La falla bien encauzada

22 de Febrero , 2012

Bomberos en Fallas. Buena falta van a hacer

Está la cosa mal. Armemos algo de barullo para que esté peor y liémonos a tortas para que llegue a ser fatal.

O sea, entre todos la mataron y ella sola se murió. Como dice la ley de Murphy, siempre que haya una posibilidad de empeorar, sentiremos la irresistible tentación de tomar ese camino y conseguirlo. La fe en la torpeza humana es ilimitada.

Y debe ser así porque Murphy se fija en la experiencia de siglos y en el devenir de la historia, sean cuales sean las circunstancias. Hay episodios para todos los gustos. La guerra de las dos naranjas, la guerra del pirulí de La Habana, la guerra del fútbol o las más abundantes de todas, esas guerras que enzarzan a los partidarios de un heredero de la corona contra los partidarios de otro heredero de la corona, que constituyen el arquetipo de la estupidez y de las que España ha dado muestras abundantes desde los visigodos hacia acá.

_No les vamos a dar información al enemigo _ dice el jefe superior de Policía de Valencia para justificar que no soltará prenda sobre el número de efectivos con los que cuenta.

_Vamos a seguir quemando las calles de Valencia _ le responde el jefe de los jóvenes airados, convencido de que a mayor número de calles quemadas, más va a subir el producto interior bruto.

¿De qué guerra hablan estas lumbreras? Al primero había que cesarlo inmediatamente por ignorancia manifiesta del Diccionario de la Lengua. Un estudiante de Valencia, por muchas calles que queme, nunca será un enemigo. En todo caso, un cabestro.

En cuanto al estudiante, deberían nombrarlo presidente de la comisión de fiestas de las Fallas, porque ese afán por quemar tantas calles de la ciudad, bien encauzado, puede dar origen a unas fiestas fabulosas, atraer la llegada de divisas y paliar en parte la apurada situación económica por la que atravesamos.

Franco fresco

21 de Febrero , 2012

Puestos a meter a alguien en una nevera, podría haber optado por Elena Anaya

Moría Franco y nacía Eugenio Merino, el escultor que lo ha metido en una nevera para constatar lo bien que se conserva.

Tiene toda la razón. Él mismo, que es un hombre al que Franco tenía que sonarle en línea con Amadeo de Saboya, el duque de Lerma o Maroto, se pone a hacer una escultura, ¿y a quién elige de modelo? ¿A la actualísima Elena Anaya, que tiene una piel para ser habitada? No, a Franco, que está mojama perdido y con menos posibilidades de que le hagan un botox, que Ruiz Mateos de que le hagan ministro.

Los de la fundación homónima se han cabreado porque dicen que se le trata con poco respeto metiéndolo en una Kelvinator, aunque la marca sea un homenaje al primer barón de Kelvin.

Hacen mal. La escultura, con nevera o sin ella, es un reconocimiento a Franco y a su vigencia, porque todo lo mojama que se le ha puesto el cuerpo, lo tiene de fresca su memoria histórica. Entre María Antonia Iglesias, Ignacio Escolar, que también nació en 1975, y algún que otro anacrónico más, no pasa un día sin que Franco haga algo en la política española. Y eso que lleva muerto 36 años. En realidad lo de la nevera es una redundancia, porque don Claudio no da síntomas de necesitarla.

Mira que dio que hablar Berlusconi cuando estaba en el poder. Pues lleva solo tres meses fuera del cargo y ya no se acuerdan de él más que algunos juzgados toscanos.

_¿Silvio? ¿Qué Silvio? _ se preguntan los italianos cuando oyen su nombre en algún telediario retrospectivo.

En cambio nuestro cavaliere está boyante en las encuestas de popularidad. Lo han quitado de la Castellana y del patio de Herrerías del Arsenal ferrolano, pero lo han metido en ARCO, que mola mucho más. En marzo lo veremos de ninot en las Fallas. Fijísimo.

Ni general, ni teniente

20 de Febrero , 2012

Chinos haciendo huelga a la japonesa

Si la mayoría es absoluta y la huelga, general, cuando te quedas solo en casa ha de ser, como mínimo, una asamblea.

Las generalizaciones causan espanto porque nunca te tienen en cuenta, o lo que es peor, certifican que todos somos vulgares, todos a una como cuando solo había un parte y un telediario.

Es insultante escuchar día tras día que la moda obliga a lucir determinados colores, rizos o trapos, como si nos multasen de no correr para renovar el fondo de armario al dictado de esas consignas, porque sus existencias se nos han quedado obsoletas. Y lo es también cuando se reduce la opinión de cuarenta millones de personas a dos cifras, los que están a favor y los que están en contra.

No hay tal, olvídense de semejante reduccionismo. Ni el PP es el dueño absoluto de la mayoría española, ni van a lograr jamás una huelga general, ni todos los franceses piensan que los deportistas españoles se pinchan, ni a todo el mundo le gustan los Simpson. Por fortuna hay tantos matices como personas y en esos matices reside nuestra grandeza y nuestra razón de presumir frente a la hormiga. Eso sí, también la facultad de equivocarnos.

De ahí que cuando se oye que ha de prohibirse tal o cual libro, se intuye detrás a un frustrado dictador al que le gustaría verse rodeado de una masa que hace, piensa y se viste como a él le sale de las amígdalas. Ahora estamos todos indignados, ahora vestimos todos de amarillo, ahora estamos de huelga general.

De huelga general se va a poner su señora tía, porque si a ustedes no se les ocurre una idea más brillante que la solución dada hace dos siglos a los conflictos laborales de Inglaterra, sepan que desde entonces se han inventado los impermeables, por poner un ejemplo.

O la huelga a la japonesa, por poner otro.

La intimidad del catalán

19 de Febrero , 2012

A Recaredo nunca le pilló una cámara encendida

A Recaredo, a Wamba y a don Rodrigo nos los imaginamos formales, graves y circunspectos porque en su época no había cámaras que les grabasen sus confidencias. De lo contrario cambiaría nuestra percepción de la historia.

Piensen por un momento en Recaredo dirigiéndose a su Javier Arenas de turno: “Este domingo tengo el coñazo del III Concilio de Toledo. En fin, un plan apasionante”. O escuchemos a Isabel y Fernando segundos antes de recibir de Boabdil las llaves de Granada: “Pon cara seria, que luego dicen que lo pasamos pipa unificando España”.

Lo curioso es que todo cuanto se dice pensando que no va a ser recogido es mucho más revelador que las palabras a cámara. Lo lógico sería pensar que Recaredo está encantado por asistir al concilio toledano y que Fernando pone cara seria, no porque se lo ordene su mujer, sino porque asiste a un acto solemne después de que hayan muerto muchas personas y no ha lugar a la risa.

Pasa lo que pasa porque además de existir cámaras encendidas por todas partes, hemos sacralizado la comunicación pública y frivolizado la comunicación privada. A Chávez, el venezolano, jamás le podrán pillar en un comentario desafortunado fuera de sus tediosos discursos, porque los comentarios desafortunados ya los dice en la propia intervención. Algo de eso les pasa a los argentinos, que hablan ante los micrófonos como si estuviesen comentando el tiempo con el vecino: “Pues sí, boludos; os vamos a subir los impuestos”. De tal manera que es imposible pillarles un doble lenguaje, porque su lenguaje es el que es.

Por el contrario aquí podría suceder que Mas hable castellano en la intimidad y que un día lo pillemos diciendo a su mujer: “Cariño, pásame El dardo en la palabra de Lázaro Carreter, si ya lo acabaste de leer”.

Dicho lo cual

18 de Febrero , 2012

La teoría de la relatividad y la relatividad de la teoría

No existe ninguna estadística al respecto, pero quizás a ustedes también les ha llamado la atención la abundancia de una muletilla, o argucia dialéctica, cada vez más utilizada por quienes se ponen delante de un micrófono.

Consiste en iniciar su intervención con elogios, piropos o reconocimientos hacia una idea, sensación o cosa, hasta llegar a un determinado momento en el que se pronuncia la fórmula mágica contenida en estas tres palabras: “dicho lo cual…” A partir de entonces toda la argumentación se vuelve en dirección contraria a la que se venía manteniendo desde el principio. Con un ejemplo lo vemos a la perfección:

_A mí me tendréis siempre en contra de la pena de muerte. Dicho lo cual, acordaréis conmigo que lo mejor que se puede hacer con los asesinos es apiolarlos.

Es una fórmula que se extiende y se repite con crecimiento viral, como si una vez descubierta por algún jurista, les abriese las puertas de la demagogia a todos los demás.

Cuando en una argumentación escuchas esas tres palabras ya puedes echarte las manos a la cabeza porque a continuación va a venir un órdago a la grande.

_Buenos días. Dicho lo cual, que os den morcilla.

Si no tienen cosa menor que hacer, fíjense a partir de ahora cuán frecuente es su uso y cómo consigue anular las razones del adversario dialéctico, por cuanto las reconoce y pondera, aunque solo sea para arrojarlas contra el suelo desde lo más alto.

_Yo soy el primero en reconocer que se trata de un eximio poeta. Dicho lo cual, creo estar autorizado para opinar que ha convertido este libro en una colección de ripios.

Muletillas así deterioran el lenguaje. Dicho lo cual, que cada uno se exprese como pueda.

1, X y 2

17 de Febrero , 2012

Oiremos a las Sorayas muchas veces

Después de escuchar por primera vez a las dos Sorayas en el Congreso, la vicepresidenta y la portavoz socialista, no se podía esperar otra valoración de los medios que la que se encuentra colgada en todos los resúmenes de prensa: para unos ganó la portavoz, para otros machacó la popular, e incluso encontramos unos terceros que hablan de tablas, de empate técnico.

Así viene ocurriendo desde tiempos inmemoriales. Pase lo que pase, cada cual va a dar su bendición al bando por el que apuesta de antemano, sin esperar a los engorrosos detalles de lo sucedido, salvo para ocultar los defectos en caso de necesidad.

El lector fiel recordará que en alguna ocasión comentamos cómo se enteraron los lucenses de lo sucedido en la que hoy llamamos Praza Maior, cuando una noche fue atravesada a altas horas por un concejal metido en grados, que sintió el irrefrenable deseo de vaciar su vejiga urinaria sin aguardar a su domicilio, con la mala fortuna de ser observado en el transcurso de tales menesteres.

El hecho ha cumplido casi un siglo, pero el resultado sigue siendo el mismo. Para el periódico de la oposición, el concejal no solo caminaba cocido, arrasando con su micción la belleza floral de los parterres, sino que también fue piedra de escándalo entre la ciudadanía, aunque a aquella hora, salvo el otro noctámbulo que actuó de testigo, nadie lo vio.

Una segunda cabecera, también desafecta al edil, aunque en menor intensidad, criticó el hecho sin dar detalles. Finalmente, el periódico que apoyaba a ese Gobierno municipal no solo omitió la borrachera, sino que elogió el celo del regidor, pues incluso, cuando el resto de la población duerme, él se preocupa del cuidado y riego de las plantas, para que al amanecer reluzcan en todo su esplendor. Aún se escuchan las carcajadas originadas por tan diferentes raseros.

¿A quién le gusta Tàpies?

16 de Febrero , 2012

Boadella es más de Goya por la rima

Una de las mayores afrentas que el humano puede cometer contra su tiempo es mantener que el arte moderno, la música demasiado estridente, la dodecafónica, los tatuajes o los vampiros, no le gustan. Solo hay cuatro actividades comparables a tamaño insulto, cuales son confesar que oye a Brahms en la intimidad, que colecciona películas de los cuarenta, que se corta el pelo todas las semanas y que si viese un vampiro por la calle, procuraría clavarle una estaca en el corazón.

Si además de todo eso, cita con nombre y apellidos al artista que no le parece tal; si ese artista acaba de morir, y si el susodicho en cuestión es catalán, la desafección artística alcanza niveles de herejía y sobre el culpable solo cabe firmar edicto de ostracismo.

Todos esos agravantes confluyen en la opinión hecha pública por Albert Boadella cuando se pregunta: “¿Existe algún ser humano, sensible, culto, sensato, inteligente, sin defectuosidad visual, o simplemente con sentido común, al cual le guste Tàpies?”

Al lado de la catarata de elogios recibidos tras el óbito del mencionado, lo de Boadella no hace sino restablecer cierto equilibrio entre el valor y el juicio. Todo Quevedo tiene su Góngora para amargarle la creatividad, y viceversa. Que a Tàpies le haya salido un Boadella tampoco sería asunto de preocupación si viviera, teniendo como tiene a Cataluña entera rendida ante si.

Por otra parte, Boadella está acostumbrado a ser carne de herejía. Si con la derecha, izquierda; si con la izquierda, derecha. Tan es así que en una sociedad más aborregada hoy que cuando cabalgaba el invicto por la Castellana, los Boadellas son asaz necesarios, tanto como que cambien de colores los semáforos.

Y no porque todos los Tàpies lo merezcan, sino porque tanta unanimidad es sospechosa de connivencia.

Al rojo vivo

15 de Febrero , 2012

Arabia permite san Valentín, pero prohibe el rojo

En Arabia Saudí han podido celebrar ayer el día de San Valentín, lo cual ya es de por si una noticia espectacular en la cual no habríamos podido fijarnos si no fuese por un detalle censor que sorprendió a los corresponsales europeos.

Resulta difícil conciliar uno de los países de más rígida observancia coránica con san Valentín y con el Día de los Enamorados, tanto por su marcado carácter católico, como por el occidentalismo liberal y mercantilista que la fiesta conlleva, pero lo cierto es que ese Valentín que oficiaba matrimonios clandestinos cuando Roma los prohibe ha conquistado muchos países sin tradición católica, ni apostólica, ni romana; quizás porque al amor y al intercambio de regalos no hay centro comercial que se les resista.

Por lo que se informa de aquellas tierras, Arabia tampoco ha podido, y así como el Halloween penetra en terrenos vedados hasta hace poco a su influjo, así Valentín se presenta ante los jóvenes árabes como una fecha propicia para intercambiarse corazones, bombones y lametones. Los idus de febrero anuncian las cálidas jornadas que se avecinan.

Con todo y eso, las autoridades árabes no han permitido un atributo de la celebración valentiniana, cual es el color rojo de los corazones y de la pasión. La policía moral, o sea, la que vigila la Educación para la Ciudadanía, ha centrado sus patrullas en los tarjetones rojos, en los pintalabios, o en los pendientes que pudiesen lucir en bermellones, y los ha retirado de las tiendas. Ni que decir tiene la suerte corrida por la ropa íntima de seducción y orgía basada en corintos y grana. A chirona. Pastoureau, el gran especialista de los estudios cromáticos, dice que el color rojo es en si mismo un pleonasmo, porque el color por antonomasia es éste. ¿Cuánto aguantará Arabia la marea roja que Occidente le envía

Una cámara telescópica

14 de Febrero , 2012

Vivir de la cámara

Con la cámara oculta ocurre lo que con la primera sentencia de Garzón, que no todo se justifica por el hecho de obtener pruebas de un delito. Vamos, que el fin sigue sin justificar los medios porque podríamos estar amparando con disfraces de legalidad la comisión de nuevos desmanes.

Ahora bien, el periodista va a seguir valiéndose de las herramientas a su alcance para obtener información, y cuanto mayor interés tenga y más veraz sea lo que consiga, más posibilidades tendrá de defenderse por haber puesto a funcionar una grabadora sin alertar sobre su condición de informador.

De ahí a que se legalicen las cámaras ocultas median varios kilómetros. Como deberían mediar si alguien pretende legalizar las filtraciones judiciales en las distintas fases de instrucción de los sumarios, o permitir el allanamiento de morada para la obtención de datos, o facultar al periodista para portar armas, o legalizar que apriete el cuello de sus entrevistados para que suelten por esa boquita la frase que él desea poner en un titular.

Los periodistas sabemos que no se nos van a permitir todas esas licencias porque lo nuestro, aunque muchos compañeros mueren cada año por hacerlo, no es una lucha cuerpo a cuerpo contra el crimen organizado. O al menos, todavía no.

Mercedes Milá, la profesional española más ligada al uso de las cámaras ocultas, no disimula su enfado por la sentencia del Constitucional. Le van los garbanzos en ello y hace bien si sus abogados encuentran peldaños sobre los que asentarse. Ella presume de cobrar piezas que sin la cámara no hubiese sido posible abatir. Eso ya lo sabíamos. La cámara es un fusil de mira telescópica que puede abatir el mayor elefante de Botswana con solo enfocarlo. Que se lo pregunten al director de El Mundo, que ha estado, como pocas personas, detrás y delante de esa cámara, a favor y en contra de su uso.

Virus bífidus

13 de Febrero , 2012

El busto incautado

El robo del busto sirve como símbolo de la crisis. Van a fundir a La Pasionaria para vender el bronce, pero como todavía no se ha determinado ni la autoría, ni el móvil, vivimos horas en las que caben otras interpretaciones.

La más recurrente entre los admiradores de Dolores Ibarruri es achacarlo a una acción política de la derecha, una venganza por la desaparición de las estatuas de Franco, un castigo por los fusilamientos de Paracuellos del Jarama, que no está lejos de Rivas-Vaciamadrid, o una manifestación de odio hacia ellos y sus símbolos.

De hecho, el robo está dando pie a burlas y chascarrillos que huelen a cuerno quemado entre las filas comunistas. Tanto es así que califican esos chistes como un ataque a la memoria histórica.

Lo cierto es que por hambre o por sed, aquí seguimos enredados con la misma madeja desde el Jurásico, como si en el ADN del español se hubiesen inoculado virus bífidus activos, pero no de los que ayudan al tránsito intestinal, como presume un producto que los incorpora, sino otros más peligrosos que alimentan el odio hacia el vecino porque es de derechas, por hablar vasco, por ser del Barça, por ser creyente o por ser isabelino. Y la verdad, resulta cansino y produce combustiones espontáneas de hartazgo en forma de descalificación global:

_Váyanse todos ustedes, los unos y los otros, a cultivar espárragos trigueros y cuando se les olvide la memoria histórica, hablamos.

Se atribuye a Baroja la división de españoles, no en dos, sino en siete categorías: los que saben, los que no quieren saber, los que odian el saber, los que sufren por no saber, los que aparentan que saben, los que triunfan sin saber, y los que viven gracias a que los demás no saben. Así se explica que las relaciones entre algunos de ellos sean irreconciliables.