Archivo de Febrero, 2006

Incertidumbre

Domingo, 5 de Febrero, 2006

Sadam Hussein prometió llevar la guerra allí donde hubiese “tierra, mar o cielo” días antes de ser atacado. No era una bravuconada, sino la interpretación literal de un mandato religioso que recomienda el recurso a la violencia como un acto de fe, de reconquista y de elevación espiritual.
A los ojos de un occidental es impensable una formulación semejante, pero no olvidemos que no está tan lejano el día en el que guerra y religión eran conceptos complementarios que juntos formaban la palabra cruzada.
Las diferencias surgen a partir de que una civilización tiende a desacralizar sus decisiones políticas y la otra mantiene los lazos entre las creencias y los consejos de ministros. Una se cree más perfecta porque puede ordenar que sus tanques avancen sin llevar al frente el Santo Grial, y la otra se cree más excelsa porque actúa en nombre del único dios. La primera puede plantearse acciones en favor de la libertad, pero le cuesta más trabajo justificar bombardeos en nombre del Down Jones. A la segunda nada le impide bendecir acciones terroristas porque es orden divina, pero bajo esa capa se pueden esconder los más variados intereses, no siempre compatibles con la defensa de la libertad.
El conflicto de las caricaturas pone de relieve estas diferencias y demuestra cuán poco hace falta para espolear los ánimos de un mundo en contra de los otros, siempre y cuando existan dirigentes dispuestos a promover acciones levantiscas.
Occidente tiembla ante la furia desatada y se pregunta cuál de los dos mundos debe rectificar, si el nuestro, poniendo coto a la tan ansiada libertad, o el de ellos, rebajando su fanatismo y sus monolíticas creencias.
No parece ganadora ninguna de las dos apuestas, porque a todo lo anterior habría que añadir un complejo panorama de intereses y la falta de voluntad explícita para acometerlas. El balance, por lo tanto, es de suma incertidumbre, por no calificarlo de pesimista.

Mucho respeto

Sábado, 4 de Febrero, 2006

Los gobiernos de España y de USA coinciden en el análisis. No les gustan las caricaturas de Mahoma. Bueno es saberlo, porque se empieza condenando al dibujante y se acaba quemando los lápices de colorines Alpino.
Los dos hablan de respeto mutuo, de tacto y de sensibilidad para que islamistas y occidentales caminen de la mano. Son muy distintos, pero también lo eran Dorothy, el león cobarde, el espantapájaros, el leñador de hojalata y el perrito Totó, y eso no les impidió buscar juntos al Mago de Oz. ¡Qué bonita parangoncia!
Ambos gobiernos se han caído del guindo y ahora piden a sus ciudadanos que no hagan el pintamonas, que oren en las mezquitas y que tomen alkuzkuz, vulgo cuscús. Estupendo, ustedes primero. Respetemos a Sadam y sus tiranías, respetemos el derecho de Irán a fabricar armas nucleares, basta ya de criticar las ablaciones de clítoris pecata mundi, respetemos a quienes nada respetan y levantémonos como un solo hombre al paso de las banderas. Ábranse las cárceles de Guantánamo y salgan las tropas de Irak para que se maten a gusto entre ellos. No más Fungairiños en nuestras vidas, respetemos el derecho de Parot a volar cuantas casas cuartel se le antoje y que los días sean de un petardeo continuo. Que Castro haga de su isla un pirulí, que Chávez baile guaracha con un pie, que Evo se duche con el jersey puesto. Que Rajoy convoque un referéndum al mes y que Carod envidie al País Vasco por tener terrorismo y ellos no. Larga vida y larga lengua a Rubianes y que sus detritus nos alcancen hasta la altura de los labios. Que Marruecos lance la marcha verde manzana sobre lo que le apetezca y entreguemos los caricaturistas a Somalia para que con ellos preparen estofado. Respeto, mucho respeto.
Y si algo les quedase después de tanto reparto quizás podrían dedicar una pizca de atención a quienes ni matan, ni barbarizan, a aquéllos tan corrientes y molientes que basan su vida en dar las gracias por existir.

Sí les interesa

Viernes, 3 de Febrero, 2006

Dice una encuesta que a los jóvenes no les interesa la política. ¿Qué ocurre? Se han metido dentro, la han estudiado y ahora concluyen que no, que no les gusta y que pasan mogollón. O será por el contrario que le han echado un vistazo por encima y le hacen ascos.
Para empezar, la pregunta está mal empleada. La política es como la merluza. No hay que preguntarse si interesa o no. Está ahí, hay que comerla y punto. ¿Se imaginan esta otra encuesta? “A los niños no les interesa la merluza” Bueno, pues muy bien. Se la van a comer igual, porque lo realmente preocupante sería que no hubiese merluza.
Por otra parte es muy posible que a ninguno de los amables lectores de esta columna les interese especialmente la política, ni el código deontológico de los protésicos dentales, pero sabrán al menos que hay que vivir y organizarse, porque intuyen de antiguo que eso de plantearse el mundo ad libitum, que significa a voluntad, sólo puede originar caos y gamberradas.
Los jóvenes a los que se refiere la encuesta quieren decir que no contemos con ellos para dar el callo, pero que la sopa siga estando todos los días sobre la mesa, calentita y con tropezones; sin percatarse todavía, pobrecillos, que eso y nada más que eso es la política, es decir, que haya sopa y ricas pastas al menos dos veces por jornada.
Si la encuesta les preguntase al estilo Rajoy: “¿Considera conveniente que en su mesa aparezcan todos los días cuatro platos de sabrosa comida?” es casi seguro que el porcentaje de síes sería abrumador sobre el de noes. Vamos, me juego el cuello. Bueno, pues entonces traslademos esos resultados a la pregunta “¿Le interesa la política?” y se obtendrá una visión sociológica un poco más realista. Claro que los jóvenes, si realmente son todavía muy jóvenes y tienen la suerte de vivir bajo techo, a lo mejor creen que la sopa boba es un derecho inalienable del hombre que corresponde dar al estado, un edificio donde trabajan… ¡los políticos!

Gracias a M. Milá

Jueves, 2 de Febrero, 2006

Al azar, o a la necesidad, debemos que la emisión del extraordinario documento periodístico conseguido por Mercedes Milá en Azkoitia se produzca el mismo día en que Conde Pumpido se deshace de Fungairiño y prepara lo que nadie duda en calificar como la escenificación del futuro entreguismo.
El reportaje de MM es extraordinario por novedoso, por valiente y por esclarecedor, al menos para quienes no convivimos con los vicios que presiden la vida política en la sociedad vasca. Por boca de los asesinos de Ramón Baglietto, hoy reinsertados tras su condena, conocemos un poco mejor el grado de alienación que padecen los jóvenes obligados a crecer en un ambiente de permanente hostilidad y confrontación, cuyos únicos agentes, promotores e ideólogos son los que forman el llamado entorno etarra, sabedores de que sólo manteniendo ese ambiente de violencia pueden generar a la larga individuos convencidos de que su misión en esta vida es descerrajar dos disparos en la cabeza de un paisano que sin duda alberga un sentimiento vasquista mucho más desarrollado que el suyo.
Concretamente, el testimonio robado a Kándido Azpiazu por el periodista de MM es tan ilustrativo en el terreno psicológico como una radiografía para un traumatólogo. No hay razonamientos, ni conocimiento, ni, como él mismo dice, moral o conciencia. Sólo una idea obsesiva ocupa sus entendederas anulando por completo su capacidad de análisis. Por momentos daba la sensación de estar escuchando a un kamikaze japonés o a un fanático suicida islamista, individuos anulados en sus capacidades de raciocinio, programados para destruir e incapaces de padecer ante el sufrimiento ajeno; en definitiva, carne de psiquiatras.
Pues bien, el Gobierno quiere ponerse al nivel de quienes manejan tan malévolo plan y para ello considera que les molesta Fungairiño.

Los transparentes

Miércoles, 1 de Febrero, 2006

Si una persona es ingresada en un hospital víctima de un brote psicótico y a las pocas horas medio país sabe que porfiaba por desnudarse, que permanece atada a la cama, que se responsabiliza al marido porque no es trigo limpio, o que se le suponen consumos adictivos, seguramente el hospital, los médicos, o el/la ministro/a de Sanidad iban a encontrarse con problemas judiciales. Pero en los últimos días ha ocurrido exactamente eso y no se esperan puniciones de ninguna clase, porque la enferma de quien se conocen tantos detalles pertenece a un nuevo círculo de ciudadanos que basan su existencia precisamente en dejarse observar.
Desconozco si el término ya está acuñado, pero se nos antoja oportuno definirlos como los transparentes, seres que han vendido su pudor a la voracidad pública que los engulle con fruición. Ya no se trata sólo de mostrar el cuerpo mondo y lirondo, porque para cobrar por eso exigen unas hechuras, sino de exhibir la intimidad de las miserias y las pasiones, un terreno donde las medidas tienen menos importancia.
Y así, semana tras semana, personas de variada condición aspiran a conseguir el carné de famoso (¿) y una vez con él en la mano, dejarse preguntar sobre amores, felaciones, palizas, abandonos, barbitúricos, vesículas, próstatas y esquizofrenias. Toda una compleja maquinaria está presta para recoger sus deposiciones, porque un público ávido las espera sin rubor. El despliegue no se realiza en igual medida para trasladar a la ciudadanía ningún otro tipo de secretos o conocimientos, por lo que cabría pensar que no existen, o que de ellos se encargan otras instancias. Pan y circo es suficiente para arrostrar la existencia. No sería mala fórmula si se mantuviese, pero la historia y Juvenal nos dicen que ésa es la antesala de la decadencia, previa a la caída.
No es extraño que a ese símbolo de los transparentes le ronde la esquizofrenia.