calor y de luz, que envolverán el cuerpo en una atmósfera de temperatura y de asepsia perfectas. Total, un asco, porque no se morirá nadie y no servirá para nada el sentarse en ninguna puerta para ver pasar el cadáver de ningún enemigo putrefacto.”

El profesor del cine español es de Mondoñedo

Viernes, 24 de Mayo, 2019

Victoriano López García mereció un Goya como iniciador de la enseñanza cinematográfica

LA ENSEÑANZA DEL cine en España cumple 72 años de existencia y para contarla es imprescindible hablar de Victoriano López García (Mondoñedo, 1910), un hombre al que el mundo del cine rindió homenaje en la IV edición de los Premios Goya entregándole el de Honor, aunque pocos de los presentes supiesen en realidad de quién se trataba.

En el libro 110 lucenses singulares se hizo una breve semblanza del personaje a partir de un cálculo imposible. ¿Cuántos premiados por los Goya se lo deben a las enseñanzas de Victoriano y del Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, por él creado en 1947 y refundado en 1962 como Escuela de Cine?

Premiados o sin premiar, son todos los que han hecho posible la existencia del cine español gracias a que el ingeniero industrial mindoniense se vuelca desde el inicio de la posguerra en ese proyecto.

El presidente de honor de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas en 1989, Luis García Berlanga, es el encargado de entregar el Goya a su profesor en la primera promoción del Instituto (IIEC). En esa ocasión, cuando Andrés Pajares y Carmen Maura anuncian el premio de Victoriano y Berlanga se lo entrega, el mindoniense, hombre ya de 79 años, arranca su agradecimiento sin esperar a más preámbulos. Berlanga, hace un gesto inequívoco como para decir a los presentes: «Aquí tenían que venir mis palabras», pero acepta con una sonrisa la anticipación de su maestro. El hombre está acostumbrado a que nadie hable de él.

Victoriano había nacido en el número 16 de la calle Leiras Pulpeiro de Mondoñedo, una casa que desde 1999 recuerda esa efemérides con una placa gracias al homenaje que le rinde el ayuntamiento presidido por Elena Candia. Su interés por el cine arranca en el propio Mondoñedo, donde su abuelo es dueño del único cine que entonces existe, el Cine Galicia.

Tras recibir el Goya, Victoriano recuerda esos años en una entrevista con Óscar Losada (Radio Cadena): “O local estaba nun baixo do Casino e ía moito alí cos meus amigos, entre os que estaba Álvaro Cunqueiro”.

Después estudia el bachillerato entre Vigo y Bilbao, e ingeniería industrial en Madrid, de cuya escuela será catedrático, pero enseguida enfoca sus esfuerzos hacia la promoción del cine. En 1947, cuando dirige la Subcomisión Reguladora de Cine y con la ayuda de la peña de amigos que se reúne en el madrileño bar La Elipa, crea el mencionado Instituto, primer centro de enseñanza español de esas características, del que será su primer director y profesor de la asignatura Óptica y Cámaras.

También funda y dirige la revista Cine Experimental, que es el auténtico germen del citado instituto. Asimismo colaborará en Primer Plano, Radiocinema, Espectáculo y la Revista Internacional de Cine. Su labor pasa desapercibida para casi todo el mundo, pero no para un maestro de periodistas, lucense como él, que olfatea como nadie donde laboran los hombres que hacen patria. Nos referimos a Dionisio Gamallo Fierros, que en un artículo datado el año 1955 y titulado Presencia cultural de Galicia en Madrid, destaca que “en la nerviosa noche de plata del cinematógrafo nacional Galicia ocupa lugar muy distinguido. El puesto técnico más relevante, el de director del IIEC del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, lo desempeña con real eficacia desde la fundación del organismo el mindoniense Victoriano López García”. Que nadie reproche a Gamallo el silencio sobre su paisano.

Dalí, el Otero Besteiro del Mediterráneo

Jueves, 23 de Mayo, 2019

Hoy hace un cuarto de siglo desde que muere en Madrid el genial escultor de O Corgo

SE CUMPLEN HOY los 25 años de la muerte de Francisco Otero Besteiro, que baja a su tierra de O Corgo con tan solo 61 años de permanencia en ella. Su mal corazón no estaba a juego con su temperamento desbordante y le acaba fallando pronto, como temía desde mucho tiempo atrás.

Hablando de artistas precoces en el morir y de los lugares que los ven nacer, siempre se piensa que debería haberse hecho lo que no fue posible por su temprana marcha, pero es mentira. Cuando la muerte llega en sazón, ocurre lo mismo. Nunca se hace lo oportuno.

Lugo sería una ciudad fantástica plagada de animales que salieron de la portentosa imaginación de Ote (O Corgo, 1933). El rinoceronte que existe en la plaza del Humilladero de Villaviciosa de Odón luciría espléndido frente a los institutos, como símbolo de las barreras que solo la enseñanza consigue derribar.

La vaca tumbada que estuvo a las puertas del Museo de Arte Contemporáneo encajaría a las puertas del parque para recibir a los comedores de pulpo como anuncio de una siesta reparadora, y la mosca-tumba, en O Corgo, o en San Froilán, como punto y final del viaje.

Claro que sí. Y quien dice Otero, Eireos dice, o Pestana, o cualquiera que trabaje en el sano afán de embellecer, pero salvo Roma, que se puso por ciudad lo que le dio la gana, y Nueva York, que se pone de todo, el resto estamos muy limitados.

Otero era una fábrica de asombros y su capacidad para producir sorpresas no se limitó a su obra, sino que se desbordaba a lo largo de su vida como un fluido natural y espontáneo.

Lo mismo podía vender bosta de vaca enmarcada a cien mil pesetas la pieza, como recordaba Luis Pérez hace tiempo, que hacerse acompañar del mono Manolo, un perfecto caballero a la hora de levantar la tapa de inodoro, utilizarlo sin salpicar y lavarse luego las manos, que es el recuerdo más impresionante de la infancia de Paola Dominguín, según confesión propia. ¡El mono hacía más cosas que yo!

A los genios como Otero Besteiro se les tiene por locos mientras viven y se les añora cuando ya no están. Que no se quejen. Hubo épocas en las que se los mataba directamente y sin preguntar.

Su apego a los animales no es exclusivamente voluntario. De hecho siempre dijo que en sus inicios le llamaban la atención las cabezas de los niños, los curas con paraguas negros y las cajas de los ultramarinos.

Después vino aquel encargo de reproducir un caballo pura sangre que se acababa de morir, la vaca tumbada, el gato, el jabalí, el rinoceronte y las famosas cabras preñadas de Durán. Todo un zoo fantástico que se completa cuando a través de la Garbo lucense Araceli González Carballo/Kreisler, la ENA, Empresa Nacional de Artesanía, le encarga la imagen de un trofeo y él piensa en una ostra.

Sí, una ostra. ¿Qué artesano es capaz de mejorar la belleza de una perla sabiamente fabricada con su propio nácar? Sin discusión.

A partir de aquí su animalia se prolonga y expande en el jardín mallorquín de los March quienes le dan vía libre para colocar todo un zoológico pétreo de diez animales de gran tamaño, entre ellos la pulga más grande del mundo.

Y por si fuera poco le encargan el monumento a Félix Rodríguez de la Fuente en Poza de la Sal (Burgos) aunque resulta un proyecto fallido. Alguien dijo de él que era el Picasso del Noroeste. Le aviene mejor decir que Dalí es el Otero Besteiro del Mediterráneo.