Archivo de Noviembre, 2015

Los equidistantes

Martes, 17 de Noviembre, 2015

Estas víctimas no son iguales a sus asesinos

Ya están aquí. Ya han liberado sus cargas de profundidad elaboradas en la retorta del simplismo. Son los equidistantes, personajes durmientes que llegado el momento de tomar decisiones, asaltan twitter con la misión de invertir la carga de la prueba y demostrar que no hay buenos y malos, que todos somos equidistantes de la maldad.

No lo hacen siempre, claro. Solo cuando existe peligro de que las decisiones se tomen en contra de sus intereses. París, por ejemplo, supone un momento de extrema gravedad, porque al verse atacadas de forma tan miserable la cultura occidental, la democracia y la libertad, se va a producir una reacción a favor de esos valores, que no son precisamente los suyos.

Y para evitarlo, ahí están los equidistantes, siempre dispuestos a elaborar una teoría según la cual los ejecutados en el Bataclan habrían acumulado motivos para morir allí. Y como eso iba a resultar demasiado impopular, optan por responsabilizar a Hollande, al propio Occidente, al cristianismo, al capitalismo o a la Marsellesa.

Ante una sociedad bien armada ideológicamente sus falacias se diluirían al instante de ser lanzadas, pero en ésta de mimbres tan endebles siempre habrá terrenos abonados donde prenda la especie y florezcan admiradores del Daesh y de su justicia divina.

Un equidistante jamás habría desembarcado en Normandía, pero tampoco existiría hoy él, porque los herederos de Hitler no le permitirían dudar de las bondades del IV o del V Reich. Si existe, es precisamente porque hubo desembarco y porque miles de jóvenes se dejaron su sangre en sus playas. Mejor habría sido no tener que hacerlo, claro; pero entre el Eje y los Aliados no había equidistancia posible. Y aquí y ahora tampoco la hay, prueba de ello es la dirección que toman los refugiados. Si fuésemos iguales se quedarían allí.

Don Horacio, el héroe

Lunes, 16 de Noviembre, 2015

Globo de la época con su lastre

El lucense Horacio García Fernández y sus compañeros aeronautas, el francés Salmon y el brasileño Arther, dejan el globo donde lo habían posado y caminan detenidos hasta el ayuntamiento de Custrin. Allí son interrogados sobre su misión, que las autoridades alemanas suponen, sin lugar a dudas, de espionaje.

Mal que bien explican que no, que solo son aventureros en busca de un récord de vuelo libre. Horacio se muestra indignado por el trato que reciben y un policía le pone una pistola al pecho. Estamos en 1913 y no se admiten bravuconadas. Luego son encerrados en tres celdas sin posibilidad de comunicarse.

La policía revisa el globo de arriba abajo por si porta armas o algún objeto sospechoso, pero claro, no las encuentran. Más tarde vuelven a interrogarlos dos oficiales del Estado Mayor de Custrin y cuarenta y ocho horas después son puestos en libertad, no sin antes cumplimentar las mil y una exigencias requeridas.

Alzan vuelo a toda prisa y se sitúan entre los 1.000 y los 1.400 metros. Salvan una fuerte tormenta, sobrevuelan Bélgica y allí bajan. Lille, que estuvo pendiente de sus andanzas, organiza un gran recibimiento al saber que regresan sanos y salvos. Los miembros de la Emulation Aerostatique du Nords, el Aero Club y el ayuntamiento de la ciudad se vuelcan con los tres héroes. La noticia traspasa fronteras y se publica en toda la prensa europea

Maide Prósper, viuda del sobrino de Horacio, Francisco García Bobadilla, recuerda que en la familia siempre se comentó la reacción del padre del aeronauta, Francisco García Sobrino, cuando un amigo lee en un periódico francés la crónica del viaje:

_Ese monsieur García del que hablan es mi hijo.

En ocasiones posteriores recordaremos nuevas aventuras de don Horacio.

Nos atacan

Domingo, 15 de Noviembre, 2015

¿Dudas? ¿Qué dudas?

Ocho bajas en contra, por 128 muertos y 200 heridos a favor. Ésas son las cuentas iniciales que se hace Daesh. A ellas hay que añadir el caos, el terror, los gastos ocasionados, las críticas que los franceses dirigen a su gobierno, la desconfianza… todo suma como activo en el arqueo del terror, especialmente si se tiene enfrente a una sociedad trufada de elementos panolis, que dudan y especulan sobre si merecemos o no el castigo infringido, si se defiende una civilización digna de acrecentarse, o es el yihadismo la salvación de las almas y el paraíso de las huríes.

Similares o parecidos razonamientos se planteaban aquellos europeos, alemanes y foráneos, que vieron en el nazismo una solución de buen gobierno y que colaboraron a su expansión; y quienes la vieron en el gulag de Stalin, o en todos aquellos proyectos que eran sinónimo de sometimiento, fanatismo y tiranía.

Aquí no hay dudas que valgan y quien se tenga por persona, ya sea de Oriente o de Occidente, solo puede ver en los atentados la acción de una banda delincuente tan poderosa como peligrosa, a la que hay que hacer frente y reducir, porque su amenaza nos afecta a todos.

Parece algo obvio e innecesario de repetir, pero lo cierto es que esta misma columna de opinión, al igual que otras muchas plataformas desde las que se señala al Daesh como una organización indeseable y destructiva, comprobó en más de una ocasión el envío de comentarios que, o bien le restaban importancia, o se mostraban reticentes a plantarle cara.

No hacía falta llegar a la masacre de París para temer lo contrario. Y lo que es peor, hoy sabemos que lo volverán a intentar, más cerca o más lejos de nuestros hogares. ¿Seguiremos respondiendo con hermosos corazones troquelados y la frase Je suis Charlie en su centro? Tiemblan solo de pensarlo.

Fin de la pócima

Sábado, 14 de Noviembre, 2015

El momento de la caída

Ni el flotador de ERC amarrado alrededor de la barriga le vale a CDC para asomar la cabeza desde el proceloso y respirar. Necesita que lo jale Baños, que en asuntos de aguas suena competente y trompetero.

Si ERC lo auxilia por aquello de la república catalana, la CUP lo hará, una vez salvado el correspondiente paripé interno, para marcar el paso hacia una dictadura totalitaria de extrema izquierda con los adjetivos que ustedes gusten, porque los tiene todos.

La labor destructora de Mas habrá alcanzado así sus últimos objetivos y los catalanes del proceso, ésos que hasta hoy sostenían en sus manos enormes esteladas, se mirarán a las caras y dirán con lamentaciones orteguianas, no es eso, no es eso.

Bajo las alas cluecas de la gran gallina pujolista, Cataluña incuba, no uno, sino varios huevos de serpiente que en caso de eclosionar devorarán en poco tiempo todo aquello que hizo de esa tierra ser rica y respetada, como felizmente unió Gallego Tato en el título de uno de sus libros.

No hizo falta consumar ninguno de los dos procesos para ver que hoy Cataluña ya es bono basura y que el capital, lejos de correr alborozado a instalarse en tierra de prosperidad, huye de ella como de la peste, consciente de que uno de los dos huevos, sino los dos, van a helarle el dividendo.

Han sido muy fuertes y muy adictivos los productos empleados en la pócima. Creían que el resultado iba a ser un trasvase del 91 por ciento a favor de la Constitución en el mismo porcentaje a favor del proceso, pero no contaron con el peligro que por simpatía conllevan las explosiones controladas, ni con el hecho de tener a una sociedad civil convertida en mula tras la zanahoria. Es de suponer que a partir de hoy el desencanto vaya en aumento, porque los efectos de la pócima, salvo en Obélix, no son eternos.

Don Horacio, el espía

Viernes, 13 de Noviembre, 2015

La ascensión de Blanchard en Lille el año 1785, un antecedente del vuelo de don Horacio

Don Horacio fue uno de esos personajes pioneros que en cada ciudad protagonizan la llegada de las vanguardias, en su caso, las tecnológicas.

Horacio García Fernández, perteneciente a la familia fundadora del Hotel Méndez Núñez, originaria de Tiedra (Valladolid), e hijo de Dolores Fernández, natural de Castroverde, marcha de Lugo a la ciudad francesa de Lille, para estudiar allí ingeniería industrial.

Su estancia en Lille da origen al primer episodio por el que don Horacio entra a formar parte de esta colección, pues allí conoce al aeronauta Salmon, que en los primeros meses de 1913 recluta gente para que le acompañen en una aventura tan emocionante como peligrosa.

Se trata de sobrevolar en globo territorios de Francia, Bélgica y Alemania. Y regresar, claro. Tengamos en cuenta que estamos a las puertas de la primera Gran Guerra y la tensión entre los países se traduce en dificultades cuando de fronteras se habla.

Salmon pregunta a Horacio cuánto pesa y al conocer la respuesta, le ofrece una plaza sin más requisitos que su valentía. “Tú me vales”. De esa forma se cierra la tripulación del Saint André: El francés Salmon, el brasileño Arther y el español García.

El domingo, 9 de marzo de 1913, sueltan lastre en Lille sin saber a ciencia cierta a dónde van. Los vientos los llevan hasta Custrin, en Brandenburgo, donde comienza a desinflarse el aerostato y deciden bajar. Creen que lo hacen felizmente, pero al poco tiempo se ven abordados por un empleado de Comunicaciones y miembros de la policía. El primero les reclama 80 francos por haber destrozado 17 hilos telegráficos en su descenso. Los segundos traen una orden de detención, pues sospechan las autoridades que el trío componga un comando de espías internacionales, una posibilidad nada descabellada en aquel convulso 1913. (Continuará)

Depresión post parto

Jueves, 12 de Noviembre, 2015

Venga, hombre

A poco que el espectador cambie de perspectiva delante del cuadro catalán y logre prescindir de la actualidad perentoria, observará con pasmo el tremebundo ridículo al que se someten dentro de la sociedad más avanzada que han visto los siglos.

No es cosa de repetir ahora el corolario de desatinos que festonea el proceso, por sabidos y por cansinos; pero hay una novedad. Una vez aprobada lo que taimadamente llaman la desconexión, por un exiguo 72/63 que no les valdría siquiera para cambiar una coma de algunas leyes o instituciones que sí son de su competencia, y después de comprobar el desarrollo de una sesión de investidura que nada invistió, se detecta desde afuera una pájara independentista, una depresión post parto o una disforia post coital, como si una vez alcanzado el clímax, solo tuviesen por delante fumarse un pitillo, dormirse, leer a Espriu, o ver un programa de cocina por la tele, autonómica, eso sí.

Al margen de la respuesta serena y contundente que comienzan a recibir por parte del Estado _ la única que cabría esperar _, quizá se han dado cuenta de que todo el proceso y su futuro inmediato no está en manos de Juntos por el Si, ni de CDC, ni de ERC, ni de nadie que haya tenido nada que ver con el diseño, sino de unos antisistema nacidos al socaire de la crisis, cuyo ideario en nada se parece a ese catalán que tratan de ensalzar. Trabajador, industrial, responsable, capitalista y europeo, por no decir también español, que es lo que son y donde han medrado gracias a la colaboración de todos.

Sería gracioso que ahora, al comprobar su abatimiento, nos correspondiese repartir palmatidas en la espalda para decir a los secesionistas, venga, hombre, arriba ese ánimo; que la vida da muchas vueltas y quién sabe si para el XXII, todos calvos como Romeva.

Víctima y anzuelo

Miércoles, 11 de Noviembre, 2015

La curandera que aplicaba ventosas

De nuestro célebre de hoy apenas sabemos lo que hace dos días de su vida, pero en ellos se gana la fama efímera que este rincón aboga por rescatar.

Se llama Pedro López Laville y nace en Lugo, condición indispensable, sea la capital o la provincia, para optar a este rescate.

Marcha a Madrid como jornalero y así se gana los garbanzos cuando cumple los 32 años, allá por 1912. Vive en los alrededores de la Puerta de Toledo, pero una noche de ese año, bien porque el morapio consumido llama a Morfeo antes de la cuenta, bien porque el aire es cálido y no invita a encerrarse en casa, la desgracia fue que Pedro se queda dormido contra el quicio de una puerta en la calle de la Ventosa, que aún subsiste hoy, detrás del Hospital de San Francisco de Asís.

Fue desgracia, porque acertaron a pasar por su dormitorio improvisado tres rateros, descuideros o aprovechados, que haciendo pruebas de sus ronquidos, vieron que eran profundos y le birlaron las setenta pesetas que lleva consigo, todo un capital que le daría para vivir y beber más del mes que tiene por delante.

Pero Pedro no es de los que planchan la otra oreja y siguen durmiendo; ni mucho menos. Durante días busca la manera de vengarse y, a ser posible, de recuperar esos doce duros que tantos sudores le han costado ganar.

Y cuando da con ella, la pone en práctica. Volverá a la calle de la Ventosa y se tumbará de noche en el mismo portal; pero esta vez, sin parné en los bolsillos y con un ojo abierto. No es Ventosa calle de paso y si lo vieron allí tirado, quiere decir que es su ruta habitual, de modo que se acuesta, aguarda y cae la presa. Sus gritos alertan a los guardias, posiblemente prevenidos, y detienen a Salvador del Sagrado Corazón de Jesús, sevillano de 23 años, el ladrón del mes anterior. Bravo por el de Lugo.

La madre del Ford T

Martes, 10 de Noviembre, 2015

Ford T de Triacastela

Gracias al personaje de hoy, María Antonia Fernández, el nombre de Lugo se cuela en la historia del automóvil y de la metalurgia sin que hasta el momento tal aportación figure en ninguna enciclopedia porque ni siquiera los lucenses somos conocedores de los motivos. A ver si lo remediamos.

María Antonia nace en O Biduedo, lugar de la parroquia de Santo Isidro de Lamas do Biduedo, en tierras de Triacastela, alrededor del año 1740, cuando Felipe V languidece en su segundo reinado.

Marcha a Madrid y a la edad de merecer conoce a José del Río, natural de Linas (Huesca), con el que se casa para establecerse en la calle del Ave María. Allí, tal día como hoy, 10 de noviembre de 1764, nace su hijo, Andrés Manuel del Río Fernández,

Hay que imaginar al matrimonio que forman María Antonia y José dentro de la minoría ilustrada, puesto que el niño alcanza los más altos grados de instrucción en química analítica y metalurgia que son posibles en España, y los amplía en Francia, Hungría, Alemania e Inglaterra. Eso es bien conocido y estudiado.

Cuando Carlos III crea el Real Seminario de Minería en México, Andrés cruza el Atlántico para ocupar en él la cátedra de Química y Mineralogía. Allí descubre en 1801 lo que considera un nuevo elemento metálico al que bautiza como pancromio y erythronium, sucesivamente. Los franceses se lo chafan diciendo que solo es cromo, pero treinta años después, el sueco Nils Gabriel Sesftröm, establece el nuevo elemento. Lo llama vanadio y se reconoce a De Río como su auténtico descubridor. Cuando Henry Ford busca un automóvil para cada ciudadano, el modelo T, se convence de que eso solo es posible mediante el acero de vanadio y proclama “Si no existiese el vanadio, no existiría el automóvil”. O Biduedo debería recordar esta historia al pie del Camino.

La hora de don Tancredo

Lunes, 9 de Noviembre, 2015

Don Tancredo

Mañana comienza la Semana Grande en la piel de toro. Ha sido la feria más larga jamás programada. 40 años 40 de capotazos y chicuelinas para transformar el 91,09 por ciento del votos a favor del Si a la Constitución en 1978, y llevarlo al 39,54 de Junts pel Si de 2015.

No se lo esperaban. La meta era el 92 por ciento, una décima más que el apoyo constitucional, y para lograrlo llenaron la plaza de monosabios de forma y manera que ni el toro se veía. ¡España nos roba!, gritó uno mientras cargaba a paladas la bolsa del tres por ciento que habría de salir pitando a hermosos países que por su clima benigno y su baja fiscalidad llaman paraísos.

Tanto la llenó, que ya han perdido la cuenta de lo que va en la bolsa.

Pero no ha sido la única faena. Las hubo de todos los colores, con especial querencia a todo lo que oliese a desapego. Había que hacer pedagogía y explicar a los propios votantes que ese 91,09 de votos favorables a la convivencia, en realidad solo se habían emitido porque la Constitución era el caballo del Troya donde viajar agazapados para acabar con ella. Y tanto que así se hizo.

Lo malo fue que se parió un ratón y se quedaron en ese 39,54, que sumado a otros flecos solo da para hacer un ratón más grande.

España optó por el tancredismo, cuando no por el directo colaboracionismo. Mandadme lo que queráis, que yo lo amaño, les dijo un insensato de bastón y mando para que viesen hasta donde llegaba la tontería del buenismo. Y lo mandaron.

No es ni de lejos el sueño de Pujol, pero la situación está muy apurada y hay que entrar a matar. Don Tancredo, en el centro de la plaza, ya no puede prolongar su quietismo y debe bajar a la arena. Eso sucederá el martes, después de que el lunes Forcadell, La Noia de Cherta, ejecute el penúltimo volapié de la corrida, porque la estocada no le corresponde darla a ella.

El duelo que nunca fue

Lunes, 9 de Noviembre, 2015

PIH, visto por Dhoy

Decían los mentideros de Madrid que si el general Francisco Echagüe y Santoyo había matado en duelo a Manuel Fernández Silvestre, o que si era el general Silvestre el matador, y nunca fueron tan bien llamados los mentideros, porque no había nada de nada.

Prudencio Iglesias Hermida, a quien el lector ya conoce por pinceladas, no es hombre que deje pasar por su puerta los guiños de la fama sin invitarlos a pasar. Por ello, por su reputación de duelista, por tener una cabeza que no para de dar vueltas y porque Luis Antón del Olmet es de su misma o parecida condición, ambos dan en pergeñar otro rumor para ser publicado en El Parlamentario, el periódico que dirige el segundo y que no vende ni a su familia.

Dirán que Prudencio, francófilo declarado, se ha batido con el catedrático Vicente Gay, germanófilo de carné, y le ha dado muerte.

Añaden al embuste _ canard, se llaman entonces esas falsas noticias _, los nombres de políticos y periodistas para que hagan de padrinos y lo sueltan como quien bosteza.

Aquel día El Parlamentario vende más que de costumbre, pero a Olmet lo ponen a caer de un burro. A Prudencio, menos, porque lo creen ajeno a la patraña, que ya son ganas de ser ingenuos.

El Imparcial escribe indignado que en la prensa española no hubo precedentes de tamaña tomadura de pelo, lo cual tampoco es muy exacto, porque en todas las cazuelas cuecen habas; pero en fin, se entiende que la broma era pesada.

En otra ocasión Prudencio anuncia en letra impresa que un alemán, un tal Otto Lemmel, ha traducido una obra suya a la lengua de Goethe. No hace falta repasar todas las ediciones alemanas para jugarse la perilla a que lo soñó. El alumno de Valentín Portabales en el Instituto de Lugo nunca puso límites a la fantasía. Grande, inconmensurable Prudencio.