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La vida empieza a los 40

Jueves, 6 de Diciembre, 2018

Amnistía significa olvidarse de que ni la República ni Franco llegaron por las urnas

Algunos colegas se estrujan la lengua para definir a Vox. Dicen que llamarlo partido de derechas es hacerle el caldo gordo y si lo califican de extrema derecha, le da votos por reacción. Pues nada, si ése es el problema, que lo llamen tele-club y asunto arreglado.

Lo malo es que los mismos que se la cogen con papel de fumar se atragantan con los matones de Cádiz, Álava, Murcia, o allá donde surjan. En Cataluña o en el País Vasco, contra quienes les da, Virgen Santa, por defender la unidad española.

Son los mismos matones que utilizaba Companys para amedrentar, e Indalecio Prieto para hacerse con el poder que no le daban las urnas. Se ve que nunca fuimos muy exquisitos a la hora de interpretar qué significa democracia.

En realidad el problema se detecta en cualquier parte del mundo, porque si pedimos que levanten la mano los países donde no se haya producido golpes de estado en los dos últimos siglos, donde la política no haya utilizado bandas de desalmados, de escamots, asesinos, torturadores o watergates… quizá solo la pueda alzar Palaos, que se independiza en 1994 y que no tiene partidos políticos.

Pero ser del montón no puede convertirse en un consuelo suficiente, porque ese camino lo recorrimos hace muy poco tiempo. Sí, aquí partimos los cráneos a los que no piensan como nosotros, o cuando perdemos apoyos en las urnas; pero los tonton macoutes de Papá Doc partieron muchos más, Mao mató sin tasa y las camisas pardas de Hitler masacraron a cascoporro.

No es buen argumento. Apuesten por la calma. No se puede actuar pensando que hay barra libre para romper con todo y cuando alguien se acerca para pedir lo contrario, darle con una botella en la cabeza.

Por cierto, la Constitución cumple hoy sus primeros 40 años y desde aquí brindo por ella sin matices.

La grey infantil

Miércoles, 5 de Diciembre, 2018

¿Y qué quieres? ¿Prohibir las urnas?

¡Qué bochorno, Pablito! No te han gustado los resultados de las elecciones y no se te ocurre mejor cosa que sacar la chavalería a la calle para lamerte las heridas.

Has de saber que no se hace así, sobre todo en este caso, porque si alguien ha sacado los pies del tiesto has sido tú y bien que persistes en tu actitud. Vamos, que no aprendes.

La carta que te dirige el médico Juan Manuel Jiménez Muñoz debería bastar para que te dedicases al cultivo del cebollino en los parterres de tu dacha, pero me temo que vas a seguir dando la vara hasta que te quedes calvo, o hasta que te descubran los españoles y te den un homenaje, que es la forma que tenemos aquí para jubilar a la gente.

Animas a la chavalería porque tus convocatorias con adultos te han salido ranas, como cuando contrataron a Sabrina Salerno en Lugo y no fue a verla ni el Tato.

Pero se nota que no sabes hacer otra cosa que agitar las calles, y para eso, manejando imberbes. Nunca te he visto tan activo con las masas en estos últimos años, cuando Andalucía figuraba y figura como la región más corrupta, más pobre y con más paro de Europa. Se nota que esos récords te venían bien por el crecimiento de determinadas siglas y ni te molestaba.

Pero ahora, cuando ves que los indignados también pueden ser de derechas te has llevado un susto morrocotudo porque se acaba el negocio.

Qué bochorno, Pablito, qué bochorno. Un demócrata que solo admite los resultados de las elecciones cuando le son favorables. Ésos suelen ser los que no las convocan nunca; o sea, dictadores, totalitarios y tiranos en general.

Para estos casos la tila va fenomenal. Eso y esperar unos cuantos días para asimilar lo ocurrido antes de abrir la boca. Pero ya no pudo ser. La has cagado a las primeras de cambio y la verdad es que nadie esperaba otra cosa.

El cabreo sonoro

Martes, 4 de Diciembre, 2018

Susanita tiene un dolor…

La grandeza no se mide en el triunfo, sino en la derrota. Es una frase ampulosa, pero es verdad.

Los perdedores en Andalucía no supieron reaccionar y cocearon. Susana, Ábalos, Iglesias y Rodríguez no miden sus palabras y se dejan arrastrar por la rabia infinita del niño encaprichado.

Si no gano yo, no hay democracia, es su resumen. Ítem más, yo puedo tener el discurso más incendiario de la historia, amenazar a la Constitución con triturarla, desde la forma de Estado hasta la oficialidad de los idiomas; desde las fronteras a la libertad de la educación, pero nunca seré anticonstitucional. Sin embargo, que a nadie se le ocurra proponer cambios en otras direcciones.

El cabreo era manifiesto en sus semblantes, en su lenguaje y en sus actitudes. Vamos, que era un cabreo sonoro y dramatizado, no como los berrinches sordos, que solo se denotan por el apretón de dientes.

Lo que no quedó tan claro es contra quién lo dirigían. Si contra sus votantes por haberles dado la espalda, si contra ellos mismos, por ser tan inútiles, o contra los que eligieron otras papeletas; pero en cualquier caso se entendió que si habían hecho el ridículo perdiendo apoyos por un tubo, ahora hacían otro mayor no sabiendo perder.

Toda la fuerza se les va en decir que viene la extrema derecha, que hay que tomar la calle y levantar barricadas. Menudo espíritu democrático. ¡Pero si esos resultados los han fabricado ustedes, con su intransigencia, su crispación y su extrema izquierda!

A cuenta de qué subiría Vox como la espuma si no hubiese un Zapatero, un Rufián y un Sánchez previos que desbrozan el camino a una reacción contra tanta manipulación partidista.

Escucharles ha sido bochornoso. Ha sido constatar que estamos en manos de una clase política con menos política que clase.

Sopapo a Sánchez

Lunes, 3 de Diciembre, 2018

A los protagonistas de las elecciones autonómicas no les gusta que sus resultados se lean en claves distintas. Es como un desprecio a su propia importancia política, pero es inevitable hacerlo, especialmente en este caso.

Todos los titulares que se desprenden de ayer son grandilocuentes. Vamos a ser respetuosos con los andaluces y decir que el primero es para resaltar que por primera vez el PSOE está en condiciones de ser eyectado de la Junta, no tanto por una gestión endeble de su presidenta, como por la política con la que nos viene obsequiando su líder español.

Y ése es el segundo gran titular de la noche. A don Pedro Sánchez le han pegado un sopapo mano abierta que le habrá dejado con la sonrisa a la altura del epigastrio, por no bajar más y evitar encontrarnos con su dolorido paquete.

Otro titular. Vox le debe al señor Sánchez esa docenita de escaños con los que se estrena a la hora de pisar moqueta. A partir de aquí, de su habilidad en la gestión de esa fuerza dependerá su consolidación, o su paso efímero por el Parlamento.

Uno más. Ciudadanos dobla con holgura sus diputados, algo realmente meritorio en estos tiempos de voto esquivo.

El PP respira. Desde unos malos resultados que por sí solos podrían interpretarse como una censura a Moreno y a Casado, se topa con un panorama tan favorable que incluso puede pensar en ocupar la presidencia.

Teresa Rodríguez salva los muebles, pero no la vemos tronchándose de la risotada.

Y por último, volvemos al principio para titular que una coalición de centro derecha puede y debe formar el gobierno con el que se acabe el prolongado monocolor de la Junta; pero ojo, no pierdan de vista que de ocurrir, también se lo deben agradecer al desvarío del señor Sánchez y su troupe, un auténtico pierde-elecciones.

¡Qué noche la de aquel día!, que decían los Beatles.

Vox y voto

Domingo, 2 de Diciembre, 2018

El torero Morante de la Puebla no alberga duda alguna

Se habla más de Vox que de Andalucía. Se habla más de Vox que de la sopa.

Los partidos lo temen porque si irrumpe, puede descomponer los porcentajes; como si los porcentajes no estuviesen ahí para ser descompuestos cuando sea preciso. Veremos cuánto se habla de Vox esta noche electoral.

De entrada los analistas se ayudan mucho de los paralelismos con Podemos para penetrar en el fenómeno. Si aquéllos eran los indignados de la izquierda, éstos son los indignados de la derecha.

Vale. La comparanza aguanta el tirón.

Otra más. Los votantes de Podemos ni son ni se sienten comunistas. Lo hacen para escapar de los partidos establecidos. Y los de Vox tampoco se sienten ultraderechistas, pero con esas siglas consideran que están mejor representados.

De acuerdo. Admitamos que también se puede establecer esas razones paralelas.

Una más. El populismo abandera ideas muy elementales, de ésas que piensa todo el mundo a los quince años sin pararse en barras y sin establecer ningún factor de distorsión que la realidad obliga. Verbigracia, los toros son una crueldad y hay que acabar con el hambre en el mundo.

Vox, también. Fin de las subvenciones a partidos y sindicatos; ilegalización del independentismo y gran rebaja fiscal.

En los dos casos hay elementos revolucionarios y fuera de la ley. Si unos pretenden cargarse la monarquía, los otros harían lo propio con las autonomías.

La diferencia es que a Podemos no se le echa en cara que sea anticonstitucional y a Vox, sí.

Los primeros llevan más tiempo y ya se les ha visto el plumero. Vox prácticamente se estrena hoy. Hay motivos para que se vigilen con lupa los guarismos que consigan.

Robados todos

Sábado, 1 de Diciembre, 2018

¿Sabía que todo esto lo paga usted?

Que Torra entone el bonito himno ´España nos roba` para justificar su ineptitud, entra dentro del guión habitual para consumo interno del engendro indepen. Si los médicos, bomberos, estudiantes… afectados por su forma de gobernar se lo creen, es su problema. Un problema de credulidad galopante.

Si además añade que todos los males desaparecerán en cuando alcancen la república independiente de su casa, el tema adquiere peligrosidad psiquiátrica. Torra convertido en excelente estadista por arte de magia.

Pero el colmo llega cuando la vicepresidente española se suma a la carrera de las falsas explicaciones y les dice que no, que en realidad los bomberos solucionarían sus problemas si ERC y compañía apoyasen los presupuestos de Sánchez, que son muy buenos para Cataluña.

Solo le faltó añadir… y muy malos para todos los demás.

La argumentación de Calvo ha sido demoledora, porque cualquiera que lo desee puede interpretar que efectivamente, es cierto que España les roba a los catalanes, por lo menos hasta la llegada de estos presupuestos que deben apoyar ciegamente porque detrás de ellos vendrá un mundo de paz, abundancia y capullos florales.

Como ese discurso ya lo copian en el País Vasco, Valencia, Extremadura, Baleares, Andalucía y en mayor o menor media, en el resto del Estado, lo más probable es que en muy breve tiempo lleguemos a la conclusión de que nos robamos todos. Y a eso se llama la unidad de España.

Habida cuenta de que quienes así razonan son incapaces de trazar una O con un canuto, aun pasarán unos cuantos años antes de que descubramos la gran ventaja que consiste en tener a un chivo expiatorio a quien echar las culpas y a quien extorsionar sin dar golpe.

Pero entonces la unidad estará garantizada.

Se sabía

Viernes, 30 de Noviembre, 2018

Partidarios del Brexit duro

No podía ser de otra forma. Unos fanáticos no pueden conseguir mejorar el PIB, ni que los organismos funcionen o que la gente se sienta a gusto, por mucho que el Gobierno español se deje extorsionar a gusto por ser el fanatismo la garantía de su existencia.

Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. Este pleonasmo tan rotundo como en apariencia simplón, se atribuye al cuñado de Sánchez Mejías, el torero Rafael Gómez Ortega, pero en realidad tiene una cuna extranjera, pues antes lo dijo Talleyrand.

Da igual. Lo relevante del caso es que la chorrada se cumple una vez más a rajatabla en casa de quienes se olvidan de la buena gobernación y dan rienda suelta a un mundo de fantasías más propio de una serie de dibujos animados que de un programa de gobierno.

¿Pensaban realmente que los delirios no les iban a pasar factura?

No. Claro que lo sabían, pero eso no les libra de responsabilidad, sino que se la agrava. Se pusieron la independencia delante de las antiparras, cual zanahoria delante del jumento. Pero a la bestia, cuando llega a su destino, se le permite que la coma para no agotar el truco.

Con esa acidez característica que le acompaña desde antes de Els Joglars, Boadella dice que los más burros de su familia son independentistas y nadie se lo discute. Bueno, a lo mejor los aludidos no están de acuerdo; pero los demás, sin conocerlos, sí.

Es necesario añadir un componente palurdo para que funcione el reclamo. Algo de eso le pasa también al Brexit. Es difícil concebir a sus partidarios sin cierto olor a lana, con todos los respetos para los ovejeros, pero dicho en alusión a esa tendencia de los rebaños a no desviarse ni un metro de sí mismos, que es su seña de identidad y la base sine qua non de la trashumancia.

Tarde constitucional

Jueves, 29 de Noviembre, 2018

Jáuregui, Ana Pastor y el editor José Luis Teófilo, en la presentación del Libro “Los periodistas estábamos allí para contarlo” en el Congreso

Esta tarde, a eso de las ocho, vamos a hablar en O Vello Cárcere de los cuarenta años de la Constitución. Estaremos la alcaldesa Lara Méndez _ repuesta en su lugar de los Lucenses Singulares _, y los periodistas Fernando Jáuregui, Lois Caeiro y menda lerenda.

Les animo a asistir por dos razones principales. La primera, porque es un buen cumpleaños para celebrar, y la segunda, porque siempre hay quien no desea celebrar ninguno más.

La Constitución de 1978 no es ninguna bagatela y aunque a cualquiera de nosotros nos gustaría meterle tijera y tipex, reconozcamos que no sería en la misma dirección, sino en todas, lo cual es un imposible.

Solo en el aspecto territorial se han oído voces que claman por la desaparición de las autonomías y el retorno a un poder centralizado, hasta otras que piden el federalismo, cuando no la absoluta independencia de cada una de las entidades que lo deseen.

Como acaba de hacer Ximo Puig, también hay quienes se gastan los cuartos públicos para airear las ventajas de la II República, en clara manipulación y olvido del disparate que aquello fue, por muy buenas que fueran las intenciones de los honrados republicanos.

Con ello se pretende deshilachar el machihembrado constitucional a mayor gloria de los palos de ciego.

Otros se entretienen con sus mocos y la bandera, reivindicado para ello el noble oficio del payaso en vano intento, pues no les llegan ni a la suela de los zapatones. Solo siendo generosos les podríamos conceder el título de mamarrachos.

Otros juegan con los idiomas, como si fuese terreno al albur de cuatro indocumentados. Y así podríamos seguir en otros temas muy constitucionales.

Si se acercan, hablaremos un poco de todo ello.

Dalia Grybauskaite

Miércoles, 28 de Noviembre, 2018

Dalia Grybauskaite a Sánchez: Truco o trato

Entre “prometimos prometer” y “puedo prometer y prometo” media un mundo. Lo primero es un engañabobos, lo segundo, un compromiso.

Dalia Grybauskaite, la primera ministra lituana, nos explica que a Sánchez lo engañaron con un truco que padres y madres saben utilizar a la perfección con sus vástagos cuando se encaprichan con un juguete subido de presupuesto:

_ Ahora que vienen los Reyes, aprovecha y pídeselo.

Aunque esté mediado agosto.

A Sánchez le han hecho un pirula parecida y se ha conformado. Claro. Después del berrinche y de su amenaza de un veto imposible, necesitaba algo a lo que aferrarse, aunque fuese la promesa de una carta a los Reyes.

Da igual. Él es un artista de la prestidigitación y si le dan un barquito de papel, se las arregla para presentarlo como una flota de portaaviones, fragatas y destructores. Y así fue.

Aparte del propio Brexit, que es trágico para isleños y funesto para continentales, lo más lamentable del episodio es escuchar cómo esa política lituana presume de la facilidad con la que logran calmar lo que parecía la gran pataleta española.

Prometimos prometer y solemos cumplir las promesas, tarde o temprano. Ni más, ni menos. Y después, nuestro presidente, pasimisí, pasimisá, se encargó de transformar esa charada en “un éxito diplomático que permite resolver un conflicto que dura más de trescientos años”. La diferencia es notable, porque los lituanos están pensando en estos momentos que los españoles somos tontos del bote, y que ellos tienen en Grybauskaite a una de las mejores estadistas del mundo.

Tampoco es eso. Los Reyes existen y como dice esa señora, si somos buenos, tarde o temprano, nos dejarán Gibraltar en un zapato. Prometido.

La esquizofrenia

Martes, 27 de Noviembre, 2018


_ Señor Gump, ¿por qué corre?
_ Temo que Sánchez venga detrás

Iglesias está cabreado como una mona. Ahora sale con que los periodistas tienen más poder que un ministro, lo cual tampoco es una exageración si pensamos en los actuales, tan romos como prescindibles.

Él lo dice porque hay periodistas, inconscientes ellos, que se atreven a criticarlo, cosa que a un ministro ni se le ocurre, porque de hacerlo tendría los días contados.

Bueno, los días los tienen contados todos, porque la esquizofrenia no da para más. Fíjense que en su desvarío contable el presidente se cree el jefe del Estado y arrastra una vida anterior a la que desprecia.

El que le marca el paso, es decir, Iglesias, ejerce de periodista los sábados por la noche, y aprovecha esa condición para criticar a sus ¿colegas?, por su mucho poder; él, que lo tiene todo.

Otra pata del banco es un señor que ejerce de huido de la justicia en Waterloo, y la cuarta sufre privación de libertad por contravenir las leyes, que es lo ideal para gobernar.

Después están los vascos y el resto de la patulea. A todo esto lo llaman el Gobierno de España, que es como para salir corriendo en plan Forrest Gump, sin rumbo fijo y con tiempo por delante.

Los buenos de Pedro y Pablo creen que se les critica porque se les tiene tirria, porque se obedece a oscuros postulados del Priorato de Sión, o porque los periodistas quieren ocupar sus puestos, haciendo bueno lo de “cree el ladrón que todos son de su condición”.

Ni mucho menos. Se les critica por dos razones. La primera, porque es obligación del periodista, si así lo siente. Y la segunda y fundamental, porque ellos son malos como el hambre. Malos, ampulosos, endebles, peligrosos, caducos y sin la mínima formación para manejar asuntos delicados.

Prueba de su inconsistencia es que si se hacen una autocrítica, se dan sobresaliente.