Archivo de Octubre, 2007

Eso no se hace, Juanjo

Martes, 2 de Octubre, 2007

Aunque sea una grosería, a veces conviene hablar de dinero en las páginas políticas, y no en las económicas. Así, las puñaladas infringidas al erario durante los últimos días por parte de algunos nacionalismos sólo podrían pasarse por alto si a continuación ellos fuesen los primeros en adorar a la Teta Estado con la misma fruición, como poco, que los fieles del Becerro de Oro.
Pero tras comprobar que además de llevarse la pasta de todos, nos echan la lengua, hay que ser gilipollas para no llamarles maleducados. Así, sin adjetivos ni exageraciones. Maleducados.
No son los jovenzuelos quematrapos que juegan a disfrazarse de Simón Bolívar el Libertador quienes lo hacen. De ésos siempre habrá, como hay fanáticos de Madonna, o de los coches tuneados. Lo hacen señores que se apellidan Ibarretxe y Montilla, en cuyos expedientes escolares figura haber aprobado la tabla del uno, estudios suficientes para saber que esas cosas sólo las hacen los burros humanos; que no los animales.
Es cierto que el sistema imperante obliga a que cada comunidad trate de obtener las mayores cantidades, y que sus presidentes cumplirán mejor su cometido y su compromiso con los ciudadanos cuanto mayor sea el cacho pillado; pero esos dos reconocimientos son incompatibles con una continua actuación plagada de chantajes, insultos, desprecio, olvido de las leyes, amenazas de cisma y mala educación, ésa a la que Almodóvar nunca le dedicará una película, ni Víctor Manuel una canción. Bueno, éste sí, porque se equivoca y se las dedica a cualquiera.
El señor Azkuna, alcalde de Bilbao, cree que Ibarretxe es un iluso si piensa que ETA dejará las armas por el referéndum. “Le importa tres pepinos”. Estamos de acuerdo; pero admitirá el señor Azkuna que a quien también le importa tres pepinos si lo hace o lo deja de hacer es al señor Ibarretxe. Por eso se salta la condición de que no haya bandas armadas sueltas por ahí. Gracias a ellas, el Cupo Vasco y su caradura corren parejos.

El patio de Monipodio

Lunes, 1 de Octubre, 2007

Hasta la ciudadanía llegan ecos de la preocupación existente en la Zarzuela por los ataques al Rey, a España y a su unidad. No parece que la filtración suponga una revelación extraordinaria, pues lo extraordinario sería que no fuese así. En la Zarzuela hay preocupación y en otros muchos lugares también la hay. Es lo mínimo que se espera cuando compruebas que el país donde vives es zarandeado por manos torpes e intereses espurios, poniendo en peligro la estabilidad conseguida sin que se atisbe el puerto a donde supuestamente nos conducen, ni la necesidad de la travesía, ni las ventajas de la pirueta; palabra que, como rabieta, pataleta y puñeta, acaba en -eta.
Ante una eventualidad así, lo que esperábamos era precisamente que las más altas instancias fuesen las últimas en mostrar el menor síntoma de inquietud. Tranquilos, que aquí estamos nosotros, los garantes de los principios constitucionales, que por algo nos prestamos al servicio público y tenemos los instrumentos necesarios para que nadie pueda afearnos la conducta.
Mal empezó la cosa cuando un presidente del Gobierno creyó que había llegado ante un libro abierto de páginas en blanco donde él estaba capacitado para escribir lo que le viniese en gana, aliarse con quien le saliese del píloro, negociar lo que se le había entregado por delegación y dar alas a quienes reducen su ideario a la destrucción de todos los esfuerzos por la convivencia bajo el principio incuestionable de que los Reyes Católicos eran unos capullos y unos fachas.
El resultado es un follón morrocutudo, donde ya es posible escuchar fuego cruzado entre los dos grandes partidos que se dicen constitucionalistas, entre los que se dicen defensores de la Corona y por supuesto, entre todos los demás. Yo convoco un referéndum, yo lo voy preparando y yo, de momento, voy quemando retratos del Rey, porque los que crispan son los que lo denuncian.
Si hay preocupación en la Zarzuela, ¿qué habrá en la Moncloa? ¿Honda satisfacción por el deber cumplido?