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María Teresa Casanova renuncia a su familia

Jueves, 1 de Abril, 2021

Propagandista de Franco en Argentina, a la monfortina le pagan con una beca que acaba en desastre

FUE LA VOZ más encendida de Buenos Aires en defensa del alzamiento en España, primero, y del franquismo después. Las emisiones de María Teresa Casanova (Monforte de Lemos, 1902), tan apasionadas, tan entregadas a la causa, le valen ser nombrada directora de muchos de los proyectos de propaganda argentinos a favor del Gobierno de Burgos.

Hay que citar Habla España, patrocinado por el Centro Acción Española, y los financiados por la Oficina de Prensa y Propaganda, como Madre Patria, Orientación española y Nuevas carabelas.

A todo ello hay que añadir abundantes columnas en el diario La Prensa y floridas conferencias, como la del Centro Gallego en el Teatro Colón de 1937. La joven periodista gallega comienza a ser conocida como “la pequeña García Sanchiz”, nada menos.

Esa época de María Teresa está hoy perfectamente estudiada y Carmen Martín Gaite se surte de ella para alguna cita en sus Usos amorosos de la postguerra española.

Teresa había llegado a la capital porteña tras pasar solo los nueve primeros meses con sus padre en Monforte y ahora se gana el puesto de agregada cultural en la embajada española, por lo que pasa a formar parte de la nomenklatura franquista en Argentina. El ascenso va a tener su momento culminante en 1948 cuando obtiene una beca del Instituto de Cultura Hispánica para recorrer España durante un año como escritora, turista y conferenciante. Advertimos que esto ocurre tres años antes de que llegue Fraga al Instituto; es decir, estamos bajo la férula de Ruiz Jiménez.

Su visita se anuncia como un gran suceso cultural, porque además ella se presenta como “sobrina de la eximia escritora Sofía Casanova” y nadie dice ni mu.

Pronuncia un discurso ante los micrófonos de Radio Nacional, se entrevista de tú a tú con Pilar Primo de Rivera y es recibida en audiencia por el general Franco. Casi ná. Allá donde va, a la sobrina de Sofía Casanova le acompaña el boato y el respaldo del régimen. Por ejemplo, en Pontevedra conferencia flanqueada por el gobernador Luis Ponce de León y el delegado de Educación Popular, Enrique Quesada Munuera, dentro de un ciclo que comparte con Carmen Conde, María Alfaro y otras.

La charlista, como también es conocida, promete una visita a Monforte y en el Círculo Victoria repite su conferencia más aplaudida, una evocación de Buenos Aires. Asisten el alcalde Francisco Arechaga, el párroco de la Régoa, Benigno Jul, el presidente del Círculo, Ángel Miroyo, autoridades civiles, religiosas y militares.

Todavía resuenan hoy a pie del castillo las lamentaciones que lanzan bienintencionados monfortinos por haber dejado escapar a María Teresa sin haberla hecho hija predilecta, como poco.

El año se acaba y María Teresa debe volver con la obligación cumplida y la beca agotada. La traca final va a ser otra conferencia, una entrevista con Manuel Fraga _ ojo de nuevo, con Fraga de Lis, no Iribarne _, y un rendido homenaje en el Centro Gallego, con Lobo Montero de oficiante curtido en mil pompas y circunstancias.

Esta vez la conferencia cambia de registro. Se titula Epílogo sentimental de un compromiso de honor, y promete mucha hondura.

Pero hete aquí que en éstas sale Joaquín Pérez Madrigal, masón y carlista a partes iguales, y dice que él sí es sobrino de Sofía Casanova, cuyo nombre es Sofía Pérez, y que a María Teresa Casanova no la conocen en su familia ni cuando hay que fregar.

A partir de ese momento no se vuelve a saber nada de esta apasionante mujer.

María Seibana, la polémica de las criadas de Lugo en Cuba

Miércoles, 31 de Marzo, 2021

La escritora Eva Canel acusa a todas las lucenses de lujuriosas y pide que no las dejen salir de Galicia

EN LA HABANA del año 1920 se producen dos infanticidios simultáneos de los que se acusa a sus madres respectivas. Se da la circunstancia de que ambas mujeres son originarias de la provincia de Lugo.

Por allí anda la escritora asturiana Eva Canel, natural de Coaña y viuda ya del escritor Eloy Perillán y Buxó, que sin más mimbres que los citados lanza un ofensivo artículo contra las mujeres de Lugo que da origen a una encendida polémica en contra de la escritora y a favor de las lucenses.

Quienes dan origen al tiroteo periodístico son María Seibana (Lourenzá, 1899), y María Aira.

Con ánimo de resumir las docenas de artículos que se vierten durante unas semanas en torno a la culpabilidad innata de las lucenses, escogemos el siguiente párrafo donde se expone la principal acusación de Eva Canel en el Diario de la Marina:

“No sé si mi alma de mujer o mi alma de patriota, se subleva, contra el espectáculo que vienen dando mujeres que pertenecen en su mayoría a España y más en mayoría si aquilatamos, a la provincia de Lugo. Es necesario, muy necesario que en aquella provincia sobre todo, tomen las autoridades una providencia saludable: la de no permitir que salga sola para Cuba ninguna mujer que no sea llamada desde aquí por persona de absoluta responsabilidad acreditada fuertemente en el consulado”.

Se pueden ustedes imaginar cómo caen estas palabras entre los miembros de la colonia gallega. Eva Canel es señalada como delincuente, traidora, mala mujer, ignorante, racista y pésima escritora, amén de insinuaciones sobre comportamientos non sancta difíciles de confirmar.

La otra trinchera se establece en las cabeceras gallegas, especialmente Heraldo de Galicia y Eco de Galicia, que llenan ediciones con artículos en defensa de Lugo y de María, y en contra de Canel y del Diario de la Marina.

Manuel Fernández Doallo, fundador del Eco y director de ambos, piensa que la mejor defensa de María Seibana es publicar una entrevista con la mujer y que ella se explique, porque no es lo mismo acusar de asesinas a todas las lucenses, que sólo a ella.

María llega a la isla el 5 de abril de 1916 a bordo del trasatlántico Reina María Cristina. En Lourenzá deja a su madre y a dos hermanas. Hace dos años que trabaja en el hogar donde la prensa dice que se ha cometido el infanticidio, noticia que ella no lee porque sencillamente, no sabe.

Doallo le pregunta sin ambages sobre su responsabilidad en la muerte del niño y ella se echa a llorar negándolo como imposible. Mantiene un noviazgo desde hace un año, pero asegura que la criatura no es fruto de esas relaciones amorosas. ¿De quién entonces? La mujer guarda silencio. El lector sospecha entonces que María está protegiendo al padre de su hijo y al infanticida, que sería la misma persona, aunque hoy nada se puede asegurar con certeza.

Dice que nunca disimuló el embarazo y que el feto no podía pasar de los siete o siete meses y medio. Desde que siente los dolores de la expulsión hasta que se ve en una cama del sanatorio La Balear no recuerda nada, ni siquiera haber visto a su hijo.

“Juro ante Dios que yo no cometí ese crimen por el cual me acusan ni alcanzo a comprender los móviles que se me atribuyen”, termina diciendo María.

Por encima de su culpabilidad, Eva Canel mantiene su maldición contra las lucenses: “¡Sois un rebaño innoble de mujeres! Una docena de vosotras, bastáis para pervertir las miles de criadas que existen en la Habana”.

Ahí queda eso.

Neira Auz, muerto a orillas del río Lucus

Martes, 30 de Marzo, 2021

El teniente de Lugo cae en el transcurso de una operación entre Teffer, el mencionado río y Summá, en Marruecos

LA PRENSA MADRILEÑA presenta su muerte como la de un héroe, y la lucense, especialmente La Voz de la Verdad, así lo recoge. Son años en los que resulta difícil distinguir los héroes de quienes no lo son, y no por escasez de casos, sino por su abundancia.

Estamos en 1920, han transcurrido once desde que se inicia la segunda guerra de Marruecos, llamada del Rif. Todavía falta un año para el Desastre de Annual y siete para que acabe una guerra que parece destinada a no tener fin.

Dositeo Neira Auz (Lugo, 1891) es teniente de Artillería y apenas salido de la Academia de su arma, la de San Francisco de Segovia, se ha ido a Marruecos, al frente de Teffer. Ahora está a punto de alcanzar el grado de capitán.

Sigue la tradición familiar, pues su padre, Manuel Neira Gayoso, fallecido en Valladolid el mes de julio de ese mismo año, fue coronel de Infantería. Su tío homónimo pastorea a los liberales de Lugo desde hace muchos años y todos los miembros de su amplia familia han establecido vínculos matrimoniales con otras muchas de toda Galicia.

Su madre, viuda ya de Neira, es María de las Mercedes Auz Feijoó, tal como ella lo escribe. También hay algunos que acentúan Aúz, y otros no. Sus hermanos son Ramona, Natalia, Gabriel, Juan, Mercedes, Purificación y Rosario. Por parte paterna, además de Dositeo, tiene otros tres tíos, sor María Magdalena, Juan y Salvador Neira Gayoso; y por parte de su madre, otros cuatro, Gabriel, Manuela, Antonio y Rosario.

El 20 del septiembre de 1920, se establecen en Teffer once baterías fijas con 40 bocas de fuego que van a proteger el avance de la infantería y de otras móviles hacia las posiciones de Summá y otras, defendidas por los rifeños desde trincheras situadas en anfiteatro.

Para colocar las móviles a la distancia oportuna es necesario vadear por dos veces precisamente el río Lucus. Al mando del capitán Negrete las dos columnas atraviesan por primera vez la corriente de agua sin novedad, pero cuando emprenden el cruce en la segunda ocasión, comienzan a recibir el fuego enemigo por el flanco derecho.

Se producen las primeras bajas. También mueren varias mulas que transportan la carga y se comprueba que el lugar no permite salvar el río a mayor velocidad.

El teniente Neira se separa de la formación en busca de un paso con menor caudal, pese a que eso significa concentrar los disparos hacia él.

Lo encuentra y se lo hace saber a Negrete, que ordena seguir la ruta marcada por su teniente. En ese momento un disparo le parte el corazón al joven oficial lucense, aunque sus soldados logran alcanzar las posiciones deseadas y después de un enfrentamiento que dura toda la jornada, las tropas se retiran habiendo conquistado Summá y otros objetivos en poder de los rifeños.

El cadáver de Neira y los de las otras bajas son retirados hacia Teffer, donde será enterrados al día siguiente, envueltos con la bandera española.

El funeral por el militar se celebra en la catedral de Lugo dieciocho días después, cuando la ciudad está a punto de finalizar las fiestas de San Froilán. Su hermana Ramona acaba de anunciar su compromiso matrimonial con el teniente coronel Barro, en Valladolid.

Una semana más tarde, otro teniente cae en el frente de Larache. Se trata de José Figueroa y Alonso Martínez, hijo de los condes de Romanones. Tenía 20 años.

En enero de 1921, el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra publica el ascenso de Neira Auz al empleo de capitán a título póstumo.

José Iglesias, víctima del Machadato en Cuba

Lunes, 29 de Marzo, 2021

Nacido en Barreiros, es asesinado el año 1932 y durante quince meses se ignora la suerte que ha corrido

EL MANDATO DEL presidente cubano Gerardo Machado (1925/1933) tuvo una agonía encharcada en la sangre que vierten cientos de víctimas que intentan oponerse a su deriva dictatorial. Una de ellas fue la lucense Aurora Latas, que pierde a su marido Claudio Bouzón. También Alfredo Rodríguez, un modesto comerciante conocido como El Españolito, o José Iglesias Otero (Barreiros, 1865), un mariñano de 67 años.

Había nacido el 2 de febrero. Apenas se sabe de su marcha hacia la isla y sus actividades en ella, excepto que el actual régimen lo recuerda como un revolucionario antimachadista, y algunas circunstancias sobre su asesinato, que tiene lugar el 24 de mayo de 1932 en Artemisa, entre La Habana y Pinar del Río.

Iglesias Otero muere en compañía del maestro Liberato Domingo Azcuy Azcuy, exalcalde de Consolación del Norte desde 1926.

Hasta un año más tarde no se tienen noticias concretas del suceso. Cuando en agosto de 1933, el Asno con Garras o el Pistolero del Azúcar_ como se llama a Machado _, ya ha huido de la isla, el procurador Arturo Pérez Rodríguez envía un escrito al Secretario de Gobernación para cumplir una solemne promesa realizada a Liberato Azcuy y a Iglesias.

Los dos citados, Armando Hernández, J. A. Castellanos y el mencionado procurador son detenidos en Artemisa y sometidos a interrogatorios por parte del comandante Chipi, que los amenaza de muerte.

A las tres de la madrugada Chipi ordena separarlos y temiendo que van a ser asesinados, Azcuy e Iglesias le ruegan a Arturo Pérez que intente denunciar a los culpables cuando sea políticamente posible, lo cual puede llevar a cabo quince meses después.

Liberato Azcuy será recompensado de alguna manera entregándole la alcaldía de Consolación del Norte a su hija Elena Azcuy Lemus y algunos de los matones son encausados por el Tribunal de Sanciones.

No obstante, el hombre al que los cubanos señalan como máximo ejecutor de la represión, además del propio Machado, es Arsenio Ortiz, de oficio comandante y de mal nombre, el Chacal de Oriente, cuya salida de la isla hacia Alemania se dispone incluso antes que la de Machado, precedido por su hija, que también escapa temiendo la caída del sátrapa.

El Tribunal de Sanciones autoriza al fiscal para solicitar a Alemania la extradición de Arsenio Ortiz, a quien califica de jefe de los pistoleros durante el Machadato y lo acusa, en particular, de las muertes de Liberato Domingo Azcuy y de José Iglesias Otero, entre otras doce. Es decir, lo hacen responsable de la ejecución de esas personas, y no al comandante Chipi, como había informado Arturo Pérez. Después de que hablará de su responsabilidad directa en otros 150 asesinatos.

Arsenio es un policía mulato que descarga toda su furia sin miramientos hacia el color de la piel de sus víctimas, siendo comentario extendido que entre ellas había más negros que blancos.

Sus métodos preferidos son el fusilamiento, colgarlos de los árboles, dispararles con su propia pistola, o arrojarlos a los tiburones como hace con el pontevedrés Bouzón. También funciona a sus órdenes La Porra, una banda de delincuentes a los que se dirige contra los opositores para que su muerte parezca fruto de reyertas o de delitos comunes.

La llegada del nefasto embajador norteamericano Sumner Welles favorece su huída a Alemania con una fuerte suma de dinero, haciendo escala en España. Eso le permite un exilio dorado mientras los machadistas son perseguidos tras la caída de dictador. Después vendría Batista.

Díaz Sobrado, las cuentas a raya

Lunes, 29 de Marzo, 2021

El de O Corgo era interventor general del Ayuntamiento de Madrid al iniciarse la guerra

RAMIRO DÍAZ SOBRADO, (O Corgo, 1885) estudia en el Seminario de Lugo hasta el cambio de siglo, pero su actividad va a centrarse a partir de entonces en la hacienda y la intervención.

En 1908 aprueba los ejercicios de contabilidad para el Ayuntamiento de Madrid, del que pronto será funcionario por oposición para entrar en el escalafón del Cuerpo de Interventores (1912).

En paralelo desarrolla una intensa labor en el Centro Gallego, de cuya directiva forma parte en 1915 cuando lo preside el hijo de Montero Ríos. Avelino Montero Villegas.

En el 16, merced a una excedencia, es nombrado contador del Ayuntamiento de A Coruña, por lo que es objeto de un tempranísimo homenaje, pues en ese momento cuenta 31 años.

De regreso en Madrid, se involucra en el llamado Resurgimiento Popular Lucense, cuyo objetivo es apoyar la candidatura de Manuel López Peña, director del periódico El Acreedor del Estado, para que consiga el acta de diputado por Lugo como abanderado contra el caciquismo.

Él y el sacerdote Ramón Méndez Gaite son los principales valedores de López Peña, pero ni con ésas sale adelante el Resurgimiento, porque en la ciudad consideran que la nueva candidatura es un estorbo.

Con la llegada de la República lo vemos implicado en la constitución de una sociedad denominada Cultural Deportiva Castañeda para los residentes en esa zona del madrileño Paseo de Extremadura, aunque quizás sólo lo hiciese para echar una mano en las cuentas, ya que su domicilio se encuentra en Mesón de Paredes.

Está casado con Natividad Vázquez y son padres de Natín, Ramiro, Marisa y José Luis, la mayor de las cuales forma matrimonio a su vez con el militar José López Tella, pariente del general Tella.

En esos años, el Centro Gallego se involucra en la campaña de ayuda a los niños rusos y Díaz Sobrado es el encargado de entregar a Romanones la cantidad recaudada.

Simpatizante de la masonería, a partir de 1932 es sucesivamente jefe de Intervención de ingresos del Ayuntamiento de Madrid y jefe de Investigación, antes de presentarse a la plaza de interventor general, vacante por fallecimiento, lo que ocurrirá en 1934.

Entre otros candidatos, las posibilidades se centran en su candidatura y la de Luis Martínez Crespo, el interventor interino. El primer resultado es de 18 a 17 a favor de Crespo, con dos papeletas en blanco.

Al no alcanzarse la mayoría requerida, la votación ha de repetirse hasta tres veces. El prestigio de Díaz Sobrado y el apoyo de los socialistas, entre otros, el del concejal de Castroverde Manuel Cordero, logra dar la vuelta a los resultados, ganando el lucense 18 a 17, no sin protestas del perdedor.

Se convoca entonces el segundo homenaje de su vida, esta vez ya con 49 años, que preside el alcalde Rico.

La llegada de Díaz Sobrado al Ayuntamiento madrileño produce sorprendentes efectos que la prensa califica como “la reconquista del crédito municipal madrileño”, que propicia el éxito bursátil de los valores del ayuntamiento, “que de 83 enteros, pasaron a cotizarse a la par estos últimos días”.

Esta nivelación de las cuentas en la hacienda local, contrasta con el sombrío panorama que se dibuja en las páginas de la revista Vida Local en abril de 1936, cuando en los ambientes financieros comienzan a pesar más los negros nubarrones que el estado real de las arcas.

Finalizada la guerra, Díaz Sobrado es uno de los asistentes en Lugo al homenaje de su pariente político, el general Tella. Fallece en Madrid 31 años más tarde, el 19 de enero de 1970.

José Pazo, la llegada de Fidel Castro en primera persona

Lunes, 29 de Marzo, 2021

El lucense se instala en Cuba dos años antes de la revolución y pierde todo con el nuevo régimen

CUANDO EN 1957 los supervivientes del fracasado desembarco del Granma _ Fidel, Raúl, el Che, Almeida… _, se tiran al monte, o a la sierra, José Pazo Lage (Lugo, 1936) tiene 21 años y se come el mundo.

Lo malo es que el bocado se lo quiere dar precisamente en Cuba, donde la estabilidad política no es su fuerte. Con todo, el llamado Movimiento 26 de julio, que está lejos de triunfar en sus pretensiones revolucionarias, ha prometido elecciones generales si se hace con el poder. Y él se lo cree.

José, hijo de Abelardo Pazo y Juana Lage, aparece en la lista de pases de frontera, los autorizados para viajar al extranjero, y emprende camino hacia el Caribe. Va a asociarse en un negocio de panadería con paisanos que están triunfando. Aquello es Jauja y pueden expansionarse, le dicen.

El negocio sigue en auge, pero 1959 está a la vuelta de la esquina y cuando los barbudos llegan al poder, la promesa de elecciones ha quedado arrinconada en el cajón de los olvidos.

El nuevo régimen expropia la empresa panadera y la nacionaliza. Se inicia el camino hacia la miseria. José aguanta hasta 1963, o mejor dicho, hasta ese año no consigue los papeles para escapar gracias a su condición de español y a un visado de la Embajada de Madrid. En su mismo avión viene Humberto Barredo, un cubano que está casado con su hermana María y que se instalará en Lugo, así como cuatro sacerdotes, prisioneros hasta ese momento en campos de concentración y otros españoles que huyen del castrismo.

José quiere dejar muy claro que no viene expulsado, sino “porque no puedo soportar aquello” y sólo regresaría a Cuba si cae Fidel. “No va con mis ideales”.

Ha sido como el día y la noche. Comercio e industria han quebrado, reina el caos y su destino es la miseria. Todo está racionado: comida, ropa, artículos de primera necesidad… menos el pan, pero José teme que lo sea próximamente, como así ocurre.

El lucense no ha podido traer “ni un centavo” y sale de La Habana con lo puesto. Tres trajes, tres mudas, dos pares de zapatos, un reloj de fantasía y cosas cuyo valor no supere los 60 pesos cubanos.

Los únicos que viven bien en Cuba son los comunistas, un grupo que José estima “bastante numeroso”. El resto desea que caiga el régimen cuanto antes.

Cuando Ángel de la Vega le pregunta cuándo estima que ocurrirá, José se muestra tan optimista como para decir que no tardará mucho. “Yo creo que este año tendrá que salir del poder. Es el plazo que le damos todos”. ¿Por qué? “Por Norteamérica”.

Se ansía la intervención americana en la isla y cuando se exhibe alguna película de Hollywood, pocas, el público rompe a aplaudir por mala que sea, sólo como expresión de su deseo.

La cartelera está dominada por películas rusas, húngaras yugoslavas, de idílica convivencia comunista.

Castro, dice Pazo Lage, ha dividido a padres e hijos. La fractura es total. Rencores, luchas, diferencias. Los ha engañado a todos, porque muchos creyeron en sus palabras.

Lo tiene por un títere del Kremlin, inteligente, pero sin escrúpulos para llevar a cabo el plan que le interesa, es decir, mantenerse en el poder.

En ese momento hay cien mil presos _ ésos sí que eran políticos _, con condenas entre 30 y 50 años de cárcel, y según José cada día se produce de 40 a 50 ejecuciones. Ésa es su visión de Cuba.

Para colmo de desdichas ese mismo año muere su hermano Antonio Pazo Lage, alias Bahía, empleado de Telégrafos, a los 32 años. Él fallece en Lugo el 7 de junio de 2009, a los 73 años.

José Mosqueira, cuando el tiro de pichón era elegante

Jueves, 25 de Marzo, 2021

El de Ribadeo gana unas treinta competiciones de Galicia y Asturias durante los años veinte

EL TIRO DE Pichón, esa actividad que hoy horripila con solo mencionarla, fue en su momento entretenimiento, deporte y número indispensable en las fiestas populares que se precien de elegancia.

En el primer tercio del siglo XX destaca en Galicia y Asturias el tirador José Mosqueira (Ribadeo, 1889?), cuya trayectoria trataremos de hilvanar.

Se inicia muy joven. Con apenas dieciséis años la prensa gallega ya lo trata de “conocido sportman”. Entre sus primeras hazañas fuera de Ribadeo son dos primeros premios en las tiradas de Luarca, posiblemente dentro de las fiestas locales.

En el programa de los sanfroilanes de 1913 está presente el tiro de pichón y Mosqueira se inscribe para competir en Montirón. Sus rivales son Manuel Pardo Pallín, Luis Quiroga Espín, Garmendia, el coruñés González Romero y Antonino Díaz. Los pájaros, como siempre, pasan a la beneficencia.

Mosqueira ya ha merecido en ese momento un comentario en la revista Mundo Gráfico, con fotografía y todo, donde se destaca que ha ganado en Ribadeo la copa de la Diputación y la del senador Ramón Bustelo, el abuelo de Leopoldo Calvo Sotelo.

Ese mismo año acude al Real Club Deportivo coruñés con otro tirador de Ribadeo, Antonio Prado, para disputar la copa de la Infanta Isabel. Como en ese momento no hay mujeres tiradoras, se atrae su presencia con la rifa de alguna joya. Poco después sí las hubo, y no pocas, como la mujer de Alberto Cortina, Elena Cué, que obtiene varios campeonatos.

En el San Froilán del 15 se enfrenta en Montirón a Ramón Saavedra, al marqués de Villaverde, Quiroga Espín, Germán Pérez, José María Cobreros y Enrique Castro, entre otros, sin demasiada suerte.

Siete años después, noviembre de 1922, se reparte las copas de Lugo con Andrés Díez Lage, Antonio Pedrosa e Isaac Correa-Calderón. Él se lleva la del Círculo.

El año 1925 compite con 42 escopetas y logra el primer premio Vigo y 750 pesetas de aquel ayuntamiento. Como la vuelve a ganar en el 26, se la dan en propiedad. En su currículo figura ser campeón de Oviedo, Ribadeo y otros lugares. Tiene 19 copas y valiosos premios “ganados desde los 16 años”.

Sin dejar 1925, participa en los sanfroilanes lucenses donde obtiene la copa Alcalde de Lugo frente a 39 escopetas y por delante de Isacc Correa-Calderón, y la de la Casa de Galicia de Madrid.

Prado y Grandío disputan la copa Presidente de la Diputación, que es para el primero. Es decir, todas las copas se van a Ribadeo. Menos mal que Fortunato Magadán deja en Lugo la del Gobernador Civil.

Este mismo año será subcampeón en Asturias por detrás de José Tartiere y Alas-Pumariño, II conde de Santa Bárbara de Lugones, es decir, el hermano de Carlos Tartiere, fundador del Real Oviedo.

Pereira de la Riva, el poeta de la grande y pequeña historia

Miércoles, 24 de Marzo, 2021

El escritor, político y periodista de Lugo se define como “el bardo oscuro”

EL FERROLANO ANTONIO Cirvigo y Vorca _ las letras desordenadas del nombre Victorino Novo García _, dice de él que fue “periodista per se, y literato per accidens”.

Quizá sea correcta la visión del personaje por parte de un coetáneo, pero desde la perspectiva actual, en Aureliano José Pereira de la Riva (Lugo, 1855) se aprecia más vigorosa su faceta literaria y buena parte de la culpa debe ser achacada a su Romancero de la Ciudad de Lugo y a otras composiciones donde quiere llevar la historia de su ciudad y de Galicia a la altura literaria alcanzada por otros.

¿Quién soy?, se pregunta para reafirmarse en su meritorio autodidactismo. El bardo oscuro, se responde. Este carácter de poeta poco instruido le perseguirá siempre y le costará la ausencia en muchas antologías y el olvido en los trabajos fundacionales de la Real Academia Galega.

Historia y leyendas, como la de A cova da serpe, son constantes en Aureliano José como resultado de un proceso de imitación. Entiéndase bien. No como copia de nadie, sino como seguidor de otros ejemplos.

Vuelve su vista hacia Bécquer, cuyo influencia es muy evidente, pero también se fija en Goethe y Zorrilla, sin olvidar a Campoamor, Heine y Byron. Entre los gallegos, sus referencias se centran en Rosalía, Pondal y Curros Enríquez.

También él persigue la historia menuda, aquélla que los ingleses diferencian de la history llamándole story. Por ejemplo, sus Cousas da aldea, tan alabadas por Curros, y sus Mocedades.

Lonxe d’a terriña, que data de 1876, es musicada por Xoán Montes, así como Antroidada y A sega. Pero la producción final de Aureliano José es mucho más extensa a través del teatro, con el drama Soledad y el sainete Los capitalistas, y del ensayo, con estudios sobre Las murallas de Lugo, Paralelo entre Shakespeare y Calderón, y Memoria acerca de las industrias que pueden establecerse en Lugo.

También es poeta en castellano con dos libros, Impresiones y recuerdos (1877) y Otoñales (1889), además del Romancero… Esta obra, A Cova d´a serpe, el estudio sobre las muralla, la memoria sobre las industrias y ¡Terra… a miña!, son premiadas en 1891 por la Asociación de Escritores y Artistas de Lugo, que preside Sotero Bolado.

A partir de 1879 es director y máximo ideólogo del Diario de Lugo, sin dejar de lado un empleo en la administración que le procure el sustento. Cinco años después, sus críticas al diario conservador El Porvenir, de Santiago, le obligan a cerrar el Diario. Volverá con otra cabecera, El Regional, de ideología federalista.

En ese sentido, promueve la Asamblea Federal de Galicia de 1886 en A Coruña, y la de 1887, en Lugo, para aprobar el proyecto de Constitución del futuro Estado gallego, que realiza Segundo Moreno Barcia en 1883 y que ya ha sido narrado en esta colección con sus crisis y divisiones.

El 86 resulta ser un año especialmente trágico para él, ya que muere su único hijo, Gabriel, y se ve obligado a sofocar un incendio en la plaza de Lugo, siendo director de El Regional, lo que le vale grandes elogios.

También entonces es concejal de Lugo. En 1891 ingresa en el Partido Liberal Dinástico, lo que le acarrea las críticas de sus antiguos camaradas. Marcha a Madrid con graves problemas económicos y allí se hace funcionario de Fomento, sin perder de vista la actividad cultural de los gallegos, ni el movimiento obrero, para dar como resultado una extraña mezcla de monárquico regionalista de querencias socialistas. Muere allí en 1906.

María Rosa Cortón, la clave humorística de Jardiel Poncela

Martes, 23 de Marzo, 2021

La sarriana amamanta al escritor y éste ve en ella la justificación para hacer reír

EL MATRIMONIO FORMADO por Enrique Jardiel Agustín, delineante de Obras Públicas a la par que cronista de sucesos y luego parlamentario, y Marcelina Poncela Ontoria, maestra y pintora, inicia su andadura común en la parroquia madrileña de Santa Bárbara el 29-XII-1894.

Se instalan en la travesía de Belén y tienen tres hijas sucesivas, María del Rosario, Angelina y Aurora. Cuando ya se han trasladado a la calle del Arco de Santa Ana, llamada hoy Augusto Figueroa, el 15 de octubre de 1901 tienen un cuarto retoño, un varón, que como habrá adivinado el lector perspicaz, será más adelante el muy popular escritor Enrique Jardiel Poncela, sinónimo de humor en todas sus novelas, obras de teatro y columnas periodísticas.

Antes de la llegada de Enrique, el matrimonio pierde a Aurora, cuando la niña tiene dos años, y por ese motivo Marcelina cree conveniente que le ayude en la crianza un ama, una opción muy habitual en esas fechas cuando la casa es pudiente, haya o no causas reales que la justifiquen.

Dentro del honroso cuerpo de las amas de cría, muchas de ellas dedicadas a la alimentación de huérfanos y expósitos, destacan por fama contrastada y por abundancia en la oferta, las gallegas.

Marcelina se pone manos a la obra y de no tener otra fuente de información a mano, lo lógico es pensar que haya acudido a las secciones de los periódicos donde estas mujeres se brindan, como en la contraportada de El Heraldo de Madrid. La localización en la prensa de la mujer que se contrata en la casa de los Jardiel Poncela es la tarea de la aguja y el pajar, sin embargo hay un anuncio en El Heraldo que por la fecha y por su redacción reúne los requisitos para ser el correcto, y se non è vero, è ben trovato.

Dice así: “AMA DE CRIA gallega, de 22 años, casada, leche de seis semanas, desea para casa de los padres. Informarán: Ronda de Toledo, 10, carbónª”.

El escritor, al que en ese tierno momento llaman Potito _ otro chiste tratándose de amas de cría _, recuerda dos datos fundamentales de la mujer, su nombre y su procedencia, es decir María Rosa Cortón (Sarria, 1879). El año se lo añadimos nosotros haciendo bueno el anuncio de marras.

Mucho tiempo después, cuando en 1928 publica Amor se escribe sin hache, el escritor explica la importancia en su vida de la sarriana María Rosa: “Definir el humorismo es como pretender clavar por el ala una mariposa utilizando como aguijón un poste del telégrafo. (…) El admirable maestro en el género, Wenceslao Fernández Flórez, a quien tanto debe la exquisitez literaria española, y que con los proyectiles de sus obras ha abierto un boquete inmenso en la ñoñería, en la pedantería y en la ridiculez antes dominantes, dijo en una interviú que sólo los que nacen en Galicia pueden ser humoristas. En un principio esto me aterró pues ya he dicho que soy madrileño. “¡Dios mío! _ gemía angustiado _, ¿por qué no me hiciste nacer en Galicia? ¿No comprendías, con tu suprema sapiencia, que haciéndome nacer en Castilla me chafabas para siempre el porvenir artístico?) Fueron unos días dolorosos. Pero felizmente me tranquilicé en seguida al recordar que mi ama de cría era gallega, y entra, por tanto, en lo probable que al transmitirme el jugo de sus pechos, me transmitiera también la cantidad de galleguismo necesaria para ser humorista. Y desde entonces vivo tranquilo.

Aquella noble mujer, cuyo paradero ignoro, se llamaba María Rosa Cortón, y era de Sarria (Lugo). Vaya una memoria, ¿eh?”

Díaz de Lecea inventa la caza de avutarda en avión

Lunes, 22 de Marzo, 2021

El Hijo Adoptivo de Monforte une pilotaje y deporte en una extraña modalidad vigente unos cuantos años

EL CUARTO MINISTRO español del Aire _ hubo ocho, y todos con Franco _, fue José Rodríguez y Díaz de Lecea (Matanzas (Cuba), 1894). Es cubano de cuna, pero Hijo Adoptivo de Monforte, porque allí transcurre parte de su infancia y su adolescencia, y allí está enterrado su padre, el capitán de Infantería, Castor Rodríguez Lemus, que es destinado a la ciudad del Cabe después de participar en la guerra de Cuba.

En su condición de piloto en Marruecos, héroe del aire, titular del citado departamento y consejero de Estado, Lecea tiene una biografía bien estudiada, incluso en el detalle de sus entrevistas con Ramiro Rueda, Otero Aenlle y García Portela para que lleven a buen aeropuerto el Real Aeroclub de Lugo.

Luis López Díaz-Pallín se lo agradece toda la vida realizando un homenaje floral a la monfortina tumba de su padre el Día de Difuntos de todos los años, quizá por no conocer la fecha de su aniversario, el 14 de enero (1905).

El propio Lecea se deja caer por Monforte para honrar al padre y para comer con sus compañeros de los Escolapios, antes y después de ser ministro. Incluso planea el aterrizaje de su alumna María Bernaldo Quirós en la ciudad, tras un salto desde Madrid, camino de la playa de Riazor, a donde llega en olor de multitud.

Pero salvada su biografía por abundancia de fuentes, queda un aspecto menos conocido del personaje, cual es haber inventado lo que se llamó la cetrería moderna, la caza de avutardas con avión.

Como lo oyen, si leen esto en alto. Aunque la caza de la avutarda está prohibida desde 1980, España era y es el país donde más abunda esta gran ave voladora y a Díaz de Lecea le cabe el honor de haber iniciado una práctica que exige gran dominio del pilotaje.

Todo comienza el año 1922, en uno de los vuelos que realizan los pilotos militares desde Getafe y Cuatro Vientos. A bordo de su Avro, el teniente Lecea da las clases pertinentes a un alumno cuando divisa una bandada de paso hacia el Sur. Decide perseguirlas y logra separar del grupo a una, que observa horrorizada cómo se le viene encima un aparato del Ejército español.

La acosa hasta Toledo, que no es una exageración, sino una descripción. Allí aterriza exhausta en una charca. Lecea también, pero cuando le va a echar el guante, la avutarda remonta el vuelo y se las pira.

Por la tarde tiene otra clase, ahora con el alumno Estéfany, y aparece otra bandada. Vuelve a lanzarse en su persecución y aisla a otra. El animal da mil vueltas y otras mil la avioneta. Los mira desesperada. Ellos le devuelven la mirada. Así tres cuartos de hora. Por fin logra herir sus remeras primarias con el ala de su aparato y el ave cae dando volteretas en Pinto. Ya saben, cerca de Valdemoro.

Ajajá, se dijo Lecea. He aquí un nuevo deporte. Y comenzó la caza de avutarda como instrucción de vuelo y como modalidad cinegética, de la que habla Miguel Delibes y a la que se refiere el sello de Correos que ilustra el presente cromo.

En junio de 1927, Alfonso XIII y Victoria Eugenia presencian una exhibición aérea en Cuatro Vientos. Lecea acosa a una avutarda por encima de los reyes, lo cual es seguido con interés por los espectadores.

El futuro ministro consigue agotar al pájaro y éste viene a caer a pocos metros de los monarcas, donde es recogido por un oficial que se lo lleva. La reina reanima a la avutarda dándole de beber un sorbo de agua. Primo de Rivera propone que sea enviada al Parque Zoológico de Madrid, como así se hace.

Allí pudo descansar, pero demasiado.